Algún día en alguna parte

Aventuras de Pickwick. Charles Dickens.

Posted in Libros by Alguien on 20 mayo 2009

Aventuras de Pickwick.
Charles Dickens
Traducción y prólogo: Benito Pérez Galdós
Ilustraciones: Seymour & Phiz
Artemisa Ediciones. Colección /Clásica Plus, 1
Novela. 1ª Edición
ISBN 13: 978-84-96374-88-1
Tapa dura
848 páginas. 34,50 €

En 1868, Galdós tradujo al español «Los papeles póstumos del Club Pickwick», de Dickens. Artemisa acaba de publicar una nueva edición de la novela que recupera su prólogo.  The Posthumous Papers of the Pickwick Club (1836-1837), es un extraordinario y satírico cuadro de costumbres de la sociedad inglesa decimonónica. La novela está estructurada en torno a Mr. Samuel Pickwick, su protagonista, quien funda una sociedad antropológica con el objetivo de realizar investigaciones sobre el hombre en general y sobre el hombre inglés en particular. Cuando esta sociedad decide emprender sus estudios de campo, el propio Pickwick y tres miembros del club comienzan a recorrer los pueblos de los alrededores de Londres, protagonizando escenas diversas de alto contenido cómico y sociológico.


Boz, el otro Charles Dickens. Prólogo de Benito Pérez Galdós. ABCD.es. Número 903. 17.05.09

El más popular de los novelistas ingleses, el que con más belleza y exactitud ha pintado los hermosos cuadros de la vida inglesa, dando vida por el estilo y la narración a innumerables caracteres, es Carlos Dickens.

Imposible nos será trazar su biografía. Todas las noticias que sobre este escritor se han publicado han sido desmentidas por él. A nadie ha facilitado datos para narrar su historia, y cuando algún editor oficioso se los pide, contesta que los quiere para sí. [...]

La muerte de un hermano. Lo único que se sabe es que nació en 1812; que tiene diecinueve mil duros de renta, producidos por las fincas que ha comprado con sus obras; que es casado y tiene doce hijos; que fue en sus mocedades pasante de abogado o escribano. La actividad investigadora de los fabricantes de biografías no ha podido averiguar otra cosa. [...]

Varias son las versiones que corren acerca del seudónimo de Boz con que firmó sus primeras obras. También sobre este punto ha sido sobrio en declaraciones el famoso novelista. Algunos han dicho que Dickens tenía un hermano llamado Moisés, nombre muy común en Inglaterra y usado allí generalmente en abreviatura, es decir, Mos; que los pequeños camaradas que frecuentaban la casa de Dickens llamaban por corrupción Boz al niño Moisés; que éste murió antes de ser hombre, y que Carlos, vivamente impresionado por la muerte de su hermano, conservó para siempre aquel nombre en la memoria, adoptándolo después para firmar sus primeras obras. No sabemos lo que habrá de cierto en esto. [...]

Pero si la vida de un escritor está en sus libros, si esa vida que existe y se manifiesta en las páginas de un libro es más importante y digna de ser conocida que los innumerables accidentes domésticos que en nada distinguen a un hombre de la vulgar multitud, las novelas de Dickens nos revelan las altas condiciones de su espíritu, la inalterable bondad de su carácter, la rectitud y pureza de sus sentimientos, su vida, en fin, esa individualidad biológica que nos interesa y atañe más que los detalles de la historia exterior de un hombre, más que todos los accidentes ocurridos en eso que se llama carrera social o literaria de una persona.

Lo primero que os llama la atención cuando leéis una novela de Dickens es su admirable fuerza descriptiva, la facultad de imaginar, que, unida a una narración originalísima y gráfica, da a sus cuadros la mayor exactitud y verdad que cabe en las creaciones del arte. [...]

strong>Amor a la humanidad. Difícil es dar una idea de la maravillosa aptitud de Carlos Dickens para comprender el corazón humano y retratar al vivo sus grandes borrascas, sus expansiones de ternura y amor. No analiza como Balzac, complaciéndose en descubrir todo lo que de innoble y siniestro puede existir en los sentimientos del hombre; es, por el contrario, observador benévolo, que procede en los trabajos de su investigación por amor a la humanidad, deseoso de la dicha del hombre y haciéndole ver sus virtudes y sus vicios para enaltecer aquéllas y corregir éstos.

Para esto se vale de dos medios igualmente eficaces: o conmueve al lector con la pintura patética de las pasiones, con la sentida exposición de lástimas y desventuras, o le hace reír cultamente, zahiriendo con lo ridículo y lo cómico, que brotan [...] en inagotable raudal.

En David Copperfield, en Hard Times (Los malos tiempos), en Oliver Twist, en Nicolás Nickleby, en Pick-wick Club resplandecen las dotes de este eminente escritor que con Manzoni, Victor Hugo, Walter Scott y Balzac representa el mayor grado de perfección a que ha llegado la novela en nuestro siglo. [...]

Desde la publicación del Pickwick comenzó su popularidad, grande y creciente desde entonces. Es una obra que respira juventud y vehemencia, no impericia ni falta de mundo. En ella apareció el gran escritor formado ya y dueño de su genio, dominador de su imaginación y de su estilo; al mismo tiempo, ¡qué riqueza de descripción, qué exuberancia de movimiento, de color! ¡Qué brillantes tonos en la pintura de los tipos! Su plan es el mismo de Gil Blas de Santillana y de casi todas las novelas españolas del siglo XVII, es decir, un personaje estable, protagonista de todos los incidentes de la obra, un actor que toma parte en una larga serie de escenas, que no se relacionan unas con otras más que por el héroe que en todas toma parte. Esta clase de planes son admirables cuando se quiere pintar una sociedad, una nacionalidad entera, en una época indeterminada.

El protagonista recorre toda la escala social interviniendo, siempre el mismo, en una serie de acciones subordinadas; la escena cambia a cada momento, cambiando también todos los actores secundarios o accidentales; y van éstos desapareciendo ante el principal, que continúa en todo lo largo de la narración siendo víctima o héroe, mero espectador unas veces, confidente otras. [...]

Todas las escenas son animadísimas, de alto cómico, como dirían los franceses, llenas de colorido y vivacidad. Con la acción ordinaria se encuentran enlazadas de trecho en trecho algunas historietas patéticas del género de Edgard Poe, contadas por un personaje o leídas en un viejo manuscrito; pero estas historietas están enteramente segregadas de la narración principal, como el curioso impertinente en el Quijote. [...]

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Una respuesta

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  1. Artemisa Ediciones said, on 17 febrero 2010 at 11:32

    [...] Charles: Aventuras de Pickwick. Madrid, 2009. ISBN: [...]


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