Las editoriales Gadir y Marcial Pons. Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial 2009.


Las editoriales Gadir y Marcial Pons han sido galardonadas hoy ex aequo con el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2009, que concede el Ministerio de Cultura para reconocer la labor de los editores como intermediarios entre creadores y lectores. El premio, que concede el Ministerio de Cultura, tiene carácter honorífico y, por ello, sin dotación económica, y distingue el conjunto de la labor editorial de una persona física o jurídica que haya destacado por su aportación sobresaliente e innovadora a la vida cultural española durante 2008.
La editorial Gadir nació en 2004 con la intención de divulgar la literatura y el ensayo de calidad y publicar una media de entre 20 y 25 libros al año, con especial atención a la literatura mediterránea, con escritores como Dino Buzzati, André Gide, Antonio Ferres. Además cuenta con una colección de ensayo y biografía que reúne autores como Santiago Ramón y Cajal, Ignacio Sotelo, Andrea Camilleri y Victoria Kent.
Por su parte, Marcial Pons cuenta con un fondo de ediciones jurídicas, fundado en 1989 con la participación de profesores universitarios para desarrollar un proyecto destinado a la comunidad académica y científica del derecho en España y América Latina. Marcial Pons dispone además de un sello editorial pensado exclusivamente para la publicación y promoción de las obras de historia, que se articula en tres colecciones: estudios, memorias y biografías y biblioteca clásica.
Historia de mi vida. Giacomo Casanova.
Despilfarrador, viajero y, por encima de todo, libertino. Pero también gran escritor, erudito y filósofo. Así fue Giacomo Casanova, y así, en todas sus dimensiones, se muestra en sus “Memorias” que, por primera vez en España, la editorial Atalanta publica sin cortes ni censura. A lo largo de más de 3.600 páginas, el amante perfecto se muestra en toda su esplendorosa, lúbrica y autodestructiva humanidad y nos desvela un siglo XVIII tan absorto en la pasión como en el raciocinio.
Las memorias sin censura de Casanova. Texto: Emmna Rodriguez. el mundo.es | Suplementos | Magazine 527.
“Va y viene a todas partes, con una cara franca y la cabeza en alto, bien vestido… Es un hombre de unos 40 años como máximo, buen mozo de aspecto saludable y vigoroso, de piel muy morena y ojos vivaces. Lleva una peluca corta de color castaño. Por lo que me han contado, tiene un carácter descarado y despectivo; pero, sobre todo, tiene mucha labia y, por consiguiente, es ingenioso e instruido…”. Este retrato, realizado por un agente de la inquisición veneciana, es de los pocos que se conservan de Giacomo Casanova.
Detrás se escribe la leyenda de un hombre de baja cuna – sus padres eran comediantes – que se relacionó con reyes, obispos y genios de las artes, como Voltaire, con quien mantuvo discusiones literarias, o Mozart, con el que llegó a colaborar. Casanova hizo del juego amatorio un oficio, acometió empresas como la creación de la Lotería Nacional Francesa y protagonizó huidas como la de la famosa prisión veneciana de Los Plomos, a la que fue a parar por asunto de una estafa y de la que se libró con ingenio, convirtiéndose en una especie de héroe que era reclamado en todos los salones para narrar la aventura.
Ahora, de la mano de Atalanta, llegan a las librerías españolas, íntegras, en estado puro, sus célebres “Memorias” tal como las concibió, sin los cortes ideológicos o morales de la censura a que fueron sometidas empresas anteriores. Así, se incluye – completo – un revelador episodio de onanismo y homosexualidad, tratado más sutilmente que el lesbianismo, que se muestra en escenas más explícitas.
Casanova, en compañía masculina, contempla a tres ninfas bañándose en un estanque a la luz de la luna, y pasa a relatar: “El delicioso espectáculo no pudo dejar de excitarme enseguida, e Ismail, loco de alegría, me convenció de que no debía tener escrúpulo alguno, animándome, por el contrario, a dejarme llevar por los efectos que la voluptuosa vista debía despertar en mi alma y dándome él mismo ejemplo”.
“Cómo él”, prosigue, “me encontré reducido a desfogarme en el objeto que tenía a mi lado para apagar el fuego que encendían las tres sirenas [...] que sin mirar hacia la ventana, parecían dedicar sus voluptuosos juegos sólo a los ardientes espectadores que allí estaban dedicados a contemplarlas”.
“Quise creer que así era, y eso aumentó mi placer mientras Ismail era feliz sintiéndose condenado a sustituir al objeto distante que yo no podía alcanzar. Hube de resignarme naturalmente a hacerle el mismo servicio. Habría sido descortés por mi parte negarme, y, además, le habría pagado con la ingratitud, cosa de la que era incapaz dado mi carácter. Nunca en mi vida me he visto ni tan excitado ni tan fuera de mí…”.
Detalles ocultos. Suculenta narración que en las ediciones de Aguilar o Edaf, las que han circulado hasta ahora en España, se resolvió manteniendo la visión de las ninfas en el estanque, pero ocultando el resto: “Lector, he de ahorraros los detalles del cuadro, pero si la Naturaleza os ha otorgado un corazón ardiente y unos sentidos a la par, adivinaréis el estrago que aquel espectáculo único y fascinante hubo de causar en mi pobre cuerpo…”.
Existen otros muchos cambios de palabras y de sentidos. Hay, por ejemplo, un párrafo en el que el narrador se refiere al suicidio, pero la palabra fue sustituida por “funesta idea de la muerte”. “Hay que dejarles ese pequeño consuelo, pues sin ese refugio acabarán por odiarse a sí mismos, y el odio a uno mismo lleva a menudo a la funesta idea del suicidio”, podemos leer en la nueva edición.
Hay otro momento en el que Casanova elogia a la República con vítores que adornan un exaltado discurso que hasta hoy no había podido percibirse. “¿Se puede inventar algo más bello en materia de lengua que “ambulance, franciade, monarchien, sansculottisme”? ¡Viva la República!”, declara, pero en las ediciones citadas todo el párrafo fue eliminado.
Autobiografia. Ahora, por fin, llega libre de prejuicios “Historia de mi vida”, título de unas memorias que su autor hubiera querido titular ‘Las confesiones’ –nunca perdonó a Rousseau que le robase el título–. En total, se trata de unas 3.600 páginas – repartidas en dos volúmenes – en las que el manuscrito original se enriquece con todas las notas e índices que los especialistas han ido elaborando hasta hoy. “Un relato que conmueve, exalta, divierte, inspira, solaza y excita tanto la lujuria como el raciocinio”, señala en el prólogo el escritor Félix de Azúa.
¿Qué convierte a Casanova en un personaje que sigue resultando atractivo para el lector de hoy? “Lo más interesante es su capacidad para introducirse, muchas veces aprovechándose de sus relaciones con mujeres influyentes, en las más altas esferas, para hablar de tú a tú con figuras como Luis XVI, Federico de Prusia o Catalina la Grande…”, señala Mauro Armiño, traductor y responsable de la edición, quien destaca la frescura y modernidad del estilo oral de unas memorias en las que en todo momento se entabla un diálogo con el lector.
“La imagen que el cine y el teatro han dado de Casanova ha sido la de una marioneta del amor, pero eso es reducir su verdadera dimensión, ya que fue uno de los grandes escritores de su tiempo, un hombre cultivado, erudito, seductor y divertido; un filósofo en acción”, sostiene Phillippe Sollers en el ensayo “Casanova, el admirable”.
La potencia de las “Memorias” radica, según Azúa, en el recorrido que hace a lo largo de toda una vida, desde “una brillante floración en uno de los más hermosos jardines del siglo XVIII, la República de Venecia; un crecimiento deslumbrante en las cortes más poderosas de Europa; una madurez robusta, durante la cual esa viva lumbre se va achicando poco a poco, y una decadencia insoportable que sólo la muerte puede aliviar”.
Fue en esa etapa final, ya sexagenario, retirado y olvidado por todos, cuando Casanova se propuso escribir una obra que diese cuenta de sus esplendores idos. Se puso manos a la obra en el castillo de Dux (Chequia), al que fue a parar gracias a la caridad del conde de Waldstein, su último protector, quien le dio el puesto de bibliotecario.
Ya convertido en un viejo estrafalario y de extraordinaria memoria que acabó sus días convertido en objeto de mofa y vejación –los criados del castillo de Dux se reían de él y llegaron a propinarle una paliza– se propuso recuperar el pasadocon un propósito muy claro:
“Al acordarme de los placeres que he experimentado, los revivo y gozo con ellos por segunda vez, y me río de las penas que ya he sufrido y que ya no siento…”.
Ahí empieza el recuento de una vida (1725-1798) cuya ocupación principal fue siempre “cultivar el goce de los sentidos”. Las aventuras amorosas, que se iniciaron en la adolescencia, van serpenteando un camino en el que acontece de todo: encarcelamientos por líos económicos o de faldas, persecuciones por parte de la Inquisición por sus prácticas cabalísticas, cambios de actividad que lo conducen del Derecho a la carrera eclesiástica y militar en nombre de la República…
Hijo de la ilustración. La biografía trepidante de este digno hijo de la Ilustrración, despilfarrador, timador, jugador empedernido, duelista, viajero, masón, pero también cultísimo autor de libretos de ópera y de ensayos, fue inmortalizada cinematográficamente por Fellini en su célebre “Casanova” (1976), con el actor Donald Sutherland en la piel de quien ha pasado a la historia por convertir la seducción en un arte.
“A pesar de un fondo de excelente moral, fruto obligado de los divinos principios arraigados en mi alma, he sido, durante toda mi vida, víctima de mis sentidos. Me he complacido en descarriarme…”, escribe en el prefacio a sus “Memorias’” una obra cuyo valor no se reduce sólo al relato de sus lances amorosos. Anecdótico resulta ya el dato de que se acostase con 132 mujeres de toda clase y condición, si se compara con la importancia de su testimonio para recorrer la Europa del siglo XVIII.
Alrededor de 100 ciudades fueron escenarios de sus andanzas en una época en la que los viajes resultaban peligrosos y quebraban la salud del más aguerrido. Hasta España llegó en una visita en la que se involucró en un proyecto de colonización de Sierra Morena, compuso un libreto de ópera en Aranjuez, mantuvo una aventura con la española doña Ignacia y fue encarcelado en dos ocasiones: una en el Buen Retiro tras ser denunciado por posesión de armas – intervino a su favor el Conde de Aranda –, y otra por liarse con Nina, la amante oficial del influyente virrey de Barcelona, el conde de Ricla.
Teresa, Lucrezia, Henriette, Ignacia, Caterina y tantos otros nombres de mujeres aparecen falseados en el original de sus “Memorias” –los ‘casanovistas’ acabaron después ubicándolos en la realidad–. Unas provenían de la nobleza; otras eran simples cocineras de posada o prostitutas. A todas las amó a su manera, con algunas tuvo descendencia y llegó a reconocer que el gran amor de su vida fue Henriette, una mujer con cierto misterio por la que llegó a convertirse –por poco tiempo– en un beato, y que fue la única de quien quemó sus cartas.
Celestino. Casanova disfrutó con la conquista y se convirtió en amigo y protector de muchas de sus amantes, llegando incluso a buscarles marido, sobre todo a aquellas que compró a sus padres a corta edad –práctica habitual en la época– asegurándoles que velaría por su felicidad.
“Fue un Marqués de Sade blanco; siempre rehuyó cualquier práctica violenta”, señala Mauro Armiño, “pero no tenía prejuicios y consideraba que el incesto era una idiotez, llegando a mantener relaciones con una de sus hijas al mismo tiempo que con su madre”. En ‘Historia de mi vida’, la hija en cuestión se llama Leonilda y su madre, doña Lucrezia:
“Creamos un ángel, mi querida amiga”, le dice a esta última en un episodio en el que comparte lecho con las dos y en el que al despertar, cuando la hija va a descorrer la cortina, extasiado ante la belleza de su desnudez, exclama: “¡Ay!, al volver a la cama me deja que cubra con mis besos todo lo que veo; pero en cuanto me ve en la puerta del precipicio se repliega y me da a su madre, que me recibe con los brazos abiertos e imperiosamente me ordena que le haga sin piedad otra Leonilda…”.
A Casanova hay que entenderlo en el contexto de la Venecia de su tiempo, donde, como explica Félix de Azúa, “no se dio la represión religiosa que atenazó al resto de Europa. La tolerancia sexual era manifiesta y –como le sucedió a él mismo– casi nadie era hijo de su padre”.
“Un libertino que respetaba profundamente a las mujeres”, le califica el prologuista al enfrentarlo al otro gran mito de la seducción: Don Juan. “Allí donde el aristócrata sevillano, infectado por la teología, se muestra vengativo, psicópata, misógino y engañador, en ese mismo lugar luce el burgués veneciano cómplice de las mujeres, su secuaz y su salvador en más de una ocasión”.
“Casanova busca mujeres con las que pueda compartir sus expansiones eróticas. Don Juan parte del rechazo inicial, considera que no son iguales en el ámbito amoroso y está convencido de que sólo se las puede conquistar mediante un acto de poder”, sostiene la escritora Lourdes Ventura, autora de ensayos como “La tiranía de la belleza” o “La mujer placer”.
“Para Don Juan, la conquista es un reto y sus conquistas, una vez logradas, dejan de interesarle. Para Casanova la seducción es un teatro, un baile de idas y venidas en el que hay dos contendientes. Don Juan es un acomplejado que necesita demostrar al mundo que puede humillar a una mujer mediante su conquista y abandono; Casanova un hedonista que comparte sus juegos de placer”. “¿Sedujo Casanova a las mujeres?”, se pregunta Félix de Azúa, sosteniendo que, más bien, se dejaba seducir, aceptando de buen grado las ocasiones que se le presentaban y, eso sí, “adivinando muchas más de las que un ciudadano vulgar es capaz de intuir… o aceptar”.
El gran amante sigue atrayendo y escandalizando con sus aventuras al lector de hoy. En ello influye su ejercicio de desnudez en un siglo de disimulo, su falta de pudor a la hora de exhibirse, “que lo emparenta con algunos escritores contemporáneos”, sostiene Lourdes Ventura.
“Por debajo de las ambiciones que en todo momento expresa, late, lleno de contradicciones, un pensamiento ilustrado encarnado en un individuo ‘ejemplar’ y ‘único’, indaga en las razones de su modernidad Mauro Armiño. “Su talento extraordinario se despliega en una obra cuyas revelaciones psicológicas llegan a alcanzar una intensidad dramática comparable con ‘Las mil y una noches’”, señala, por su parte, J. Rives Child, autor de la biografía “Casanova. El rostro oculto de un seductor“.
“Al narrar la historia de su vida, consigue algo que Proust replantearía de un modo radical un siglo más tarde: que el esplendor sólo permanece vivo en el arte literario y que hay que escribir contra el fracaso del instante, en busca de un tiempo perdido”, pone el colofón Félix de Azúa.
Prólogo de Félix de Azúa para la edición de Atalanta de las memorias de Casanova, “Historia de mi vida”
El Club Casanova – El Pais.com
Fragmento de ‘Historia de mi vida’, de Giacomo Casanova. (PDF)
“Historia de mi vida“. Giacomo Casanova. Traducción de Mauro Armiño. Atalanta. Vilaür (Girona) 2009. Dos volúmenes. 3.648 páginas. 120 euros
In Memoriam: 20 años de la caída del Muro de Berlín.
Muro de Berlín (13 de agosto de 1961 – 9 de noviembre de 1989)
Berlin 1988 – Especial en elmundo.es
La Caída del Bloque del Este – Especial en Abc.es
20 años de la caída del muro – La Razón.es
20 años de la caída del muro de Berlín – RTVE.es.
Aniversario Muro de Berlín – 20 minutos.
Berlín ciudad abierta a 20 años de la caída del muro. –Especial La Jornada.
The Berlin Wall: 20 Years Later. – The New York Times.
Berlin Wall. – The Guardian.
Especial en El Cultural.
Berlín, 20 años sin el muro que dividió el siglo XX.
La historia secreta de la caída del Muro
Berlín, 20 años sin muro
El Muro de Berlín (13 de agosto 1961 – 9 de noviembre de 1989) – Frederick Taylor
REPORTAJES: Berlín año 20 – El País.com.
La capital trágica de Europa.
Ascenso y Caída del Muro.
Cuánto comunismo llevo dentro.
Perderse (y muy bien) en la ciudad.
Veinte edificios para visitar y leer.
El día en que todo quedó unido.
“Algunos tienen aún mucho muro dentro”.
El viaje de la memoria.
20 años del fin del Muro.
Nadie habría disparado.
Evitamos una guerra civil.
Thatcher contra Berlín.
Noches de Berlín.
Sorpresas tras la caída del Muro.
El triunfo de la libertad.
Thatcher contra Berlín.
Manuel Altolaguirre. Impresor y editor.
Título: Manuel Altolaguirre. Impresor y editor.
Autor: Julio Neira.
Fecha de publicación: diciembre 2008
Coedición de: Consejo Social de la Universidad de Málaga y la Residencia de Estudiantes.
Colección: Monografías.
Ilustraciones: en b/n y apéndice con 345 cubiertas a color.
Encuadernación: Rústica con solapas.
Tamaño: 14 x 21,5 cm.
ISBN: 978-84-95078-65-0
PVP (IVA incluido): 25.00 €.
Nº Páginas: 716.
La historia de la poesía contemporánea, más que la de cualquier otra expresión literaria, es la de los poetas y sus poemarios. Por mucho que lo niegue el formalismo más estricto, dados la índole de las obras y sus modos y ámbitos de difusión, tan restringidos, el hecho mismo de que lleguen a imprimirlas depende en gran medida de las relaciones personales entre autores, editores y lectores, y de sus circunstancias. De ahí la importancia capital que para comprender la historia de los textos adquieren la figura del editor de poesía y la trama de contactos, amistades y complicidades entre quienes intervienen en la publicación de unos poemas.
El prestigio de que goza Manuel Altolaguirre en Málaga como impresor hace honor a dicha importancia, e iguala o hasta sobrepuja al de sus versos. Nadie discute que sus trabajos de imprenta y el gusto tipográfico con que los realizó contribuyeron de modo decisivo a dar su aspecto característico a las publicaciones del grupo poético del 27 y que establecieron un dechado para la edición de poesía española del siglo XX.
Julio Neira ha escrito una historia de los trabajos y los días del Altolaguirre impresor y editor que resulta ejemplar en más de un sentido. Lo es el acopio de una ingente cantidad de datos y testimonios, propio de un trabajo académico concienzudo, y también el modo como los articula, trazando un relato que es en buena medida biografía, es decir, relación de una vida y retrato, pero comprende igualmente el recuento de actividades, empresas y proyectos realizados o incumplidos. Lo resume un sustancioso apéndice que en un centenar largo de páginas, al que la reproducción de las portadas aporta la elegancia tipográfica que las caracterizó, ofrece un catálogo de las revistas y colecciones de libros que Altolaguirre editó o imprimió, ordenadas por épocas, es decir, por lugares y fechas de impresión. Neira describe al detalle cada publicación, sus aspectos formales y su contenido, y hace un repaso pormenorizado de las circunstancias de su edición. Y documenta por añadidura una larga nómina de las hasta hoy olvidadas o desatendidas, en particular entre las salidas de la malagueña Imprenta Sur. Tanto y tan preciso pormenor, integrado en una narración articulada, bien explicada y legible, convierte este libro en una rara conjunción de lectura interesante para quien sienta curiosidad por sus asuntos y valiosa herramienta de consulta para el estudioso.
Neira, buen conocedor de las obras y las andanzas de bastantes de los amigos de Altolaguirre – a Prados, Hinojosa, Moreno Villa o Cernuda ya les había dedicado su atención de investigador, acarrea para nutrir su relato un asombroso caudal de documentos: memorias, testimonios, liquidaciones de librería, artículos o reseñas y, muy especialmente, cartas. Son las misivas cruzadas entre aquellos protagonistas de la poesía española de la primera mitad del siglo pasado y las escritas a familiares y amigos las que le permiten recuperar o reconstruir con minucia muchas de las empresas del impresor malagueño; y no sólo las que llegó a realizar, sino muy en particular los proyectos de edición o de escritura que por cualquier razón no llegaron a concretarse. Expone así la agitación inestable de amistades y desapegos, el bullir urgente y también fugaz de las intenciones y los planes de los poetas, el magma confuso de tanteos, borradores y ensayos de escritura fracasados del que surgió a la postre cada obra realizada. Su concienzuda rememoración del universo humano de aquellos creadores muestra lo que cada título tiene de fruto casual o necesario de muchas y variadas circunstancias.
De toda la trayectoria profesional de Altolaguirre, las dos primeras etapas de Litoral (1926-1929) eran hasta hoy las más documentadas. El libro de Neira aporta a la descripción de aquella revista capital para el grupo del 27, lo mismo que a la de las que acrecieron luego el renombre del tipógrafo, como 1616 o Caballo verde para la poesía, rigor sistemático y no pocos detalles novedosos. La lectura de cartas que Prados y Altolaguirre cruzaron con poetas colaboradores y amigos o con el librero León Sánchez Cuesta, muchas de ellas aún inéditas o no relacionadas expresamente con la historia de la revista, le permite describir, por ejemplo, el proceso de gestación de Litoral y también su agonía, ahogada por las pérdidas de una empresa que nunca gestionaron como tal y por las discrepancias entre autores que iban encontrando su propia voz y marcaban distancias literarias o personales con los otros. Una carta de Moreno Villa a Guillén de julio de 1929 prueba, así, que a la revista le faltaban en esa fecha buenos originales que publicar.
Las estrecheces económicas y materiales del impresor escriben no pocos episodios de esta historia. Altolaguirre trabajó largos años, según contó desde París en una carta a Guillén de comienzos de 1931, con «una pequeña prensa de mano, una reducida familia de tipos y muy poco dinero para gastarlo en papel», por lo que se le hacía imposible enviar pruebas a los autores. Había de imprimir y revisar personalmente cada página. De ahí la precaria condición textual de sus publicaciones, que no está ni de lejos a la altura de su belleza tipográfica. Hasta 1935, cuando pudo contratar operarios, trabajó solo o con la única ayuda de su mujer, Concha Méndez, con quien contrajo matrimonio en 1932. Pero la dudosa fiabilidad textual de sus trabajos de impresión no disminuye su calidad tipográfica y la impronta de su belleza. Partiendo del ejemplo de Juan Ramón, Altolaguirre estableció un modelo que fue en adelante referencia para la edición de poesía española.
Neira anota también los hitos del prestigio de aquel Altolaguirre aferrado a su «imprenta medieval», autor e impresor que fabricaba a mano sus libros y los ajenos, una imagen romántica a la que contribuyeron los elogios de sus amigos poetas y artículos en prensa de Alfonso Reyes, Azorín y otros, y que fue nutriendo la indiscutible elegancia de sus trabajos. Aquellos libros suyos, convertidos hoy en joyas bibliográficas atesoradas en bibliotecas o reproducidos en facsímiles, justifican su leyenda. No es frecuente que una monografía haga una lectura tan precisa y ofrezca una perspectiva tan amplia y razonada de un episodio significativo de nuestra historia literaria.
Leyenda del poeta tipógrafo. Texto: Juan Manuel Díaz de Guereñu. Revista de Libros. nº 150 · junio 2009
Dios no existe. Christopher Hitchens.
El libro “Dios no Existe”, con artículos de pensadores y escritores de todas las épocas, es otra acción militante contra la religión, fuente de violencia y sumisión para el recopilador británico Christopher Hitchens.
Polémica antología sobre ateísmo. Texto: Gustavo Varela. Revista Ñ. 07.10.2009
Dios ha muerto: así lo sentenció F. Nietzsche en su libro La gaya ciencia, en 1882, hace ya más de un siglo. Sin embargo las discusiones contemporáneas en torno al pensamiento religioso y a la presencia de dios en las prácticas humanas parecen contradecir aquella proclama e inaugurar el retorno de un problema filosófico que la modernidad, suponíamos, había despachado para siempre.
Gianni Vattimo, Richard Rorty, Juergen Habermas, Jacques Derrida, Hans Gadamer, entre otros, escriben, discuten, se reúnen en mesas redondas o en conversaciones teóricas para hablar de religión y entonces Dios, la Biblia, lo sagrado, la trinidad, Moisés o la fe vuelven a formar parte de una batería conceptual filosófica que creíamos perimida. ¿Por qué? ¿Cuál es la necesidad de este retorno? ¿No era claro que el pensamiento crítico exige el fin de las religiones o de cualquier otra forma de clausura trascendente? ¿No alcanza con la ciencia para la verdad, con el acuerdo para la moral, con la democracia para la política o con el psicoanálisis para la angustia existencial? Después de Nietzsche, de Freud y de Marx, ¿es necesario volver a pensar en Dios o en la religión o en una fuerza divina para edificar nuestro pensamiento humano? A lo largo de la modernidad, y en particular en el siglo XX, aprendimos a pensar sin dios: la antropología, la política, la sociología, el psicoanálisis, la pedagogía, en fin, todas las formas contemporáneas del pensar excluyen a dios de su cuadrícula de explicaciones. ¿Cuáles son las razones de este retorno de lo religioso en la reflexión teórica?
No hay dudas que habitamos el fin de una época. La crisis del pensamiento moderno, anunciada en miles de páginas bajo el prefijo pos (posmodernidad, poshumanismo, posindustrial, etc.) implica un giro y una metamorfosis en los conceptos y valores sobre los que se había edificado el sentido de las prácticas humanas desde el siglo XVII en adelante. Después de la muerte teórica de Dios, asistimos al fin de la Verdad, de los grandes relatos, de la objetividad, de la historia, de las ideologías, de la ética humanista. El pensamiento contemporáneo parece referir a la caída como un modo de afirmar la incertidumbre a la que está expuesto cuando pierde el andamiaje que le brindó la razón por más de trescientos años. La demolición del edificio moderno deja escombros: culpas, ausencias, reconstrucciones, críticas, obsesiones, abandono, reordenamientos. El fin de la metafísica y el nihilismo que le sigue, anunciado por Nietzsche y luego por Heidegger, es uno de sus efectos. La necesidad de una nueva ontología es otro. Deleuze, Badiou, Sloterdijk, Negri, Baudrillard, entre tantos autores, se hacen cargo de la devastación moderna y, sin la necesidad de Dios, elaboran toda una siderurgia teórica para fraguar los cimientos filosóficos en un nuevo suelo.
Es en esta perspectiva de reconocimiento del fin de la metafísica en la que se ubica el filósofo italiano Gianni Vattimo. Pero, lejos de aquellos teóricos que prescinden de Dios, Vattimo vuelve sobre el pensamiento religioso y afirma que el nihilismo posmoderno, el “pensamiento débil” tal como él lo llama, es la “verdad actual del cristianismo”. Esto, lejos de tener una mirada crítica sobre la época contemporánea, es una afirmación positiva en tanto supone la caída de los grandes relatos, el derrumbe de la verdad objetiva de la ciencia, y con ello, la posibilidad de la interpretación y la emergencia de la diferencia.
Si la verdad es una “experiencia de participación en una comunidad”, la diferencia en las distintas interpretaciones es posible gracias a la verdad del amor, la caridad. El suponer una verdad objetiva, es decir trascendente a la historia, es la fuente de los fundamentalismos; la hermenéutica, como posibilidad de interpretación, es la experiencia de una existencia histórica, no sólo de la verdad, sino también de los hombres. Por ello, para Vattimo, la encarnación de Dios en Cristo, es “la renuncia a su propia trascendencia”, es decir, el despliegue de un cristianismo antimetafísico, donde Dios es mundano, está rebajado y fuera del cielo, y lejos de ser una verdad objetiva que debe imponerse como único fundamento, es un mensaje histórico de salvación, es decir, de interpretación. Desde esta perspectiva, la muerte de Dios anunciada por Nietzsche, puede ser vista como “la muerte de Cristo en la Cruz narrada por los Evangelios”. El nihilismo es el fin de la metafísica y el imperio de la diferencia, sólo posible a través del amor. Es decir, frente a la intolerancia de los fundamentalismos, Vattimo propone a la caridad cristiana como el único valor que nos permite aceptar las diferencias y reducir la violencia. La religión retorna, en el pensamiento del filósofo italiano, como “no-religión”, es decir, no como un dogma ni como institución indiscutible.
Frente a posiciones como la de Vattimo, donde lo religioso es visto y recuperado a partir del fin de la modernidad, otras lecturas insisten en llevar a juicio a Dios y someterlo al tribunal de la razón. El motivo principal de estas interpretaciones de corte iluminista es el de enfrentar a los totalitarismos políticos de base religiosa, donde el fundamento divino trasciende necesariamente las fronteras de la religión y se hace violencia terrorista, atentado y muerte.
La caída de las Torres Gemelas en septiembre de 2001, además de una reflexión sobre sus derivaciones en la política de Occidente, abrió nuevamente el debate sobre la existencia de Dios y los efectos que producen las creencias religiosas en la vida de los hombres. Lejos de abandonar los postulados de la modernidad, aquí se afirma el poder de la razón y la verdad de la ciencia como un principio que permite desarticular el oscurantismo religioso y demostrar la falsedad de todos sus enunciados. Es decir, “aumentar las luces”, como afirma el filósofo Michel Onfray en su Tratado de ateología (Anagrama, 2006), insistir con el iluminismo moderno, llevarlo al extremo, con el fin de liberar a los hombres de la barbarie y la ignorancia. Se trata, de alguna manera, de seguir manteniendo la vocación higiénica que la modernidad manifiesta respecto de las creencias religiosas, mediante la claridad argumentativa y la verdad luminosa que la razón nos ofrece. Si el fanatismo del creyente produce guerras, atentados, y muerte; si bajo el nombre de Dios se llevan adelante sacrificios, mutilaciones o abusos; si los argumentos religiosos se oponen a los argumentos de científicos, no se trata entonces de incorporar a Dios de un modo más pacífico y privado, sino de demostrar una y otra vez la falsedad de su existencia; de comprender que todas las religiones no son más que supersticiones inventadas por los hombres con el fin de seguir sosteniendo una forma de dominio cruel sobre sus semejantes.
Esta es la perspectiva que sostiene el libro Dios no existe. Lecturas esenciales para el no creyente del escritor y periodista inglés Christopher Hitchens (Debate, 2009). Este ensayo, de reciente aparición, es una extensa antología de textos que van desde Lucrecio, poeta y filósofo romano del siglo I a. C., hasta autores del siglo XXI, donde todas las reflexiones elegidas comparten un pensamiento crítico y en muchos casos devastador en contra de la existencia de Dios. En la introducción, Hitchens afirma de inmediato su mirada sobre la religión y la preocupación que lo lleva a publicar su libro: la creencia en Dios es una peste (el texto comienza con una referencia a la novela de Albert Camus) y “esta antología pretende identificar y asilar esos bacilos con mayor precisión”. Con la misma urgencia, refiere a los atentados con coches bomba del año 2007 en Londres (su ciudad natal), donde en nombre de la religión “el odio y la violencia están envenenando todas las vidas”.
Es decir, el libro se presenta no sólo como una defensa del ateísmo militante que el autor sostiene, sino como una necesidad de tomar conciencia de los efectos terroríficos que produce la religión en la vida contemporánea. Este libro es, en cierta forma, la continuación de un libro anterior de Hitchens (Dios no es bueno. Alegato contra la religión, Debate, 2008) donde el autor, luego de un análisis crítico de la religión y sus efectos –”La religión mata”, “La religión como pecado original”, “¿Es la religión una modalidad de abuso de menores?”, son algunos de sus capítulos – hace un llamado a la resistencia de la razón y a la necesidad de una nueva Ilustración que sostenga como único objeto de estudio, no a Dios o sus mesías o a sus libros sagrados, sino al hombre y la mujer. Sin embargo, y a pesar de la claridad que brinda la ciencia actual, Hitchens cree que es “necesario también conocer al enemigo [dios]… y disponerse a combatirlo”.
Es en esta batalla ilustrada que se inscribe Dios no existe, ya no como un alegato sino como una genealogía del ateísmo que incluye a autores de las diversas ramas del pensamiento y de los distintos períodos históricos de la cultura occidental. Desde la prosa de los Rubáiyat, de Omar Jayam, de fines del año mil a la voz de Darwin en su Autobiografía; filósofos como David Hume o Karl Marx; escritores como Joseph Conrad, George Orwell o John Updike; S. Freud, Carl Sagan, Anatole France, Einstein, Lovecraft o Mark Twain, en una extensa y muy completa reconstrucción cronológica de pensamientos que, de un modo u otro, criticaron la idea de Dios o directamente afirmaron su inexistencia. La antología finaliza con la escritora de origen islámico Ayaan Hirsi Ali quien actualmente vive oculta y amenazada de muerte por la yihad por su defensa de los derechos de las mujeres musulmanas. Su artículo “Cómo (y por qué) me hice infiel” es un pequeño ensayo autobiográfico que describe el camino que la condujo de la sumisión religiosa musulmana al ateísmo que hoy sostiene. No es sólo un pensamiento sino la descripción de una práctica concreta de abandono de la idea de Dios, una emancipación que tuvo a la razón como guía y el respeto a sí misma como “brújula moral”. Una experiencia de infidelidad que Christopher Hitchens elige para cerrar su libro, acaso como una forma de decir que no sólo es posible vivir sin Dios, sino que, tratándose del “enemigo más antiguo de la humanidad”, es vital y necesario.
Para sostener la religión o para devastar definitivamente el poder de dios, lo cierto es que la filosofía del siglo XXI sigue administrando las consecuencias del fin de la modernidad y el ingreso a una nueva época para la que aún no tenemos un pensamiento. El resurgimiento de ciertos problemas es un signo de la devastación teórica con la que nos enfrentamos. Mientras tanto la razón y la fe siguen intercambiando sus cartas y acusándose mutuamente de los monstruos que producen.
Ficha del Libro: Editorial Debate.
José Antonio Garriga Vela. Premio Dulce Chacón de novela.


El escritor catalán afincado en Málaga José Antonio Garriga Vela ha ganado el premio Dulce Chacón de novela por su obra Pacífico (Anagrama). El galardón, que rinde homenaje a la escritora Dulce Chacón, autora de La voz dormida, fallecida en 2003, ha llegado a su sexta edición, convocado por el Ayuntamiento de Zafra, donde nació la novelista y poeta.
El Dulce Chacón reconoce a la mejor obra narrativa en castellano publicada e impresa en España durante el año anterior. Las novelas no se presentan al premio, sino que es un jurado -presidido en este caso por Rosa Regás – quien propone a los candidatos; una mecánica que, como señala Garriga Vela, añade «prestigio y valor» a la distinción. Está dotada con 9.000 euros, pero el dinero «aunque viene muy bien», no es lo importante: «Lo que más me interesa es la proyección que tiene», apunta el escritor y colaborador de SUR. De entrada, el crítico francés Philippe Merlo, miembro del jurado, le ha invitado a participar en un encuentro literario que tendrá lugar en marzo en Lyon. Además, el galardón hará que ‘Pacífico’ regrese a la actualidad literaria.
Garriga Vela recoge así el testigo de Rafael Chirbes, que se hizo con el premio el pasado año por Crematorio. Además, con ‘Pacífico‘ se ha impuesto a “El país del miedo“, de Isaac Rosa; “Las puertas de lo posible“, de José María Merino; “Los pozos de la nieve“, de Berta Vías y “Saber perder“, de David Trueba, los finalistas.
En Algún Día│ José Antonio Garriga Vela.
Gervasio Sánchez. Premio Nacional de Fotografía 2009.




Gervasio Sánchez ha ganado el Premio Nacional de Fotografía 2009, por su “su compromiso continuado con la fotografía como herramienta de denuncia de la violencia” en los conflictos armados, su “continuada labor” a favor de la justicia y especialmente por su trabajo sobre las minas antipersona.
El galardón, que concede anualmente el Ministerio de Cultura y que está dotado con 30.000 euros, ha sido otorgado por un jurado presidido por María Ángeles Albert, directora general de Bellas Artes y Bienes Culturales, e integrado por José María Rosa Angulo, Paloma Esteban Leal, Rosina Gómez-Baeza Tinturé, María Fernández Palou, Rafael Doctor Roncero y Santiago Olmo García. El jurado ha destacado la aportación de Gervasio Sánchez a la fotografía de reportaje y “cómo a través de ella se dignifica a las víctimas fotografiadas, con una mirada particular que enaltece los mejores valores del fotoperiodismo”.
Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) trabaja habitualmente para el Heraldo de Aragón y en enero pasado obtuvo el Premio Internacional de Periodismo Rey de España en su apartado Fotografía, por una instantánea de su colección Vidas minadas, 10 años después. Especializado en conflictos armados, entre 1984 y 1992 cubrió la mayor parte de los que tuvieron lugar en América Latina y publicó sus trabajos en el Heraldo de Aragón, El País, Diario 16 y en diferentes revistas. Sánchez colabora con la Cadena Ser, el servicio en español de la cadena pública británica BBC, el Magazine de La Vanguardia y la revista Tiempo.
En 1995, emprendió su proyecto fotográfico Vidas minadas sobre el impacto de las minas antipersonales en las poblaciones de los países más minados del mundo, entre ellos Afganistán, Angola y Camboya, que concluyó en 1997 con un libro y una exposición.
Otros libros fotográficos suyos son El Cerco de Sarajevo (1994); Kosovo, crónica de la deportación (1999) y Niños de la Guerra (2000). En 2001, apareció su libro La Caravana de la Muerte. Las víctimas de Pinochet, y en 2005, Sierra Leona. Guerra y Paz. En 1998, con motivo de la celebración del 50 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la UNESCO le nombró enviado especial.
El Estado reaccionario: Nietzsche y Platón.
Texto: Nicolás González Varela. Rebelion.org. 04.11.2009
La influencia de más largo aliento en el Nietzsche totus politicus, en su pensamiento político, además de Wagner y el bismarckismo genérico, es sin lugar a dudas el divino Platón. Numerosas pero a veces difíciles de detectar son las referencias a la teoría reaccionaria platónica del Estado e incluso se pueden encontrar anotaciones e interpretaciones e intentos de su aplicación a otros temas, entre ellos el de la educación, la concepción y rol de la mujer en la sociedad, el valor productivo del instinto y del amor, la pederastia, la función de la clase trabajadora y la cultura del Genio. Platón puede definirse como el arquitecto de la anti-Polis, una versión idealista de la reacción aristocrática.
El estado-ideal de Platón está totalmente enfrentado y es reactivo a los fundamentos políticos democráticos de la Atenas de su época. Coincidimos esta vez con Colli quién reconoce que “Platón es uno de los pocos filósofos a los que Nietzsche ha leído ampliamente (y él ha adivinado muchas cosas que nadie antes había descubierto)”. También Maurer ha revalorizado este nexo poco considerado en el Nietzschéisme: que la relación de Nietzsche con Platón no constituye una clave más sino más bien “la” clave para la comprensión del sentido político-filosófico de su obra. Si Nietzsche confronta una y otra vez contra el Platonismus, es a su vez innegable la fascinación que ejerce el Platón histórico y político, no sólo en las lecciones sobre educación que estamos analizando, sino por ejemplo en dos escritos de comienzos de los años 1870’s: la Enciclopedia de la filología clásica y la Introducción al estudio de los diálogos platónicos. Ambos escritos coinciden en subrayar la centralidad de la vocación política del Platón filósofo por sobre el hombre puramente teorético. Nietzsche había proyectado realizar un trabajo sobre filosofía antigua centrado exclusivamente en La República de Platón (HGK W/4, p. 123).
Además de su entusiasmo adolescente, Nietzsche impartió cursos monográficos sobre Platón en los semestres invernales 1871-1872 y 1873-1874 y en el semestre estival de 1876. Se han conservado gracias a la costumbre de los profesores alemanes de escribir sus propias lecciones y que han sido publicadas bajo el título de Einleitung in das Studium der platonischen Dialogue. Encabeza estos manuscritos un motto sugestivo que indica la actitud ambivalente de Nietzsche hacia el filósofo griego: Plato amicus sed, Platón es un amigo, pero… Debemos dejar constancia que el Nietzschéisme y la hagiografía no ha tomado en cuenta estos textos, en la mayoría de los casos (de Jaspers a Löwith pasando por Heidegger y Deleuze hasta Vattimo) ni siquiera se los menciona (raras excepciones: el biógrafo Andler, el estudioso de Platón Paul Friedländer y el discípulo de Gundolf, Kurt Hildebrandt). Hasta Heidegger mismo subestima estos textos afirmando que “son ciertamente un auxilio, pero no es la vía decisiva para la penetración filosófica de Nietzsche y para confrontarse con ella…”.
Lo cierto es que en estas lecciones universitarias de Basilea Nietzsche no se limita a una mera aproximación filológica o meramente historiográfica, ni siquiera a calcar sobre Platón las ideas-fuerza de su maestro Schopenhauer ,sino que propone una comprensión total de la personalidad y la obra de Platón, con algunas intuiciones de interpretación novedosas que mantendrá a lo largo de su vida intelectual. La originalidad nietzscheana está más en el radical ángulo ético-político de su visión totalizadora de Platón, un Grundeinsichten, más que en el detalle de exposición de su filosofía. Todo Platón es leído, interpretado y asimilado en clave ético-política, en especial desde su praxis de agitador y reformador. La Persönlichkeit, la personalidad de un pensador debe siempre privilegiarse por sobre sus libros: “el hombre es más notable que sus libros”. En un sentido más radical y extremo que incluso en Marx, para Nietzsche el ser (Persönlichkeit) tiene primacía absoluta sobre la conciencia (System). Esta notable sintonía entre la Vida (no cualquiera sino la de un große Mensch, la de un verdadero gran hombre) y filosofía se opone a la doxografía habitual y es la única forma de establecer una relación entre necesidad y verdad. El System de un pensador sólo tiene sentido cuando es resultado de un precipitado que se produce como efecto de una reacción con fundamento en la existencia real (no teórica, no académica) del pensador, de manera que la Theorie deviene símbolo de “un determinado modo de vivir y de considerar las cosas humanas”.
Los intereses personales de un filósofo (parcialmente reconocibles en sus obras escritas) son lo ewig Unwiderlegbare, eternamente irrefutables y por ello clave interpretativa. Nietzsche reconoce en Platón una constitutiva complejidad y que el núcleo íntimo tanto de la personalidad como del pensamiento platónico es un cemento de tipo ético-político. El centro hermenéutico para Nietzsche, incluso cuando aborde a cualquier otro autor, será la dimensión unificante y recompositiva de la Voluntad y la Vida: “Platón no debe ser considerado como un sistemático in vida umbratica, sino como un político revolucionario que desea subvertir el mundo entero y que con este objetivo es, también, escritor”. La misma fundación de la Academia es para Nietzsche un paso organizativo para “reforzar en la lucha” los compañeros y amigos del proyecto político platónico (y no a un “público de lectores”). Por otro lado se burla de aquellas corrientes de la historia de la filosofía que presentan a Platón como “un profesor universitario con su Sistema”. La denostada “filosofía de la universidad” (un concepto de Schopenhauer) es para Nietzsche existencialmente estéril, un ejercicio intelectual privado de nexo vital tanto en lo personal como en lo político. De tal manera que el Platón escritor será siempre una sombra del Platón maestro, su obra una mala copia mutilada de su vida, tanto de sus discursos en los jardines de la Academia como de sus viajes políticos (donde según Nietzsche puede tenerse “una auténtica imagen del carácter fundamental de Platón”). Los escritos platónicos, so pena de incomprenderse, deben ser leídos intentando recuperar y reconstituir el espíritu de aquel escenario vital-filosófico, y en la composición entre el Platón escritor y el Platón maestro, es donde lograremos ver la auténtica imagen del hombre político. No es casualidad que Nietzsche destaque como la fuente más importante para entender a Platón sea no tanto los testimonios de contemporáneos o reconstrucciones a posteriori (a la Aristóteles) sino sus cartas.
El retrato nietzscheano de Platón es el de un admirador: destaca su ascendencia de linaje aristócrata, el ser un típico joven noble helénico, tipischer Hellenischer Jungling, un representante ideal del hombre griego de la edad trágica. Recordemos que el padre de Platón decía descender por sangre del último rey coronado de Atenas, Codro. A esta rancia y venerable genealogía Nietzsche le suma su amor instintivo por la cultura doria: “inclinación espartana”. Además subraya puntos salientes de la vida activa de Platón, en especial su relación con Critias (su tío carnal) y su proyecto de restauración oligárquica fracasado. Recordemos que Critias fue miembro principal de la dictadura oligárquica de los Treinta Tiranos, cuyo reinado de terror brutal en los años 404–403 a. C. fue vivamente relatado por Jenofonte en Helénicas.
En Algún Día│Friedrich Nietzsche.
Nacho Criado. Premio Nacional de Artes Plásticas 2009.


El escultor y artista experimental Nacho Criado (Jaén, 1943) ha ganado el Premio Nacional de Artes Plásticas 2009 por “su papel fundamental en la ampliación de los límites de realización de la obra artística, la composición de un extenso universo poético y su contribución a un pensamiento estético inédito“, según ha informado el Ministerio de Cultura en una nota de prensa. El premio se otorga como recompensa y reconocimiento a la labor de los galardonados puesta de manifiesto preferentemente a través de una obra o actuación hecha pública o representada durante el año anterior o, en casos excepcionales, como reconocimiento a una trayectoria profesional. El galardón está dotado con 30.000 euros
Nacho Criado estudió arquitectura en Madrid, mientras trabajaba de forma paralela en el estudio del escultor Jesús Trapero. Tras pasar posteriormente por la facultad de Ciencias Sociales de Barcelona vuelve a la capital y en 1970 inaugura su primera exposición individual bajo el título “Homenaje a Rothko”, por la que fue considerado el percusor del minimalismo en España, calificación con la que no se mostró en consonancia.
Desde 1970 las constantes de su trabajo se dirigen hacia una ampliación y liberación de lenguaje que le permita adecuar de manera abierta y precisa la idea y su materialización dando con ello prioridad a aspectos tales como la experiencia del tiempo, la identidad y la condición híbrida de la práctica artística. Gran admirador de Rothko y Duchamp, después vendrían sus homenajes a éstos junto a Manzoni, Beuys, Malevich, Mondrian, Klein, Durero, Leonardo y Fidias que confluyeron en la pieza “Ellos no pueden venir esta noche”, presentada en el Palacio de Cristal de Madrid en 1991.
Ha realizado numerosas exposiciones en el MNCARS, CGAC, IVAM, EXPO de Sevilla, EXPO de Hannover, Bienal de Venecia, Círculo de Bellas Artes de Madrid; y en ciudades como Barcelona, Sevilla, Valladolid, Ljubljana, Guadalajara (México). También ha experimentado con la imagen en movimiento y es autor de dos películas: Cuerpo en acción, 1974 y Extensiones, 1975. En su haber tiene el Premio Pablo Picasso, y el Mariano Benlliure de 2007 por su exposición “No existe” en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, y la Medalla de Oro de las Bellas Artes 2008.
Nota de Prensa Ministerio de Cultura. (PDF)
Web oficial: http://www.nachocriado.com
In Memoriam: Claude Lévi-Strauss.
Claude Lévi-Strauss (Bruselas, 28 noviembre 1908 – París, 31 octubre 2009)
El famoso antropólogo Claude Lévi-Strauss uno de los intelectuales más relevantes del siglo XX, falleció la madrugada del Sábado en París cuando le faltaban unos pocos días para cumplir 101 años, según ha confirmado hoy la editorial Plon, sin especificar las causas.
Lévi-Strauss nació en Bruselas en 1908, y con los años sentó las bases de la antropología moderna. Además, fue uno de los más destacados pensadores enrolados en el estructuralismo. Con sus investigaciones influyó en generaciones de antropólogos, sociólogos y en las ciencias sociales en general.
En Tristres trópicos, publicado en 1955, el antropólogo relató sus experiencias vividas entre 1935 y 1939, en el Mato Grosso, Brasil. La obra ha sido considerada como uno de los grandes libros del siglo XX. Además, escribió otras obras fundamentales del estructuralismo como Estructuras elementales del parentesco (1949), Antropología estructural (1958), El pensamiento salvaje (1962) y Mitológicas (cuatro tomos publicados entre 1964 y 1971).
Fue profesor en el prestigioso College de Francia entre 1959 y 1982, y en mayo de 1973 se convirtió en el primer antropólogo elegido en la Academia Francesa.
El 28 de noviembre de 2008, Claude Lévi-Strauss había festejado sus cien años de vida.
In Memoriam: Francisco Ayala.
El escritor granadino Francisco Ayala ha fallecido hoy en Madrid a la edad de 103 años tras “un debilitamiento” de sus facultades físicas, que se había ido acentuando en las últimas semanas, informó el presidente de la Fundación Ayala, Rafael Juárez.
El escritor, que el pasado 16 de marzo cumplió 103 años, “gozaba de relativa buena salud” hasta que el pasado mes de agosto se vio afectado por una bronquitis de la que tardó en recuperarse. En cuanto se ha conocido la noticia, la página que el escritor centenario tenía en Facebook se ha llenado de mensajes de condolencia.
A lo largo de su carrera literaria, Francisco Ayala se erigió como uno de los escritores más importantes en lengua hispana, cosechando numerosas menciones por la calidad semántica y formal de sus escritos como demuestran el Premio de la Crítica en 1972, el Premio Nacional de Narrativa en 1983, el Premio de las Letras Españolas y andaluzas en 1988 y 1990 respectivamente. Además, Ayala también se alzó con los dos galardones más importantes del ámbito cultural español, como el caso del Premio Cervantes en 1991 por su labor como escritor y el Premio Príncipe de Asturias por la relevancia de su figura en la esfera cultural. Doctor Honoris Causa por las universidades de Complutense y Carlos III de Madrid, y por las de Sevilla y Granada, Ayala era miembro también de la Real Academia Española desde 1984.
“Yo he escrito desde siempre; claro, primero serían pavadas, tonterías, pero siempre estuve escribiendo. El sentido de mi vida está en la literatura, esa es la verdad y creo que la literatura es la verdadera realidad. A la vejez última he descubierto que eso de literatura y realidad es una falsa contraposición, la realidad es la literatura. La realidad real, no es real, no existe.”
Con motivo de su centenario en 2006, vio reeditadas algunas de sus obras y publicadas dos antologías, una de sus mejores textos, hecha por su mujer, la hispanista Carolyn Richmond, y otra sobre su faceta de sociólogo.
Francisco Ayala nació en Granada en 1906. Se traslado a Madrid para iniciar estudios universitarios, licenciándose en derecho en 1929 por la Universidad Complutense de Madrid. Además se trasladó a Alemania para estudiar Filosofía Política y Sociología; prosiguiendo su carrera curricular en la universidad al doctorarse también en Sociología, disciplina de la que ejercería como Catedrático en la Universidad Complutense desde 1932 hasta el inicio de la Guerra Civil española.
“Casi desde que nací tuve conciencia de la muerte, esa fatalidad que tarde o temprano a todos nos afecta. Hay que aceptarla, guste o no guste. A veces he podido entender a los que se suicidan. Incluso les he podido respetar. Pero yo he aguantado todo lo que tenía que aguantar. Y no ha sido poco”
Ya durante su etapa universitaria comenzó a desarrollar su expresión literaria. Aunque si bien sus primeras novelas, Historia de un amanecer (1926) y Medusa artificial (1927), están influenciadas por el realismo, son la vanguardias artísticas de principios de siglo las que condicionan las pautas de su literatura. El boxeador y el ángel (1929), Cazador en el alba y Medusa Artificial. (1930).
Sin embargo, con el final de la Guerra civil española, Ayala se ve forzado a vivir en el exilio. Residió en Buenos Aires impartiendo clases de Sociología en la Universidad de La Plata de 1939 a 1950, y fundó la revista literaria Realidad. Ayala estuvo ligado a la Universidad y la docencia hasta 1977, fecha en la que se jubilaría de la carrera académica.
Luego se trasladó a Puerto Rico, donde fundó la conocida revista La Torre. Nueva York y Chicago serían sus destinos en EE.UU, para regresar a España definitivamente en 1980, si bien, desde 1960 había acudido esporádicamente a España cuando aún estaba vigente el régimen fraquista.
Ya en España, Ayala ingresó en la Real Adamedia Española de la lengua en 1984 con el discurso ‘La retórica del periodismo’. Posteriormente se casó en 1999 con la hispanista Carolyn Richmond con la que mantenía una relación desde hacía años.
Entre sus títulos más destacados, se encuentran, La cabeza del cordero. (1949), Los usurpadores (1949), Historia de macacos (1954), Muertes de perro (1958), El fondo del vaso (1962) El as de bastos (1963), De este mundo al otro (1963), El rapto (1965), El jardín de las delicias (1971), El inquisidor (1972), El tiempo y yo ; El jardín de las delicias (1978), De raptos, violaciones, macacos y demás inconvenencias (1982), De mis pasos en la tierra (1996), Cazador en el alba (2002) y Recuerdos y Olvidos, siendo esta última una obra autobiográfica.
“No, no creo en la inmortalidad, ojalá. Creo en la literatura, que es lo mismo que la vida para mí. Viviré algo más en mis libros, durante algún tiempo, y ya está. Ésa es toda la inmortalidad a la que aspiro.”
También abordó otros géneros como el ensayo, donde abordó cuestiones de sociología, como demuestran títulos como Tratado de sociología (1947 y 1959), Introducción a las ciencias sociales (1952). El escritor en la sociedad de masas (1956). Tampoco renunció a la profundicación sobre la actividad literaria como, Reflexiones sobre la estructura narrativa (1970), Cervantes y Quevedo (1974) o El escritor en su siglo (1990), Palabras y letras (1983), La invención del Quijote.
Durante su singladura literaria, Ayala se fijó y reflexionó sobre otras disciplinas artísticas, en concreto, sobre la influencia del cine y su condición de arte masivo, así como en las pautas formales y en las figuras de directores e interpretes. De este compendio de escritos destacan Indagación del cinema (1929) o El cine, arte y espectáculo (1969).
El mes pasado, la Revista de Occidente publicó nueve cartas inéditas del novelista a la escritora argentina Victoria Ocampo, en las que se refleja la buena amistad entre ambos autores. Estaba casado con la catedrática de la Universidad de Nueva York Caroline Richmond, experta en su obra, y tenía una hija.
“He escrito demasiado porque he vivido demasiado, y además lo he hecho intensamente”, dijo el día que presentó sus obras completas. Fue hace dos años. Tenía más de un siglo. Parecía inmortal.
“Soy un cómico que lleva años esperando a que se baje el telón, pero no termina de bajarse”
Fundación Francisco Ayala.
Bibliografía e índice de títulos (PDF)
José Luis Moralejo y Roser Berdagué Costa. Premios Nacionales a la Mejor Traducción y a la Mejor Obra de un Traductor 2009.


José Luis Moraleja ha sido galardonado con el Premio Nacional a la Mejor Traducción correspondiente a 2009 por su traducción de la obra Sátiras. Epístolas. Arte Poética de Horacio, publicada por la colección clásica de la editorial Gredos. Este galardón, también dotado con 20.000 euros, tiene por objeto “distinguir la traducción a cualquiera de las lenguas españolas de obras escritas originariamente en lengua extranjera y editada en 2008″.
Moraleja nació en Santiago de Compostela en 1943. Es licenciado en Filosofía y Letras, especialidad de Filología Clásica en la Universidad Complutense de Madrid en 1965 y doctor en Letras Clásicas por la Universidad de Bolonia, con Premio Extraordinario.
Desde 1991 es catedrático de Filología Latina de la Universidad de Alcalá. Ha sido vocal de la Comisión Nacional de Evaluación de la Actividad Investigadora, de la de la Comisión de Evaluación del Profesorado de la Comunidad de Andalucía y de la Agencia de Evaluación de la Calidad del Profesorado de la Comunidad de Madrid (ACAP), así como evaluador de proyectos de investigación de la ANEV y la ACAP. Es miembro de los consejos asesores de varias revistas científicas españolas y extranjeras, asesor de la Biblioteca Clásica Gredos y pertenece al patronato de la Fundación Pastor de Estudios Clásicos.
Nota de Prensa Ministerio de Cultura. (PDF)
Por otra parte, Roser Berdagué Costa ha sido galardonada con el Premio Nacional a la Obra de un Traductor correspondiente a 2009. El premio, concedido por el Ministerio de Cultura, está dotado con 20.000 euros y tiene como objeto “distinguir el conjunto de la labor realizada por un traductor español, sea cual sea la lengua o lenguas utilizadas en el desarrollo de su labor, y que haya dedicado especial atención a la traducción de obras extranjeras a cualquier lengua del Estado español”.
Berdagué Costa nació en Montcada i Reixac, Barcelona, en 1929. Es licenciada en Filosofía y Letras, Sección de Filología Moderna, especialidad inglés. En 1950 inició una actividad profesional en Pro-Libris (Estudios y Difusión Bibliográfica). En 1962 comenzó su trabajo como traductora independiente para diferentes editoriales. Ha traducido 340 obras del inglés, francés e italiano al castellano y catalán (autores como André Glucksmann, Bernard Shaw, Charles Dickens, Daniel Defoe, Edgar Allan Poe, George Orwell o Jeffrey Eugenides), aparte de artículos y conferencias y de la corrección literaria de versiones realizadas por otros traductores.
In Memoriam: José Luis López Vázquez.


El actor José Luis López Vázquez, uno de los más grandes y prolíficos actores españoles de cine y del teatro del siglo XX, dotado de una inconfundible comicidad que con gran versatilidad supo compatibilizar con papeles dramáticos, ha fallecido este lunes 2 de noviembre. A lo largo de su carrera recibió la Medalla de Oro de Bellas Artes (1985), el Premio Nacional de Teatro 2002, el Goya de Honor 2004, además de la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo 1997 o la de Oro al Mérito en la Bellas Artes 2001.
Compañero de reparto con Gracita Morales en películas inolvidables de los años 60, en su filmografía más canónica destacan títulos como Plácido, El Verdugo, El Pisito, El Cochecito, Peppermint Frappé, El Jardín de las Delicias, El Bosque del Lobo, Mi Querida Señorita, La Prima Angélica, Habla Mudita; la trilogía La Escopeta Nacional, “Patrimonio Nacional” y “Nacional III”, o el gran éxito de televisión “La Cabina” (Premio Emmy 1973).
Nació en Madrid, el 11 de marzo de 1922. Su padre, funcionario de Justicia y su madre modista, se separaron al poco de su nacimiento. Cursó estudios de bachillerato y trabajó en los primeros años de mecanógrafo, dibujante y escenógrafo. No fue movilizado en la guerra civil. Participó en el Teatro de las Organizaciones Juveniles (OJE) y en el Teatro Español Universitario (TEU). Debutó en 1940 en el Teatro María Guerrero en la obra El anticuario, de Suárez de Deza/Luis Escobar, y en el cine en 1946 en María Fernanda la Jerezana de Enrique Herreros.






Hizo “Bobosse” (1955, André Roussin/Adolfo Marsillach), formó parte de las compañías de teatro de Conchita Montes y Alberto Closas y compatibilizó los escenarios con el cine. En la década de los cincuenta hizo papeles secundarios en películas de Luis G. Berlanga, José María Forqué, Juan Antonio Bardem o Marco Ferreri, para quien hizo su papel principal en la comedia El pisito, en 1958, que le consagró como actor. De esa época destacan títulos como Esa pareja feliz (1951) de Luis G. Berlanga y Juan Antonio Bardem), Novio a la vista (1954, Luis G. Berlanga), Los jueves milagro (1957, Berlanga) o Los tramposos (1959, Pedro Lazaga).
En los años sesenta se reveló como actor de comedia y se convirtió en protagonista de importantes películas, como El Cochecito (1960), de Marco Ferreri, y con Plácido (1961) y “El verdugo” (1963) de Berlanga. Con Atraco a las tres (1962, de José María Forqué) obtuvo el Premio del Sindicato Nacional del Espectáculo (1963). Por esas fechas triunfó en televisión en la serie Tercero izquierda, e intervino en películas compartiendo reparto con la gran actriz cómica Gracita Morales, que le dieron gran popularidad, como Trío de damas (1960, Pedro Lazaga), Operación embajada (1963, Fernando Palacios), La familia y uno más (1965, Palacios) o Sor Citroen (1967, Pedro Lazaga), Mi marido y sus complejos (1969, Luis María Delgado).
A finales de los sesenta, Carlos Saura le ofreció un papel dramático en Peppermint Frappé (1967, premio al mejor actor del Círculo de Escritores Cinematográficos, y supuso el inicio de otro tipo de interpretaciones que le darían gran renombre como actor). En la década de los setenta interpreta papeles de éxito en El jardín de las delicias (1970, Carlos Saura), El bosque del lobo (1971, Pedro Olea, con Amparo Soler Leal, premio de la crítica a mejor actor en el Festival de Cine de Chicago), Mi querida señorita (1972, Jaime de Armiñán, nominada (diploma) al Oscar de la Academia de Hollywood a la mejor película extranjera 1973).






Vinieron luego sus protagonismos en La prima Angélica (1973, Carlos Saura, Fotogramas de Plata 1971), Habla mudita (1972, Gutiérrez Aragón, Premio de la Crítica en Berlín), La verdad sobre el caso Savolta (1978, Antonio Drove) o La Colmena (1982, de Mario Camus). Intervino en la película norteamericana Viajes con mi tía (1972), de Georges Cukor, basada en una novela de Graham Greene, y a esa época pertenecen asimismo sus éxitos de televisión, como la serie Este señor de negro (1976, Antonio Mercero) y, sobre todo, La cabina (1972, Mercero, Fotogramas de Plata 1972, Emmy 1973, Premio Internacional de la Crítica en Montecarlo, Ninfa de Oro de la UNDA y Marconi de Milán).
Aunque disminuyó luego su producción cinematográfica, destacan sus trabajos en la trilogía de Luis García Berlanga La Escopeta Nacional (1977), Patrimonio Nacional (1981) y Nacional III (1981), o bien en títulos como La corte del faraón (1985, José Luis García Sánchez), El Maestro de Esgrima (1992, Pedro Olea), El Oro de Moscú (2002, Jesús Bonilla), Luna de Avellaneda (2004, Juan José Campanella) Cuba-Libre (2006, Rai García) y ¿Y tú quién eres? (2007, Antonio Mercero).
A lo largo de su brillante carrera de actor, López Vázquez compatibilizó el cine con el teatro, en Equus (1975, de Peter Shaffer/Manuel Collado), Vade Retro (1982, Fermín Cabal/Angel Ruggiero, con Ovidi Montllor), La muerte de un viajante (1985, Arthur Miller/José Tamayo), Separados (1989, Tom Kempinski/Ángel García Moreno, con Ana Marzoa), “Un par de chiflados” (1997, Neil Simon/Ricard Reguant), ¡Que viene mi marido! (2000, carlos Arniches/José Luis Alonso, ‘Cena para dos’ (2003, Salvador Moncada/Víctor Conde) y Tres hombres y un destino (2004, Luis Lorente-Eduardo Galán-Carlos Asorey/Esteve Ferrer, con Manuel Alexandre y Agustín González).






Para televisión encarnó el papel de ventero en El Caballero Don Quijote (1990, Manuel Gutiérrez Aragón), e intervino asimismo en las series Los ladrones van a la oficina (1993, Tito Fernández) para Antena 3, y Periodistas y Hospital Central (1995-1999) para Tele5. Tras un currículum de más de doscientas películas, López Vázquez ha recibido entre otros galardones, la Medalla de Oro de Bellas Artes (1985), Espiga de Oro de la Semana de Cine de Valladolid (Seminci) 1989, Premio Nacional Pepe Isbert 1996, Premio Toda un vida-José María Rodero 2001, Premio Nacional de Teatro 2002, Goya de Honor 2004 y Medalla de Honor 2005 del Círculo de Escritores Cinematográficos, además de la de Oro al Mérito en el Trabajo 1997, la Medalla de Oro al Mérito en la Bellas Artes 2001 y el Premio de la Cultura de la Comunidad de Madrid (octubre 2009).
José Luis López Vázquez da nombre desde 2000 a una de las salas del Teatro Arlequín, de Madrid, es uno de los fundadores de la Asociación de Actores AISGE, y acerca de su vida Francisco Fernández Oliva publicó “José Luis López Vázquez: un cómico dramático” (1989).
Divorciado de la actriz Ana María Ventura, mantuvo una relación con Ketty Magerus, con la que tuvo dos hijos: José Luis y Virginia. Contrajo matrimonio en 1985 con la periodista Flor Aguilar, con quien tuvo dos hijas gemelas, Camino y Cayetana, y de la que se divorció en 1992. Se unió sentimentalmente en 1992 a la profesora de gimnasia Cari Antón, y en su momento la prensa del corazón habló de la posibilidad de una nueva boda del actor.
“He hecho mucho humor porque es lo que me gusta. Pero nunca me he sentido encasillado, aunque estarlo no me parece un defecto. Encasillado estaba Chaplin, los hermanos Marx, Woody Allen…”.
Especial José Luis López Vázquez – El Mundo.es.
Especial: Muere José Luis López Vázquez – RTVE.
Ver la versión íntegra de “La Cabina” – RTVE.
Especial José Luis López Vazquez – El País.com
Texto: EFE.
Manuel Gutiérrez Aragón. Premio Herralde de Novela 2009.
El cineasta cántabro Manuel Gutiérrez Aragón ha ganado el XXVII Premio Herralde de Novela, con “La vida antes de marzo”, su primera novela. Convocado por la Editorial Anagrana el galardón está dotado con 18.000 euros. El hilo argumental de la novela es el encuentro entre dos desconocidos en 2024 en un tren de recorrido circular con dos mil vagones. Ambos españoles, se narran historias y relatos que van desgranando cómo fue su vida antes de marzo, del 11 de marzo de 2004, con el que de algún modo tuvieron que ver.
Gutiérrez Aragón (Torrelavega, Cantabria, 1942) fue Oso de Plata en el Festival de Berlín, Concha de Oro en San Sebastián y es miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y Premio Nacional de Cinematografía.
Su última película fue Todos estamos invitados (2008), Gran Premio del Jurado en el Festival de Málaga, tras la cual anunció su retirada del cine.
El finalista fue el malagueño Juan Francisco Ferré con “Providence”, una novela hipnótica que encierra muchas versiones de sí misma, desde un relato de terrores y terrorismos post 11-S hasta una novela de campus pornográfica.
In Memoriam: Alda Merini.
Alda Merini (Milán, 21 marzo 1931-1 noviembre 2009)
La poetisa Alda Merini, de 78 años, considerada la última gran exponente de este género en Italia, ha fallecido en el hospital San Paolo de Milán tras una larga enfermedad, informaron los medios de comunicación.
Comenzó a publicar poesías con tan solo 15 años y su primer libro, La presenza di Orfeo (1953), obtuvo los aplausos de la crítica, que hablaba de una “niña prodigio”, que sin embargo tuvo grandes problemas en la escuela. Su vida y su obra están marcados por una alternancia entre locura y lucidez, cómo se muestra en la que está considerada su gran obra La Terra Santa (1988), con la que ganó varios premios.
En otras de su obras, como Delirio amoroso (1989) e Il tormento delle figure, la poeta describe la perdida de los sentidos con el amor. El amor y el sufrimiento que conlleva será también el tema de libros como Vuoto d’amore (1991) o Ipotenusa d’amore (1992).Otras de sus obras son La pazza della porta accanto (1995), Folle, folle, folle d’amore per te (2002) y sus últimos trabajos se publicaron en 2003, Più bella della poesía è stata la mia vita, y 2005, Nel cerchio di un pensiero (teatro per voce sola).
En 1996 había sido propuesta para el premio Nobel de Literatura, una candidatura apoyada sobre todo por el premio Nobel italiano Dario Fo.
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Locura, mi joven y gran enemiga, ********************************** El Manicomio es una gran caja de resonancia |
Carta de amor Escribe una carta de amor solamente
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Don Juan en vísperas del olvido.
Texto: Mario Virgilio Montañez. Diario Sur. 01.11.2009.
Cada 1 de noviembre, además de los ritos funerarios de dejar flores en los cementerios, sin poder obviar con un poso de culpabilidad el verso becqueriano de «¡Qué solos se quedan los muertos!», o el consumo compensatorio de buñuelos, huesos de santos y panellets, una tradición languideciente lleva a que en esa fecha, víspera del día de difuntos que realmente es el día 2, se represente en los teatros el drama “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla. Antes de que la celebración detestable del Halloween norteamericano termine de barrer este hábito español, justo es recordar al personaje de Zorrilla junto con sus ilustrísimos, casi abrumadores, precedentes y sus sorprendentes herederos. Un viaje por un mito de la cultura española, y universal, mientras «los muertos se filtran por las paredes».
El enorme éxito popular de la obra de Zorrilla, escrita en veinte días según relataría su autor en 1880, treinta y seis años después del estreno, cimentado sobre la cita anual de sus representaciones, el efectismo de los versos que parecen escritos expresamente para ser recordados y la eficacia dramática del conjunto, hacen de esta obra quizás la segunda más conocida por todos los españoles. Hagan la prueba. ¿Quién no recuerda el inicio del Quijote cervantino? ¿Quién no es capaz de proseguir el verso «¿No es verdad, ángel de amor…?» de la escena del amoroso diálogo entre Don Juan y Doña Inés. Obviamente, la apabullante unanimidad en recordar los dos pasajes no supone el conocimiento, por vía de lectura, de ambas obras. Pero delata la fama imperecedera de ambas.
Llamado por su autor «drama fantástico-religioso», una combinación que efectivamente es, el Tenorio es un juego a tres bandas en el que, según Juan Pablo Fusi y según el punto de vista del público de la época de Zorrilla, los contendientes son la masculinidad en su versión más agresiva, la pureza y espiritualidad del amor femenino y el arrepentimiento y capacidad de redención del héroe. El personaje de Zorrilla, de verbo rápido, agudo, ingenioso y afilado como una espada toledana, queda autodefinido en una tirada de versos que dejan muy clara la catadura casi maléfica del mismo: «Por dondequiera que fui / la razón atropellé, la virtud escarnecí, / a la justicia burlé, / y a las mujeres vendí. / Yo a las cabañas bajé, / yo a los palacios subí, / yo los claustros escalé, / y en todas partes dejé / Memoria amarga de mí. / No reconocí sagrado, / ni hubo ocasión ni lugar / por mi audacia respetado; / ni en distinguir me he parado / al clérigo del seglar. / A quien quise provoqué, / con quien quiso me batí, / y nunca consideré / que pudo matarme a mí / aquél a quien yo maté». Los azares de su arrogancia y perdición es mejor conocerlos a través del libro. No se arrepentirán del consejo. El tardío Romanticismo español tal vez tenga en Zorrilla su mejor representante. En todo caso, nuestro siglo XX así lo reconoció cuando en 1889, en Granada y en el que sería el último acto público del autor, fue coronado solemnemente como poeta nacional ante 140.000 personas.
Da que pensar que nuestra literatura haya dado dos modelos literarios que han dejado huella en las lenguas europeas. Uno es Don Juan; el otro, la alcahueta Celestina. El origen del mito, aunque se ha especulado con su cuna en Italia, Alemania o el mundo pagano, es española. Kierkegaard, ante la duda, generalizó: «Nadie sabe exactamente en qué momento apareció la idea de Don Juan. Lo cierto es que pertenece al cristianismo». A falta de mayores datos, se da como acuñador de la figura literaria a Tirso de Molina con su comedia “El burlador de Sevilla y convidado de piedra”, escrita hacia 1615-1620, que a su vez pudo haber tomado como referentes reales al pecador arrepentido Miguel de Mañara, o puede que a un Cristóbal Tenorio, seductor de una hija de Lope de Vega, o el burgalés Bernardino de Obregón, el sevillano Juan Tenorio o ese otro pecador compungido que fue Jacobo de Gracia y que ha pasado al callejero con el nombre de Caballero de Gracia.
Pero tampoco Tirso fue original. En el caso de que Tirso fuera el autor, pues se baraja la posibilidad de que fuera el oscuro actor y dramaturgo Andrés de Claramonte, a quien se le atribuyen diversas obras de autores tan principales como Lope. Como si fuera una versión española de Shakespeare, este actor y poeta fue el autor de una obra representada en 1616, “Deste agua no beberé”, en la que se anuncia ya el personaje que conoceremos poco después como Don Juan Tenorio. Aparte de su posible inspiración en tal o cual persona, hay fuentes literarias para su comedia germinal del personaje de Don Juan: la comedia mitológica “El infamador” (1581) de Juan de la Cueva, la comedia “El rufián dichoso” de Miguel de Cervantes y “Dineros son calidad” de Lope de Vega. También en la época corría un romance popular por el que transita la irreverente sombra de Don Juan: «Para misa iba un galán, / caminito de la iglesia; / no iba para oír misa, / ni para estar atento a ella, / que iba para ver las damas, / las que están guapas y frescas…».
Pero Tirso o Claramonte tampoco será el antecedente único de Zorrilla. El poeta-funcionario Antonio de Zamora escribió en 1714, ya al final de su vida, el drama ‘No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague y convidado de piedra’, que retoma el personaje de Tirso y lo hace menos declamatorio y más real. Es un personaje que tiene a sus espaldas «dos o tres muertes / sin motivo, y otras tantas / clausuras rotas por sólo / un quítame allá esas pajas». Con un sentido del honor calderoniano, este Don Juan se distingue, según Valbuena Prat, por «el valor personal llevado al orden vulgar del matonismo, de la chulería». En todo caso, este Don Juan, que tiene estrecha relación con la ópera posterior de Mozart, tuvo gran éxito y antecedió al drama de Zorrilla en la tradición de su representación anual al inicio de noviembre.
La catarata de Tenorios que parten de Tirso o de Zamora es incesante: en Italia ya en 1650 hay una versión de Tirso, “Il convidato di pietra” de Giacinto Andrea Cicognini, con un Don Juan especialmente violento y en 1730 otra de Carlo Goldoni; en Francia, Moliére aporta su contribución en 1665 con una tragicomedia situada en Sicilia y que hizo que el Don Juan francés fuera acusado de apología del libertinaje.
La versión inglesa de nuestro seductor llegará en 1819, cuando Lord Byron da un aldabonazo con su “Don Juan”, un largo poema del que compuso 17 cantos y que dejó inconcluso un año antes de su muerte. En él, con una carga irónica considerable, presenta al libertino como un hombre que sólo es víctima de la seducción que sobre él ejercen las mujeres. A ratos farragoso, hay quien incluye este poema entre lo mejor del inglés.
En la Alemania romántica, Christian Dietrich Grabbe enfrenta en un drama a Don Juan con el gran mito germano, Fausto, y en Rusia Pushkin lo devuelve a las tablas en la tragedia “El convidado de piedra”, y también Tolstoi lo hará protagonizar el drama en verso “Don Juan”.
La sucesión de versiones del personaje es agotadora y fructífera, debiéndose poner en un lugar excepcional el ensayo que Gregorio Marañón, “Don Juan y el donjuanismo” (1940): E. T. A. Hoffmann, Charles Baudelaire, Prosper Mérimée, Alfred de Musset, George Sand, Alexandre Dumas, Guillaume Apollinaire (una versión porno del mito, delirante y grotesca), Edmond Rostand, Henry de Montherlant, Thomas Shadwell (nada menos que en 1636), George Bernard Shaw, Derek Walcott, Max Frisch, Peter Handke, y en la península ibérica una abrumadora nómina desde el Romanticismo, con José de Espronceda, López de Ayala, Azorín, Unamuno, los hermanos Machado y los Álvarez Quintero, Valle-Inclán (¿acaso no es el marqués de Bradomín un Don Juan sentimental y feo y católico?), Gregorio Martínez Sierra, Jacinto Grau, Ramón J. Sender, Gonzalo Torrente Ballester, Vicente Molina Foix, José Luis Alonso de Santos, José Saramago.
Aunque el gran logro escénico de Don Juan Tenorio está datado hace ahora 60 años, cuando Dalí estrenó, en el madrileño teatro María Guerrero, su puesta en escena surreal del drama de Zorrilla, es el del cine el ámbito en que mayores transformaciones ha vivido nuestro personaje. Este languideciente octubre, Carlos Saura ha presentado en el Festival de Cine de Roma su último trabajo, “Io, Don Giovanni”, en el que indaga sobre la creación de la ópera “Don Giovanni” de Mozart a través de la figura del libretista Lorenzo da Ponte y con la inclusión del trasunto de Don Juan que fuera Giacomo Casanova. El mito, pues, sigue vivo. Como también lo ha estado a través de productos como “Broken Flowers” (2005) de Jim Jarmush, en la que Bill Murray es un Don Juan tardío y gastado que se llama Don; la defraudante “Don Juan de Marco” (1995) con Marlon Brando y Johnny Depp; la visión esteticista de Gonzalo Suárez en “Don Juan en los infiernos” (1991); la cuestionable y cómicamente irritante película de Antonio Mercero “Don Juan, mi querido fantasma” (1990); la reversión del personaje que fue “Si don Juan fuera mujer” (1973) de Roger Vadim con Brigitte Bardot en la piel suave del personaje; la peculiar visión de Ingmar Bergman que llevó el mito al cine con “El ojo del diablo” (1960) y al teatro con su propio drama “Don Juan” (1955), la encarnación desaforadamente encantadora del personaje por Errol Flynn en “El burlador de Castilla” (1948) y por Douglas Fairbanks en la que fue su última película, “La vida privada de Don Juan” (1934). Como curiosidades, queda la película “Don Juan”, en la que encarna al seductor sevillano John Barrymore y que en 1926 incluía elementos sonoros anticipándose al hito de la historia del cine que sería después “El cantor de jazz” con Al Jolson, y las adaptaciones del más rancio y olvidado cine mudo.
La ópera “Don Giovanni” (1787), de Mozart, cuya génesis es fabulada por Saura, constituye la mejor derivación estética del mito español. Por encima incluso de la aportación de Lord Byron. Porque la ópera mozartiana figura siempre en la lista de las óperas más amadas por cualquier melómano, por cualquier aficionado al género.
Plena de momentos luminosos (el lirismo amable y tierno del “Là ci darem la mano”, la travesura escandalosa del “Madamina, il catalogo è questo” o la ferocidad luctuosa del número final, “Don Giovanni, a cenar teco m’invitasti”) y de un leit motiv ominoso que surge en la perfecta obertura y estalla en los minutos finales, es una cumbre absoluta de la cultura universal.
La adaptación cinematográfica de Joseph Losey, de 1979, a fuerza de respetar estrictamente música y libreto, llevando al lenguaje cinematográfico lo creado por Da Ponte y Mozart, consigue trasladar la genialidad de la obra y el malditismo del personaje.
En el ya lejanísimo año de 1925, el crítico José Luis Menéndez se hacía eco de unas palabras ajenas, de Fernanflor, el periodista Isidoro Fernández Flores, para avisar de la trascendencia nacional del personaje: «El día en que anunciándose el Don Juan Tenorio esté vacíos los teatros, España habrá llegado a su completa civilización; pero no será España». Miren la cartelera teatral. ¿Falta algo? Pues eso.












