Algún día en alguna parte

Un 23-F de hace 30 años.

Posted in Memorias by Alguien on 23 febrero 2011

El 23 de febrero de 1981, la joven democracia española vivió su prueba más difícil. Militares nostálgicos del antiguo régimen protagonizaron un intento de golpe de Estado que pudo haber acabado en un baño de sangre o una nueva dictadura. El resultado final fue la consolidación definitiva del sistema democrático, aunque a costa de un retraso en el proceso de descentralización del Estado. La intentona golpista no fue un hecho del todo inesperado, dado el amplio malestar existente en sectores del Ejército por el cambio político emprendido tras la muerte de Franco.

Todo empezó a las 18.23 horas, cuando un pelotón de guardias civiles al mando del teniente coronel Antonio Tejero irrumpió en el Congreso de los Diputados mientras se votaba la investidura como nuevo presidente de Leopoldo Calvo Sotelo (UCD). Éste debía suceder en el cargo al dimisionario Adolfo Suárez, también de la coalición centrista UCD.

El forcejeo de Tejero con el general Manuel Gutiérrez Mellado (vicepresidente del Gobierno) y los posteriores disparos al techo realizados por los asaltantes no presagiaban nada bueno. Sólo permanecieron en su asiento, desafiando la orden de tirarse al suelo, el propio Gutiérrez Mellado, el presidente Suárez y el dirigente comunista Santiago Carrillo. Diputados y senadores quedaban secuestrados en el edificio representativo de la soberanía popular, dejando al país entero en vilo.

Un capitán que acompañaba a Tejero adelantó a los parlamentarios la pronta llegada de una ‘autoridad militar competente’ para disponer lo que fuese procedente. Ante la situación creada, se constituyó en el Ministerio del Interior un Gobierno provisional de subsecretarios que asumió las funciones del ejecutivo secuestrado en las Cortes. El director de la Seguridad del Estado, Francisco Laína, se puso al frente de dicho gabinete de crisis. El jefe del Estado Mayor del Ejército, José Gabeiras, apoyó el orden democrático y entabló contacto telefónico con Laína.

Fiel también al ordenamiento constitucional, el director general de la Guardia Civil, el general José Luis Aramburu Topete, se dirigió al Congreso para emplazar a Tejero a rendirse. El teniente coronel golpista se mantuvo firme, llegando a amenazar a Aramburu con pegarle un tiro y luego suicidarse. A la vista de su empecinamiento, el jefe de la Benemérita decidió retirarse.

Estado de excepción en Valencia. Ya de noche, los tanques salieron a las calles de Valencia por orden del teniente general Jaime Milans del Bosch, quien declaró el estado de excepción en su región militar. Otros militares sediciosos como el general Luis Torres Rojas y el comandante Ricardo Pardo Zancada intentaron que se sumasen al golpe las fuerzas de la División Acorazada Brunete: pretendían con ello asegurar el control de puntos estratégicos de Madrid como la sede de RTVE.

Las instalaciones de Prado del Rey permanecieron ocupadas por varios destacamentos de la Brunete alrededor de dos horas, en las que Televisión Española alteró su programación y Radio Nacional emitió marchas militares. La intervención de los generales José Juste (jefe de la Brunete) y Guillermo Quintana Lacaci (capitán general de la primera región militar) impidió que los golpistas pudiesen disponer del grueso de esta importante división.

El general Alfonso Armada, pieza importante de la trama golpista, entró en el Congreso sobre las 23.50 horas para despachar con Tejero. Quiso erigirse en jefe de un gobierno de concentración nacional, pero no logró convencer a Tejero, quien abogaba por la creación de una junta estrictamente militar. La suerte del golpe quedó echada tras la intervención del Rey en TVE en torno a la una y cuarto de la madrugada: el monarca ordenó expresamente a los militares sublevados que se retirasen a sus cuarteles. Pasado el mediodía del 24 de febrero, los asaltantes del Congreso se entregaron tras haber liberado a los diputados retenidos. El resto de los golpistas ya estaban a disposición de la justicia militar.

La jornada del 24-F fue testigo de una de las manifestaciones ciudadanas más multitudinarias de la historia de España: un millón y medio de personas se congregaron en Madrid detrás de una pancarta que rezaba “Por la libertad, la democracia y la Constitución”.

Condenas de hasta 30 años. El macrojuicio del 23-F, celebrado en Madrid ante el Consejo Supremo de Justicia Militar, se saldó el 3 de junio de 1982 con duras condenas para los rebeldes. Tejero y Milans del Bosch fueron condenados a 30 años de cárcel. Otras 28 personas recibieron penas de entre un año de suspensión de empleo y 6 años de prisión. El Tribunal Supremo aumentó en 1983 las condenas: de 5 a 10 años para el coronel Diego Ibáñez Inglés (colaborador de Milans en Valencia); de 6 a 12 para Torres Rojas y Pardo Zancada; y de 6 a 30 para Armada. En 1996, tras la salida de la cárcel de Tejero, los protagonistas del fallido golpe ya se hallaban en libertad. Todos ellos se beneficiaron de indultos.

Uno de los secretos aún por desvelar del 23-F es la identidad del llamado “Elefante Blanco”, la alta personalidad militar que supuestamente debía presentarse en las Cortes y hacerse con las riendas del golpe. Algunos analistas consideran que el “Elefante Blanco” era un mero símbolo del Ejército en su conjunto. Otros atribuyen ese título a Armada, quien siempre lo ha negado.

Sólo 20 meses después de la fracasada sublevación militar, el PSOE llegaba al poder con una abultada mayoría absoluta. Muchos historiadores marcan el final de la Transición en esas elecciones de octubre de 1982 que convirtieron en presidente a Felipe González.

Texto: Nicolás Fabelo. RTVE.es. 22.02.2011.

Especial 23-F-en RTVE.es
23-F:Las ediciones especiales de El PAÍS.
23-F: Video Resumen en EL Mundo.es.
Los otros protagonistas del 23-F. abc.es.
El 23F y la cultura.

In Memoriam: Juan Marichal.

Posted in Memorias by Alguien on 9 agosto 2010

Juan Marichal (Santa Cruz de Tenerife, 1922 – México, 9 de agosto de 2010), el hombre que redescubrió desde el exilio la obra de Manuel Azaña y trabajó por la reivindicación histórica de Juan Negrín, su paisano canario, falleció esta madrugada en Cuernavaca, México, según ha comunicado su hijo, el profesor Carlos Marichal, con quien vivía allí desde hace siete años.

Marichal es uno de los intelectuales más importantes de la España que hizo la diáspora durante la Guerra Civil.  Premio Nacional de Historia en 1996, Premio Nacional de Ensayo en 1995 y Premio Canarias de Literatura en 1987 junto a la escritora María Rosa Alonso, Juan Marichal nació en 1922, en Tenerife; su familia era republicana; estudió en Madrid, y cuando aún era un chiquillo vivió el inicio de la guerra (que él llamó incivil) en el barrio de Chamberí. El horror de aquellos episodios y el posterior exilio, que inició cuando aun no había concluido la contienda, fueron hechos fundamentales en la formación de su carácter, introvertido y analítico, preocupado siempre por la esencia de su país herido.

Don Juan Marichal fue director del Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Harvard. Como estudioso de la obra de Azaña, que convirtió en un símbolo de la España trasterrada, y también del pensamiento político republicano, consiguió poner en pie un legado que durante las primeras décadas de la posguerra permaneció ennegrecido por las campañas franquistas en contra del que había presidido el Estado hasta 1939.

Fue también un gran estudioso de la literatura y del pensamiento hispanoamericano, que contribuyó a divulgar en España como ensayista y como conferenciante. In Memoriam.

Fuente: El País.com.

La historia hecha palabra.

Posted in Libros by Alguien on 7 agosto 2010

Las grandes novelas que hacen vivir al lector en distintas épocas.

Quo vadis? (1896) Henri Sinkiewicz.

Desde Los mártires de Chateaubriand hasta Ben-Hur el tema más popular de la novela histórica del XIX fue el de cristianos perseguidos. Quo vadis? corona la serie, con todos los tópicos del género: jóvenes amantes, -bella y virtuosa cristiana frente a fogoso guerrero romano- ; y tipos secundarios memorables: el voluble y cruel Nerón, el elegante y simpático Petronio, el gigantón Ursus, y los apóstoles Pablo y Pedro (a quien el propio Cristo dirige la inquietante pregunta del título). Impactante dramatismo y escenarios espectaculares: la Roma imperial, catacumbas, casas patricias, el circo con sus fieras, diálogos vibrantes, banquetes y catástrofe final: el gran incendio de Roma. Happy end romántico y suicidio teatral de Nerón. Sinkiewicz, experto en relatos históricos, mereció el premio Nobel. Las versiones del cine lo hicieron un clásico.

La gran marcha (2005) E. L. Doctorow.

Narración vibrante de fulgores épicos, arrolladora por su tema y por su estilo. Por un lado, la famosa marcha de la caballería del general Sherman (1864) desde Atlanta por Georgia y las Carolinas, arrasando ciudades y campos de los confederados. De otro, una narración rápida, cinematográfica, que da vida y color a diversas figuras en escenas de intenso dramatismo. Ciudades en llamas, desastres, muerte, gestos heroicos, lastimera turba fugitiva de damas sureñas y esclavos errantes tras las tropas y ruinas, en el torbellino poco heroico que dirige el implacable Sherman, un personaje más en el elenco de sus emotivas figuras. Doctorow es genial en la creación de tipos y caracteres, y en los diálogos vivaces, continuos e impresionantes por su fuerte tensión dramática. En definitiva, una novela histórica impactante, por su rigor, estilo y diseño clásico.

La marcha Radetzky (1932) Joseph Roth.

En Solferino el teniente Trotta salvó la vida al joven emperador. Ese gesto heroico determinó su destino, el de su hijo y el de su nieto. Que morirá al fin bajo las balas del frente ruso medio siglo después en otra guerra. Al tiempo que agoniza, ya viejísimo y solo, Francisco José, y se desmorona el universo al que los tres Trotta sirvieron. Un mundo de orden, fantasmagórico, de uniformes, guarniciones de frontera, duelos de honor, deudas de juego, vino y amoríos furtivos, viejos criados, lealtades y calladas ternuras. Las músicas militares puntúan con fugaz ironía unas vidas pautadas por la rutina y la desesperanza: “El mundo en que todavía merecía la pena vivir estaba condenado a desaparecer”. Roth, que recuerda a Chéjov y Schnitzler, es un maestro de la melancolía. La marcial marcha de Radetzky suena como un Réquiem por el Imperio.

Espartaco (1951) Howard Fast.

La rebelión de los esclavos y gladiadores contra Roma en el siglo I antes de Cristo era un tema histórico muy atractivo, vista como la primera gran rebelión proletaria. Espartaco derrotó cinco veces a los ejércitos romanos; luego Craso y Pompeyo aniquilaron a los rebeldes con ejemplar ferocidad. Howard Fast y Arthur Koestler, marxistas y libertarios ambos, escribieron a la par dos novelas apasionantes sobre esa revolución de trágico final. Koestler insiste más en esa audaz aurora precomunista y su utopía traicionada; Fast subraya la grandeza humana del gladiador protagonista (ahora tiene ya la cara de Kirk Douglas) con emotivas figuras y vivaces diálogos. La novela se editó pese a censuras políticas al comienzo, pero alcanzó, como el oportuno filme, un éxito impresionante.

De noche bajo el puente de piedra (1953) Leo Perutz.

Ved aquí la Praga misteriosa y mágica de la época de Rodolfo II, evocada a través de los 15 episodios fantásticos de la novela De noche bajo el puente de piedra. Leo Perutz, un maestro del relato de intriga, describe su antiguo barrio judío, de oscuras callejas, sinagogas, hechizos y fantasmas, y, al otro lado, la corte del enigmático y enloquecido Rodolfo, con su intrigante tropel de alquimistas, bufones, sirvientes y astrólogos. El emperador, y su amor desdichado, protagoniza sorprendentes escenas mágicas; el rico judío Mordecai Meisel, otras. Sus destinos se cruzan en esa ciudad prodigiosa, la misma del Golem y el rabino Loew, y del belicoso Wallenstein, donde todo puede suceder. Lo histórico y lo fantástico se dan la mano en esta trama “de buscadores de oro y buscadores de Dios”.

Yo, Claudio (1934) Robert Graves.

Menuda familia la de los Judio-Claudios! Superior al más dramático culebrón telefílmico, con intrigas, pasiones turbulentas y crímenes taimados. Más allá de los sabios cotilleos de Suetonio y Tácito, la crónica cruel y escandalosa de los primeros emperadores de Roma, llega aquí en las memorias del escurridizo y puntual narrador, el viejo Claudio, ya no el torpe erudito elevado a la púrpura por azar, según contaron los antiguos, sino un cronista implacable, irónico y mordaz, según Robert Graves, experto en clásicos, de chispeante imaginación y admirable estilo. Con mano maestra evoca escenas y personajes estupendos (la cruel Livia, el turbio Tiberio, el loco Calígula, etcétera). Y sus diálogos son de una frescura teatral. Con buenos remakes en cine y televisión.

Memorias del imperio (1987) Fernando del Paso.

Como en un colosal y abigarrado mural mexicano, aquí se pinta en fragmentos la catástrofe de un imperio fulgurante y fugaz, concluido en el fusilamiento esperpéntico de Maximiliano en Querétaro en 1867. En la narración alternan diversas voces; es una trama polifónica, un gran mosaico barroco y patético. La narradora principal es la emperatriz viuda y loca, Carlota, que monologa en su vieja Bélgica, sesenta años después del gran desastre, su amor y su reino perdidos. Pero hay otros relatores, cada uno con acento propio: Maximiliano, un soldado raso, un médico, un historiador, Juárez, etcétera. La prosa zigzagueante, el contraste de diversas perspectivas, los tonos carnavalescos y la heteroglosia dan un aire casi surrealista a esta imponente “sinfonía bajtiniana” (según S. Menton), la más inolvidable ficción histórica latinoamericana.

La muerte de Virgilio (1945) Hermann Broch.

En vibrante prosa lírica de tonos filosóficos, el autor exiliado evoca la angustia del poeta latino enfrentado a la gran duda: ¿a qué sirve la poesía y la épica? Virgilio llega a Brindisi de noche muy enfermo, en la nave del emperador Augusto. Viene de Grecia; presiente su pronta muerte. En sus últimas horas, febril, lo acosa un torrente de fantasmales sueños, y decide quemar el penoso poema de sus últimos años. Augusto, mecenas tenaz, batalla por salvar esa Eneida para gloria de Roma. Discuten -durante más de cien páginas- del poder y la poesía. Vence Augusto; el poeta cede y se resigna: quizás, en fin, su voz perdure más que la propaganda imperial y conserve su dolorido sentir. Larga novela y poética, mínima acción, densa elegía de trascendentes ecos.

La historia hecha palabra. Texto: Carlos García Gual. Babelia. 07/08/2010.

Los juglares y la historia – Gisbert Haefs.
Una cantera inagotable de ficción – Fietta Jarque.
El mito se renueva – Carlos García Gual.
Verdad y mentira en la novela histórica – Dasso Saldívar.

La vuelta a la historia en cincuenta frases. Helge Hesse.

Posted in Libros by Alguien on 25 junio 2010

Muchas frases célebres que leemos, oímos y pronunciamos a diario son milenarias. Nacieron en momentos cruciales de la historia mundial, porque alguien las pronunció o las escribió. Algunas de ellas son incluso más antiguas que nuestro idioma. Todas ellas nos cuentan algo sobre nuestra cultura y nuestra historia.

Si nos fijamos en las citas célebres de la historia, echamos un vistazo a los personajes que las acuñaron e investigamos las circunstancias en las que nacieron, constataremos que no sólo nos permiten realizar un viaje al pasado, sino también una sucesión de visitas relámpago a los momentos decisivos de la historia de la humanidad.

Este libro es una invitación a ese viaje, a través de cincuenta frases célebres, personajes y momentos de gran relevancia histórica. Desde «Conócete a ti mismo» hasta «El eje del mal», median ni más ni menos que dos mil seiscientos años.

Detrás de cada cita que se estudia en este libro se esconde por lo menos un episodio crucial de la historia. Cada una de ellas abre una puerta a un período y un espacio propios, desvela sorprendentes huellas de épocas pasadas y muestra a sus autores y su personal visión del mundo.

Como en todo viaje, uno debe tomar siempre la decisión de dónde se detiene, qué visita y qué deja de lado. Como este libro trata de la historia de la humanidad, he incorporado citas literarias sólo cuando éstas remitían a un acontecimiento político o social relevante. Es probable que haya lugares en los que desearían permanecer más tiempo, a pesar de que nuestros pasos nos lleven ya por otros derroteros. Este viaje no pretende ser exhaustivo ni equilibrado, lo que, por otro lado, tampoco sería posible, entre otras cosas porque no todos los acontecimientos importantes de la historia mundial han dado lugar a alguna cita célebre.(…)

Sólo sé que no sé nada.
Sócrates (hacia 470-399 a. C.)

Cuando el año 400 a. C. se acercaba a su fin, un tal Meletos presentó en Atenas un escrito de acusación. Su argumentación parecía algo traída por los pelos, y la pena solicitada, ridículamente exagerada. Meletos acusaba al filósofo Sócrates, de setenta años, de no reconocer los viejos dioses e incluso introducir dioses nuevos y de corromper a la juventud; y por ello había que aplicarle nada menos que la pena de muerte.

Sócrates era por aquel entonces el filósofo más conocido de Atenas. Sin embargo, y por grande que fuera su fama, no se le tenía en absoluto por un ideal de su tiempo. Muchos de sus conciudadanos consideraban su actitud, su aspecto y su estilo de vida como una afrenta. A menudo, abordaba a desconocidos en medio de la calle y entablaba con ellos conversaciones filosóficas que no siempre terminaban de forma agradable. Al que quisiera ir por la tarde a comprar al ágora, la plaza del mercado de Atenas, podía sucederle que no pudiera llevar a cabo su deseo porque un hombrecillo sucio y desaliñado, de nariz aguileña, cabezón, de pelo ralo y frente ancha y pronunciada, le clavaba la mirada y, sin que viniese a cuento, le preguntaba qué era la sabiduría o qué podía considerarse bueno y justo. Si el otro respondía, Sócrates le formulaba inmediatamente la siguiente pregunta, que generalmente ponía en duda la respuesta anterior. Si el incauto ensayaba otra respuesta, ahora más meditada, recibía al instante otra pregunta de Sócrates, que abordaba de forma aún más incisiva las debilidades de su argumentación y que lo dejaba aún más perplejo y dubitativo. Al cabo de un rato, la mayoría pensaba seguramente que Sócrates sólo quería ponerles en ridículo. Ése no era, sin embargo, su objetivo: Sócrates preguntaba para adquirir conocimiento. Interrogaba de esa forma no sólo a los demás, sino también a sí mismo, poniendo constantemente en duda sus ideas y conclusiones. Esa forma de conversación en la que el maestro plantea siempre otra pregunta y anima al alumno a meditar sobre las preguntas que le son formuladas y sobre lo que quiere decir en las respuestas que da, para así alcanzar el verdadero saber, recibe en filosofía el nombre de método socrático; era el instrumento más valioso de Sócrates en su pugna por alcanzar el verdadero conocimiento y la actitud correcta que se desprende de éste.

(…) El argumento socrático “Sólo sé que no sé nada” fue esencial para la filosofía, pues toda búsqueda de conocimiento debe comenzar con la confesión de que hay algo que se ignora. Sócrates quería poner de manifiesto la ignorancia y la creencia errónea de que se conoce algo y, mediante un razonamiento lógico (que Sócrates equiparaba a la virtud), guiar a los individuos hacia la actitud correcta.

El fin justifica los medios.
Nicolás Maquiavelo (1469-1527)

Un retrato de Maquiavelo, realizado mientras aún vivía, nos muestra a un hombre pálido, envuelto en una elegante y regia túnica de paño grueso que parece esconder, y casi aplastar, un débil cuerpo enjuto. Al posar para el pintor, el retratado era todavía un hombre joven. Los ojos oscuros y despiertos transmiten curiosidad y astucia. La boca, de labios finos y prietos, parece sonreír dentro del rostro angosto. ¿Es ésta la sonrisa de un astuto hombre de poder? ¿O simplemente muestra la melancolía de un hombre que ha visto los abismos del ser humano? ¿Y la postura? La cabeza ligeramente ladeada hacia delante, con el pelo moreno y corto, aunque algo más largo en la nuca. ¿Se agacha a la espera de realizar un ataque artero, o es el gesto de Maquiavelo el de un hombre que suspira desilusionado?

Quien conozca la interpretación usual de la obra más conocida de Maquiavelo, Il principe (El príncipe), reconocerá en el retrato descrito a un cínico hombre de poder alejado de cualquier tipo de moral. No en vano, el texto consiste en un manual práctico en el que Maquiavelo explica de qué modo llega el soberano al poder y cómo, acto seguido, logra afianzarse en él. Y todavía resulta más asombroso el lenguaje práctico, analítico y claro con el que describe los, a veces, monstruosos métodos que posibilitan una exitosa subida al poder, y que hasta incluso parecen ser requeridos para lograr tal fin. Para él no cabía duda: quien desee obtener éxito político no debe arredrarse ante la mentira, la traición y la maquinación, y en ocasiones deberá recurrir incluso al homicidio. Lo decisivo es únicamente alcanzar el poder político. La máxima “El fin justifica los medios” no aparece de forma literal en la obra de Maquiavelo. Lo que ocurre es que, al establecerse como hilo conductor del libro El príncipe y al ser allí donde por primera vez en la historia es objeto de un amplio debate, se la suele asociar, por regla general, a Maquiavelo y a su obra más difundida.

(…) Maquiavelo deseaba la unidad de su quebrantado país natal, y El príncipe era su visión de cómo podía lograrse esa unidad en la forma de un seguro sistema estatal. Esta unidad tenía que ser llevada a cabo por un “hombre fuerte” y El príncipe debía ser su guía práctica. En sus viajes conoció al ambicioso César Borgia (1475-1507), personaje que le causó una profunda impresión. La divisa de Borgia era: “Aut Caesar aut nihil” (“O César o nada”). ¿Fue Borgia un modelo para El príncipe? Teniendo en cuenta la descripción que Maquiavelo hace de la obtención y la conservación del poder, parece que la forma de actuar de Borgia sea su modelo en todo momento. Éste logró, gracias a la fuerza de su ejército mercenario, tener temporalmente una extensa parte de Italia bajo su control; además, supo quebrantar, o al menos refrenar, tanto el poder del Estado pontificio como el de numerosos príncipes de provincias. Hasta parecía que podía someter a toda Italia. César Borgia no se arredraba ni ante la crueldad ni ante la violencia. No sólo fue un tirano como gobernador de las regiones que había conquistado, sino que también asesinó a numerosos adversarios por medio de sus cómplices o con sus propias manos. Esto nos recuerda el consejo que Maquiavelo brinda en El príncipe: el gobernador debe intentar ser clemente, pero en caso de duda no debe amedrentarse ante la crueldad y la violencia.

Sangre, sudor y lágrimas.
Winston Churchill (1874-1965)

¡Menuda entrada en funciones! No se esperaba menos de Winston Churchill en Gran Bretaña, donde hacía tiempo que era conocido como un orador de verbo poderoso, cuando el 13 de mayo de 1940, en una de las horas más graves de la historia británica, se dirigió a la nación con las siguientes palabras, poco antes de ser nombrado primer ministro: “I have nothing to offer but blood, tears, toil and sweat” (“No tengo nada más que ofrecer que sangre, lágrimas, fatigas y sudor”). Abreviadas y cambiadas de orden en aras del ritmo, estas palabras se hicieron célebres en la fórmula “Blood, sweat and tears” (“Sangre, sudor y lágrimas”).

Europa estaba en guerra. Tras la invasión de Polonia por la Wehrmacht, el Reino Unido y Francia habían declarado la guerra a Alemania. Durante años, Chamberlain, el predecesor de Churchill, había intentado evitar esa guerra, mientras que Hitler, desde su llegada al poder en 1933, no había escatimado esfuerzos para provocarla. Después de que Chamberlain hubiese tolerado las ofensivas de Alemania contra Austria, los Sudetes y Checoslovaquia, se había llegado a un punto en que la guerra ya no se podía evitar: la estrategia del apaciguamiento había fracasado. Con el comienzo de la guerra, los focos volvieron a alumbrar a una figura que durante años había quedado en la sombra y cuyas exhortaciones a que se actuara militarmente contra el gran peligro que representaba Hitler habían sido una prédica en el desierto: Winston Churchill. Este descendiente del famoso duque John Churchill von Marlborough, quien en el siglo XVII había defendido los intereses de Inglaterra frente a las ambiciones de poder europeas de Luis XIV, había sido en las últimas décadas la figura más controvertida de la política británica. Se había hecho famoso cuando, en calidad de corresponsal en la guerra de los Bóers de 1899-1900, protagonizó una huida espectacular después de haber sido hecho prisionero. Luego fue elegido diputado parlamentario y llegó a ocupar diversos cargos ministeriales. A finales de los años veinte, tras haber fracasado como canciller del Tesoro, fue condenado al ostracismo político. La carrera de Churchill parecía finiquitada, y su situación se volvía más precaria cada vez que tomaba la palabra para exigir una política consecuente de mano dura: primero contra Mahatma Gandhi, quien aspiraba a lograr la independencia de la India y con ello ponía en peligro el núcleo del imperialismo británico, y después, a partir de 1933, contra Adolf Hitler.

(…) La tenacidad de Churchill y el modo inflexible con que persiguió el objetivo de vencer a Hitler -de quien incluso rechazó una oferta de paz- hicieron de él la figura clave de la resistencia de la Europa libre frente al dominio de la Alemania nazi. Con la entrada en guerra de Estados Unidos y la oposición cada vez mayor del Ejército Rojo soviético a la ofensiva de la Wehrmacht, la influencia de Churchill menguó. Al tiempo que fue quedando claro que Alemania y sus aliados perderían la guerra, Churchill se fue viendo cada vez más relegado al papel de socio menor de Estados Unidos.

Tengo un sueño.
Martin Luther King (1929-1968)

El 28 de agosto de 1963, un domingo soleado, se reunió una inmensa multitud al pie del Lincoln Memorial. Que el lugar de reunión fuera precisamente el monumento a ese presidente era algo muy adecuado al propósito de aquel día. No en vano, cien años antes Abraham Lincoln había liberado a millones de personas de la esclavitud con la Proclamación de Emancipación de 1862 y la victoria de las tropas de la Unión en la guerra civil americana (1861-1865). Ahora los descendientes de esos antiguos esclavos venían a reclamar lo que Lincoln había declarado en su célebre discurso del 19 de noviembre de 1863 en el campo de batalla de Gettysburg; esto es, que la nación norteamericana se había fundado sobre la idea de la igualdad de todos los seres humanos. En 1963, esta igualdad todavía quedaba muy lejos para la gran mayoría de los afroamericanos. La mayoría de ellos vivían en la pobreza y en el sur del país sufrían una rigurosa segregación racial. El que en las escuelas, las estaciones de tren, los teatros y cines se colgara el excluyente cartel de “For whites only” (“Sólo para blancos”) sólo era una parte del problema. Era impensable la posibilidad de desempeñar cargos públicos.

Cien años después de las palabras de Lincoln, entre los 250.000 congregados ante su monumento no sólo había personas de piel negra; más de 60.000 blancos se habían adherido a la marcha a Washington. (…) Después de numerosos discursos, comunicados y cantos a la libertad y la igualdad de todas las personas, apareció ante la multitud, justo después de que la cantante de blues Mahalia Jackson interpretase un espiritual negro, un hombre de color: Martin Luther King Jr., ministro de la Iglesia bautista nacido en Georgia y jefe del Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos. Ese instante se convirtió en uno de los momentos estelares de su vida.

(…) Al comienzo de su discurso, Luther King invocó a Lincoln: “Hace cien años, un gran americano, bajo cuya simbólica sombra nos encontramos hoy, firmó la Proclamación de Emancipación”. Sin embargo, hoy -continuó- todavía no existe esta igualdad. (…) Su discurso fue una obra maestra en la elección de las palabras y el ritmo, y no sólo iba a ser inolvidable para las personas que lo oyeron ese día de verano en la capital estadounidense, sino que, incluso como texto leído, las palabras de Luther King no han perdido su capacidad de emocionar. (…) Terminó con una serie de frases, pronunciadas con un tono de voz variable y que comenzaron todas ellas con las palabras “I have a dream” (“Tengo un sueño”): “Tengo un sueño, el sueño de que un día mis cuatro hijos pequeños vivan en una nación que no los juzgue por el color de su piel, sino por su carácter… ¡Hoy tengo un sueño!”.

Luther King concluyó su discurso exhortando a todos los presentes a hacer “que repicase la libertad” por todo el país. “Cuando repique la libertad y la hagamos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada Estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día en que todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: ‘¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!”.

(…) La marcha no sólo provocó rechazo entre los blancos conservadores. Los dirigentes radicales del movimiento negro reprocharon a Luther King que hubiera suavizado el conflicto racial y que hubiese representado una “versión de clase media” del verdadero Black Movement. Haciendo un juego de palabras, Malcolm X llamó a la manifestación Farce on Washington (Farsa de Washington). Con todo, aquella manifestación tuvo mayor influencia en la política y la opinión pública que cualquier otro acto anterior del Movimiento por los Derechos Civiles, y la marcha se convirtió en un modelo para los activistas de todos los demás movimientos de emancipación y liberación. En la década de 1960, estos movimientos, no sólo en Occidente, tuvieron una influencia cada vez mayor en el progreso de las sociedades.

Fuente: Frases históricas. Domingo. El Pais.com. 21.06.2009.

Ficha del Libro: Ediciones Destino.

In Memoriam: Manuel Fernández Álvarez.

Posted in Memorias by Alguien on 19 abril 2010

El catedrático de Historia y académico de la Real de Historia Manuel Fernández Álvarez ha fallecido esta mañana a los 88 años en Salamanca, a consecuencia de las complicaciones derivadas de una intervención quirúrgica a la que fue sometido la pasada semana en una hospital de esa ciudad.

Manuel Fernández Álvarez (Madrid 1921), miembro de la Real Academia de la Historia, profesor emérito de la Universidad de Salamanca y del Colegio Libre de Eméritos, es bien conocido por sus estudios históricos sobre la Edad Moderna (La sociedad española del Renacimiento o La sociedad española en el Siglo de Oro, por el que recibió el Premio Nacional de Historia en 1985).

Es autor de 38 libros y de más de 100 artículos, en su mayoría sobre la España de los Austrias, en la que es considerado uno de los máximos especialistas a nivel mundial. Ha dedicado más de cincuenta años al estudio del siglo XVI, fruto de los cuales son su obra magna «Carlos V, el césar y el hombre» (VI Premio Don Juan de Borbón al libro del año en 2000), el monumental «Corpus documental de Carlos V (Salamanca, 1973-1981)» y el ensayo «Carlos V: un hombre para Europa».

También es autor de los títulos «Isabel la Católica»; «Felipe II y su tiempo»; «Juana la Loca. La cautiva de Tordesillas»; «El fraile y la Inquisición»; «Casadas, monjas, rameras y brujas»; «Sombras y luces en la España imperial»; «Cervantes visto por un historiador» (Premio Quijote del Año de la Sociedad Cervantina de Esquivias y Premio de Ensayo y Humanidades Villa de Madrid 2006), «Pequeña historia de España», «La princesa de Ëboli» y «El Duque de Hierro». Fernando Alvarez de Toledo, III duque de Alba. En 2007 vio la luz su «Diario de un estudiante en tiempos de la Guerra Civil». En 2006 recibió la Medalla de Oro de la Ciudad de Salamanca, y en 2007 el Premio de Ciencias Sociales de Castilla y León.

Su último libro publicado es «España. Biografía de una nación» (Espasa), puesto a la venta hace apenas cinco días y en el que abordaba por vez primera toda la historia de nuestro país. “Este es mi legado. Sin ninguna duda, mi obra más importante”.

Fragmento de España, biografía de una nación, de Manuel Fernández Alvárez.

Los Mejores Libros de Historia de 2009.

Posted in Libros by Alguien on 22 diciembre 2009

Grandes mentiras de la Historia.

Posted in Andanzas by Alguien on 14 noviembre 2009

Pues sí. Napoleón no era ningún enano, Einstein sacó siempre notas brillantes en matemáticas, Colón no descubrió que la Tierra era redonda, Julio César no nació por cesárea, Van Gogh conservó sus dos orejas hasta la muerte y Hernán Cortés quemó muchas cosas en la conquista de México, pero nunca sus propios barcos.

Raramente veremos lo contrario en algún libro de Historia serio, pero estos mitos están anclados con fuerza en el imaginario popular y han sido transmitidos como auténticas leyendas urbanas de generación en generación.

Pero estos seis personajes no son los únicos. La historia está plagada de mitos que no se sostienen por ninguna evidencia, y en muchos casos, son positivamente falsos. No se tratan de interpretaciones dudosas de realidades históricas complejas, sino de simples y llanos bulos.

Algunas han sido popularizadas por Hollywood aunque tuviesen un origen anterior. Por ejemplo, no hay ninguna prueba de que los guerreros vikingos llevasen cascos con cuernos. Hay evidencias de que los sacerdotes sí los utilizaban en ceremonias rituales, pero nunca en la batalla. El artista sueco Gustav Malmström fue el primero en representarlos de esa guisa, a partir de 1820. Desde entonces, cualquier vikingo que se precie ha de llevar cuernos en la cabeza.

O los famosos pulgares del circo romano. El gesto con el pulgar hacia abajo quería decir, de hecho, perdonar la vida al gladiador vencido. Cuando el público quería que se le rematase, colocaba en pulgar en posición horizontal. Como en el caso de los vikingos, es una confusión que viene de antiguo y que hemos visto en numerosas ocasiones en el cine.

Un clásico del Trivial: ¿Qué emperador romano nombró cónsul a su caballo? Ninguno. No hay prueba alguna de que Calígula hiciera tal cosa; lo máximo, una leyenda urbana de la época que ha llegado hasta nuestros días. “El historiador romano Suetonio dice que el césar quería mucho a un caballo que corría en el circo que se llama Incitatus. Pero sólo comenta que “hasta se dice que le destinaba el consulado”, no que le nombrase cónsul. Sobre esto no hay ninguna otra información que pueda ser confirmada en otros autores.” afirma Pilar Fernández Uriel, profesora de Historia Antigua en la UNED.

Otras, por desgracia, son menos simpáticas. Existe la creencia generalizada de que los nazis fabricaban jabón a escala industrial con los cadáveres de los judíos asesinados en las cámaras de gas; falsa también. Se sabe que los nazis produjeron jabón con grasa humana con fines experimentales, pero no fue ni una práctica generalizada ni común.

“Era un rumor cruel en los campos” explica Aaron Breitbart del Centro Simon Wiesenthal “pero ningún investigador del Holocausto lo sostiene” Michael Berembaum, rabino y especialista en el Holocausto va aún más lejos “no tenemos ninguna evidencia de que los nazis fabricasen jabón con los cadáveres de los campos de exterminio”. El mito, según los expertos, se consolidó después de que apareciese en el documental “Noche y niebla” de Alain Resnais.

Algunas de las citas más famosas de la historia son también apócrifas. El general Custer jamás pronunció la frase “El único indio bueno es el indio muerto” aunque a la luz de su comportamiento en la Guerras Indias probablemente lo pensase. La cita es atribuida por los historiadores a otro general de la misma guerra, Philip H. Sheridan, aunque el congresista republicano James Michael Cavanaugh expresó una idea muy similar poco antes.

No hay tampoco ninguna evidencia que sostenga que Maria Antonieta dijese realmente “si no tienen pan, que coman pasteles”. La frase aparece por primera vez en las Confesiones de Jean Jacques Rousseau, escritas en 1769, refiriéndose a una joven princesa de la corte parisina. Maria Antonieta llegó a Versalles en 1770, es imposible que la frase saliese de su boca. Aún así, los revolucionarios franceses propagaron la leyenda como cierta; nada como una buena frase falsa para atacar al enemigo.

O para canonizar a un santo laico. La primera referencia escrita a la cita “Y sin embargo se mueve” es 124 años posterior a que supuestamente ocurriese; con casi total seguridad, Galileo no susurró esas palabras después de verse obligado a negar sus teorías frente a un tribunal de la Inquisición. Es una leyenda urbana menos conocida, pero tampoco hay ninguna prueba histórica de que Galileo realmente lanzase una bola de hierro y otra de madera desde lo alto de la torre de Pisa para demostrar a los escépticos que caían a la misma velocidad.

Pero como dijo un compatriota suyo, “si non è vero è ben trovato“.

Fuente: ABC.es.

José Antonio Escudero. Premio Nacional de Historia 2009.

Posted in Noticias by Alguien on 29 octubre 2009

El Rey. Historia de la Monarquía ha obtenido el Premio Nacional de Historia 2009. Esta obra conjunta, formada por tres volúmenes y editada por Planeta, ha sido coordinada por José Antonio Escudero. El galardón, otorgado por el Ministerio de Cultura y dotado con 20.000 euros, se concede a la mejor obra de historia publicada en el año 2008. Éste galardón no es nuevo para él: ya obtuvo en un par de ocasiones (1969 y 1979) el Premio Nacional de Literatura Menéndez Pelayo, antecesor del actual Premio Nacional de Historia de España.

José Antonio Escudero es catedrático de Historia del Derecho y miembro de la Real Academia de la Historia. Es, asimismo, miembro del Instituto Nacional de Estudios Jurídicos y de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Dirige desde su creación, en 1985, el Instituto de Historia de la Inquisición de la Universidad Complutense de Madrid.

Para Escudero su obra conjunta “El Rey. Historia de la Monarquía“, no es un libro sobre un determinado rey, sino un libro sobre el “significado de la monarquía en la historia de España”. “Se trataba de hacer un estudio institucional de lo que significa el Rey desde su nacimiento hasta su muerte”, agregó.

En este sentido, explicó que la obra, patrocinada por la Fundación del Pino y después editada por Planeta, consta de tres volúmenes y cada uno de ellos tiene en su portada a un monarca diferente. El primer tomo está ilustrado con la imagen de Felipe II, el segundo tiene a Carlos III en la portada y el tercero se publicó con la imagen del rey Juan Carlos.

Nota de Prensa Ministerio de Cultura.(PDF)
Biografia de José Antonio Escudero.(PDF)

La leyenda de Hipatia.

Posted in Artículos, Personajes by Alguien on 9 octubre 2009

Hipatia, filósofa en la Alejandría del siglo V, es una figura atrayente por su calidad intelectual, su rectitud de vida y por su trágica muerte. A partir del siglo XVIII, su imagen ha sido vestida con diversos ropajes, según las tendencias de la época: en la Ilustración, como heroína de la razón frente a la religión revelada; en el romanticismo, como idealización del paganismo contrapuesto a la civilización cristiana; y, últimamente, como víctima de la misoginia. Ahora vuelve a la actualidad con la película Ágora, del director español Alejandro Amenábar.

Texto: Luis Alberto de Cuenca. ABCD.es. 04.10.2009- Número:918

Por obra y gracia de la película Ágora, de Alejandro Amenábar (que tanto está dando que hablar por su elevado presupuesto), hay una dama de la Antigüedad que está a punto de colarse en los cuartos de estar de todos los españoles. Poco sabemos de ella, aunque existen libros sesudos al respecto publicados en español que desmenuzan cuantos datos, por mínimos que sean, han llegado a nosotros sobre su biografía, como el de Maria Dzielska (“Hipatia de Alejandría”, Siruela, 2004; mucho antes, pues, de la moda amenabariana) o el recentísimo Hipatia, de Clelia Martínez Maza, profesora de historia antigua de la Universidad de Málaga (La Esfera de los Libros, 2009), del que ya me he ocupado hace unos meses en estas mismas páginas en compañía de La conspiración Piscis, la bonita novela de Magdalena Lasala basada en la protagonista de Ágora.

Hija de Teón. Ya en el terreno de la pura ficción literaria, citaré, sin pretensión alguna de exhaustividad, las semblanzas biográficas de la filósofa alejandrina que tengo encima de la mesa: Hypatia (1853), novela del autor victoriano Charles Kingsley (sí, el autor de Los niños del agua, un auténtico crack de la literatura infantil accesible ahora en castellano gracias a Rey Lear), que fuera traducida al español como “Hipatia o los últimos esfuerzos del paganismo en Alejandría” (1857), rara edición, enriquecida con grabados, que no hacía constar nombre de autor en portada; “La perra de Alejandría” (2003), de la estupenda novelista valenciana Pilar Pedraza (Valdemar), o la sugerente novela “La última noche de Hipatia” (2009), de Eduardo Vaquerizo (Alamut), aparecida en librerías hace unas semanas.

La tal Hipatia fue una dama nacida hacia 355 después de Cristo en Alejandría e hija de un famoso matemático llamado Teón, cuyo floruit puede datarse en los años sesenta del siglo IV y del que se nos han transmitido, parcialmente, unos célebres “Comentarios al Almagesto” de Ptolomeo. Hipatia, que sabía tantas matemáticas, astronomía y filosofía como su padre, llegó a colaborar con su progenitor en la revisión del tercer libro de los citados Comentarios, y redactó otros, ya en solitario, sobre la obra de Diofanto de Alejandría y de Apolonio de Pérgamo que no se han conservado. Junto a su tarea investigadora, desarrolló una labor pedagógica muy intensa, ejerciendo en Alejandría como maestra de filosofía en una escuela pagana neoplatónica por ella regentada y muy concurrida.

Glosas eruditas. Oigamos lo que dice de Hipatia el gran Edward Gibbon, a finales del siglo XVIII, en el capítulo XLVII de su inmortal “Decline and Fall of the Roman Empire”: «Hipatia, hija de Teón el matemático, se impuso en los estudios del padre, despejando con sus glosas eruditas la geometría de Apolonio y Diofanto, y estuvo enseñando públicamente en Alejandría la filosofía de Platón y de Aristóteles. Hermosa y lozana, y cabal en su sabiduría, su recato se desentendió de amadores y se dedicó por entero a sus discípulos, entre los que se contaba Sinesio de Cirene, futuro obispo de Ptolemaida; todos los ricos de Alejandría querían aprender de la filósofa, y el futuro San Cirilo, patriarca por aquel entonces de Alejandría, envidiaba el boato de la comitiva que se agolpaba con caballos y esclavos en los umbrales de la escuela que Hipatia regentaba. De manera que un día de Cuaresma de 415 A. D. arrebatan a Hipatia del carruaje, la desnudan, la arrastran a la iglesia y, una vez allí, las manos de Pedro el lector y las de una gavilla de fanáticos forajidos la atenacean y la descuartizan, raspando la carne de sus huesos con cantos agudos de conchas de ostras, y arrojan sus miembros palpitantes a las llamas» (cito por la traducción decimonónica de José Mor de Fuentes).

No eran aquellos tiempos de especial buen entendimiento entre paganos en decadencia y cristianos al alza, lo que facilitó el tránsito de la sapientísima y paganísima Hipatia al Olimpo de los «otros» mártires. Gibbon se inspira en la Historia Ecclesiastica de Sócrates Escolástico, que nos cuenta cómo una enloquecida muchedumbre de progreso de la época (no olvidemos que los cristianos eran entonces los «modernos» de la película) hizo todo tipo de barbaridades con Hipatia. No sabemos a ciencia cierta el papel desempeñado por San Cirilo en el poco edificante comportamiento de las hordas. Tal vez fuese el cerebro de la operación, como postula Gibbon siguiendo a Sócrates Escolástico. Tal vez no tuvo nada que ver. Lo cierto es que se le ha colgado el sambenito de la culpa en la horrible muerte de Hipatia.

Discípulo enamorado. Hay que decir que la historiografía e iconografía nos presentan a la filósofa rozagante y en la flor de la juventud en el momento de su muerte, para dar más glamour a su asesinato, pero lo más probable es que muriese con cerca de sesenta años, una edad lo suficientemente provecta como para no ir por ahí despertando pasiones. Antes del sádico destrozo, y si hemos de atenernos al retrato que de ella traza Rafael en su celebérrimo fresco vaticano La escuela de Atenas o a la maravillosa recreación del prerrafaelita Charles William Mitchell, Hipatia era una treintañera guapísima, tan rubia y tan estilizada como la Venus de Botticelli. En un relato de un tal Toland, publicado en Londres en 1720 y pomposamente rotulado “Hipatia, o la historia de una dama de gran belleza, virtud y sabiduría que fue descuartizada por el clero de Alejandría para satisfacer la crueldad del arzobispo San Cirilo”, se cuenta que un discípulo se enamoró de su maestra, y que Hipatia, incomodada por la vehemencia de su enamorado, le arrojó a la cara un paño higiénico previamente usado por ella, diciéndole en plan neoplatónico: «Esto es lo que tú amas, joven tonto, y no algo que es bello en sí mismo». No sé si Amenábar recogerá este lanzamiento de compresa en su film, pero sería divertido que lo hiciese.

Más información: Hipatia de Alejandría: historia y leyenda. – Antonio Barnés Vázquez. Aceprensa. 25.09.2009.

En El Testigo ocular (Bitácora de Luis Manuel Ruiz):
Hipatitis, 1
Hipatitis, 2: el espíritu de Platón y el cuerpo de Afrodita.
Hipatitis, 3: la hija de Teón.
Hipatitis, y 4: Tormenta sobre Alejandría.

Segunda Guerra Mundial: 70 aniversario.

Posted in Memorias by Alguien on 1 septiembre 2009

Segunda Guerra Mundial

En la mañana del 1 de septiembre de 1939 el ejército alemán invadió Polonia y el 3 de septiembre Gran Bretaña y Francia declaraban la guerra a Alemania. Veinte años después de la firma de los tratados de paz que dieron por concluida la Primera Guerra Mundial, comenzó otra guerra destinada a resolver todas las tensiones que el comunismo, los fascismos y las democracias habían generado en los años anteriores. El estallido de la guerra en 1939 puso fin a lo que el historiador Edward H. Carr llamó “la crisis de veinte años” e hizo realidad los peores augurios. En 1941, la guerra europea se convirtió en mundial. El catálogo de destrucción humana que resultó de ese largo conflicto de seis años nunca se había visto en la historia.

Aunque algunas explicaciones sobre sus causas se centran exclusivamente en Hitler y en la Alemania nazi, en el período que transcurrió entre 1933 y 1939, para obtener una fotografía completa debe rastrearse en los trastornos producidos por la Primera Guerra Mundial. Al final de esa contienda, el mapa político de Europa sufrió una profunda transformación, con el derrumbe de algunos de los grandes imperios y el surgimiento de nuevos países. De esa guerra salieron también el comunismo y el fascismo. Al tiempo que pasó entre el final de esa primera guerra y el comienzo de la segunda lo llamamos período de entreguerras, como si la paz hubiera sido la norma, pero en realidad en esa “crisis de veinte años” hubo algunas guerras pequeñas entre Estados europeos, revoluciones y contrarrevoluciones muy violentas y varias guerras civiles.

Leer artículo completo: El peor día del siglo XX – El País.com.
Estudios y Libros sobre la II Guerra Mundial – Casa del libro.

70 años de la II Guerra Mundial – RTVE.es.

En el centenario de José María de Areilza‎.

Posted in Memorias by Alguien on 2 agosto 2009

El 3 de agosto se cumple un siglo del nacimiento de José María de Areilza, conde de Motrico, alcalde de Bilbao, diplomático y ministro de Exteriores en el primer Gobierno de la Transición.

Un Artículo de Fernando García De Cortázar, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Deusto.

¿Alguien fue más refinado? Lo conocí personalmente, pero mi memoria ha conservado una fotografía como imagen definitiva de José María de Areilza, conde de Motrico: un señor elegante y pulcro, de ademanes aristocráticos y mirada inteligente, hablando por teléfono mientras sostiene con exquisita seriedad un libro, quizá unas Memorias.

¿Alguien fue más refinado? En la derecha española de su tiempo – que se extiende de la desventurada monarquía de Alfonso XIII a la equilibrada de Juan Carlos I -, tal vez nadie. Tenía todas las cualidades del conservador que aprende todo y no olvida nada: era culto, brillante, mundano, sutil, preciso, nostálgico de un futuro más elegante y noble, desdeñoso de un presente tosco y zafio. Un hombre de su época, sí; pero también un hombre de otra época pensada, imaginada y soñada. Su paisaje interior era intemporal, lejano, mucho más lejano que el mundo de la belle époque bilbaína donde descubrió el inagotable El Dorado de la cultura. Él era un contemporáneo del señorial y descreído príncipe de Ligne, siempre; de Chateaubriand, en los momentos de decir las verdades a don Juan de Borbón; de Proust, cuando se ponía a recordar, un Proust contenido adrede, en tono menor, sin salir de los límites estrictos de una prosa sosegada, clásica.

Hoy, que la política española se ha vuelto prosaica y apenas ofrece un simulacro bochornoso de aquella moral de la responsabilidad de la que habló Weber, resulta casi imposible encontrar una figura como Areilza: un político dotado de medios de fortuna, capaz de pensar en grande, y al mismo tiempo, con inquietudes intelectuales y literarias.

Las revoluciones, como los volcanes, tienen sus días de llamas y sus años de humo. Areilza llegó a la política española en días de llamas, en los años treinta del siglo pasado. Desde muy pronto en las filas de la derecha monárquica, fue un partidario entusiasta de la sublevación de 1936 y pronunció discursos y arengas de tono rotundo y beligerante. Él, a diferencia de los que más tarde recurrieron a la justificación tortuosa de su pasado o al examen de conciencia penitente, nunca trató de disculparse. «Todo lo que se escribe o se dice durante las guerras tiene, por lo común, escaso o ningún valor», solía decir con tranquila elegancia.

Al igual que su amigo Agustín de Foxá, dandi irónico y exquisito, Areilza nunca tomó muy en serio el régimen franquista, ni siquiera en los años cuarenta, pero sirvió en él porque no veía otra posibilidad de actuación. Lo hizo como embajador en Argentina, Estados Unidos y Francia. Las dos últimas, misiones diplomáticas que le pusieron en contacto directo con los grandes desafíos de la posguerra mundial: el Mercado Común, la OTAN, los riegos de la guerra fría, la carrera nuclear, el gigantesco deshielo del colonialismo, el protagonismo del Tercer Mundo.

Su discrepancia con la orientación rígidamente opuesta a cualquier intento de evolución democrática por parte de Franco le empujó a abandonar el régimen a mediados de los años sesenta. Realista siempre, Areilza era consciente de que la sociedad española ya había empezado su transición de mentalidades, e incluso de costumbres, y era de la opinión de que no necesitaba ningún salvador para pensar por sí misma.

«Decidí – recuerda en sus “Memorias” – que en conciencia no debía seguir ejerciendo mi cargo en la embajada de París, pues ello era un fraude hacia mi íntima convicción de que no había otro futuro para España sino el de establecer un régimen político con libertades democráticas, capaz de homologarse con el resto de los que imperaban en la Europa occidental».

Esta postura le valió persecuciones ridículas y maniáticas por parte de los empecinados defensores del régimen. Invectivas e insultos a los que contestó con serenidad y elegancia, respondiendo que el patriotismo no consiste en decir amén a los actos de cualquier gobierno -eso es adulación y conveniencia-, aclarando que el patriotismo es en gran parte una actitud crítica responsable y constructiva.

A partir de entonces, Areilza pudo equivocarse en muchas ocasiones, pero no en lo esencial. Su momento estelar no fue cuando asumió el secretariado político de don Juan de Borbón, presentando la institución secular de la Monarquía como el gran instrumento conciliador de los bandos enfrentados en la terrible Guerra Civil. Ni tampoco en la Transición, cuando ejerció de ministro de exteriores de Juan Carlos I, escribió artículos que allanaron el camino hacia la democracia, o se lanzó a la aventura de lograr una derecha moderna, europea y democrática que aceptara la tolerancia y el diálogo y enterrase para siempre los recuerdos mortuorios de los años fratricidas. Su momento estelar se produjo en los primeros setenta, en aquel tiempo tembloroso y conspiratorio en que la gente comerciaba con la nada, en que todos se preguntaban qué ocurriría sin el general, después del general, en aquel tiempo en que era imprescindible convencer a las clases medias ilustradas de que era posible y deseable una transición democrática sin traumas.

La cuestión, según Areilza, no era cambiar España de cualquier forma, sino elegir la mejor forma de cambiarla; y para él ésta era la Monarquía, «la única forma de transición política y social que nos lleva a una institucionalización democrática de la vida pública en el más breve plazo, con el más corto riesgo, con el mínimo de violencia».

Ese es el Areilza político. Pero había también otro, escritor, miembro de la Real Academia Española: un brillante ensayista que escribe, no para probar o demostrar, sino con el objetivo de explicar y exponer, un elegante narrador de la estirpe del duque de Saint -Simon, que recuerda para servir a la verdad, y no a la pasión.

Lector asiduo de Marcel Proust, Areilza nunca se sintió inclinado a buscar el tiempo perdido; prefería imaginar el futuro que añorar el pasado. «No me gusta, todavía, rememorar. Quiero ilusionarme pensando más en el mañana que en el ayer», confesaba en 1974, en el prólogo de uno de sus ensayos. Sin embargo, pasó el tiempo y rememoró, y escribió sus “Memorias” y retratos literarios de gentes que había conocido a lo largo de su vida.

Lo mejor de su prosa literaria está ahí, sobre todo en los recuerdos del Bilbao de la preguerra. Aquel Bilbao del Lyon D’Or y la Sociedad liberal El Sitio, aquel Bilbao que Ramón de Basterra y Sánchez Mazas imaginaban como una mezcla de Atenas y Manchester, y donde armonizaban los chalets con aire de caserío de Neguri y la ambiciosa arquitectura de Manuel María Smith. Aquel Bilbao desde donde se asomó al mundo de la cultura y de la política. Una ciudad que ingresó, hace tiempo, en la cartografía mágica de los lugares imaginarios de Italo Calvino; una ciudad que sobrevive al ácido disolvente del tiempo gracias a las amables páginas de José María de Areilza.

Fuente: Diario Sur.

In Memoriam: Centenario de la Semana Trágica.

Posted in Memorias by Alguien on 26 julio 2009

Del 26 de julio al 2 de agosto de 1909 se sucedieron en Barcelona (España) unos días de violencia que han pasado a la historia con el nombre de Semana Trágica. El balance final: 78 muertos (75 civiles y 3 militares) y 2.000 procesados, cinco de los cuales fueron condenados a muerte. Su centenario se está conmemorando con libros, artículos, conferencias y hasta un congreso. A continuación algunos artículos interesantes encontrados en la red.

Hemeroteca La Vanguardia: Las crónicas de la revuelta.
La Vanguardia: Alud de libros y exposiciones.
La Vanguardia: Las imágenes de la Semana Trágica.
La Vanguardia: Hemeroteca.
El Mundo: Semana Trágica de Barcelona, cien años de una rebelión a sangre y fuego.
El Pais: Joan Maragall y la Semana Trágica.
El Correo: La semana trágica.
Arbil, nº120:  La Semana Trágica. Consideraciones en su centenario.
RNE: La Semana Trágica de Barcelona (Documentos RNE).
Ayuntamiento de Barcelona: Setmana Trágica. Crónica Documental.

Entre otros libros, cabe mencionar los siguientes:

La Setmana Trágica, David Martinez Fios, Grup 62.
La Semana Trágica de Cataluña, varios autores, Nabla Ediciones.
La Semana Trágica, Joan Connelly Ulman, Ediciones B.
La Semana Trágica: Barcelona en llamas, la revuelta popular y la Escuela Moderna, Dolors Marín, editado por La Esfera de los Libros.
Del 98 a la Semana Trágica: crisis de conciencia y renovación política, José Luis Comellas García-Llera, edita Biblioteca Nueva.
Francisco Ferrer y Guardia, Juan Avilés Farré, Marcial Pons Ediciones.
Siete días de furia: Barcelona y la Semana Trágica, Antoni Dalmau i Ribalta, edita Destino.

Prohibición de un libro de Galileo.

Posted in Personajes by Alguien on 24 febrero 2009

“…Dadme las naves y adaptadme las velas al viento celeste; habrá gente que no tendrá miedo ni siquiera de cara a aquella inmensidad. Y para estos descendientes que ya dentro de muy poco se aventurarán por estos caminos preparemos, oh Galileo, yo una astronomía lunar y tú una joviana”. Johannes Kepler a Galileo Galilei en Dissertatio cum Nuncio Sidereo.

Ciertas fechas deberían ser borradas del calendario, son merecedoras del oprobio y la vergüenza. Una de ellas es el 24 de febrero, cuando una comisión de teólogos consultores de la Inquisición, en el año 1616, censuró la teoría heliocéntrica de Copérnico reafirmando la inmovilidad de la Tierra.

En realidad el proceso fue algo más complicado. Comenzó el 19 de febrero con la propuesta de censura de una comisión de expertos, entre los cuales no había ningún astrónomo. Continuó con una reunión de la Congregación del Santo Oficio en la que se inició la amonestación a Galileo por orden del papa Paulo V, realizada al día siguiente por el cardenal Bellarmino, cuando se le prescribe que abandone la opinión de que la Tierra se mueve. El primero de marzo, la Congregación del Índice prohíbe una serie de libros relacionados con el heliocentrismo y su validez desde un punto teológico, y se suspende la obra copernicana De Revolutionibus Orbium Coelestium (Sobre el movimiento de las esferas celestiales), publicada póstumamente en 1543, hasta su “corrección”. La obra maestra de Copérnico permanecería en el índice de libros prohibidos (Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum) hasta 1835. Recordemos que la teoría heliocéntrica, y el modelo matemático que la acompaña, era esencial para calcular con precisión y sencillez los movimientos de los planetas y estaba relacionada con la reforma del calendario, por lo que era extremadamente difícil prohibirla completamente. El decreto se publicaría varios días más tarde, el 5 de marzo de 1616.

El instrumento maravilloso. La historia de las tribulaciones de Galileo y sus encuentros y desencuentros con la jerarquía eclesiástica, por supuesto, no comienza ni termina ahí. El inicio hay que buscarlo probablemente en 1609, cuando recibe noticias de la existencia de un instrumento maravilloso, compuesto de lentes, capaz “acercar” los objetos. Con esta limitada información, Galileo construye su primer telescopio durante el verano de aquel año. Ya en diciembre se encontraba observando el firmamento con telescopios de calidad adecuada. Y es entonces cuando un nuevo universo se abrió para él, y también para nosotros, herederos intelectuales de la obra galileana. Entre sus múltiples descubrimientos están: las manchas del Sol, las montañas de la Luna, las fases de Venus, los cuatro satélites principales de Júpiter, los anillos de Saturno (sin darse cuenta de su naturaleza), la explicación de las mareas, la gran densidad de estrellas de la Vía Láctea, el propio uso del telescopio y del péndulo como instrumentos científicos, leyes de la dinámica, estudios sobre la caída de los graves, entre otros. Es precisamente el descubrimiento de las manchas solares lo que le puso en colisión directa con los jesuitas, debido a la disputa que inició por la prioridad y el significado de las mismas con el padre Christopher Scheiner, quien insistía en la incorruptibilidad del cielo.

Otra disputa con un miembro de esa orden, en este caso Horazio Grassi, fue por la naturaleza de los cometas. Diversos intelectuales ligados a varias órdenes religiosas (aunque también encontraría aliados dentro de alguna de ellas) asediarán a Galileo de manera implacable.

Años más tarde, el 22 de junio de 1633, a pesar de la protección de los duques de Toscana, la poderosa familia Medici, Galileo será formalmente condenado por la Inquisición y forzado a abjurar, de rodillas y bajo amenaza de torturas, de la teoría de Copérnico, calificada de herética. Y lo es a instancias de su supuesto amigo, el pontífice Urbano VIII, elevado al trono papal en 1623.

Prohibición de un libro de Galileo. La historia de Galileo y la prohibición de su libro Diálogo sobre los dos grandes sistemas del mundo, donde exponía de manera contundente la superioridad de la teoría copernicana que situaba al Sol en el centro del universo (y por tanto forzando el movimiento de la Tierra, lo que se oponía a la interpretación literal de ciertos pasajes de la Biblia) frente a la visión geocéntrica y geoestacionaria de Claudio Ptolomeo es, verdaderamente, fascinante. Y ello a pesar de las limitaciones impuestas por Urbano VIII durante el proceso de edición del libro, completamente supervisado por la jerarquía romana y que le dio, en un primer momento, el imprimátur, la declaración oficial de estar libre de error moral o doctrinal.

Todo el proceso es, en verdad, de gran complejidad, digno de la mejor novela de conspiración renacentista. Desde sus antecedentes históricos (el desarrollo de la teoría heliocéntrica por parte de Nicolás Copérnico) prácticamente un siglo antes, pasando por los métodos procesales de la Inquisición (que se soslayaron o incluso contravinieron en el caso Galileo), la guerra ideológica entre partidarios y enemigos de Galileo en el mundo académico, hasta el papel de la política internacional, incluyendo la lucha contra el protestantismo y el enfrentamiento entre España y Francia que forzó la reorientación de política de Urbano VIII, lo que bien pudo influir en su cambio de opinión, tan drástico, respecto a la obra de Galileo. Y llegando hasta la revisión del caso por una comisión de expertos a partir de 1979 por indicación de Juan Pablo II. El llamado caso Galileo está repleto de múltiples manipulaciones de inquisidores e historiadores, que llegan hasta el fraude y la tergiversación descarada de evidencias.

Eppur si muove“… Probablemente Galileo, anciano y derrotado, no pronunció está frase al salir de la sala donde tuvo que abjurar de la teoría heliocéntrica. “Y sin embargo se mueve”… En cualquier caso, algunas pruebas empíricas del movimiento de rotación de la Tierra son:

- La caída libre de los cuerpos, ya sugerida por Galileo. Al caer se desplazan hacia el Este. La primera confirmación se obtuvo en un experimento realizado en 1791 desde la Torre de los Asinelli, en Bolonia.

- El péndulo de Foucault. La primera comunicación se realizó 1851.

- La desviación de los proyectiles de artillería hacia la derecha en el hemisferio Norte.

- La aberración de la luz, descubierta por James Bradley en 1728, y que es el resultado de la suma de la velocidad finita de la luz con la de la Tierra en torno al Sol y produce una variación de la posición aparente de las estrellas.

Galileo muere, ciego, el 8 de enero de 1642, a punto de cumplir 78 años, después de haber pasado los cinco años posteriores a la condena confinado en su casa de Florencia y bajo la sospecha de la jerarquía eclesiástica los últimos cuatro. A pesar de ello, siguió trabajando en ciencia y en la realización de diversos experimentos hasta prácticamente sus últimos días.

En cualquier caso, Galileo Galilei es uno de los grandes científicos de todos los tiempos y el padre de la Física moderna. Gracias a él, nosotros sí podemos afirmar “eppur si muove”.

David Barrado y Navascués pertenece al Laboratorio de Astrofísica Espacial y Física Fundamental del Centro de Astrobiología (INTA-CSIC)

La condena de las teorías de Copérnico y las tribulaciones de Galileo. Texto: David Barrado y Navascués. ElPais.com.

 

In Memoriam: 100 años sin Gerónimo.

Posted in Memorias by Alguien on 17 febrero 2009

Hoy se cumplen 100 años del fallecimiento del líder Apache Gerónimo.

 

Demonio para algunos y un místico para otros, Gerónimo, el líder apache que luchó a muerte contra mexicanos y estadounidenses para preservar su cultura y sus creencias, ocupa un capítulo todavía mal conocido en la historia norteamericana, según los expertos.

 

Gerónimo, como lo bautizaron los mexicanos, o Gojlaye, que en chiricahua significa “el que bosteza”, nació el 16 de junio de 1829 en el seno de la tribu Bedonkohe, ubicada cerca del río Gila del estado de Arizona, en aquel entonces en México.

 

El 17 de febrero se cumplen 100 años de su fallecimiento, y la tribu de San Carlos Apache de Arizona rendirá tributo a este personaje con el fin de rescatar su legado y eliminar la imagen negativa de este humilde hombre que todavía ronda en la cultura popular de Estados Unidos.

 

James Riding In, profesor de Estudios Indígenas de la Universidad del Estado de Arizona, asegura que para muchas personas no indias, Gerónimo fue un terrorista, pero para su gente fue un combatiente por la libertad. “Su lucha contra el colonialismo lo convirtió en una leyenda. Dejó un legado de resistencia y tenacidad al enfrentarse a las tropas estadounidenses con un pequeño grupo de seguidores para defender el estilo de vida Apache“, señala.

 

Tanto Riding como Marlon Sherman, profesor especializado en Estudios de los Nativos Norteamericanos de la Universidad Estatal de Humboldt, coinciden en que Gerónimo fue un líder espiritual, un hombre con enormes conocimientos en medicina, que entró en el oficio militar después de que 400 mexicanos dirigidos por José María Carrasco asesinaran a su esposa Alope, sus tres hijos y a su madre en el verano de 1858.

 

En su autobiografía el mismo Gerónimo narra cómo pidió ayuda al líder Cochise de la tribu Chokonen para vengar a su gente: “Somos hombres como los mexicanos y les haremos lo mismo que nos hicieron… Lucharé en primera fila. Sólo les pido que me sigan para vengar las cosas malas que nos hicieron los mexicanos. Mi gente ha sido asesinada y yo también moriré si es necesario”.

 

Así comenzó a incubarse entonces la imagen más negra de Gerónimo. Muchas personas lo consideraban un “salvaje sanguinario, cruel e inhumano”, apunta Sherman.

 

Este personaje, que no sólo ha sido malinterpretado por la historia sino también en repetidas ocasiones por la industria del cine, fue demonizado hasta tal punto que las leyendas decían que torturaba niños y mujeres y que hacía pedazos a las personas con su cuchillo.

 

En realidad, indica Sherman, este hombre espiritual tuvo que defenderse como pudo de las atrocidades que infligieron los colonizadores sobre su tribu. “No sé si serán verdad todas las atrocidades que le achacan a Gerónimo, pero en todo caso no se acercaron a las barbaridades que cometieron los soldados mexicanos y los estadounidenses contra los Apaches”, declara.

 

Estos expertos culpan en gran parte a la industria del cine por la personificación de los indios como seres malos. La imagen de los pieles rojas como antagonistas no ha cambiado mucho en los últimos años. “Muchas películas siguen representando a los indios como seres diabólicos generalmente feos. Incluso la cinta de Kevin Costner ”Bailando con lobos”, en donde se intenta rescatar su imagen, es problemática porque el protagonista ‘es un hombre blanco que es mejor indio que los indios”, indica Sherman.

 

La percepción de Hollywood dista mucho de la de Sherman, que considera a Gerómino como un jefe reacio, recursivo, inteligente, valiente, respetuoso y generoso. “Siempre se consideró a sí mismo como un líder en la medicina y en la guerra, pero no un líder comunitario. Era un hombre muy humilde respecto a sus compañeros de combate”, declara.

 

Gerónimo narra en su autobiografía que los ataques comenzaron en el verano de 1862. Su mayor victoria contra los mexicanos tuvo lugar durante la batalla de Kaskiyeh. Después de varios ataques a los mexicanos, se inició una guerra no provocada con los estadounidenses, que cometieron crueldades contra los apaches y terminaron recluyéndolos en reservas.

 

Gerónimo y sus seguidores se convirtieron así en la última y la más grande fuerza de guerreros indios independientes, que se rehusaron a reconocer el gobierno de los Estados Unidos.

 

En 1886, al saber que los principales caudillos y su familia estaban en cautiverio, Gerónimo se entregó al general Miles en el cañon Skeleton de Arizona y fue llevado como prisionero de guerra hasta Fort Pickens, en Florida.

 

En sus últimos años de vida, Gerónimo logró algo de celebridad a pesar de que muchos residentes de Arizona pedían su ejecución. Asistió a la Feria Mundial de San Louis, donde recaudó algo de dinero por la venta de sus autógrafos. Al parecer figuró incluso al lado del presidente Theodore Roosevelt en el desfile de investidura en 1905.

 

Al final de sus días, Gerónimo se acogió a la religión cristiana y reconoció que era mejor que sus creencias. Sin embargo, para el profesor Sherman, fue un asunto de “conveniencia para mantener la paz con su gente. En privado él siguió practicando su propia religión”. Riding coincide con Sherman: “En lo profundo de su corazón era apache. Tuvo el mismo sentimiento de ambivalencia que quizá sufren los prisioneros de Guantánamo”, señaló.

 

A pesar de formar parte de la iglesia cristiana, no se le permitió regresar a su tierra natal y murió de pulmonía durante su cautiverio en 1909.

 

“La segunda batalla de Gerónimo comenzó después de muerto”, asegura Riding. En 1918 sus restos fueron robados de su tumba. Al parecer fue una sociedad secreta de la Universidad de Yale llamada “Skull and Bones“, que tenía como miembro al abuelo del ex presidente George W. Bush, Prescott Bush.

 

Asimismo se sabe que la calavera de Gerónimo, algunos de sus huesos y otros objetos fueron usados como parte de un ritual por esta sociedad. Posteriormente en una carta, la Universidad de Yale reveló que sus restos yacían en un edificio de la institución. Los Apaches los han solicitado para devolverle la dignidad y para que, según sus creencias, pueda descansar en paz.

 

Fuente: Liliana Martínez – Scarpellini (Dpa)  | 13/02/2009.

 

Una fecha en rojo: El día de San Valentín.

Posted in Artículos by Alguien on 14 febrero 2009

El día de San Valentín, 14 de febrero, tiene desde hace 80 años otra connotación que no se limita tan sólo a tarjetas con dulces mensajes o promesas de amor más o menos fugaces. El día de San Valentín es además el de una matanza mítica que marca el momento de mayor virulencia de la violencia mafiosa en Estados Unidos, y por lo tanto aquél que ha quedado fijado en la imaginación popular y ha sido transmitido en tantas películas. Basta con mencionar el consabido “Chicago, años veinte” (lugar y década de lo que aquí se narrará) para que en la memoria se unan música de jazz, tableteo de ametralladoras, humo de pólvora, barriles agujereados de alcohol clandestino y un reguero de sangre que sigue manando desde esa fecha de 1929 que mañana alcanzará su octogésimo aniversario.

 

Italianos contra irlandeses .Se considera, más allá del intenso fresco retratado por Scorsese en “Gangs of New York” (2002), que refleja los enfrentamientos entre bandas protestantes e irlandesas, que la mafia se instala en Estados Unidos siguiendo el modelo italiano en los años finales del siglo XIX, de manera que la primera organización mafiosa sería la denominada La Mano Negra y el primer máximo jefe mafioso el italiano Giuseppe Balsamo, llegado a Nueva York a finales de 1895.

 

Con la acción de La Mano Negra se llega también al hecho que desembocará en la matanza del día de San Valentín: la rivalidad, y la subsiguiente lucha a muerte, entre las mafias italianas e irlandesas. De hecho, los estibadores irlandeses del puerto neoyorquino se vieron arrinconados en sus actividades delictivas por el funcionamiento del grupo de Balsamo, con lo que pronto llegaría la guerra entre La Mano Negra y la paralela organización irlandesa, La Mano Blanca, encabezada por el veterano de la Primera Guerra Mundial Wild Bill Lovett.

 

La primera escaramuza de esta guerra tendrá lugar en febrero de 1920, cuando La Mano Blanca atacó una sala de baile de Coney Island usada como lugar de reunión de la banda rival: una bailarina y tres pistoleros italianos cayeron en el ataque. Una de las víctimas se llamaba Giovanni Capone, pero ningún vínculo familiar le unía con Al Capone. Balsamo y su lugarteniente, Frankie Yale, que sí tenía una larga historia en común con Al Capone, juraron exterminar a sus enemigos. Entre las víctimas de esta guerra mafiosa que duró año y medio y que dejó más de 120 víctimas, fue asesinado Edward Fletcher, responsable de finanzas del grupo irlandés. Fue abatido en un teatro repleto de público. Junto a él, fueron asesinados su esposa y sus dos escoltas. Entonces fue cuando, desde Chicago, hizo su aparición Al Capone:

 

Fletcher trabajaba también para él. Las guerras mafiosas entre italianos e irlandeses debían tener también en cuenta los intereses de Capone. Con el asesinato de Lovett en la víspera de su propia boda y el retiro de Balsamo terminaba esta primera guerra mafiosa. Pero la victoria de los italianos supuso también el ascenso brutal de Capone, que decidió el asesinato de Frankie Yale, padrino hora del clan de Nueva York, por competencia desleal con el clan de Chicago. La hora de Capone había llegado.

 

La forja de un gánster. Su profesión oficial, aquella en la que se escudaba para fingirse un honrado ciudadano, era la de anticuario, y su orgullo el ser americano. Más de una vez gesticuló ante la prensa aclarando que no era italiano, que había nacido en Brooklyn, como efectivamente era el caso. Los que habían venido de Italia eran sus padres, y Nápoles será el lugar que él considerará su patria sentimental.

 

De los nueve hermanos Capone, tres se dedicarán al delito: Frank, considerado un ejecutor implacable y mecánico pero sin astucia; Ralph, sin personalidad y siempre a la sombra de Alfonso y finalmente el citado Alfonso, Al, tan frío como decidido. La menor de los hermanos Capone viviría hasta el año 1988; el único hijo de Al, Albert Francis Capone, nacido en 1918, vivirá hasta 2004.

 

Los hermanos delincuentes crecerán en un ambiente turbio de pillerías y dinero rápido, ofreciendo sus servicios según una sencilla tabla de precios: puñetazo por dos dólares, ojos morados por cuatro dólares el par, diez dólares por partir la mandíbula o la nariz, quince dólares por cortar una oreja, mientras que por diecinueve se comprometían a romper un brazo o una pierna. La tarifa subía a veinticinco dólares si se trataba de disparar a las rodillas o apuñalar. Por cien dólares proporcionaban una muerte.

 

Bajo la tutela del gánster John Torrio, Capone se irá endureciendo en trabajos de matón juvenil, el ansia de venganza, la consabida vendetta, le llegaría a través de Frankie Yale, segundo jefe en importancia dentro de La Mano Negra, y al que serviría de guardaespaldas y de recaudador de extorsiones. Una pelea causada por el alcohol, en la que hubo afrentas a una joven y la intervención a cuchillo del hermano de la ultrajada, hizo que el joven Capone recibiera el apodo de Cara cortada merced a tres tajos que luciría desde entonces.

 

La obligación, formulada por Yale, de disculparse ante la muchacha y la subsiguiente expulsión como escolta de su jefe dejará un poso de resentimiento al que dará satisfacción en 1928 cuando Yale caiga acribillado por órdenes de Capone. El respeto que pese a todo se iba ganando Cara cortada quedará de manifiesto cuando Joseph Torrio le entregue un sobre con cinco mil dólares en acciones con motivo del nacimiento de su único hijo. 26 días después del alumbramiento, se casará, el 30 de diciembre de 1918, con Mae Josephine Coughlin, una muchacha irlandesa.

 

El traslado de Torrio a Chicago para encargarse de sus asuntos hizo que Capone le siguiera, ya en 1921, a ese nuevo y definitivo destino. Allí, Capone sucederá a su jefe tras la retirada de Torrio en 1925, y hará que la mafia italiana de Chicago se dedique, en este orden, a los negocios de la prostitución, las extorsiones y el contrabando de alcohol.

 

En estas actividades llegará a perder a su hermano Frank en un tiroteo con la policía al intentar coaccionar a los electores, a punta de pistola, durante unas elecciones locales. La mafia irlandesa que controlaba la zona norte de la ciudad rechazaba el negocio de la prostitución por considerarlo su jefe, Bugs Moran, poco apropiado para un católico. Pero no desdeñaba la posibilidad de arrebatarle a Capone el resto de actividades.

 

Tres segundos en un garaje. Las diez y veintiséis de una mañana fría de un 14 de febrero de 1929. Un garaje en el 2122 de la calle North Clark del barrio de Lincoln Park, en Chicago, con el rótulo SMC Cartage, un tenue manto de nieve en las aceras mojadas. Siete hombres de la banda de Bugs Moran charlan en el interior a la espera de un cargamento de alcohol y del propio Moran, que llegará tarde, y con ello salvará la vida, por haber decidido en último momento cortarse el pelo.

 

Un coche de policía se detiene ante el garaje, descienden dos hombres con uniforme policial portando escopetas. Ordenan levantarse a los siete hombres y mirar hacia una pared de ladrillo. Parece ser la acostumbrada redada. Poca cosa. Mientras obedecen, los testigos contarán más tarde que otros dos hombres con ametralladoras Thompson, se introdujeron en el local por la puerta trasera. De estos dos nuevos invitados, los que aguardan ante el muro nada sabrán.

 

A tres metros de los que van a morir, las cuatro armas descargan su munición durante tres segundos. Caen los cuerpos y lo cuatro verdugos abandonan el lugar por la puerta principal, simulando que los uniformados llevan detenidos a los que accionaron las ametralladoras. El coche de policía, que se encontrará poco después y se comprobará falso, les aleja del lugar del crimen.

 

Aunque el objetivo principal de la matanza, la eliminación de Bugs Moran, falló, sus consecuencias fueron las apetecidas por Capone: la mafia irlandesa que controlaba el norte de Chicago se fue batiendo en retirada, dejando a Capone el control absoluto de la ciudad. Mora tuvo que volver, sólo año y medio después, a atracar bancos. Detenido en 1942, morirá en prisión en 1957.

 

Retrato en cine. La caída de Al Capone sería rápida y definitiva: fue condenado a once años de prisión en 1931 por delitos fiscales, tres años después protagonizará un motín y será enviado a la prisión de Alcatraz, de la que saldrá en 1939 con la mente destruida por la sífilis. Retirado del mundo en Palm Beach, morirá en 1947 a los 48 años de su edad. El cine, mientras estuvo vivo, no fue capaz de ofrecer un retrato veraz del personaje: en 1930, aún temible, fue ocultada su identidad tras el personaje de Rico, encarnado por Edward G. Robinson en la película “Hampa dorada”.

Paul Muni, más apuesto y por lo tanto más distinto de Capone y de Robinson, prestó su físico para el filme, de 1932, “Scarface”, que era el apodo del gánster de Chicago y al que el guión retrataba fielmente ocultando siempre el peligroso nombre para darle el de Tony Camonte. Pero el momento de la verdad llegará en la década de los 50: es entonces cuando en una película tan sorprendente como “Con faldas y a lo loco” (Billy Wilder, 1959) se recoge fielmente la matanza (con detalles minuciosos como la nevada, la presencia del mecánico o el hecho de que una de las víctimas, Frank Dusemberg, no murió instantáneamente), que es lo que obliga a los personajes de Tony Curtis y Jack Lemmon a huir travestidos de Chicago.

 

En 1967, Roger Corman dedica al hecho su película “La matanza del día de San Valentín”, en la que Jason Robards interpretaba a Capone en un producto que combinaba el rigor histórico con la ficción. El mismo director retomará el personaje en Capone (1975) con un convincente Ben Gazara prestando rasgos y estatura. Pero la gran aportación será la de Brian de Palma con “Los intocables de Eliot Ness” (1987), en la que un magistral Robert de Niro encarna al villano y que recoge los sucesos de la vida de Capone a partir de los meses siguientes a la matanza. Estos sucesos previos son los que se recogen en la película, aún sin terminar, “Los intocables: el ascenso de Capone” que De Palma comenzó a rodar en 2007 y cuyo momento culminante será la matanza del 14 de febrero de hace ochenta años.

 

Víctimas y ejecutores. En esta matanza con el sello de Capone y destinada a minar el poder de la banda de Moran, los muertos fueron todos los presentes en el garaje: los hermanos Peter y Frank Gusenberg, pistoleros, James Clark, primer lugarteniente de Moran, Adam Heyer, tesorero del clan, Albert Weinshank, colaborador de Moran y que por su parecido físico pudo precipitar el crimen al confundir a los asesinos, el médico Reinhart Schwimmer, amigo de los presentes, y el mecánico John May. Sólo el perro pastor alemán del mecánico sobrevivió a la que era, y sigue siendo, la mayor matanza mafiosa de Estados Unidos.

 

La investigación, una de las primeras que se realizaron con modernos métodos de balística, desveló que se dispararon 70 balas del calibre 45 desde dos ametralladoras Thompson, equipada una con un cargador de 50 proyectiles y de 20 la otra, de las que 67 dieron en los cuerpos. Todas con entrada por la espalda excepto media docena de impactos frontales. Las investigaciones más recientes han demostrado que estos impactos se debieron al rebote de las balas contra el muro y a las torsiones de los cuerpos en su caída en vez de a presuntos tiros de gracia.

 

Nadie fue detenido por falta de pruebas y de testigos fiables. Se especuló con pistoleros del grupo de Capone traídos desde San Luis, e incluso se señaló el nombre del posible jefe del escuadrón criminal: Jack “Metralleta” McGurn. Siciliano y con el nombre verdadero de Vincenzo Antonio Gibaldi, uno de los más eficaces soldados del clan de Capone y que un año antes había sobrevivido a un intento de asesinato a cargo de los hermanos Gusenberg.

 

La coartada de McGurn, debida y concienzudamente elaborada, cerró el paso a los investigadores, pero no le evitó el castigo. Siete años y un día más tarde, el 15 de febrero de 1936, fue asesinado cuando se había reconvertido en jugador de golf profesional. El arma usada fue nuevamente la ametralladora Thompson, y junto al cuerpo los dos asesinos dejaron una nota enigmática: «Has perdido tu trabajo, has perdido tu dinero, tus joyas y tus bonitas casas, pero, sabes, las cosas podrían haber sido peores: no has perdido los pantalones».

 

Feliz San Valentín.

 

Fuente │Una fecha en rojo: El día de San Valentín. – Diario Sur. 13/02/09.

 

Adoración de los Reyes Magos.

Posted in Personajes by Alguien on 6 enero 2009

¿Eran hombres o mujeres? ¿Seguían alguna estrella? Ni siquiera sabemos si fueron reyes. Nuevos y viejos libros sobre Melchor, Gaspar y Baltasar mantienen viva una intriga apasionante.

Son unos de los personajes más misteriosos de la Biblia y su existencia se desliza a través de unas escasas líneas, dignas de una película de suspense. Los Reyes Magos de Oriente acudieron al rey Herodes atraídos aparentemente por culpa de una estrella colgada en el cielo. De acuerdo con Mateo, Herodes les interrogó “sobre los tiempos de la aparición de la estrella”. Les conminó a encontrar al Niño y a informarle de su emplazamiento exacto. Ellos encontraron a Jesús, le ofrecieron “oro, incienso y mirra“, y, advertidos en sueños de las intenciones de Herodes para destruir al pequeño, retornaron a su tierra “por otro camino”. En la Biblia no se cita ni una sola vez que eran reyes, ni se mienta su número. No sabemos si eran hombres o mujeres. Ni siquiera tenemos la más mínima pista acerca de sus nombres. ¿Existieron realmente? ¿De dónde venían?

 

La referencia que hay en los evangelios sobre los Magos es simbólica, y tiene una finalidad puramente narrativa”, asegura Juan Pedro Monferrer, profesor del departamento de Estudios Islámicos y semíticos de la Universidad de Córdoba. “Los nombres que hoy conocemos no aparecen hasta el siglo VIII”, asegura Monferrer. En la crónica Excerpta latina barbari, los vemos plasmados sobre tinta: “En el tiempo del reinado de Augusto, el 1 de enero, los Magos le trajeron regalos y le adoraron. Los nombres de los Magos eran Bithisarea, Melichior y Gathaspa [Baltasar, Melchor y Gaspar]“.

 

La investigación de los textos religiosos permite sin embargo escarbar en un pasado lleno de secretos, pistas, sorprendentes posibilidades y contradicciones. Por ejemplo, ¿hubo más de tres Magos? Las tradiciones antiguas sugieren que pudieron existir hasta doce. “Once príncipes y un rey“, nos dice John A. Tvedtnes, antropólogo y experto lingüista en estudios hebreos y de Oriente Medio. Tvedtnes adelanta algunas de las conclusiones de su último libro, “The First Noel: The Origin and Evolution of Christmas“, sobre la historia de la Navidad: “De acuerdo con registros persas, eran príncipes que llevaban un ejército de hasta ocho mil, cuando llegaron a Callinice, que es Raqah (el actual Omán), y se enteraron de que una gran hambruna reinaba en Judea. Los príncipes dejaron a la mayoría de sus hombres y acudieron a Belén con un millar de hombres para hacer sus ofrendas”. “Fue el papa Leo el Grande (entre los años 440 y 464 después de Cristo) el que popularizó la idea de tres Magos”, escribe este experto basándose en los tres regalos tan caros que trajeron -oro, incienso y mirra-.

 

Los mitos sobre la primera Navidad abundan, pero no sabemos siquiera si los Magos usaron camellos o algún tipo de animal para el transporte. Ni siquiera estamos seguros de que fueran reyes. La primera traducción al inglés del Nuevo Testamento se llevó a cabo en 1382 por John Wickliffe, un teólogo y reformista nacido en Lutterworth que interpretó el término griego magoi como kyngis, reyes. Mateo se refiere a ellos como “magos”; un término griego, magoi, que es el nombre de una tribu parta de origen persa. Pero el desacuerdo geográfico sobre su procedencia es amplio y diverso.

 

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Los Mejores Libros de Historia de 2008.

Posted in Libros by Alguien on 30 diciembre 2008

Con el año a punto de finalizar, se cumple una de las costumbres navideñas: las inevitables listas de los mejores libros del año. Como a todo no podemos llegar, ni esta bitácora se ocupa de otros ramos, iremos a lo más sustancioso en cuanto a la historia y sus aledaños se refiere. Se obviará, como es habitual, nuestro entorno más cercano. Lo cual, en este caso, está más justificado si cabe. Por ejemplo, en el   número del pasado 17 de diciembre del interesante suplemento cultural de La Vanguardia (Cultura/s) se revisan y recomiendan algunos de los mejores títulos del año. Pues bien, en el apartado de no ficción no aparece ningún libro de historia, ni producido aquí ni traducido. Y algo parecido ocurre, por ejemplo, en Babelia, donde en el apartado “ensayo” aparecen dos volúmenes de la casa (Taurus): Sobre el olvidado siglo XX, de Tony Judt, y Vida y tiempo de Manuel Azaña 1880-1940, de  Santos Juliá.

O es simple desprecio o tenemos una profesión invisible. Cada uno que opte por lo que mejor le acomode. Así pues, ya que aquí nada podemos encontrar, vayamos a otros parajes.

Empecemos con el británico TLS y sus “Books of the Year 2008″.

En Francia, han sido Lire y Le Point los que han mostrado sus cartas.

La revista Lire, asociada con  L’Express, lo pone más fácil.

Ahora bien, la palma se la llevan como siempre los amigos del otro lado del Atlántico, sobre todo The New York Times. Dada la medida de su mercado, su lista recoge los cien volúmenes más notables del año, aunque también han hecho otra con los diez mejores. Entre ellos destacamos los siguientes libros de historia.

Y, para terminar, vayamos a la competencia, al capitalino The Washington Post, que se limita a recoger las obras que sus críticos han juzgado más positivamente a lo largo del año, con un total de trece títulos de historia.

En fin, si alguien se ha quedado con ganas, puede acudir a Publishers Weekly, The Atlantic, New Statesman, The Economist, The Financial Times, The Telegraph, seguir el selecto The Year in review en The New Yorker o repasar el reducido grupo de volúmenes galardonados con el National Book Awards, entre los que figura el ya reiterado  This Republic of Suffering.  

Leer artículo más detallado en Clionauta: Blog de Historia y en Historia Global online.

 

La antigua Roma en el cine.

Posted in Libros by Alguien on 29 noviembre 2008

Título: La antigua Roma en el cine.Autor: Juan J. Alonso, Enrique A. Mastache y Jorge Alonso Menéndez.│ Editorial: T&B Editores. │ Temática: Cine- Historia Tamaño: 17×24 cm.│ Encuadernación: Rústica .│ Ilustrado: 124 fotografias encolor y blanco y negro. │ ISBN: 978-84-96576-698Precio: 20 €.

El placer de los libros raros. – Babelia.

Texto: Rosa Montero – 29/11/2008

 

Tengo debilidad por los libros raros. No me refiero a la rareza exquisita, a las primeras ediciones, a las encuadernaciones primorosas y demás libros con pedigrí, sino que hablo de la rareza plebeya, de aquellas obras que, por una razón u otra, se escapan de los cánones convencionales y resultan inclasificables. Libros a menudo modestos y sin pretensiones, publicados en pequeñas editoriales e ignorados por el gran público, que un día ves por casualidad, de refilón, en el rincón más oculto de una librería, pero que parecen removerse y dar saltitos en la estantería para llamar tu atención, y extender sus anhelantes tapas hacia ti, y susurrar: “¡Cógeme, por favor, por favor!”.

Y yo los suelo coger a casi todos.

Hay tres locos maravillosos que han escrito un par de libros así. Son asturianos y se llaman Juan J. Alonso, Enrique A. Mastache y Jorge Alonso. Filósofos, historiadores y documentalistas de formación, son además unos fanáticos del cine. Estos tipos multidisciplinares, enciclopédicamente cultos y divertidísimos, son la clase de gente a la que imaginas pasándoselo bomba charlando durante horas en algún bar. Quizá esas apasionadas tertulias que se les intuyen fueran la base del libro fascinante que sacaron hace un par de años, La Edad Media en el cine, en el que, además de contar curiosos detalles cinéfilos de las películas medievales, desde Camelot a Braveheart, componían un espléndido friso histórico del Medievo, explicando no sólo lo que había de cierto o de incierto en los filmes, sino también cómo era la vida en aquellos siglos, los valores imperantes, los detalles más nimios de la cotidianidad. Y todo ello con una escritura airosa, graciosa, ligera pese a la profundidad de algunas de sus observaciones. “Utilizamos el cine como excusa para hablar de la Edad Media, y la Edad Media, como excusa para hablar de cine”, dijeron ellos mismos por entonces para definir sus (raras) intenciones. Una rareza que funciona de maravilla. Recuerdo especialmente el capítulo dedicado a la película El león en invierno y a la historia de Leonor de Aquitania: extraordinario.

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Historia de España para niños.

Posted in Libros by Alguien on 27 abril 2008

Pequeña historia de España de Manuel Fernández Álvarez. Edit. Espasa. Madrid, 2008. 286 páginas. 19,90 euros. Clara Campoamor, la sufragista de Víctor Vilardell. Edit. El Rompecabezas. Madrid, 2007. 2008. 144 páginas. 8,50 euros. Mi primer libro sobre Goya de Fernando Marías. Edit. Anaya. Madrid, 2008. 32 páginas. 5 euros. 1808. Los cañones de Zaragoza de Fernando Lalana, José María Almárcegui. Edit. Alfaguara Infantil y Juvenil. Madrid, 2008. 220 páginas. 8,50 euros.

Fuente │El Pais.

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