Algún día en alguna parte

Aire de Dylan. Enrique Vila-Matas.

Posted in Libros by Alguien on 10 marzo 2012

Dibujado por Kafka.

Posted in Libros by Alguien on 26 julio 2011

Dibujos. Franz Kafka. Edición de Niels Bokhove y Marijke van Dorst. Traducción de Fruela Fernández. Editorial Sexto Piso. Madrid, 2011. 144 páginas. 19,90 euros.

Franz Kafka (Praga, 1883-Kierling, Austria, 1924) fue, qué duda cabe, uno de los más grandes creadores de todos los tiempos. Lo que pocos saben es que, además de escribir, dibujaba y que sus trabajos expresan, de manera sugestiva, el mismo sentimiento atormentado que define sus ficciones. Antes de morir, el escritor checo encargó a su amigo Max Brod que destruyera sus textos y se deshiciera también de los dibujos que había empezado a bocetar a los 15 años. Lejos estaba entonces de imaginar que la historia de la cultura universal le reservaría un lugar privilegiado. Su amigo y albacea, para fortuna de la humanidad, desobedeció el mandato; gracias a él sobreviven las obras literarias y los dibujos del autor de El proceso, que por estos días se publican, por primera vez, reunidos en un mismo volumen.

Franz Kafka. Dibujos, que lanzó este mes la editorial Sexto Piso, incluye 41 imágenes recuperadas de cuadernos de clase, libretas personales y diarios del escritor, hasta ahora dispersos.

Se presume que habría más dibujos, celosamente guardados en cajas de seguridad en Israel y Suiza; pero quien conoce el secreto, Esther Hoffe, asistenta de Max Brod y heredera de su legado, no ha querido aportar detalles al respecto.

En el libro hay algunos dibujos difundidos anteriormente (los que Brod llamó “marionetas de hilos invisibles”, utilizados en las portadas de diversas obras de Kafka) y otros, la gran mayoría, inéditos hasta ahora, que aportan una nueva perspectiva sobre la personalidad del autor de La metamorfosis, El castillo y América . ¿Es Kafka ese hombrecito delineado en tinta negra que aparece en varios de ellos? ¿Representan esos otros personajes sombríos el universo emocional del checo? Muy probablemente. Estas obras causan impacto porque permiten profundizar el conocimiento de una figura clave de la cultura e instan al lector a asomarse a ese abismo de dudas y temores que lo acosaban.

Se presume que la pieza titulada El pensador, una de las que abre el libro, es un autorretrato.

Niels Bokhove y Marijke van Dorst, editores del volumen, presentan los dibujos de Kafka junto con fragmentos de sus novelas, relatos, cartas y diarios. Algunos de los dibujos recuperados estaban originalmente acompañados por reflexiones o comentarios. Otros pasajes kafkianos fueron seleccionados por los editores para integrarse con los dibujos elegidos. Como se desconocen las fechas precisas en que fueron realizados, no es posible analizar de forma clara una posible evolución de su línea. De todas formas, la mayoría corresponde a los años en que el joven Franz -que había tomado clases elementales de dibujo en la escuela primaria- cursaba Derecho en la universidad (1903-1905) y se entretenía garabateando figuras y caras en los márgenes de sus cuadernos.

El arte del dibujo parece haber sido para él, por un lado, una expresión de su amor por las artes plásticas, y por otro, una forma alternativa de composición de relatos, como él mismo admitía. “Mis dibujos no son imágenes, sino una escritura privada“, dijo en cierta oportunidad. “La pasión está en mí. Desearía ser capaz de dibujar. Quiero ver y aferrar lo visto. Ése es mi deseo.”Brod declaró en este sentido: “Su pensamiento se construía en forma de imágenes”.

La temprana vocación por el dibujo de Kafka se remonta a su adolescencia; fue entonces cuando dos cuadros en el escaparate de una tienda le produjeron un fuerte impacto. La figura del pintor Titorelli en El proceso podría ser una proyección de esa veta artística que el escritor checo no desarrolló profesionalmente, pero que lo cautivaba en la intimidad. En la madurez admiraba el arte japonés y las pinturas de Van Gogh.

Su amigo, el artista Fritz Feigl, definía las obras de Franz como expresionistas, mientras que Brod -que siempre expresó su intención de publicar un libro como éste, pero no llegó a hacerlo- entendía que respondían a un escrupuloso realismo.

Hay quienes argumentan que los dibujos complementan la obra literaria y hay quienes desestiman la posibilidad de que esos experimentos de novato puedan compararse con la literatura de Kafka. Sea como fuere, vale la pena verlos, desoyendo la visión del autor, que desestimaba su propio talento. En 1922, dos años antes de su muerte, Kafka dijo:

No son dibujos para mostrar a nadie. Tan sólo son jeroglíficos muy personales y, por tanto, ilegibles. [...] Mis figuras carecen de las proporciones espaciales adecuadas. No tienen un verdadero horizonte. Los dibujos son rastros de una pasión antigua, anclada muy hondo. [?] Vienen de la oscuridad para desvanecerse en la oscuridad.

Al parecer, se equivocaba.

Ficha del libro: Editorial Sexto Piso.

Leer un Fragmento del libro. (PDF)

En Algún día: Franz Kafka.

23 Abril: Día Mundial del libro y del derecho de autor 2011.

Posted in Libros by Alguien on 23 abril 2011

El Tao de la nada.

Posted in Libros by Alguien on 17 abril 2011

Con cada generación llegan los escritores que se postulan y son postulados como médiums del espíritu de su época: Salinger, Carver, Easton Ellis, Coupland… Ahora, la inmensa maquinaria publicitaria intenta imponer a Tao Lin y su flamante novela que invoca el nombre del sufrido y sensible escritor Richard Yates para su título. Rodrigo Fresán disecciona el paquete que nos quieren vender.

Vaya por delante que no soy una persona prejuiciosa. No sólo siempre me he interesado en el nuevo joven escritor de turno (recibiendo, en ocasiones, sorpresas más que agradables) sino que, además, puedo apreciar cierta genialidad en Bob Esponja (en especial en su sintonía musical de créditos finales evocando en versión idiota al tema de El tercer hombre) y hasta me he preocupado por probar con curiosidad y cierto pasmo la tortilla deconstruida de El Bulli.

Así que antes de adentrarme en la muy promocionada Richard Yates de Tao Lin, decidí hacer bien los deberes y leer no sólo la portada que le dedica este mes la revista Quimera sino también –por orden de aparición– la novela Eeeee Eee Eeee y los relatos de Bed (ambos del 2007), los poemas de Cognitive-Behavioral Therapy (2008) y la nouvelle Shoplifting from American Apparel (2009, lo más interesante y autobiográfico, ya que allí se explican varias de las “técnicas” de autopromoción de Tao Lin). Luego, me deslicé a lo largo de varios perfiles y entrevistas –Tao Lin como “un nuevo Beckett” o “la persona más irritante que jamás existió”– donde se subraya especialmente su maestría para autopromocionarse en la Red o enredar en el mundo real a un creciente número de seguidores que lo consideran la voz de sus tiempos. “El futuro de la literatura”, jadea alguien excitado hasta el orgasmo.

De ser así: NO FUTURE.

(ENTRE PARÉNTESIS I.

La portada de la edición Made in USA de Richard Yates, la foto de un hombre “amordazado” por una caracola. La de la edición Hecha en España, el dibujo de una joven pidiendo silencio con modales de enfermera indie. Consciente o inconscientemente, una y otra son muy elocuentes a la hora de delatar, sin hacer ruido ni emitir palabra, la absoluta falta de elocuencia que nos espera ahí dentro.)

HABLANDO SOBRE MI GENERACION.

Y, se sabe, lo de portavoz generacional no es cosa nueva, pero siempre resulta novedoso porque no deja de renovarse. Allí estuvieron – entre el suicidador Goethe y el suicidado David Foster Wallace – firmas como Francis Scott Fitzgerald, Herman Hesse, Evelyn Waugh, J. D. Salinger, Kurt Vonnegut, Jack Kerouac, Julio Cortázar, Françoise Sagan, Ann Beattie, Alberto Fuguet, Ray Loriga, Bret Easton Ellis, Chuck Palahniuk e incluso el propio Richard Yates con novelas como Vía revolucionaria o los relatos reunidos en Once maneras de sentirse solo.

Y la historia continúa y Tao Lin (Virginia, 1983) es el ya seguramente anteúltimo eslabón –un eslabón más bien débil aunque vistoso, pero sin nada del lirismo y la poética savant de Richard Brautigan– de una larga cadena. Otra ocasión para volver a lustrar términos como ennui o vacío existencial o zeitgeist, esta vez complementados por la potencia viral del autor/personaje con nombre/marca registrada más cerca de lo conceptual que del concepto y (tan lejos del genio único e irrepetible de Andy Warhol) capaz de vender acciones de novela en trámite o de cubrir Manhattan con pegatinas donde sólo se lee “Britney Spears” o de dar conferencias consistentes en la repetición de una única frase.

Ah.
O.K.
Bueno.

(ENTRE PARÉNTESIS II.

Más portadas… La de la revista española Quimera que -–hay que tener cara– muestra a Tao Lin posando à la Marcel Proust en aquel famoso retrato suyo. La de la norteamericana The Stranger, que parodia aquella que Time le dedicó el año pasado a ese otro fatuo fuego que es Jonathan Franzen. Great American Novelist, se lee en una y otra, y diferentes procedimientos para un mismo objetivo: mientras Franzen se presenta como novelista serio con tantas ganas de codearse con Tolstoi & Co; Tao Lin, en cambio, no parece creer que exista nada más ni nadie más que sí mismo: cuando sea grande, Tao Lin quisiera ser como un Tao Lin más grande todavía, más grande de lo que ya es para muchos, demasiados.)

QUIERO SER TU AMIGO.

Y lo del principio, pero con un atendible matiz: no me molesta la existencia de Tao Lin; pero me preocupa, sí, su influencia. Recordar lo des/hecho por muchos de los epígonos de Thomas Bernhardt, Charles Bukowski y Raymond Carver. Recordar también que los tres fueron y son mucho mejores escritores que Tao Lin. Y temblar ante la posibilidad de toda una camada de taolinistas clónicos seducidos por cierta facilidad en estilo y procedimientos. Autores que estarán más cerca del usuario que otra cosa.

Estrategia y recursos que, en Richard Yates (2010), no pasan del ingenio pretendidamente genial. En las eternas conversaciones vía chat de entre dos personajes enamorados a larga distancia y con alias de estrellas juveniles (Dakota Fanning y Haley Joel Osment), vuelve a sonar la siempre encantadora música del desencanto generacional y del sabor a nada, aunque sin los inspirados estribillos del mucho más profético e iluminador Douglas Coupland. Dakota y Haley no son soñadores, aunque sí son sonámbulos de lenguaje básico y prosa monocorde. La generación a la que busca y encuentra Tao Lin es más una Generación Cero que se ha quedado sin letras o letra. Y hace poco más que registrarla más como desteñida polaroid que brillante fresco social brindando el perverso placer de un Big Mac cruzado con plato del día. Una broma nada infinita. Un chiste sin un claro remate que, pienso, tiene los días y los comments contados.

(ENTRE PARÉNTESIS III.

Tarea para el hogar: puesto a adentrarnos en la zona muerta de toda una generación, leer primero Postales de invierno de Ann Beattie o Menos que cero de Bret Easton Ellis y recién después Richard Yates. Se descubrirá entonces que hay vacíos mucho más llenos y tanto mejor escritos… Y reviso estas líneas y llaman a mi puerta y es el cartero con flamante ejemplar de The Pale King de David Foster Wallace a quien tanto se extraña. Y, sí, parece que vamos a peor si es cierto eso de que toda generación tiene el escritor que se merece.)

NOMBRE (IM)PROPIO.

Y advertencia: en lo que hace al caprichoso e injustificado título –la edición norteamericana incluye, a diferencia de la española, un índice onomástico/temático– el autor de Las hermanas Grimes aparece mencionado en la novela en seis ocasiones. Y, en todas y cada una de ellas, con poca o ninguna razón de ser.

Y duele e irrita un poco, bastante, que Tao Lin tome en vano el nombre de Yates: un narrador sensible y preocupado por cada palabra. Alguien que escribió como pocos la tristeza, la derrota y la desesperación de la calma que anticipa la tormenta, y murió casi en el olvido, una década antes de su redescubrimiento y redención.

Justicia poética: de aquí a unos años pocos leerán Richard Yates, muchos seguirán leyendo a Richard Yates y, podría jurarlo, ningún joven narrador escribirá y publicará una novela llamada Tao Lin.

Moby-Duck. Donovan Hohn.

Posted in Artículos, Libros by Alguien on 9 abril 2011

Hay libros que alguien planea y escribe ordenadamente en torno a un tema. Hay otros que parece que se escriben solos y que proliferan guiados más o menos a ciegas por el empuje de una obsesión. Hace unos años, por casualidad, Donovan Hohn leyó la historia de un naufragio que habría tenido lugar en 1992, en lo más desolado del noroeste del Pacífico, al sur de las islas Aleutianas. Más tarde iba a descubrir que en realidad no había sido un naufragio: un buque de carga, el Ever Laurel, se encontró en medio de una espantosa tormenta, y en uno de los bandazos que estuvieron a punto de hundirlo una parte de los contenedores almacenados en la cubierta cayó al mar. Dentro de uno de ellos había un cargamento de 28.800 juguetes de plástico fabricados en China y con destino a Estados Unidos. A raíz de sus primeras lecturas, que muy pronto lo llevaron a descuidar su trabajo y a perder días en hemerotecas consultando oscuras revistas de comercio marítimo o buscando su rastro por Internet, Hohn entendió que los 28.800 animales de juguete eran patitos amarillos con grandes ojos y pico naranja como los que flotan en todas las bañeras infantiles del mundo. Imaginaba las aguas del Pacífico cubiertas por una armada de patitos amarillos, dispersados por las corrientes con el paso de los años, apareciendo en el interior de bloques de hielo en el Ártico o entre las algas arrojadas por la marea en una playa de Brasil o de Nueva Inglaterra.

Hohn tenía un oficio digno, una familia. Su esposa estaba a punto de dar a luz su primer hijo y él trabajaba como profesor en una buena escuela de Nueva York. Al principio su indagación fue más o menos caprichosa. Se enteró de que en realidad los animalitos náufragos no eran todos patos amarillos, cómicamente mecidos por olas de varios metros en los mares más profundos y más alejados de tierra firme del planeta. Había 7.200 patitos, 7.200 ranas verdes, 7.200 castores rojos, 7.200 tortugas azules. Y su pérdida en el mar no era el único desastre sucedido en aquellas aguas: en 1990, en un choque entre dos buques mercantes cerca de Alaska, se había perdido un cargamento de 80.000 pares de zapatillas Nike. Meses más tarde zapatillas sueltas, forradas de algas y de pequeños moluscos de concha, aparecían en las playas de la costa noroeste de Canadá. En 1995, en una playa del Estado de Washington, alguien había encontrado una tortuga todavía perfectamente azul y un patito descolorido. Hohn descubrió un submundo de coleccionistas obsesivos de los objetos arrojados por el mar; y también de científicos dedicados a la oceanografía y a la ecología que estudian las pautas de las corrientes marinas para determinar la trayectoria de las toneladas de basura de plástico que se acumulan hasta en lo más lejano de alta mar, en las costas menos visitadas, en las playas de las islas más parecidas al paraíso terrenal.

Por entonces la búsqueda de Hohn ya no tenía remedio. El libro futuro había estallado en su imaginación, como surge fuera del agua un juguete de plástico que un niño ha arrastrado hasta el fondo de la bañera para luego dejarlo subir. Quizás la gran broma del título se le ocurrió cuando aún no estaba seguro de que se pondría a escribir el libro, porque los mejores títulos no son etiquetas que se adhieren a posteriori a un libro ya terminado, sino semillas imperiosas que lo contienen entero y que confirman la posibilidad, la necesidad de su escritura. Donovan Hohn había leído desde muy joven relatos de exploraciones, y había contraído con Moby Dick esa larga deuda de agradecimiento y devoción que ya no nos abandona una vez que nos hemos contagiado de esa novela que no se acaba nunca y que no se parece a ninguna otra. Moby-Duck es una broma y es un homenaje. Imaginar la historia insensata de la pérdida, la búsqueda, el hallazgo de esos 28.800 juguetes naufragados y darle ese título era casi tener ya el libro en las manos.

Pero el libro, para llegar a existir, no exigiría solo la disciplina de la investigación y de la escritura diaria. Muy pronto Donovan Hohn descubrió que para contar de verdad aquella aventura él mismo tenía que vivirla en primera persona. Obtuvo un permiso temporal en la escuela y decidió viajar a la costa en el extremo norte de Alaska en la que habían aparecido poco tiempo atrás un patito, una tortuga, dos o tres castores. A su esposa le faltaban semanas para dar a luz y él andaba navegando por el extremo Norte del mundo en compañía de investigadores temerarios y de aventureros excéntricos que se juegan la vida intentando remediar en algo la catástrofe inmensa de las basuras de plástico. La ballena blanca de su búsqueda eran aquellos animalitos de juguete, pero el apocalipsis con el que fue encontrándose se le reveló más aterrador que las cacerías que hacia finales del siglo XIX estaban a punto de exterminar a los grandes cetáceos. En bosques de coníferas sumergidos en una perpetua niebla de llovizna marítima sus botas se hundían en extensiones de residuos de plásticos arrojados tierra adentro por la violencia de las tormentas. La playa más sucia del mundo no está en el litoral turístico del Mediterráneo, con su caldo veraniego de cremas de bronceado, sino en el extremo sudoeste de Hawai, donde no vive nadie, y donde la arena brilla al sol con millones de bolitas y de fragmentos y de objetos enteros de plástico. En el laboratorio de un biólogo marino asistió al examen de los estómagos de albatros muertos: pescados y calamares a medio digerir se mezclaban en una pasta hedionda con mecheros, tapones de botellas de agua, anillos de plástico de los que sujetan eso que en los supermercados llaman packs de latas de cervezas o de refrescos.

A cien millas del archipiélago de Hawai, en las muestras de agua de mar recogidas por el velero en el que viaja Hohn, el contenido de plástico es cuarenta y seis veces mayor que el de plancton. Uno de los científicos a bordo se lanza al agua con sus aletas y su máscara de submarinismo y cuando emerge de nuevo trae en la cabeza la bolsa de plástico de una cadena de supermercados japoneses. Millones de mecheros desechables de todo el mundo giran en las corrientes marinas y acaban en los estómagos de los albatros. Cuanto más longevo es un animal marino -un albatros puede vivir cincuenta años- más tiempo tiene para envenenarse de las sustancias tóxicas que contienen los plásticos.

Durante años Donovan Hohn continúa su búsqueda. La gente con la que se encuentra es tan rara, tan estrambótica, tan heroica, que daría para varios libros posibles. Yo leo Moby-Duck y recupero la excitación nerviosa de los grandes relatos de viajes que me gustaban tanto en mi adolescencia apocada y sedentaria, los inventados por Verne y Stevenson y los vividos de verdad por tantos exploradores que le revelaban a uno, aunque no hubiera salido de su pueblo, la maravilla de la amplitud y la variedad del mundo.

Moby-Duck: The true story of 28,800 bath toys lost at sea and of the beachcombers, oceanographers, environmentalists, and fools, including the author, who went in search of them. Donovan Hohn. Penguin, 2011. 416 páginas. http://www.donovanhohn.com. antoniomuñozmolina.es

Apología del plástico.Texto: Antonio Muñoz Molina. Publicado en Babelia. El País.com 09.04.2011.

Ideas para interrumpir.

Posted in Libros by Alguien on 15 marzo 2011

¿Cuántas veces nos interrumpen al día? Tantas que, aunque solo sea porque nos interrumpiríamos a nosotros mismos, ni contarlas podemos. En Wakefield, cuento inolvidable de Nathaniel Hawthorne, hallamos una de las interrupciones más emblemáticas, por excelencia. Con ilustraciones de Ana Juan, lo publica Nórdica estos días para celebrar el quinto año, sin interrupción, de la editorial. Wakefield es aquel marido que se despide de su mujer por unos días y no es visto por nadie en 20 años. En el centro de Londres se desvincula del mundo. Se instala en secreto en una casa del barrio y espía a su esposa en su viudez. Un día, pasados ya 20 años, llueve. Le parece ridículo mojarse cuando ahí tiene su casa, su hogar. Sube pesadamente la escalera y abre la puerta. Saluda a su mujer como si no hubiera existido interrupción alguna en sus vidas.

Otro paréntesis memorable tiene lugar en un cuento de Bioy Casares. Un hombre se dispone a apretar el gatillo para suicidarse cuando observa que alguien le está deslizando una carta por debajo de la puerta. Se interrumpe, lee la carta. Es su sastre que le reclama una deuda. No sería elegante abandonar este mundo dejando sin pagar una cuenta de esa categoría y posterga el gesto final.

Nos interrumpen mucho al día, pero se da el caso de personas que, viéndose interrumpidas sin cesar, trabajan en un estado de gran felicidad. Cuenta Ricardo Piglia en una reciente entrevista (con Gastón García, Letras Libres) que una vez fue a ver a Manuel Puig y le encontró escribiendo en la cocina mientras la madre le hablaba y él veía una telenovela: “Puig escribía, y la madre le traía mate, y conversábamos y ahí estaba la tele. Es una escena bastante contemporánea”.

Recuerdo que fue a Juan Cueto al primero al que le oí hablar de esas personas que leen dos diarios a la vez mientras ven un informativo de televisión y al mismo tiempo hablan por teléfono y consultan la meteorología en Internet.

¿Es la interrupción, como dice Piglia, un tema de la cultura contemporánea? No lo dudo. Pero hay ciertos misterios ahí por resolver. ¿Por qué, por ejemplo, distinguimos entre interrupciones que nos fastidian y otras que no? ¿Qué hace que no nos parezca que alguien nos interrumpe cuando lo está haciendo ostensiblemente? Y a la inversa, ¿qué hay exactamente de horrible en aquello que percibimos que nos interrumpe?

Tan inmersos nos hallamos en la realidad mediática que hasta nos olvidamos con frecuencia de que, si apagáramos de golpe la machacona mentira oficial, un mundo inédito podría estar aguardando al otro lado. Hablo de interrumpir sistemáticamente el discurso mediático y hablo también del placer -todavía un derecho personal- de dejar con la palabra en la boca a todos los peleles. Hablo de esa posibilidad que tenemos de entrar en otra realidad, de hecho en la realidad real. Hoy cuando ya es una constante que los intereses económicos consiguen que la realidad real no coincida con la mediática, propongo una humilde idea para sobrevivir: interrumpir el discurso mediático cada vez que intuyamos que eso que se llama inspiración consiste en lo que uno logra cuando se aparta de la falsa realidad. Téngase en cuenta que a veces, al apartarnos, hasta surgen destellos de un mundo con carga poética, de un mundo todavía posible.

Para colosal interrupción, aquella de la que nos habla Julio Ramón Ribeyro en La tentación del fracaso: “Leyendo hace poco a Cervantes, pasó por mí un soplo que no tuve tiempo de captar (¿por qué?, alguien me interrumpió, sonó el teléfono, no sé) desgraciadamente, pues recuerdo que me sentí impulsado a comenzar algo… Luego todo se disolvió. Guardamos todos un libro, tal vez un gran libro, pero que en el tumulto de nuestra vida interior rara vez emerge o lo hace tan rápidamente que no tenemos tiempo de arponearlo”.

Y bueno, creo que hemos llegado al final. ¿Algo para arponear? No les interrumpo más, sigan alegres su camino.

Ficha del Libro: Nórdica Libros.

Ideas para interrumpir.Texto: Enrique Vila-Matas. El PAIS.COM.15.03.2011.

En Algún Día │Enrique Vila-Matas.

Código best seller. Sergio Vila-Sanjuán.

Posted in Libros by Alguien on 14 marzo 2011

«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos…». Si afirmamos que casi todos los mejores libros de nuestras vidas —el lector no vive solamente una vez— fueron best sellers, seguro que alguien frunce el ceño. Y, mira por donde, la frase que abre este párrafo es de «Historia de dos ciudades» de Dickens, un best seller de 1859. En «Código Best Seller» (Temas de Hoy), Sergio Vila-Sanjuán indaga en los orígenes de los libros más vendidos y establece el canon de los setenta títulos más relevantes. En el prólogo, José Antonio Marina identifica el best seller con «literatura vivida». Seamos provocadores. Atribuyamos esa característica al «Chacal» de Forsyth y el pedante de turno espetará que él prefiere, cómo no, el «Ulises» de Joyce.

¿De qué hablamos, entonces, cuando hablamos de best seller? El término se identifica con el comercialismo fácil olvidando, como no se cansa de repetir Carlos Ruiz Zafón, que Dickens y Balzac eran de los más vendidos, como el «Ivanhoe» de Scott o «Los misterios de París» de Sue. El marchamo de best seller es aplicable, por ejemplo, al Quijote. Cervantes hubo de batallar con tres ediciones piratas y el plagiario Avellaneda: escribió la segunda parte para que el público no confundiera la mercancía. ¡¡Mercancía!! (otra provocación). Vila-Sanjuán destaca el diálogo de don Quijote en la imprenta barcelonesa de Sebastián Cormellas: «Ya se plantean con claridad las cuestiones que preocupan en el mundo del libro actual: necesidad de rentabilidad, formas de distribución, porcentaje o cesión de beneficios».

La condición de best seller fue tipificada en 1895, cuando «The Bookman» instauró una clasificación que perdió su hegemonía en 1912 con la aparición de «Publishers Weekly». Un siglo después, conocer la cifra real de los más vendidos sigue siendo complicado: «Los editores no siempre quieren decir la verdad, y otras veces no pueden, ya que puesto que el mercado admite el retorno de los libreros de los ejemplares que no han vendido, pasan meses hasta que se sabe aproximadamente la venta firme», asegura Vila-Sanjuán. Es entonces cuando se invoca al oráculo Nielsen. El autor de «Código Best Seller» subraya la paradoja: «Una lista basada en sondeos a libreros, supermercados y grandes superficies, pero externa a las editoriales, les dice más a estas sobre el estado de sus ventas que sus propios cómputos».

Spanish best seller. Índice Nielsen, cómputos… Aunque la industria editorial nace en el siglo XIX con el auge del género histórico-romántico, el folletín y la novela gótica, el verdadero despegue se produce en el XX. La lista del best seller internacional de autoría española se abre con «Los cuatro jinetes del Apocalipsis», de Blasco Ibáñez. Llevado al cine por Rex Ingram, con Rodolfo Valentino de gaucho argentino, fue en los años veinte el libro más vendido en Estados Unidos después de la Biblia. No era, por cierto, la mejor novela del autor de «Cañas y barro», precursor de los Pérez-Reverte, Ruiz Zafón, Julia Navarro o Javier Sierra. Del anecdotario patrio, recordar que en noviembre de 1975, con Franco agonizante, el libro más vendido era «Esta noche la libertad», de Lapierre y Collins, publicado por Plaza & Janés. El título, alusivo a la independencia de la India, sonó tan sospechoso en aquella coyuntura que un representante de la editorial fue retenido en la frontera hispanofrancesa.

Entre los factores que elevan un libro a los altares del comercio, Vila-Sanjuán señala el «boca-oreja», la planificación editorial, la adaptación cinematográfica o televisiva, el autor mediático o muy reconocido, la portada, el escándalo de índole diversa, o las modas imperantes, como sucede ahora con los vampiros. Pero la moda no originó best sellers como «Lo que el viento se llevó», «Sin novedad en el frente», «La casa de los espíritus» o el ciclo de Harry Potter: «No seguían una tendencia, sino que la estaban creando», puntualiza Vila-Sanjuán. Desde los años cincuenta del siglo pasado, cuando triunfaban Harold Robbins, James Michener, Irving Wallace o Irwin Shaw, el best seller se ha hecho global, con Salman Rushdie, Rowling o Murakami.

Canon best seller. Sugería Conrad que «sólo hay dos tipos de libros que se venden muy bien: los «muy buenos y los muy malos» y en el «Código Best Seller» identificamos muchas de las mejores lecturas de nuestras vidas. De la dickensiana «Canción de Navidad», al folletinesco Sue de «Los misterios de París», los mosqueteros de Dumas y la vuelta al mundo de Verne. Están Hesse con su «Siddartha» y los «momentos estelares» de Zweig. Vicky Baum, Pearl S. Buck, Margaret Mitchell, Daphne Du Maurier y Agatha Christie componen un quinteto femenino ligado a cines de sesión continua. El «long seller» lo firma el principito de Saint-Exupéry, el guardian de Salinger y el viejo marinero de Hemingway. Las intrigas corren a cargo de Conan Doyle, Simenon y Larsson. Los anillos, de Tolkien. Los puentes, de Madison y los paisajes románticos, de Pilcher. La dignidad humana del diario de Ana Frank convive con la cruda supervivencia de Charrière en «Papillon» o de «Viven» (clásico de periodismo, reeditado). Está Dan Brown, y el empalagoso Juan Salvador Gaviota, pero también García Márquez, Pasternak, Lampedusa, la rosa de Eco y el perfume de Suskind. Y la gran novela comercial: Forsyth, Follet, Puzo, West, Le Carré, Grisham, Crichton, King, Noah Gordon… Después de leer —o releer— los setenta títulos del canon, Vila-Sanjuán concluyó que «la mayoría han aguantado bien el paso del tiempo y siguen proporcionando un buen rato al lector sin prejuicios. Muchos best sellers son grandes libros… a su manera».

El best seller del mal. El periodista Antoine Vitkine indaga en «Mein Kampf. Historia de un libro» (Anagrama) las razones que mantienen la obra de Hitler entre los best sellers del odio racial junto con los «Protocolos de los Sabios de Sión». Desde su publicación, en 1925, «Mein Kampf», recuerda Vitkine, «se convertirá en uno de los libros políticos más vendidos de todos los tiempos. Incluso antes del ascenso de Hitler al poder, en 1933, lo compran centenares de miles de personas y se traduce a una veintena de idiomas».

La derrota de 1945 no menguará la curiosidad hacia ese libro que nadie ha leído en su totalidad y que se propaga en versiones resumidas. Una obra que anuncia el genocidio y que figura entre las más vendidas del mundo árabe donde «la conjunción del nacionalismo y el antisemitismo, añade Vitkine, inextricablemente ligados a la lógica paranoica y xenófoba de Hitler es objeto de una cálida acogida». Si los «Protocolos» «inspiran» al islamismo, «Mein Kampf» nutrió los textos fundacionales del panarabismo: desde el muftí de Jerusalén Husseini al egipcio Nasser o el libio Gadafi. En 2005, el best seller del nazismo ocupó el segundo lugar de los más vendidos de Turquía con 80.000 ejemplares.

Ficha del Libro: Editorial Temas de Hoy.

Los mejores libros de nuestra vida. Una reseña de Sergi Dori. ABC.es.12.03.11.

Kawabata y el erotismo.

Posted in Libros by Alguien on 5 marzo 2011

Pareciera que existen, entre las obras de los grandes escritores, aquellas que podrían llamarse del anverso o del exterior, cuyo significado está en la superficie, y aquellas del reverso o del interior, con un significado oculto; podríamos compararlas incluso con el budismo exotérico y el esotérico. En el caso de Kawabata, País de nieve pertenece a la primera categoría, mientras que La casa de las bellas durmientes es con toda seguridad una obra maestra esotérica.

En una obra maestra esotérica, los temas más secretos y más profundamente ocultos de un escritor hacen su aparición. Una obra de esta naturaleza no es dominada por su transparencia o claridad sino por una opresión sofocante. En lugar de limpidez y pureza, hallamos densidad; más que un mundo amplio y abierto, encontramos una habitación cerrada. El espíritu del autor, deshaciéndose de todas las inhibiciones, se muestra a sí mismo en su forma más atrevida. En todas partes he comparado La casa de las bellas durmientes con un submarino con gente atrapada en su interior, en el cual el aire está agotándose poco a poco. Mientras está bajo el influjo de esta historia, el lector suda y se marea, y conoce de la manera más apremiante el terror del deseo incitado por la cercanía de la muerte. O, a la luz de cierta lectura, la obra puede ser comparada con un negativo. Una impresión realizada a partir de él mostraría sin duda el mundo en que vivimos a la luz del día, revelaría hasta el último detalle de su hipocresía brillante, plástica.

La casa de las bellas durmientes es inusual en la obra de Kawabata por su perfección formal. En el final, la joven de piel oscura muere y “la mujer de la casa” dice simplemente: “Está la otra chica”. Con esta última observación cruel, ella derriba la casa de la lujuria construida hasta ese momento con tanta atención y minuciosidad, en un colapso inhumano más allá de toda descripción. Puede parecer accidental, pero no lo es. Con un solo golpe revela la esencia inhumana en una estructura aparentemente construida con solidez y cuidado, una esencia compartida entre “la mujer de la casa” y el viejo Eguchi. Y es por eso que Eguchi “nunca se había sentido tan impresionado por una observación”.

El erotismo no apunta a la totalidad para Kawabata, debido a que el erotismo como un todo incorpora en sí a la humanidad. La lujuria se fija a fragmentos y, carentes de subjetividad, las bellas durmientes en sí mismas son fragmentos de seres humanos que instigan a la lujuria a llegar a su máxima intensidad. Y paradójicamente, un cadáver bello, ya sin los últimos trazos de espíritu, da lugar a los sentimientos más intensos de la vida. A partir del reflejo de estos violentos sentimientos de aquel que ama, el cadáver emana el resplandor más fuerte de la vida.

En un nivel más profundo, este tema está relacionado con otro de importancia en la escritura de Kawabata: su adoración por las vírgenes. Esta es la fuente de la pureza de su lirismo, pero bajo la superficie tiene algo en común con los temas de la muerte y de la imposibilidad. Debido a que una virgen deja de serlo una vez que es atacada, la imposibilidad del acto es una premisa necesaria para poner la virginidad por encima del agnosticismo. ¿Y acaso la imposibilidad del acto no pone siempre el erotismo y la muerte en el mismo lugar? Y si nosotros los novelistas no pertenecemos al bando de la “vida” (si estamos confinados a una abstracción de cierta neutralidad perpetua), entonces “el resplandor de la vida” sólo podrá aparecer en un mundo en el cual la muerte y el erotismo estén juntos.

La casa de las bellas durmientes comienza con la visita del viejo Eguchi a una casa secreta gobernada por “una mujer pequeña de cuarenta y tantos”. Ya que la razón de su presencia es hacer una observación extremadamente importante en el final, ella es delineada con ominoso detalle, desde el gran pájaro en la faja de su kimono hasta el hecho de que es zurda.

El lector siente admiración por la precisión, la extraordinaria fineza de los detalles en la descripción que hace Kawabata de la primera de las “bellas durmientes” con las que pasa la noche el anciano Eguchi, de sesenta y siete años; casi como si ella fuera acariciada solamente por las palabras. Por supuesto, da a entender cierta objetividad inhumana en la calidad visual de la lujuria masculina.

Su mano y muñeca derechas estaban al borde de la colcha. Su brazo izquierdo parecía estirarse en diagonal bajo la colcha. Su pulgar derecho estaba escondido a medias bajo su mejilla. Los dedos sobre la almohada al lado de su rostro estaban ligeramente curvados en la suavidad del sueño, aunque no lo suficiente para borrar las delicadas depresiones donde se unían a la mano. El color rojo, cálido, de sus manos era más rico gradualmente desde la palma hasta las puntas de sus dedos. Era una mano blanca, suave, encendida.

Su rodilla estaba ligeramente adelantada, obligando a las piernas de Eguchi a colocarse en una posición extraña. No necesitó observarla con detenimiento para darse cuenta de que ella no estaba a la defensiva, de que ella no tenía su rodilla derecha apoyada sobre la izquierda. La rodilla derecha había sido movida hacia atrás, la pierna había sido extendida.

De esta manera, la adolescente, que se ha convertido en una “muñeca viviente”, es para el anciano la “vida que podía tocarse con confianza”.

Y qué espléndida técnica erótica podemos disfrutar cuando el viejo Kiga mira las bayas del aoki en el jardín. “Cientos de ellas yacen en el suelo. Kiga levanta una. Jugueteando con ella, le cuenta a Eguchi sobre la casa secreta.” A partir de este pasaje o cerca de él, una sensación de confinamiento y ahogo comienza a descender sobre el lector. Las técnicas usuales para el diálogo y la descripción de los personajes no tienen sentido en La casa de las bellas durmientes debido a que las jóvenes están adormecidas. Debe de ser la primera vez que la literatura brinda una sensación tan vívida de la vida personal a través de las descripciones de figuras durmientes.

Escrito por Yukio Mishima. Traducción del inglés: Virginia Sauda. Publicado en ADN.Cultura.es. 04.03.2011.

Kluge. La azarosa construcción de la mente humana.

Posted in Libros by Alguien on 3 marzo 2011

Kluge es un término inglés que usan los ingenieros para designar algo construido de forma chapucera aunque funcional. En español podríamos traducirlo por «apaño». Con ese nombre se refiere el psicólogo Gary Marcus a la mente humana en un libro en el que pone de manifiesto las incongruencias y fallos de lógica que tiene el cerebro humano. A través de ejemplos como la memoria, el lenguaje o el placer, nos demuestra que incluso un ingeniero lo habría diseñado mejor. Algunos ejemplos sobre la poca fiabilidad del cerebro son verdaderamente inquietantes por sus implicaciones. Según nos demuestra la profesora Elizabeth Loftus, la honradez de un testigo no garantiza su fiabilidad. Por ejemplo, si hemos sido testigos de un accidente de tráfico y nos preguntan: «¿A qué velocidad circulaban los automóviles al estrellarse?», lo normal es que respondamos dando un valor un veinte por ciento más elevado que si nos hubieran preguntado «¿A qué velocidad circulaban los automóviles al colisionar?». Este tipo de hechos suelen ser aprovechados por entrevistadores, fiscales, políticos y demás buscadores de la «verdad». Esta facilidad de manipulación de nuestros juicios es constantemente utilizada por «informadores» interesados en implantar un determinado estado de opinión, desde una elección de compra hasta el alistamiento en una letal aventura guerrera.

Otro ejemplo, realizado por Amos Tversky y Daniel Kahneman, resulta aún más perturbador si cabe, e ilustra cómo un hecho inocuo puede influir en nuestra interpretación del mundo. Si le preguntan «¿Qué porcentaje de países africanos forman parte de la ONU?», probablemente usted no sepa la respuesta exacta e intentará dar un valor aproximado. Ahora bien, si antes de responder a la pregunta le han informado de un valor numérico de algo, como, por ejemplo, de que en la ruleta ha salido el número 10, su respuesta probable será: «El 25%». Sorprendentemente, si el resultado de ese giro de ruleta hubiera sido, por ejemplo, el número 65, su respuesta probable habría sido: «El 45%». El fenómeno, conocido como «anclaje y ajuste», puede repetirse con otras modalidades de cálculo numérico y se interpreta como la predisposición a tomar ese dato aleatorio, el resultado del giro de la ruleta, como punto de referencia a partir del cual «calculamos» la respuesta a la pregunta. La lista de ejemplos podría llevarnos a concluir que somos arcilla moldeable al capricho de los poderosos. Aunque Gary Marcus no entra aquí en este tema, debe saber que no hay mejor antídoto contra la manipulación que el conocimiento, cuanto más vasto mejor, y la sabiduría, hasta donde nuestras capacidades genéticas nos permitan. En ese contexto es fácil entender el celo que muestran organizaciones de todo tipo por alcanzar o mantener el control del sistema educativo en cualquier país.

En esencia, el libro es un lúcido alegato en contra del pretendido diseño inteligente en biología. Sin embargo, no es probable que los admiradores de la perfección humana se sientan alterados por estos argumentos, porque su fe está basada, precisamente, en que un apaño tan tosco, pero que funciona, no podría existir a menos que un ente superior lo haya diseñado así. Es bien sabido que la razón es impotente ante la emoción. Lo paradójico es que este apaño que tenemos por cerebro incluye algún mecanismo por el que necesitamos creer en algo, de forma que nuestra ignorancia quede apaciguada. En cierto modo, esta angustia ante el no saber es el peor fallo de diseño que tiene nuestro cerebro, porque nos lleva a «inventar» el conocimiento que no tenemos. Pero, al mismo tiempo, es también el mejor motor para indagar y progresar. Bien mirado, no parece un fallo tan serio.

Si algo puede criticarse al texto de Gary Marcus es que, ocasionalmente, cae en alguno de los pecados que intenta combatir. Cuando afirma «si bien la evolución nos dotó del razonamiento deliberado, careció de la visión necesaria para asegurarse de que lo utilizásemos sabiamente: nada nos obliga a ser ecuánimes porque en su día no había nadie para prever los peligros», aunque seguramente intentaba hacer una licencia literaria, el sugestionable cerebro de algún lector puede asimilar que la evolución es «alguien con visión, aunque torpe». Conviene recordar que la evolución es un proceso histórico que contemplamos desde el presente y que carece de director, de propósito, de mapa: en definitiva, no es, ha sido. Sin duda habrá evolución mientras haya cambios, pero el proceso y sus resultados no se pueden anticipar desde el presente: serán relatados por quienes existan en el futuro. Los mecanismos genéticos sobre los que tiene lugar el proceso evolutivo han sido tratados por el mismo autor en otro libro, El nacimiento de la mente (Barcelona, Ariel, 2005). Ambos libros solapan argumentos y datos, pero quizá fuera conveniente elaborar un nuevo texto centrado en el proceso que ha llevado a este apaño de cerebro.

Es evidente que somos el resultado de la historia evolutiva. Podríamos haber llegado a ser un apaño diferente con fallos diferentes pero, sin lugar a dudas, un apaño al fin y al cabo. Podría imaginarse un tipo de perfección si nuestro cerebro fuese una adaptación absoluta al medio ambiente en el que viviéramos, incluida la actividad de los demás cerebros, pero, por el momento, los cambios que suceden en el genoma de cada individuo y en el medio externo son independientes entre sí. El escenario evolutivo está definido por el conflicto permanente de adaptación de los seres vivos al medio. Los apaños que no se adaptan desaparecen y así ha sido durante toda la existencia de la vida en este planeta. La autocomplacencia con que solemos analizar nuestra existencia no debería hacernos olvidar que somos una forma de vida, fruto de una historia de cambios aleatorios, y compatible con el escenario actual del planeta. El futuro evolutivo del apaño Homo sapiens no puede predecirse, pero más del 90% de los apaños que alguna vez fueron ya no existen. Por el mero hecho de sobrevivir, el apaño del cerebro ha resultado un éxito hasta ahora. Pero, en todo caso, ¿por qué deberíamos ser perfectos? ¿Cuál es el modelo de perfección?

Elogio de la Imperfección. Texto: Alberto Ferrús. Publicado en Revista de Libros.  Nº 171. Marzo 2011.

Sitio Oficial | Ficha en Editorial Ariel.

Inéditos de Vila-Matas en su colección de bolsillo.

Posted in Libros, Noticias by Alguien on 28 febrero 2011

El magnífico y complejo entramado de la obra de Enrique Vila-Matas es retomado por Mondadori DeBolsillo La editorial inaugura con tres volúmenes  - Chet Baker piensa en su arte (antología de relatos), En un lugar solitario (primera narrativa del autor) y Dublinesca- la Biblioteca Vila-Matas. Seguirá en septiembre 2011 un cuarto tomo, Una vida absolutamente maravillosa, amplia antología de sus ensayos. Y después, continuará con la recuperación de los títulos más celebrados de este autor. Tanto Chet Baker piensa en su arte como En un lugar solitario contienen textos inéditos e importantes novedades.

En Chet Baker piensa en su arte, la novela corta (o relato de ficción crítica, según el autor) que da nombre al libro es una interesantísima pieza de larga extensión, subtitulada Doctor Finnegans y monsieur Hire, donde un crítico literario, encerrado una noche en un hotel de Turín,  busca el punto de unión entre la literatura radical encarnada por el último Joyce y la literatura tradicional de calidad representada por Simenon; busca el libro que uniría idealmente a los lectores de relatos minoritarios y muy exigentes  con los de historias más comerciales. Chet Baker piensa en su arte es una original novela corta, que puede verse como legítima –aunque osada- continuadora de la trilogía o “salto inglés” que inició Dublinesca.

Los demás relatos seleccionados provienen de diversos libros. “Una casa para siempre”, “El efecto de un cuento”, “Mar de fondo” y “Dos viejos cónyuges” aparecieron en Una casa para siempre; “Rosa Schwarzer vuelve a la vida”, “El arte de desaparecer” y “Me dicen que diga quién soy” pertenecen a Suicidios ejemplares; “El hijo del columpio” y “Señas de identidad” fueron publicados en Hijos sin hijos; “Nunca voy al cine” dio título al libro en el que se incluyó; “La gallina robada. Un cuento de Navidad” fue publicado en El traje de los domingos; “Recuerdos inventados” dio título al volumen en el que se publicó; “Porque ella no lo pidió” proviene de Exploradores del abismo. “Sucesores de Vok” apareció en El País el 25 de julio de 2010.

En un lugar solitario, que reúne los cinco primeros libros que publicó el autor, cuenta con un formidable y extensísimo prólogo inédito del propio Vila-Matas donde hay sorprendentes revelaciones mientras se narran  las  extrañas circunstancias que rodearon sus años de principiante en el mundo de la literatura.

En Algún Día │Enrique Vila-Matas.

La última novela épica.

Posted in Libros by Alguien on 25 febrero 2011

La gran novela de Weiss, la que escribió durante su última década de vida, la que terminó un año antes de su muerte, la que alternó con gestos inequívocos de libertad frente al aparato de dominio político e ideológico de los que se llamaron “países socialistas”, cuya redacción coincidió además con obras de tanto calado crítico como El nuevo proceso, es, así, un archivo para la memoria tanto como una proclama contra el conformismo. Peter Weiss en estado puro.

Estética de la Resistencia. Hondarribia, Hiru, 1999 (1.085 páginas). Texto: Carles Guerra. La Vanguardia.16.02.2011.

La estética de la resistencia” es una de esas novelas que aspiran a la categoría de obra clásica. Peter Weiss la concibió al final de su vida imaginándose una autobiografía ficticia, la vida que hubiera deseado vivir. La acción transcurre entre 1937 y 1945, un momento en el que Europa se convierte en un campo de batalla ideológico, de extremo a extremo, transitando de la guerra civil española a la Segunda Guerra Mundial. Se trata, tal vez, de la última novela épica, una obra injustamente olvidada

No tuvo que ser fácil convivir con Peter Weiss (1916-1982) cuando escribía La estética de la resistencia (1975-1981), una novela abrumadora, por mucho tiempo ausente de las listas de novedades editoriales. Pocos libros desprenden esa sensación de un trabajo ingente. Desde su casa de Estocolmo, Gunilla Palmstierna, la viuda del escritor, hace un par de años prefería recordar que esa época estuvo marcada por el nacimiento de Nadja, la hija de ambos. La novela se gestó a partir de 1972 y terminó de publicarse en 1981. Cuando salió a la luz el tercero de los volúmenes, Nadja ya tenía nueve años. Si leer este libro supone un esfuerzo de concentración y perseverancia, el trabajo de escribirlo no lo sería menos. Gunilla Palmstierna advierte de que al principio se trataba de “un pequeño prólogo, un bloque más importante de texto y un breve epílogo”. Sin embargo, acabó dilatándose más allá de las mil páginas.

Tal como reza en la cubierta de la edición española, se trata de “un monumento literario edificado sobre un mar de documentación y pensamiento”. Franquear la página cincuenta exige una voluntad  inquebrantable por parte del lector. Pero una vez cruzado ese umbral se abre un mundo poblado de obreros enfrascados en debates interminables y de una profundidad ideológica abismal.

La estética de la resistencia se sitúa entre 1937 y 1945, aunque su redacción delata los compromisos políticos del autor en las décadas de 1960 y 1970. El contexto de la guerra fría, la guerra de Vietnam y la incipiente decepción de la socialdemocracia sueca se filtran en la novela. Durante los años en los que se enmarca el relato, el protagonista transita de la Alemania nazi al frente republicano en la guerra civil española, para más tarde concluir en el exilio. Suecia será el refugio del personaje principal y narrador, el mismo país en el que el escritor también vivirá hasta su muerte.

Peter Weiss, que recreó de este modo una autobiografía imaginada, llegó al país escandinavo con 22 años. Su álter ego en la novela vive lo que él hubiera deseado vivir. Para los intelectuales de su generación, la guerra civil española tuvo lugar demasiado pronto. A finales de los años treinta, Peter Weiss era sólo un adolescente obsesionado con Herman Hesse, con quien mantuvo una relación de discípulo. En la novela, el protagonista se une a las Brigadas Internacionales, abandona Berlín un día de septiembre de 1937 y llega a Barcelona para continuar viaje por el Levante español. El detalle de los lugares descritos, la precisión de las observaciones y la intensidad de las conversaciones del primer volumen deslumbran por su rigor. Uno puede llevarse a engaño y pensar que el escritor vivió en primera persona aquellos momentos históricos. Que tomó parte en ellos. Lo cierto es que la única guerra que Peter Weiss conoció de primera mano fue la de  Vietnam. A mediados de los años sesenta, él y Gunilla Palmstierna fueron invitados a visitar el norte de aquel país, como tantos otros intelectuales occidentales. Juntos representaban la imagen de la pareja de moda cuyas fotografías aparecían en las revistas ilustradas. Pero el azar hizo que él cayera enfermo en Hanói. Ella fue la única que se adentró en la jungla y él, convaleciente, recibió las visitas de destacadas personalidades en la cama. En una entrevista para la revista Life (28/X/1968) en la que aparecía fotografiado en su estudio, de pie junto a su archivador de cien cajones repleto de recortes de prensa, Peter Weiss se jactaba de que “es mucho más fácil escribir sobre el mundo si lo puedes meter dentro de una habitación”.

Para escribir La estética de la resistencia, la que sin duda puede considerarse “la obra del último autor que se atreve a subsumir en el espacio épico la totalidad social e histórica, con sus  contradicciones”, tal como sugiere Cecilia Dreymüller, Peter Weiss no dudó en revisitar los escenarios donde los protagonistas, todos ellos reales, estuvieron en su día. En 1974, con los diarios personales de Max Hodann en la mano, Peter Weiss y Francisco J. Uriz llegaron hasta  Albacete. Hodann era un sexólogo al que Peter Weiss había conocido en Estocolmo. Durante la  guerra había servido en el único hospital psiquiátrico de la retaguardia del bando republicano, instalado en Cueva de la Tía Potita. Francisco J. Uriz, que desempeñaba las funciones de intérprete personal cuando el primer ministro sueco Olof Palme –el mismo que fue asesinado en 1986– viajaba al extranjero, acompañó a nuestro escritor en su reconocimiento de los lugares mencionados por Hodann y otros ex brigadistas. Peter Weiss había conseguido una plétora de papeles, cartas y documentos de todos ellos, un material que el escritor transcribió sin apenas modificar los textos originales. Por eso la novela se lee a veces como un inventario árido y desapasionado, carente de romanticismo. Lo único que le faltaba a Peter Weiss era dar con las localizaciones. Ver cómo era la luz de los lugares citados, situarse.

Las fotografías de aquel viaje de Peter Weiss a España, además de sus cuadernos de notas, se  guardan en las carpetas de documentos que, tras el fallecimiento del escritor en 1982, Gunilla Palmstierna donó al gran archivo de los autores alemanes en la Akademie der Künste de Berlín –entre los que se encuentran Bertolt Brecht o Walter Benjamin–. En medio de un paraje de la provincia de Albacete, en la residencia que en su día fuera confiscada por las tropas republicanas para convertirla en hospital, Peter Weiss y Francisco J. Uriz dieron con la familia propietaria de la finca. Transcurridos casi cuarenta años, aquel día de 1974 sus ocupantes se muestran ajenos a la historia del lugar. Toman el sol sentados en sillas de plástico fuera de la casa  mientras disfrutan del fin de semana en su segunda residencia.

En una entrevista con Harun Farocki, realizada para la televisión pública alemana en 1979, poco después de aparecer el segundo volumen de la novela, el escritor declaraba que “cuando se escribe sobre una cultura que ya no existe, uno quiere reconstruir exactamente los escenarios, la geografía y la topografía”. Pero está claro que, para revivir la cultura obrera, Peter Weiss también tuvo que obliterar algunos aspectos del presente.

Además, en el archivo se guardan mapas turísticos, guías, postales y  un gran número de  reproducciones de obras de arte vinculadas al proceso de escritura de la novela. Hay ilustraciones del Friso de Pérgamo, de La balsa de la Medusa pintada por Géricault, una doble página de la revista Harpers Weekly en la que se reproduce una tela del siglo XIX firmada por Robert Koehler y que tiene por motivo principal una huelga, y muchas otras que revelan que La estética de la resistencia constituye un itinerario estético para la educación popular de las clases subalternas. Eso que un crítico como Fredric Jameson ha calificado de bildungsroman proletario.

Pero entre todos estos materiales, entre los que también hay textos de divulgación como un  número de la revista Historia y Vida dedicada a la Guerra Civil, destaca una hoja de naranjo seca. En un pasaje de la novela se describe cómo estando en Valencia, “Ayschmann –otro ex brigadista– abrió una revista, Cahiers d’Art, que contenía las reproducciones de las distintas etapas de la evolución del cuadro de Gernika”. El desplegable de la pintura de Picasso, que había sido presentada al público en el Pabellón de la República española durante la Exposición Internacional de París de 1937, contrastaba –tal como escribió Peter Weiss– con el “deslumbrante y extremadamente luminoso azulverde de las hojas de los naranjos”. Una frase inspirada, quizás, por esa única hoja seca, guardada entre carpetas, y que ha perdido todo su color. Pero, en definitiva, un síntoma de la vocación documental de Peter Weiss.

Alfonso Sastre, que se convertirá en el principal valedor suyo en España, a menudo se había referido a él como un representante destacado del teatro documentario. El gran éxito de Persecución y asesinato de Jean Paul Marat –pieza teatral conocida como Marat/Sade– había afianzado la reputación internacional de Peter Weiss. Su estreno en 1963 desató una oleada de  representaciones en diecinueve países. Peter Brook, Giorgio Strehler o Erwin Piscator pusieron en escena aquella pieza teatral con un desacomplejado carácter de investigación, presentada de forma desnuda y sin ornamentos retóricos. Gunilla Palmstierna, que se hizo cargo de la inmensa tarea compiladora que hay detrás del texto y la escenografía de Marat/Sade, aún se queja de que su nombre no apareciera por ninguna parte. Invirtió meses visitando la Bibliothèque Nationale de France en busca de imágenes y textos sobre la locura. Recuerda que el conserje, al que tuvo que convencer para consultar materiales prohibidos en la época, solía recibirla con un “Oh! C’est vous, Madame de Sade!”.

Irónicamente, la importancia de ese trabajo de recopilación documental y acumulación de datos históricos quedó glosada en La estética de la resistencia cuando en el último volumen Peter Weiss relató la estancia de Bertolt Brecht exiliado en Suecia, un episodio que termina con el protagonista (recordémoslo, álter ego de Peter Weiss) ayudando a empaquetar la biblioteca del famoso dramaturgo antes de partir hacia Estados Unidos. El mismo grupo de mujeres comunistas que han acogido a Bertolt Brecht en su huida del nazismo constituirán un ejército de pacientes y laboriosas colaboradoras. Ellas son las que facilitarán al autor los materiales históricos para montar Madre Coraje y sus hijos (1939-1949). La devoción por la inmensidad del tiempo histórico que comparten Bertolt Brecht y Peter Weiss aparece, no obstante, gestionada de modo diferente en cada uno de ellos. Peter Weiss repetirá que él trabaja solo, igual que lo hace un pintor en su taller, sin ayuda de ningún equipo. Por el contrario, Bertolt Brecht se beneficia de un trabajo colectivo que le permite sintetizar los datos.

Excesivo, vulnerable. Pero la desmesurada atención que Peter Weiss pone en la historia como prólogo de cualquier acontecimiento del presente, como en esas secciones en las que una conversación en la costa del Levante se retrotrae hasta la época de los fenicios, hace del texto, por momentos, un discurso farragoso. Cosa que hasta su más declarado admirador llegó a reprocharle. En una carta del profesor Hans Mayer a Peter Weiss, fechada en 1976 y en pleno proceso de escritura de La estética de la resistencia, este le sugería que “después de un extraordinario arranque del texto, la prosa caía en una trivialidad evidente, y después se volvía a recuperar…. y así ocurría una vez tras otra”.

Es probable que Peter Weiss recibiera el comentario con desagrado. Harun Farocki, que lo conoció en los últimos años de su vida, lo describe como una personalidad extremadamente vulnerable a las opiniones de los demás. Nunca dejó de ser una persona insegura. Hasta la publicación de La  sombra del cuerpo del cochero (1960) no se sacudió de encima la sensación de fracaso. Un  sentimiento que arrastraba desde los años en que ejerció de pintor y cineasta experimental.

La estética de la resistencia incorporó esas frustraciones en la recta final de su vida. En lo que se refiere a la pintura, la novela despliega los comentarios sobre un sinfín de obras que a menudo aparecen como reproducciones y no como originales, en situaciones de emergencia bélica, estrés o agotamiento tras una larga jornada de trabajo. Como si el arte ya no pudiera ser contemplado en la plenitud de las facultades perceptivas que imaginan las teorías del arte moderno, y en su lugar, tuviéramos que disponernos a una estética de la fatiga, a una percepción influida por la precariedad de nuestros horarios, a menudo incompatibles con los de las instituciones culturales que idealizan a su público como una panda de burgueses ociosos.

La primera obra que se contempla en la novela es el Friso de Pérgamo al que Coppi, Heilmann y el protagonista llegan exhaustos tras un largo día de trabajo. Allí, frente a las piedras, conversan y aprenden unos de otros. La escena sugiere que la calidad del arte se encuentra en la calidad del conocimiento derivado de él y no en la intensidad de la percepción. Una disyuntiva que el afán didáctico de Peter Weiss le lleva a exponer contraponiendo La huelga (1886) de Robert Koehler con otro cuadro de Adolph Menzel, La laminadora o los cíclopes modernos (1875). Si en el primer cuadro los trabajadores se han organizado para abandonar la fábrica y comunicar sus demandas a un señor con sombrero de copa, “el explotador”, en el segundo los obreros funden sus cuerpos con el calor de la máquina. Se muestran, como escribió Peter Weiss, “relegados a la fabricación de mercancías”. La diferencia revolucionaria, aunque estemos hablando de pinturas del siglo XIX, se encuentra en el descubrimiento de los intercambios comunicativos como lugar natural de una nueva productividad social. Exactamente lo mismo que se estaba pregonando en la Italia de finales de los años setenta cuando se declaró el fin de la fábrica clásica. Aunque a mediados de esa década Peter Weiss ya anticipara esas ideas en una entrevista que Alfonso Sastre publicó al fallecer el escritor, y en la que  ya se lamentaba amargamente: “Ah, Suecia, Suecia… Este país es un ejemplo de lo poco que puede lograrse con la socialdemocracia: bajos salarios…, injusticias tan grandes como en cualquier país capitalista… Claro que al ser más alto el nivel de vida, no hay verdadera miseria…, nadie se muere de hambre, es cierto…, automóviles…, pero un ritmo de trabajo tan inhumano… que los obreros no tienen tiempo para pensar…”.

Arte Menor, el sueño de Juan Ramón Jiménez.

Posted in Libros, Poesía by Alguien on 19 febrero 2011

Se hace realidad uno de los proyectos más anhelados del Nobel español Juan Ramón Jiménez: Arte menor (Ediciones Linteo) Se trata de un nuevo volumen de poemas del poeta de Moguer, que ha rescatado el profesor y especialista juanramoniano José Antonio Expósito, hallados en el archivo de Puerto Rico, un tesoro con casi 200.000 manuscritos y cuya digitalización todavía se está llevando a cabo. El libro se compone de 142 poemas (43 inéditos), la mayoría composiciones de aire popular, que completan la etapa inicial de Juan Ramón Jiménez, que este profesor de Literatura ha rescatado  de diversas revistas del siglo XX, de las que no se sabían que guardasen este importante material. El libro dedicado a “la memoria permanente” de Góngora se intentó publicar dos veces. Sus páginas desvelan las influencias juanramonianas en Lorca o Hernández. Babelia ofrece, en primicia, cinco manuscritos.

Arte menor, datado en 1909, se sitúa cronológicamente en el ámbito inicial de la obra poética de Juan Ramón Jiménez, allí donde se acentúa un lirismo de claro linaje popular, como desglosado de algún cancionero anónimo andaluz, oriundo en sus mejores momentos de cierto modernismo aún contaminado de seducciones románticas. Dentro de los mismos nutrientes sentimentales que comparecen, por ejemplo, en Las hojas verdes (1906) o Baladas de primavera (1907), Arte menor prolonga una idéntica estrategia retórica, pero también anuncia ocasionalmente ese designio poético esencial que va a ir acrecentando su potencia reflexiva a partir de Diario de un poeta recién casado (1916). A medio camino entre la canción de cuño tradicional y una depurada interiorización de la naturaleza, Arte menor se integra en una de las más canónicas fases de la poesía de Juan Ramón, que también fue, con toda probabilidad, la que más notoriamente afectó a los modales neopopularistas del 27, en particular a los de Lorca y Alberti. Junto a canciones de sencilla tonalidad descriptiva, no faltan lo que podrían ser atisbos, perfiles aún inciertos de esa conciencia de penetración en lo absoluto que regula la más visionaria ruta poética de Juan Ramón. Todavía estaba lejos lo que constituye su normativa magistral: la subordinación del pensamiento lógico a la intuición iluminadora. En todo caso, lo que más abundan aquí son las composiciones de común aire popular, tan livianas a veces que dudo que su autor las hubiese salvado de un escrutinio de pocos años después. Siempre se tiene la sospecha de que los textos -los “borradores silvestres”- que por una u otra razón permanecieron inéditos se debe a que su autor no deseaba verlos publicados”.

Verde Juan Ramón, Lorca verdeJosé Antonio Expósito.

En Algún Día: Juan Ramón Jiménez.

Últimas páginas de amor.

Posted in Libros by Alguien on 14 febrero 2011

Viajar, derrumbarse del sueño.

Posted in Libros by Alguien on 5 febrero 2011

Texto: Enrique Vila-Matas. El País.com. Babelia. 05/02/2011.

Elegancia, humor y niebla de melancolía. O sea, Tabucchi. Salgo hacia las Azores de un modo inmóvil, releyendo Dama de Porto Pim, de Antonio Tabucchi, un artefacto literario que a veces recuerdo como una especie de Moby Dick en miniatura y también como un libro que en su momento me sorprendió -hablamos de febrero de 1984- porque sus menos de cien páginas parecían componer un buen ejemplo de “libro de frontera”, un curioso artilugio compuesto de cuentos breves, fragmentos de memorias, diarios de traslados metafísicos, notas personales, la biografía y suicidio del poeta Antero de Quental contada al modo de una “vida imaginaria” (a lo Marcel Schwob), astillas o restos de una historia cazada al vuelo en la cubierta de un barco, crónicas costumbristas de las ballenas y los balleneros, transcripciones de viejos aventureros que pasaron por las islas, apéndices, mapas, bibliografía, abstrusos textos legales: elementos a primera vista enemistados entre sí y, sobre todo, con la literatura, transformados por una firme voluntad literaria en ficción pura.

Elegancia, humor, melancolía. Y la agazapada idea de viajar para derrumbarse del sueño. “Para Tabucchi, un viaje es, sobre todo, un clima, un estar a solas, un estado discretísimo de saudade y de soledad. En eso está la fascinación sin par de este escritor, y es eso lo que le otorga esa voz distinta, su mágica serenidad de escritura”, escribió José Cardoso Pires en un artículo de extraño título: Elpé juepegopó delpé revevespé.

Llegué en febrero de 1984 a Dama de Porto Pim -primer libro de Tabucchi traducido al castellano- porque me llamó la atención ese artículo de Cardoso y porque además, sólo dos días después, me encontré con una entrevista al propio Tabucchi que me abrió panoramas muy inéditos para mí. En esa entrevista -la primera que le hacían en nuestro país- decía, por ejemplo, que hoy en día es difícil juzgar los propios sentimientos porque, desde que la cultura se ha vuelto laica, falta un ojo que mire: “El hombre no se siente mirado y se vuelve, por ello, un poco inexistente. La idea de ser mirado confiere a la existencia cierta plenitud”.

Uno de los fragmentos más memorables de Dama de Porto Pim es “Una ballena ve a los hombres”. Allí un cetáceo cree ver que “los hombres a veces cantan, pero sólo para ellos, y su canto no es un reclamo sino una forma de lamento desgarrador (…) se alejan deslizándose en silencio y es evidente que están tristes”. Al parecer, esta bella pieza literaria surgió de Tabucchi el día en que presenció cómo una ballena moría bajo los arpones y él experimentó la sensación de ser observado por ella.

“Montes de fuego, viento y soledad. Así describía las Azores, en el siglo XVI, uno de los primeros viajeros portugueses que desembarcó allí”, dice Tabucchi. La verdad es que desde entonces las cosas, en las islas, no han cambiado mucho. No es un lugar donde la gente borre las huellas. Hay un pacto entre las Azores y lo inmutable, y otro con el concepto de la lejanía. Tabucchi escribió hace años: “Azores, en medio del océano, lejos de todo. De Europa y de América. Tal vez sea la lejanía el embrujo de las Azores”. Pero esa lejanía, dice Tabucchi, la dejan los habitantes de las Azores sólo para quienes les visitan. Y es que los azorianos están, sobre todo, cerca de ellos mismos. Pero ¿cercanos a qué? No siendo nada cercanos a las tradiciones ni a la historia, tal vez lo sean sólo del suelo, de su tierra verde y azul. Próximos a lo suyo, que es algo inmediato, sin pasado.

Recuerdo muy bien que en aquella entrevista de 1984 Tabucchi comentaba que, en relación con el pasado, nuestra experiencia moderna es más fragmentada, más frágil y, por tanto, posiblemente la narración, el cuento, se adapten mejor a la vida incompleta de ahora. Para alguien como yo que en aquellos días no estaba muy interesado en las novelas, sus palabras fueron una bendición y abrían un camino para la escritura de lo fragmentario. Ha pasado el tiempo y creo que nada ha cambiado de aquello que sugería Tabucchi. El relato corto es un espacio literario en el que todavía se puede hallar una especie de fogonazo, de flash, con una curiosa y extraña adherencia a la realidad.

Dama de Porto Pim, estilizado “libro de frontera”, se inicia con una inolvidable cartografía sonámbula, “Sueño en forma de carta”, una especie de prólogo soterrado (que Tabucchi ha contado que surgió de una lectura de Platón y del traqueteo de un parsimonioso autocar que iba de Horta a Praia do Almoxarife), donde la escritura parece servir para dar forma a una geografía existencial, a un mapa interior que el autor de la carta diseña recorriendo un grupo de islas pobladas por gentes que veneran pasiones y adoran dioses como el amor o el odio (“el dios del odio es un pequeño perro amarillo de aspecto macilento, y su templo se levanta en una minúscula isla que tiene forma de cono”) o el dios del resentimiento, pero que, como en el mapa interior, son reales sólo en un sueño en forma de carta: “Después de haber surcado las aguas durante muchos días y muchas noches, he comprendido que el Occidente no tiene fin sino que sigue desplazándose con nosotros, y que podemos perseguirle a nuestro antojo sin jamás alcanzarle”.

Todo el libro es la historia de esa persecución sin fin, lo que hace que en un momento determinado, derrumbados por el más lúcido de los sueños, lleguemos a la maravillosa Horta, la capital de la isla de Faial, y allí entremos en el legendario Peter’s Café Sport, el bar más famoso del Atlántico. En realidad, es mucho más que un bar, es una auténtica institución y fue inaugurado en los primeros años del siglo pasado y ya entonces exhibía su fachada pintada de azur, su marca distintiva. En el texto ‘Otros fragmentos’, incluido dentro del libro, es donde Tabucchi incluyó la mención a este acogedor bar del gin-tonic fulminante, donde los balleneros van todas las tardes a recordar las otras tardes, aquellas en las que aún navegaban y, por tanto, aún conservaban ese oficio que, al estar hoy prohibido, les ha convertido en pacíficos agricultores con tabarra de taberna.

Una de las piezas claves de Dama de Porto Pim es el relato de amor y crimen que da título al libro y que Tabucchi oyó a un ex ballenero, convertido en cantante en locales nocturnos para turistas norteamericanos. Es la narración de un amor total, apasionado y violento, la historia de una doble traición que culmina en un final mortal. Pero acaso la cumbre del libro sea la intensa microbiografía del poeta del siglo XIX Antero de Quental. Tras una larga estancia en Lisboa, el gran bardo de las Azores, el más trágico de todos, regresa a sus islas cargado de sueños para ellas, sueños que se derrumban a los pocos meses. Desesperado por la soledad de su patria, descubre la existencia de la nada y se mata en Ponta Delgada de un pistoletazo en un banco verde frente al mar, bajo el blanco muro del convento de la Esperança, donde hay un ancla azul dibujada sobre la pared encalada: “Accionó el mecanismo del revólver e hizo fuego por segunda vez. Entonces el gitano desapareció con el paisaje y las campanas de la Matriz empezaron a tañer el mediodía”.

Un mediodía, en mi primer viaje a las islas, fui a la Matriz para sentarme en el banco verde frente al mar y sentirme así en el mismo lugar que Antero. Lo encontré todo igual que el día en que se mató, incluso seguía allí el ancla azul dibujada en la pared encalada. Pero de todos los bancos verdes de la zona, el de Antero era el único ocupado. Por alguna extraña razón, era casi propiedad de unos vagabundos. Tuve que esperar dos horas a que éstos se marcharan para poder sentarme en el lugar del pistoletazo. Había el mismo mar azul perfecto que aquel lejano mediodía. La misma plaza, los mismos árboles, el mismo resplandor del agua. No son las Azores un lugar donde la gente borre las huellas.

Ficha del Libro: Anagrama.

Sitio oficial │www.enriquevilamatas.com
Relecturas en Babelia.

En Algún Día │Enrique Vila-Matas.

Los primeros libros del 2011.

Posted in Libros by Alguien on 5 enero 2011

Las últimas creaciones de Juan Marsé, Martin Amis, Murakami, Tom Sharpe o el fallecido Saramago destacan entre las novedades editoriales que llegarán a España en el primer trimestre de 2011, en el que también se publicará un libro inédito de Juan Ramón Jiménez.

La abundante cosecha de narrativa española estará encabezada por Juan Marsé, que en “Caligrafía de los sueños” (Lumen), presenta una historia de desamor ambientada en la Barcelona de la postguerra. Otras novedades serán “Aguirre, el Magnífico” (Alfaguara), de Manuel Vicent, biografía novelada de Jesús Aguirre; “El hombre del corazón negro” (Destino), de Ángela Vallvey; “Cosas que ya no existen” (Tusquets), de Cristina Fernández Cubas; y “Tanta pasión para nada” (Alfaguara), un volumen de relatos de Julio Llamazares. También aparecerá el inclasificable “Azul sobre azul” (RBA), de Manuel de Lope; o “La flor del Norte” (Planeta), de Espido Freire.

La ficción latinoamericana estará representada por una nueva novela póstuma de Roberto Bolaño, “Los sinsabores del verdadero policía” (Anagrama); así como por “La trilogía de la espera”, con las tres novelas de Antonio diBenedetto en un solo volumen (El Aleph); y “La muerte de Montaigne” (Tusquets), de Jorge Edwards. “El último cuaderno” (Alfaguara), recoge los textos que Saramago escribió en su blog en 2009 y 2010.

Del panorama internacional destacan también “La herencia Wilt”, quinta entrega del célebre personaje de Tom Sharpe; “La viuda embarazada”, de Martin Amis; y “Solar”, de Ian McEwan, todos en Anagrama; y la nueva novela de Philip Roth, “Némesis” (Mondadori). En este trimestre también llegarán los dos primeros volúmenes de la trilogía “1Q84″ (Tusquets), de Haruki Murakami; “Por una buena causa” (Galaxia Gutenberg/Círculo), de Vasili Grossman, sobre la batalla de Stalingrado; la autobiográfica “A la caza de la mujer” (Mondadori), de James Ellroy; y “Chico de ojos azules” (Duomo), de Joanne Harris.

Frederick Forsyth, con “Cobra” (Plaza); Javier Sierra con “El ángel perdido” (Planeta); y Nora Roberts - autora de 130 libros y 85 millones de ejemplares vendidos – con “La piedra pagana” (Suma) serán algunos de los “bestseller” del año.

Los amantes de la novela policíaca podrán disfrutar con “Testamento mortal” (Seix Barral), de Donna Leon; “Gris de campaña” (RBA), de Philip Kerr; “El noveno círculo de hielo” (Roca), de James Thompson; “El factor Scarpetta”, de Patricia Cornwell; “Falsa inocencia” (estas dos en Ediciones B) de Anne Perry; “Alta tensión” (RBA), de Harlan Coben; y “Presagios” (Mondadori), de Karin Fossum. “El caso Mao” (Tusquets), de Qiu Xiaolong, y “Quién mató al ayatolá Kanuni” (Alianza), de Naïri Nahapetian, son relatos policíacos ambientados, respectivamente, en la China de Mao y el Irán islámico.

Dentro de la novela histórica destacan “La tumba de Alejandro” (Grijalbo), de Valerio Massimo Manfredi, quien dirige además el proyecto de una historia ficcionada del Imperio Romano escrita por 6 autores italianos y que comienza con “El rebelde. La fundación de Roma” (Edhasa), de Emma Pomilio. En el mismo género se publicarán “El arqueólogo” (Suma), de Martí Gironell, “Cinco días de octubre” (Plaza), de Jordi Sierra i Fabra, “Los héroes olvidados” (Roca), de Antonio Villanueva Edo, y “La noche de Venus” (Ediciones B), de Luis Racionero.

En la edición de clásicos de la literatura, Cátedra editará el teatro completo de Quevedo, y destacan además “De Buonaparte y de los Borbones” (Acantilado), de Chateaubriand; “La entrada en guerra” (Siruela), tres relatos de Italo Calvino, y “Noviembre de 1918″ (Edhasa), de Alfred Döblin, autor de “Berlin Alexanderplatz”, estos dos últimos inéditos en castellano.

Los lectores de la lírica contarán desde enero con el volumen “Arte menor” (Linteo), que reúne 43 poemas inéditos de Juan Ramón Jiménez, y con “Rapsodia” (Seix Barral), un poema unitario en verso libre, de Pere Gimferrer.

El 25 aniversario del accidente nuclear de Chernóbil se evocará en este inicio de año con la novela “Punto de Fisión” (Algaida), de David Torres, y con una nueva aventura en cómic de Mortadelo y Filemón (Ediciones B), que investigan en la central un nuevo caso.

En no ficción, Alexander Pechmann analiza los libros que desaparecieron o que nunca se escribieron en “La biblioteca de los libros perdidos” (Edhasa), y Richard A. Clarke y Robert K. Knake se centran en el fenómeno Wikileaks en “Guerra en la red” (Ariel). Además, se publicarán el segundo volumen de la obra periodística de Vázquez Montalbán (Debate) y el primer libro escrito por Iñaki Gabilondo, “El oficio de contar las cosas” (Barril&Barral). Global Rhythm publicará “Cadáveres exquisitos”, de Thomas Noguchi, el forense de Hollywood, que en su edición española contiene fotos inéditas de ilustres ‘pacientes’ como Marilyn Monroe, Robert Kennedy, Natalie Wood, Sharon Tate o John Belushi. Eduardo Soto-Trillo analiza el origen del conflicto del Sahara en “Viaje al abandono” (Aguilar); Ernest Belenguer escribe una “Historia de la España moderna” (Gredos); Pekka Hämäläinen una historia del pueblo comanche (Península); y Jorge M. Reverte, “Una historia de la División Azul” (RBA), en su 70 aniversario.

En el ámbito de las memorias aparecerá “3.096 días” (Aguilar), en el que Natascha Kampusch evoca el secuestro de 8 años que sufrió en Viena y conmocionó al mundo. También se publicarán las biografías de Adolfo Suárez (Planeta), Tarradellas (Destino), Joaquín Costa (Ariel), Plácido Domingo (Planeta), Nietzsche (Península), de Sophia Loren (Ediciones B), Lady Gaga (Ediciones B), Grace Kelly (Lumen), a cargo de Donald Spoto, así como de Freud, en la que el filósofo francés Michel Onfray realiza “un ataque virulento” contra el freudismo. Libros del Silencio publicará “Los hermanos Himmler”, en la que Katrin Himmler, sobrina nieta del nazi Heinrich Himmler, habla de la familia del comandante en jefe de las SS.

Fuente: Yahoo Noticias.

Un año de ambiciones e incógnitas.
Protagonistas literarios para 2011

Lo Mejor de 2010 de El Cultural.

Posted in Libros by Alguien on 31 diciembre 2010

Un año más, los críticos de El Cultural han seleccionado las mejor del 2010.

Los mejores libros de 2010:
Ficción: El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa.
Poesía: Barroco, de José Luis Rey.
No ficción: Isabel II, de Isabel Burdiel.

LETRAS:
Las votaciones de nuestros críticos. Lo mejor de 2010: Libros de ficción.
Las votaciones de nuestros críticos. Lo mejor de 2010: Libros de poesía.
Las votaciones de nuestros críticos. Lo mejor de 2010: Libros de no ficción.

El sueño del Nobel .Lo mejor de 2010: Ficción.
El sueño del celta, de la A a la Z Lo mejor de 2010: Ficción.
2010: el año de los deseos cumplidos. Lo mejor de 2010 en Ficción: Análisis.
Bajo el signo de la dispersión. Lo mejor de 2010: Poesía.
Biografías, pensamiento, actualidad e Historia. Lo mejor de 2010: No ficción.
Isabel Burdiel: “La vida privada de Isabel II fue políticamente utilizada para controlarla y/o desacreditarla” Lo mejor de 2010: No ficción.

ARTE:
Las votaciones de nuestros críticos. Lo mejor de 2010: Arte.
Orden en la sala. Lo mejor de 2010: Arte.
El año lento. Lo mejor de 2010 en Arte: Análisis | Elena VOZMEDIANO.
El 1 del 1 del 11 comenzamos desde el principio. Reflexiones en torno a un año de crisis. (también) en la arquitectura española | Antón GARCíA-ABRIL.

CINE:
Las votaciones de nuestros críticos .Lo mejor de 2010: Cine.
Los insobornables. Lo mejor de 2010: Cine nacional.
Javier Rebollo: “Ha habido una guerra civil en el cine español”.Lo mejor de 2010: Cine nacional.
Utopía independiente. Lo mejor de 2010: Cine internacional.

CIENCIA:
Los hitos científicos- Lo mejor de 2010: Ciencia.

ESCENARIOS:
En el reino de los actores. Lo mejor de 2010: Teatro,
Dosmildiez . Lo mejor de 2010 en Teatro: Análisis | Ignacio GARCÍA MAY,
Calidad sin fronteras. Lo mejor de 2010: Música,
Sin sobresaltos. Lo mejor de 2010 en Música: Análisis | Arturo REVERTER,

OPINION:
Bajo mínimos. Lo mejor de 2010: Editorial.

The Best Books of 2010.

Posted in Libros by Alguien on 29 diciembre 2010

10 Best Books of 2010 – The New York Times.
100 Notable Books of 2010 – The New York Times.
Holiday Books: Notable Children’s Books of 2010 – The New York Times.
Notable Crime Books of 2010 – The New York Times.
The Best Illustrated Children’s Books 2010 – The New York Times.
Books About Antiques – The New York Times.
2010 Graphic Novels – The New York Times.

For more lists, check out Largeheartedboy.

Regalos de papel para Navidad 2010.

Posted in Libros by Alguien on 24 diciembre 2010

¿Necesitas un consejo para elegir el libro que quieres regalar estas Navidades? Aquí encontrarás una completa lista de auténticos tesoros de papel, de esos que no suelen aparecer en las estanterías más visibles ni están envueltos en celofán. Los profesores de Escuela de Escritores han confeccionado este directorio de reseñas, dividido en los posibles perfiles del lector (por edades, gustos o circunstancias) para ayudarte en este tiempo de regalos a acertar en la diana de la Literatura.

Para papá
Para mamá
Para los abuelos
Para los que ya saben leer (6-11 años)
Para antes de salir con los amigos (12-15 años)
Para mezclar con el botellón
Para ese chico tan serio
Para aventureros y viajeros
Para el que quiere aprender a escribir

Para el poeta
Para el lector exigente
Para el que lee en el metro
Para reír
Para pensar
Para los locos del cine
Para comparar con la película
Para el melómano

Especial Literatura Infantil y Juvenil en Babelia.

Posted in Artículos, Libros by Alguien on 19 diciembre 2010

Para leer y ser feliz
ROCÍO GARCÍA.

Nunca olvidar el niño que somos
ROCÍO GARCÍA.

Los premios de 2010
VICTORIA FERNÁNDEZ.

Primeros pasos en filosofía
ELISA SILIÓ.

El mejor regalo del mundo
ELISA SILIÓ.

Las cinco fuentes del Rey
ELISA SILIÓ.

Sunset Park. Paul Auster.

Posted in Libros by Alguien on 3 diciembre 2010

Una Reseña de Germán Guillón. Publicado en El Cultural.es. 03/12/2010.

Las grandes novelas del XIX cuentan las transgresiones éticas del ciudadano del siglo con un arte imperecedero. Leopoldo Alas y Gustave Flaubert fueron maestros en la representación del adulterio en el seno de la familia burguesa, el protagonizado por la señora Bovary y el de Ana Ozores. Por contraste, la mejor novela actual aborda otro tipo de transgresiones, las emocionales, y ningún autor de alcance internacional las describe como Paul Auster (Nueva Jersey, 1947). La mayoría de sus ficciones, denominadas con frecuencia posmodernas, suceden en Estados Unidos, y su núcleo temático permite al lector asomarse al texto y explorar allí su propia realidad personal.

Auster dio un giro de 180 grados a la manera de novelar ya desde sus primeras obras:en vez de contarnos cómo las vidas de las personas terminan por encajar en una existencia reglada, exigida por la sociedad, a lo cubo de Rubik, aceptó que el hombre nunca acaba de hacerse, que las parejas nunca encajan de verdad ni completamente, y así. La presente narración recuerda una tela de Jackson Pollock, pues según vamos leyendo la historia central descubrimos entre sus líneas la profundidad de los relatos que contiene, y advertimos que tras la sombra del primero asoma otro, y el siguiente. Por supuesto, el telón de fondo lo conforma la vida socio-política en EE.UU., y su presente situación económico-social, que desde la guerra de Vietnam marcha en un incesante declive, con breves intervalos en los que la esperanza desplaza al optimismo, como ocurrió tras la elección de Clinton como presidente , o la historia de su deporte nacional, el beisbol, que actúa como un estabilizador social que mantiene a salvo a los ciudadanos. Mas en Sunset Park la riqueza del conjunto incluye a los desheredados hispanos de Florida, a personas incapaces de pagar un alquiler, junto a quienes protagonizan el gran teatro del mundo actual, en este caso representados por los padres del protagonista, Milles Heller, un conocido editor, y su esposa, una famosa actriz de teatro.

El tema central viene delimitado por el contraste entre el difícil camino vital recorrido por un joven para llegar a conocerse y aceptarse a sí mismo, frente a la experiencia acumulada por su padre durante una existencia entera. Miles Heller vive abrumado por el recuerdo de un desafortunado accidente, el que causó la muerte de su hermanastro, Bobby, un muchacho de escaso trasfondo, tanto que abandonó la prestigiosa universidad donde cursaba sus estudios, y se lanzó a la carretera, que lo azotó de aquí para allá sin rumbo fijo, mientras desempeñaba muy diversos oficios. Poco a poco, le va creciendo el hueso de la personalidad. A fin de cuentas, dice, “las heridas son una parte fundamental de la vida, y a menos que uno esté herido de alguna forma, jamás se hará hombre” (pág. 173).

Por otro lado, su padre, el exitoso editor Morris Heller siente cómo la vida, los divorcios, la muerte del hijastro, el extrañamiento de Miles -mientras se busca a sí mismo a lo largo de nada menos que siete años-, le llevan a aprender una lección diferente: la edad no protege contra el infortunio; al contrario, lo debilita a uno. “No nos hacemos más fuertes con el paso de los años. La acumulación de penas y sufrimientos va mermando nuestra capacidad de soportar el dolor” (pág. 242). Así pues, el ejemplo de la vida tradicional no se alcanza mediante una sublimación de la existencia, sino sufriendo, como le ocurre a Miles, que además de sentirse culpable de la muerte de su hermano, encuentra el amor en las peores condiciones. Ella se llama Pilar, y juntos viven un amor intenso, empañado por el hecho de que la joven es menor de edad, y una hermana los chantajea. Tampoco la edad ayuda, pues el padre piensa que ha alcanzado el mejor momento de vida cuando surge el desacuerdo con su mujer, y aparecen las aristas que crispan las relaciones y nos distancian de los seres queridos.

Fragmento del Libro

Ficha del Libro│Anagrama.

En Algún Día: Paul Auster.

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