Algún día en alguna parte

Preguntas de un obrero ante un libro.

Posted in Poesía by Alguien on 28 julio 2011

Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió a construir otras tantas? ¿En qué casas
de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?
La noche en que fue terminada la Muralla china,
¿a dónde fueron los albañiles? Roma la Grande
está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes triunfaron los Césares? Bizancio, tan cantada,
¿tenía sólo palacios para sus habitantes? Hasta en la fabulosa Atlántida,
la noche en que el mar se la tragaba, los habitantes clamaban
pidiendo ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿El sólo?
César venció a los galos.
¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?
Felipe II lloró al hundirse
su flota. ¿No lloró nadie más?
Federico II ganó la Guerra de los Siete Años.
¿Quién la ganó, además?
Una victoria en cada página.
¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria?
Un gran hombre cada diez años.
¿Quién paga sus gastos?
Una pregunta para cada historia.

Poema: Preguntas de un obrero ante un libro. [YouTube]
Autor: Bertolt Brecht.

Selección de poemas de Bertolt Brecht.

Quedarme en casa…

Posted in Poesía by Alguien on 7 mayo 2011

Quedarme en casa,
sumergida en los pliegues de las horas,
y no esperar a nadie.

Que los ojos escuchen
y se olviden del mundo.

Que me arrope el silencio
y respire en mi nuca
su suave indiferencia.

Que vivir sea esto,
sin palabras de aguja
ni rodillas de llanto,

con el tiempo desnudo al borde de la cama
y mi boca dormida en su tímido beso.

Autora: Ana Merino. De “Los días gemelos” 1997.

Día Mundial de la Poesía 2011.

Posted in Poesía by Alguien on 21 marzo 2011

El 21 de Marzo se celebra el Día Mundial de la Poesía, a instancias de la UNESCO, con el objetivo de “fomentar el apoyo a los poetas jóvenes, volver al encantamiento de la oralidad y reestablecer el diálogo entre la poesía y las demás artes”, además de lograr que “el arte poético no sea considerado un arte caído en desuso, sino como una herramienta que permite a la sociedad reencontrar y afirmar su identidad”.

Y en este blog celebramos la efeméride, un año más – y ya van dos sin innovar – con una de las entradas más visitadas: 50 poemas populares para el Día Mundial de la Poesía. Sin olvidar nuestros Versos Olvidados.

Mensaje de Irina Bokova, Directora General de la UNESCO, con motivo del Día Mundial de la Poesía, 21 de marzo de 2011.

“ La poesía tiene mil caras y emana siempre de lo más profundo de la cultura de los pueblos. Desde hace mucho tiempo, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) viene respaldando el trabajo de los poetas, editores y profesores del mundo entero. Este año, nuevamente, con motivo del Día Mundial de la Poesía, la UNESCO desea recordar la importancia artística y el vigor de la poesía, a fin de promover la lectura y la creación en una de las expresiones artísticas más auténticas y dinámicas de la humanidad.

El mensaje de los poetas, a menudo testigos de excepción de las profundas transformaciones políticas y sociales de la historia, es imperecedero. Sus textos nos invitan a forjar una paz duradera en las conciencias, a replantearnos la relación del hombre con la naturaleza y a fundar un humanismo que se nutra de la singularidad y a la vez de la diversidad de los pueblos. Es una empresa difícil, que exige la participación de todos en escuelas, bibliotecas e instituciones culturales. Como dijo el poeta Tagore, de cuyo nacimiento celebramos este año el sesquicentenario, “mis días se me han ido afinando las cuerdas de mi arpa”.

También es importante comprender los profundos lazos que unen la poesía con todas las demás artes y técnicas de que se sirve el hombre para dar sentido al mundo. Decía Mallarmé que la poesía es “la expresión, por el lenguaje humano devuelto a su ritmo esencial, del sentido misterioso de los aspectos de la existencia”. La poesía no sirve sólo para comunicar ideas o transmitir información, sino que, a costa de un laboreo incesante de la lengua, mantiene vivo el verbo humano y revela siempre el brillo original de la cultura. Por ello la UNESCO entiende que la defensa de la libertad de expresión y de información, por una parte, y la promoción de la poesía, por otra, son dos caras de una misma moneda, que no es otra que su mandato al servicio de la paz. La poesía, cuyo hálito acompaña el esfuerzo de creación y reflexión de hombres y mujeres, puede hacer dialogar la diversidad de expresiones humanas.

Mediante sus distintos programas, la UNESCO obra para fomentar la publicación, traducción y difusión de la poesía. Al igual que Jasón apeló a Orfeo para superar los obstáculos que no podían vencerse por la fuerza física o las armas de guerra, durante mucho tiempo aún seguiremos necesitando de la poesía para construir la paz en la mente de los hombres y las mujeres 

Mensaje de la Actividades y programas del Ministerio de Cultura con motivo del Día Mundial de la Poesía 2011.

En Algún Día: 50 poemas populares para el Día Mundial de la Poesía.

Aquel poeta llamado Marcel Proust.

Posted in Artículos, Poesía by Alguien on 11 marzo 2011

Marcel Proust estuvo perseguido por la poesía toda su vida (1871-1922). Empezó en las letras con unos poemas infantiles escritos en los márgenes de los cuadernos escolares. Textos de una presunta cursilería de los que no quedó huella. En la adolescencia siguió su voluntad de seguir hurgando en el misterio poético con textos que aparecieron en revistas de escasa difusión y que tenían la sonoridad opiácea aprendida en los simbolistas de la galaxia de Verlaine.

Por entonces, para el joven Marcel había dos dioses verdaderos: Baudelaire y Mallarmé, pero ninguno dejó rastro en sus poemas inflamados. Él iba por otras trochas: ensimismado, frágil, sentimental. Y así lo reconocemos ahora en los 11 inéditos en España que el traductor Mauro Armiño recupera para el próximo número de la revista “Turia”, a la venta el próximo 21 de marzo.

Aquí está el rostro menos explorado del autor de En busca del tiempo perdido“, una de las obras fundamentales de la literatura. Pero, sin duda, su más constante militancia. Siempre le acompañó la poesía. Incluso cuando se abandonó a la frivolidad de los salones de París, donde se entregó a las estrofas de burla, ironía, elogio, ponderación, imitaciones, pastiches de poetas amigos, expresión de afectos…

Lunes a la una:

La insensibilidad de la naturaleza toda
Parece así colmar de nuestros corazones el vacío.
Decepcionante juego de la ciega materia
En el ópalo y el cielo y los ojos donde, victorioso
Y alternativamente herido, soñar parecía el amor.
La forma de los cristales, el pigmento de las pupilas,
Y el espesor del aire nos engañan sucesivamente,
Tratando de engañar nuestros dolores eternos
Con la naturaleza, y la mujer, y los ojos;
Y la delicadeza del azul pálido
Es una mentira en el ópalo
Y en el cielo y en tus ojos.

Para la revista Lilas. A reserva de ulterior destrucción:

A mi querido amigo Jacques Bizet. Quince años. 7 de la tarde. Octubre.

El cielo es de un violeta oscuro marcado por manchas relucientes. Todas las cosas son negras. Aquí las lámparas, horror de las cosas usuales. Me oprimen. La noche que cae como una tapadera negra cierra la esperanza, abierta de par en par al día, de escapar. Aquí el horror de las cosas usuales, y el insomnio de las primeras horas de la noche, mientras sobre mí suenan valses y oigo el irritante ruido de las vajillas removidas en una estancia vecina…

Contemplo a menudo el cielo de mi memoria (fragmento):

Borra como una bruma el olvido los rostros,
Los gestos adorados en otro tiempo a lo divino,
Por quien locos estuvimos, por quienes fuimos sensatos,
Fascinación del error y símbolos de fe.

#

Todo lo borra el tiempo, la intimidad de las noches,
Mis dos manos en su cuello como la nieve virgen
Sus miradas que acarician como un arpegio mis nervios
Mientras sobre nosotros sus incensarios la primavera agita.

#

Otros, los ojos sin embargo de una mujer alegre,
Así como las penas eran vastos y negros.
Espanto de las noches, de las tardes misterio,
Entre esas mágicas cejas estaba su alma toda.

Uno de los poemas en prosa que Turia publica fue escrito por Proust a la edad de diecisiete años, está fechado a las once de la noche del mes de octubre y su transcripción íntegra es la siguiente:

“La lámpara ilumina débilmente los ángulos sombríos de mi cuarto y pone un gran disco de viva luz donde entran mi mano, de repente ambarina, mi libro, mi escritorio. En las paredes azulean delgados hilillos de luna que han entrado por la imperceptible separación de las rojas colgaduras. Todo el mundo se ha acostado en el gran piso silencioso… – Entreabro la ventana para ver de nuevo por última vez la dulce cara leonada, muy redonda, de la luna amiga. Oigo algo así como el aliento fresquísimo, frío, de todas las cosas que duermen -el árbol de donde rezuma la luz azul-, de la bella luz azul que a lo lejos, en un entresijo de calles, transfigura, como un paisaje polar eléctricamente iluminado, los adoquines azules y pálidos. Por encima se extienden los infinitos campos azules donde florecen frágiles estrellas…- He cerrado la ventana. Me he acostado. Mi lámpara, en una mesilla al lado de mi cama, en medio de vasos, de frascos, de bebidas frescas, de librillos preciosamente encuadernados, de cartas de amistad o de amor, ilumina vagamente en el fondo mi biblioteca. ¡La hora divina! A las cosas usuales, como a la naturaleza, las he hecho sagradas por no poder vencerlas. Las he revestido con mi alma y con imágenes íntimas o espléndidas. Vivo en un santuario, en medio de un espectáculo. Soy el centro de las cosas y cada una me procura sensaciones y sentimientos magníficos o melancólicos, que disfruto. Ante los ojos tengo visiones espléndidas. Se está bien en esta cama… Me duermo.”

Fuente: El Cultural.es

Nunca perseguí la Gloria…

Posted in Poesía by Alguien on 8 marzo 2011

Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.

Provervios y Cantares (Campos de Castilla)

Elogio del olvido.

Posted in Poesía by Alguien on 21 febrero 2011

¿A qué grabar un nombre en las paredes,
manchar con torpes trazos la blancura
deslumbrante, impoluta, de la nada?
¿A qué este vano empeño de ir dejando señales,
de escribir en la arena, a resguardo del viento,
las triviales miserias que conforman tu vida?
Sobre las tercas líneas que dibujan un rostro
ha de pasar la mano piadosa de los años
borrando letras, sílabas, palabras sin sentido.
El papel en que escribes volverá a estar en blanco.
¿Y habrá dicha mayor que no haber sido?

De “El Pasajero” (1992).
Autor: José Luis García Martín.

Poemas de José Luis García Martín – A Media Voz.
Café Arcadia – Blog de José Luis García Martín.

Arte Menor, el sueño de Juan Ramón Jiménez.

Posted in Libros, Poesía by Alguien on 19 febrero 2011

Se hace realidad uno de los proyectos más anhelados del Nobel español Juan Ramón Jiménez: Arte menor (Ediciones Linteo) Se trata de un nuevo volumen de poemas del poeta de Moguer, que ha rescatado el profesor y especialista juanramoniano José Antonio Expósito, hallados en el archivo de Puerto Rico, un tesoro con casi 200.000 manuscritos y cuya digitalización todavía se está llevando a cabo. El libro se compone de 142 poemas (43 inéditos), la mayoría composiciones de aire popular, que completan la etapa inicial de Juan Ramón Jiménez, que este profesor de Literatura ha rescatado  de diversas revistas del siglo XX, de las que no se sabían que guardasen este importante material. El libro dedicado a “la memoria permanente” de Góngora se intentó publicar dos veces. Sus páginas desvelan las influencias juanramonianas en Lorca o Hernández. Babelia ofrece, en primicia, cinco manuscritos.

Arte menor, datado en 1909, se sitúa cronológicamente en el ámbito inicial de la obra poética de Juan Ramón Jiménez, allí donde se acentúa un lirismo de claro linaje popular, como desglosado de algún cancionero anónimo andaluz, oriundo en sus mejores momentos de cierto modernismo aún contaminado de seducciones románticas. Dentro de los mismos nutrientes sentimentales que comparecen, por ejemplo, en Las hojas verdes (1906) o Baladas de primavera (1907), Arte menor prolonga una idéntica estrategia retórica, pero también anuncia ocasionalmente ese designio poético esencial que va a ir acrecentando su potencia reflexiva a partir de Diario de un poeta recién casado (1916). A medio camino entre la canción de cuño tradicional y una depurada interiorización de la naturaleza, Arte menor se integra en una de las más canónicas fases de la poesía de Juan Ramón, que también fue, con toda probabilidad, la que más notoriamente afectó a los modales neopopularistas del 27, en particular a los de Lorca y Alberti. Junto a canciones de sencilla tonalidad descriptiva, no faltan lo que podrían ser atisbos, perfiles aún inciertos de esa conciencia de penetración en lo absoluto que regula la más visionaria ruta poética de Juan Ramón. Todavía estaba lejos lo que constituye su normativa magistral: la subordinación del pensamiento lógico a la intuición iluminadora. En todo caso, lo que más abundan aquí son las composiciones de común aire popular, tan livianas a veces que dudo que su autor las hubiese salvado de un escrutinio de pocos años después. Siempre se tiene la sospecha de que los textos -los “borradores silvestres”- que por una u otra razón permanecieron inéditos se debe a que su autor no deseaba verlos publicados”.

Verde Juan Ramón, Lorca verdeJosé Antonio Expósito.

En Algún Día: Juan Ramón Jiménez.

Noche humana.

Posted in Poesía by Alguien on 2 enero 2011

La noche, perseguida, se entró por mi ventana:

—Méteme por tus ojos, escóndeme en tu olvido;
aun tu cuerpo, entreabierto, puede muy bien guardarme,
antes de que se entregue al cerrado abandono
que ya está desciñendo tu ardiente vestidura.

Antes de que en el sueño sin voluntad de origen
la razón se te pierda solamente en el goce:
ocúltame, me buscan, traigo el olor a sangre
y tal vez el delito y la muerte es mi sombra…

Ocúltame, la tierra que hoy es carne y te invade,
casi ni piel sostiene, pero es tumba y memoria.
Yo voy desordenada y hasta el suelo me siguen
donde llevo mi aurora y su puñal agudo.

Pero mis sueños huelen al sudor de los hombres,
a sus crímenes ínfimos y a sus manos en llamas.
No pueden perdonarme que mi beso, en el lodo,
llegue donde no encuentra la ley su pensamiento.

Me acerco dolorida, no niegues tu desvelo.
Guárdame, como al trigo el agua se incorpora
y, en él, la flor engendra, que ha de ser paz del cielo.
Méteme por tus ojos, escóndeme en tu olvido…

******

Mi cuerpo estaba huyendo; buscándole a la noche
la falsedad de un ángel que fingiera un reposo;
la engañadora imagen de un nombre de ceniza
que en el alcohol o el sueño, sin amor, me incendiara.

Mi cuerpo estaba huyendo; por las desiertas calles
de una ciudad sin suelo resbalaba impreciso,
deteniéndose al paso vulgar de la inocencia
y escapando al contacto con ella, por mi angustia.

Mi cuerpo estaba huyendo. Sin vuelo y sin raíces,
se arrastraba en la inmensa bóveda de los tiempos,
donde mueren los sueños desunidos y aislados
y el aire, como un negro fantasma, los corona.

Junto al olor caliente del pescado podrido,
de la fruta marchita y el vinagre, en acecho
la mujer entregaba su cabello constante,
herido por las uñas y la ardiente saliva.

Mis manos se enredaban a la piel de los hombres
que, abiertos, derramaban sus entrañas sin fuego;
mis voces se mezclaban a la luz del cigarro
y a ese rumor más hábil que engendra la denuncia.

La delincuencia, en roce nocturno con la envidia,
sobre el cristal dormido de los blandos hogares
acercaba en mi rostro indagador y astuto,
para hurtar un consuelo que mi paz no alcanzaba.

Y la luna, gimiendo, se clavaba en el árbol,
con la burla precisa del nivel de su tiempo.
Golpe a golpe sonaban las plumas de mi espalda
y su navaja el aire, por mi espalda, blandía.

Mi cuerpo estaba huyendo. Sonaba una cadena
y en la puerta del cielo mis manos golpeaban:
— ¡Abrid, abrid, las sombras por dentro me persiguen
y las sombras de fuera mis manos acuchillan!…

Desperté estando muerto: Mis sábanas sangraban…

—¡Abrid, abrid! ¡Las sombras!…

La noche, perseguida, se entró por mi ventana
y era a la noche misma, a quien yo perseguía.

Poema: Noche Humana, de Jardín Cerrado (1946).
Autor: Emilio Prados.

 

Respuesta.

Posted in Poesía by Alguien on 10 diciembre 2010

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.
Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.

Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde…

Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente…

Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?

Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

José Hierro. De “Alegrí a” (1947).


Hora tras hora, día tras día…

Posted in Poesía by Alguien on 26 octubre 2010

Hora tras hora, día tras día,
entre el cielo y la tierra que quedan
eternos vigías,
como torrente que se despeña,
pasa la vida.

Devolvedle a la flor su perfume
después de marchita;
de las ondas que besan la playa
y que una tras otra besándola expiran.
Recoged los rumores, las quejas,
y en planchas de bronce grabad su armonía.

Tiempos que fueron, llantos y risas,
negros tormentos, dulces mentiras,
¡ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
en dónde, alma mía?

Por Rosalía de Castro.

Juicio final.

Posted in Poesía by Alguien on 5 septiembre 2010

Yo, pecador, artista del pecado,
comido por el ansia hasta los tuétanos,
yo, tropel de esperanza y de fracasos,
estatua del dolor, firma del viento.

Yo, pecador, en fin, desesperado
de sombras y de sueños: me confieso
que soy un hombre en situación de hablaros
de la vida. Pequé. No me arrepiento.

Nací para narrar con estos labios
que barrerá la muerte un día de éstos,
espléndidas caídas en picado
del bello avión aquel de carne y hueso.

Alas arriba disparó los brazos,
alardeando de tan alto invento;
plumas de níquel. Escribid despacio.
Helas aquí, hincadas en el suelo.

Este es mi sitio. Mi terreno. Campo
de aterrizaje de mis ansias. Cielo
al revés. Es mi sitio y no lo cambio
por ninguno. Caí. No me arrepiento.

Ímpetus nuevos nacerán, más altos.
Llegaré por mis pies -¿para qué os quiero?-
a la patria del hombre: al cielo raso
de sombras ésas y de sueños ésos.

Por Blas de Otero.

Síndrome de abstinencia.

Posted in Poesía by Alguien on 31 agosto 2010

No es tan tóxico ya: también caduca
el amor en la fecha señalada en su dorso.
Ya no es ese veneno
tan eficaz, ni acaso necesaria
la urgente sobredosis. Qué cualidad letal
la del amor filtrado en la memoria.

Regreso a las palabras y compruebo que nunca
se contagian o enferman con las fases
de mi intoxicación o mi delirio.
Siempre más sanas, siempre
a punto de ser dadas de alta y de dejarme
un poco más enferma. Y nunca simultánea
he sentido la fiebre en mi otro cuerpo,
el que tiene por vísceras palabras.

De “Carpe Noctem” (1996). Autora:  Aurora Luque.

Yo dejaré desde aquí.

Posted in Poesía by Alguien on 13 agosto 2010

Yo dejaré desde aquí
de ofenderos más hablando,
porque mi morir callando
os ha de hablar por mí.

Gran ofensa os tengo hecha
hasta aquí en haber hablado,
pues en cosa os he enojado
que tan poco me aprovecha.

Derramaré desde aquí
mis lágrimas no hablando,
porque quien muere callando
tiene quien hable por sí.

de Garcilaso de la Vega.

Retirado en la paz de estos desiertos.

Posted in Poesía by Alguien on 3 agosto 2010

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años vengadora,
libra, ¡oh gran don Josef!, docta la imprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta,
que en la lección y estudios nos mejora.

Don Francisco de Quevedo y Villegas.

La Vida es Sueño.

Posted in Poesía by Alguien on 2 agosto 2010

Es verdad, pues: reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?


Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende
.


Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

La Vida es Sueño (Jornada III. Escena XIX).

Eternidad.

Posted in Poesía by Alguien on 20 julio 2010

Quien a sí encadenare una alegría
malogrará la vida alada.
Pero quien la alegría besare en su aleteo
vive en el alba de la eternidad.

Por Willian Blake. (Versión de Màrie Montand).

Poemas de William Blake en A Media Voz.

Canción de la vida solitaria. Fray Luis de León.

Posted in Poesía by Alguien on 6 julio 2010

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspes sustentado!

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado;
si, en busca deste viento,
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?

¡Oh monte, oh fuente, oh río,!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,]
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.]

Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.

El aire del huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruïdo
que del oro y del cetro pone olvido.

Téngase su tesoro
los que de un falso leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.

La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.

A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla,
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrazando
con sed insacïable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.

Fray Luis de León.


Obras de Fray Luis de León en la Biblioteca Virtual Cervantes.

Poemas a la muerte. Emily Dickinson.

Posted in Poesía by Alguien on 11 junio 2010

De América siempre se dice que está obsesionada con el sexo y la violencia. Aunque esto podría predicarse de cualquier otro país y seguiría siendo cierto, sólo América es madre de Sylvia Plath, y eso, en poesía, cuenta. Sexo y violencia: respuestas humanas a la muerte. Y de la muerte es suma sacerdotisa también otra hija de América: Emily Dickinson (Amherst, Massachusetts, 1830-1886).

“Retira tus Barrotes, Muerte -/ Deja entrar los Rebaños agotados/ cuyos balidos dejan de repetirse/ cuya errancia acabó -/ Tuya es la noche más serena/ Tuyo el Redil seguro”. He aquí la invocación casi satánica de Dickinson. Poemas a la muerte nos presenta a la maestra del género versionando todo un clásico de la literatura. Junto con el amor y Dios, la muerte es el tema estrella de todo lo escrito. Con una diferencia: amor o no amor, Dios o no Dios, morirnos nos morimos igual. Y Emily Dickinson, que hizo siempre lo que le dio la real gana, parecía encontrar esta inevitabilidad tiránica y, por tanto, bastante molesta. Para ella, el universo tenía los límites precisos de su voluntad, y la muerte no era tanto un acabamiento cuanto un obstáculo.

Cuenta la leyenda que la de Massachusetts se enterró en vida: empezó por no salir de casa y acabó por no salir de la cama. En un alarde de sociabilidad, escribía cartas. Hoy lo llamaríamos agorafobia, pero a mediados del siglo XIX era sólo una rareza. Es un buen adjetivo para Dickinson: rara. Como los diamantes perfectos o las mentes lúcidas: “Contempla esta pequeña Ruina -/ que impulsa todo lo que vive -/ tan vulgar como desconocido,/ su nombre es Amor -/ su ausencia es Aflicción -/ su posesión, Herida -/ En ningún sitio – salvo en el Paraíso / se encontrará un Equivalente”. Éstos tres son los jinetes del Apocalipsis según Dickinson, para quien el cuarto era probablemente la Vida misma. Porque la última gran heroína americana no le teme a la muerte, ni tampoco la desea especialmente: se limita a diseccionarla como una rana.

Es una pasión fría que recuerda al erotismo místico cristiano (“Mi Corazón, vacíalo de Ti -/ su sola Arteria -/ Comienza, y deja allí tan solo -/ la Fecha de Extinción”), aunque, en su mejor interpretación, Dickinson encarna a una Sibila de Cumas entre los evangelios y Dostoyevski: “El Suspense – es más Duro que la Muerte”.

Reina omnipotente del canon de Harold Bloom, Emily Dickinson rige la conciencia mortal de Occidente. A ella le debemos los dos versos más memorables (por irónicos, por verdaderos) jamás escritos sobre la muerte: “Puesto que no podía esperar a mi Morir -/ Él esperó por mí con gentileza”. (Para Dickinson, Muerte es Hombre y, para desgracia nuestra, todo un caballero.) A sus ochenta años, Bloom sigue enamorado de Emily como un quinceañero: de ella le gusta todo, y la mitad de ese todo la inventa, y la otra mitad la exagera. Pura idolatría. Pero en una cosa no se equivoca: Dickinson es más grande que Walt Whitman, más grande que América. Más grande, tal vez, que la muerte misma.

No era la Muerte, pues yo estaba de pie…

No era la Muerte, pues yo estaba de pie
Y todos los muertos están acostados,
No era de noche, pues todas las campanas
Agitaban sus badajos a mediodía.

No había helada, pues en mi piel
Sentí sirocos reptar,
Ni había fuego, pues mis pies de mármol
Podían helar un santuario.

Y, sin embargo, se parecían a todas
Las figuras que yo había visto
Ordenadas para un entierro
Que rememoraba como el mío
.

Como si mi vida fuera recortada
Y calzada en un marco
Y no pudiera respirar sin una llave
Y era como si fuera medianoche

Cuando todo lo que late se detiene
Y el espacio mira a su alrededor
La espeluznante helada, primer otoño que llora,
Repele la apaleada tierra.

Pero todo como el caos,
Interminable, insolente,
Sin esperanza, sin mástil
Ni siquiera un informe de la tierra
Para justificar la desesperación.

Ficha del Libro: Bartleby Editores.

Fuente: El Cultural.

Hojas de Madrid con La Galerna. Blas de Otero.

Posted in Libros, Poesía by Alguien on 13 mayo 2010

Título: «Hojas de Madrid con La Galerna»  Autor: Blas de Otero. Edición de Sabina de la Cruz.  Editorial: Galaxia Gutenberg. Páginas: 397. Precio: 22 euros.

Blas de Otero murió en 1979 en su casa de Majadahonda de una embolia pulmonar. Por fatalismo o desmemoria, el poeta que luchó contra el franquismo murió al comienzo de una transición que no pudo ver en él al poeta de la democracia. Su último libro publicado fue Historias fingidas y verdaderas (1970), innovador compendio de poemas en prosa, pero desde entonces hasta hoy sólo han aparecido unas pocas antologías y reediciones de sus libros más antiguos. Una injusticia histórica que corrige la editorial Galaxia Gutenberg con la publicación de Hojas de Madrid con La Galerna, el mítico libro que Blas de Otero (Bilbao, 1916) dejó inédito a su muerte, y con el anuncio de la próxima edición de sus Obras completas en la misma editorial. Ambos en edición de Sabina de la Cruz, compañera de Otero en sus últimos años de vida y albacea de su legado literario.

Durante 30 años el anuncio de la publicación de estos libros, siempre desmentido, dio que hablar en los corrillos literarios. De los 306 poemas de Hojas de Madrid con La galerna, apenas un centenar había aparecido disperso en antologías y revistas. Y en los años noventa, La galerna figuraba como segundo título de una colección, Prensa de la Ciudad, que inauguró Agenda, de José Hierro. Pero de nuevo, razones ocultas que se han convertido en especulaciones sobre el rigor de la albacea para no deformar la imagen del poeta, impidieron la publicación.

La lenta recuperación de su obra nos ha dado un Blas de Otero reducido a los planes de estudio: el poeta “desarraigado” de sus libros de posguerra (reunidos en Ancia) y el poeta social de su trilogía iniciada con Pido la paz y la palabra. Un escritor que escribía “como hablaba” (con la difícil sencillez de quien corrige mucho), amante de una tradición viva (del Cancionero a Machado) y activista de la palabra contra la dictadura. El poeta que escribía para un pueblo que no leía poemas. Pero Otero fue un autor más complejo que jugaba a perderse (por el terreno y por la literatura) para enriquecer una de las voces más reconocibles de la poesía española. Vagabundeo que no ha ayudado a la simplificación de un corpus.

Precisamente de vuelta de uno de sus viajes, de su regreso de Cuba donde se había casado y había vivido tres años, surge Hojas de Madrid. El primer poema anuncia el tono seco de todo el libro: “En una clínica./Recién operado en una clínica, fumo, me peino, pienso/en nada”. Le han extirpado un tumor y la poesía se convierte en un diario descarnado de su recuperación.

Como en algunos de los mejores poemas del siglo XX (los textos finales del italiano Eugenio Montale o la obra del argentino Joaquín Giannuzzi, ambos tocados por la muerte), la poesía pierde la retórica: aquí se cuela el día a día sin idealizar, sus viajes, mítines, las noticias de la guerra de Vietnam, la memoria, los barrios de Madrid, una sinfonía de Schubert. Una cotidianeidad con el acento de la enfermedad (“la maldita insulina”), de un duro divorcio (“aquella muchacha que se casó conmigo,/un poco mulata y muy sentimental”) y la promesa de un nuevo amor con Sabina de la Cruz.

En esta autobiografía psíquica en verso destaca La galerna, que toma su nombre de un temporal del Cantábrico y se convierte en una crónica de las depresiones, que acompañaron a Otero desde su juventud, y de la difícil relación entre la vida y la literatura: “Doloroso es escribir/como vivir.”

En sus últimos años, Ángel González señalaba la importancia de Blas de Otero para la poesía de los setenta, aquella que por su experimentalismo parecía más alejada de la poesía social. Contaba que algunos poetas, como José Ángel Valente y Alfonso Costafreda, ambos exiliados en Ginebra, se alojaban en casa de Otero cuando venían a España, como tantos poetas y militantes comunistas de todo el mundo. Tenía una rara generosidad, además de un carácter excéntrico, y al parecer, a su regreso a Ginebra, una burla cruel de Valente enfrió su amistad con Costafreda, que no perdonó la falta de gratitud hacia el maestro.

Pero si González citaba a ambos poetas, que quedarían como fundadores del minimalismo expresivo, de la palabra que hiere en su brevedad, es porque La galerna y Hojas de Madrid, leídos hoy, reescriben la historia de la literatura española y anuncian esa fértil escuela marginal. Una escritura al sesgo, dañina y lírica. La actitud moral de una voz que se sobrevive a sí misma, dice poco, y espera su momento.

Fuente: Público.es.

Mamá.

Posted in Poesía by Alguien on 2 mayo 2010

Mamá, yo quiero ser de plata.
Hijo, tendrás mucho frío.
Mamá, yo quiero ser de agua.
Hijo, tendrás mucho frío.
Mamá, bórdame en tu almohada.
¡Eso sí!
¡Ahora mismo!.

Federico García Lorca.

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