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Una Balsa de Piedra Camino de Haití.

Mis palabras son de agradecimiento. La Fundación José Saramago tuvo una idea, loable por definición, pero que podría haber entrado en la historia como una buena intención, una más de las muchas con que, dicen, está pavimentado el camino del infierno. La idea era editar un libro. Como se ve, nada original, por lo menos en principio, que libros no nos faltan. La diferencia estriba en que el producto de la venta de éste se va a destinar a las victimas sobreviviente del terremoto de Haití. Cuantificar tal ayuda, por ejemplo, en la renuncia del autor a sus derechos y en una reducción del lucro normal de la editorial, tendría el grave inconveniente de convertir en mero gesto simbólico lo que debería ser, en la medida de lo posible, algo provechoso y sustancial. Ha sido posible. Gracias a la inmediata y generosa colaboración de las editoriales Caminho y Alfaguara y de las entidades que participan en la elaboración y difusión de un libro, desde la fábrica de papel a la tipografía, desde el distribuidor al comercio librero, los 15 euros que el comprador gastará serán entregados íntegramente a la Cruz Roja para que los haga llegar a su destino. Si alcanzáramos un millón de ejemplares (el sueño es libre) serían 15 millones de euros de ayuda. Para la calamidad que ha caído sobre Haití 15 millones de euros no es nada más que una gota de agua, pero como La balsa de piedra (éste es el libro elegido) será publicada, además de en Portugal, en España y en el mundo hispánico de América Latina, ¿quién sabe lo que podrá suceder? A todos los que nos acompañan en la concretización de la idea primera, haciéndola más rica y efectiva, nuestra gratitud, nuestro reconocimiento para siempre.
Por José Saramago 
En Algún día | José Saramago.
Entrevista a José Saramago.
Pepa Fernández entrevista en el programa No es un día cualquiera de RNE a José Saramago, el premio Nobel de Literatura, periodista y dramaturgo portugués.
Palabra de Saramago.
«Escribo para comprender, y desearía que el lector hiciera lo mismo, es decir, que leyera para comprender. ¿Comprender qué? … Cuando alguien está en una lectura y levanta la mirada como si estuviera aprendiendo con mucho más intensidad lo que acaba de leer, es el momento en el que ese alguien está totalmente involucrado, como si pensara: esto es mío, esto tiene que ver conmigo. Uno saca de la lectura lo que necesita».
«En cierto sentido se podría decir que, letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a libro, he venido, sucesivamente, implantando en el hombre que fui los personajes que creé. Considero que sin ellos no sería la persona que soy hoy, sin ellos tal vez mi vida no hubiese logrado ser más que un esbozo impreciso, una promesa como tantas otras que de promesa no consiguieron pasar, la existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a ser».
«Llevamos siglos preguntándonos los unos a los otros para qué sirve la literatura y el hecho de que no exista respuesta no desanimará a los futuros preguntadores. No hay respuesta posible. O las hay infinitas: la literatura sirve para entrar en una librería y sentarse en casa, por ejemplo. O para ayudar a pensar. O para nada. ¿Por qué ese sentido utilitario de las cosas? Si hay que buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada. Un tenedor tiene una función. La literatura no tiene una función. Aunque pueda consolar a una persona. Aunque te pueda hacer reír. Para empeorar la literatura basta con que se deje de respetar el idioma. Por ahí se empieza y por ahí se acaba».
Por José Saramago.
En Algún día | José Saramago.
Primer capítulo de “Caín”, de José Saramago.


“Cuando el señor, también conocido como dios, se dio cuenta de que a adán y eva, perfectos en todo lo que se mostraba a la vista, no les salía ni una palabra de la boca ni emitían un simple sonido, por primario que fuera, no tuvo otro remedio que irritarse consigo mismo, ya que no había nadie más en el jardín del edén a quien responsabilizar de la gravísima falta…“. Con esta escena empieza José Saramago su nueva novela en la que hace una nueva incursión en la Biblia y que ha titulado Caín (Alfaguara). Una obra en la cual el Nobel portugués hace una revisión del Antiguo Testamento y que Babelia adelanta, en ELPAÍS.com, en exclusiva a nivel mundial, ya que la novela llegará a las librerías de España y Portugal este jueves 15 de octubre.
Primer capítulo de “Caín”, nueva novela de José Saramago. (PDF)![]()
En Algún día | José Saramago.
Despedida de Saramago.
“Dice el refrán que no hay bien que cien años dure ni mal que perdure, sentencia que le sienta como un guante al trabajo de escritura que acaba aquí y a quien lo hizo. Algo bueno se encontrará en estos textos, y por ellos, sin presunción, me felicito, algo mal habré hecho en otros y por ese defecto me disculpo, pero sólo por no hacerlos mejor, que diferentes, con perdón, no podrían ser. Es conveniente que las despedidas siempre sean breves. No es esto un aria de ópera para poner ahora un interminable adio, adio. Adiós, por tanto. ¿Hasta otro día? Sinceramente, no creo. Comencé otro libro y quiero dedicarle todo mi tiempo. Ya se verá por qué, si todo va bien. Mientras tanto, ahí tienen “Caín”.
P. S – Pensándolo mejor, no hay que ser tan radical. Si alguna vez sintiera necesidad de comentar u opinar sobre algo, llamaré a la puerta del Cuaderno, que es el lugar donde más a gusto podré expresarme”.
Por José Saramago.
Caín. La nueva novela de José Saramago.

Saramago redime a Caín de su asesinato en su nueva novela.
Queridos amigos,
“Saramago nos ha escrito otro libro. Su título es Caín, y Caín es uno de los protagonistas principales. Otro es Dios y otro es la humanidad, con sus distintos nombres y pulsaciones. En este libro, como en los anteriores, El Evangelio según Jesucristo, por ejemplo, nuestro escritor no se anda por las ramas, ni se busca subterfugios a la hora de abordar lo que durante milenios, y en las distintas culturas y civilizaciones, han dicho que es intocable e innombrable: la divinidad y el conjunto de normas y preceptos que los hombres establecen en torno a esa figura para exigirse a sí mismos -o tal vez sería mejo decir para exigirles a otros- una fe inquebrantable y absoluta, en la que todo se justifica, desde negarse a uno mismo hasta la extenuación, o morir ofrecido en sacrificio, o matar en nombre de Dios.
Caín no es un tratado de teología, ni un ensayo, ni un ajuste de cuentas: es una ficción en la que Saramago pone a prueba su capacidad narrativa al contar, desde su peculiar estilo, una historia de la que todos conocemos la música y algunos fragmentos de la letra. Pues bien, con la cabeza alta, que es como hay que mirar al poder, sin miedos y con buen trazo José Saramago ha escrito un libro que no nos va a dejar indiferentes, que provocará en los lectores desconcierto y quizá alguna angustia, pero, amigos, la gran literatura está para clavarse en nosotros, lectores, como un puñal en la barriga, no para adormecernos como si estuviéramos en un fumadero de opio y el mundo fuera pura fantasía. Este libro nos atrapa, lo digo porque lo he leído, nos sacude y nos hace pensar: apuesto a que cuando lo terminéis, cuando hagáis el gesto de cerrarlo sobre las rodillas, vais a mirar al infinito, o cada uno a su interior, diréis un ufff que os saldrá del alma, y empezará una buena reflexión personal a la que, más tarde, seguirán conversaciones, discusiones, posicionamientos y, en muchos casos, cartas diciendo que esas ideas estaban pidiendo forma, que ya era hora de que el escritor se metiera en faena y gracias por hacerlo con tan hermosos resultados.
Esta última novela de José Saramago, que no es muy larga, ni podría serlo, porque necesitaríamos más fuelle del que tenemos para enfrentarnos a ella, es literatura en estado puro. Dentro de muy poco podréis leerla en portugués, castellano y catalán, y entonces veréis que no exagero, que no me mueve ningún desordenado deseo al recomendarla: lo hago desde la más absoluta subjetividad, porque desde la subjetividad leemos y vivimos. Y os hablo a los amigos, porque esta carta solo a vosotros va dirigida. Con mucha alegría.
Felicidades a todos los lectores: un año después del Viaje del elefante tenemos otro Saramago. Son tres libros en un año, porque también hay que contar con los Cuadernos, el libro que vamos leyendo aquí cada día. No podemos pedir más, nuestro hombre ha cumplido y de qué manera. La edad, amigos, agudiza la inteligencia y agiliza la capacidad de trabajo. Qué suerte tenemos los lectores de tener quien nos escriba”.
Pilar del Río.
Las imágenes utilizadas son de Francisco de Holanda, pintor y humanista portugués. Más información en Instituo Camões. La música del vídeo es Il Terremoto presto, composición de Joseph Haydn, interpretada por Jordi Savall. Más información aquí
Fuente: Fundación Saramago.
Ficha del Libro | Alfaguara. | Leer primer capítulo de Caín, de Saramago.
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En Algún día | José Saramago
La abjuración de Galileo.

A quien le pueda interesar:
“Yo, Galileo, hijo de Vicenzo Galileo de Florencia, a la edad de 70 años, interrogado personalmente en juicio y postrado ante vosotros, Eminentísimos y Reverendísimos Cardenales, en toda la República Cristiana contra la herética perversidad inquisidores generales; teniendo ante mi vista los sacrosantos Evangelios, que toco con mi mano, juro que siempre he creído, creo aún y, con la ayuda de Dios seguiré creyendo todo lo que mantiene, predica y enseña la Santa, Católica y Apostólica Iglesia. Pero como, después de haber sido jurídicamente intimado para que abandonase la falsa opinión de que el Sol es el centro del mundo y que no se mueve y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve, y que no podía mantener, defender o enseñar de ninguna forma, ni de viva voz ni por escrito, la mencionada falsa doctrina (…) Quiero levantar de la mente de las Eminencias y de todos los fieles Cristianos esta vehemente sospecha, que justamente se ha concebido de mí, con el corazón sincero y fe no fingida, abjuro, maldigo y detesto los mencionados errores y herejías y, en general, de todos y cada uno de los otros errores, herejías y sectas contrarias a la Santa Iglesia. Y juro que en el futuro nunca diré ni afirmaré, de viva voz o por escrito, cosas tales que por ellas se pueda sospechar de mí; y que si conozco a algún hereje o sospechoso, de herejía lo denunciaré a este Santo Oficio o al Inquisidor u Ordinario del lugar en el que me encuentre. Juro y prometo cumplir y observar totalmente las penitencias que me han sido o me serán, por este Santo Oficio, impuestas; y si incumplo alguna de mis promesas y juramentos, que Dios no lo quiera, me someto a todas las penas y castigos que imponen y promulgan los sacros cánones y otras constituciones contra tales delincuentes. Así, que Dios me ayude y sus santos Evangelios que toco con mis propias manos. Yo, Galileo Galilei he abjurado, jurado y prometido y me he obligado; y certifico que es verdad que, con mi propia mano he escrito la presente cédula de mi abjuración y la he recitado palabra por palabra, en Roma, en el convento de Minerva, este día 22 de junio de 1633.”
Por José Saramago. 
Un capítulo para el Evangelio.

“De mí ha de decirse que tras la muerte de Jesús me arrepentí de lo que llamaban mis infames pecados de prostituta y me convertí en penitente hasta el final de la vida, y eso no es verdad. Me subieron desnuda a los altares, cubierta únicamente por el pelo que me llegaba hasta las rodillas, con los senos marchitos y la boca desdentada, y si es cierto que los años acabaron resecando la lisa tersura de mi piel, eso sucedió porque en este mundo nada prevalece contra el tiempo, no porque yo hubiera despreciado y ofendido el mismo cuerpo que Jesús deseó y poseyó. Quien diga de mí esas falsedades no sabe nada de amor. Dejé de ser prostituta el día que Jesús entró en mi casa trayendo una herida en el pie para que se la curase, y de esas obras humanas que llaman pecados de lujuria no tendría que arrepentirme si como prostituta mi amado me conoció y, habiendo probado mi cuerpo y sabido de qué vivía, no me dio la espalda. Cuando delante de todos los discípulos Jesús me besaba una y muchas veces, ellos le preguntaron si me quería más a mí que a ellos, y Jesús respondió: “¿A qué se puede deber que yo no os quiera tanto como a ella?.” Ellos no supieron qué decir porque nunca serían capaces de amar a Jesús con el mismo absoluto amor con el que yo lo amaba. Después de que Lázaro muriera, la pena y la tristeza de Jesús fueron tales que, una noche, bajo las sábanas que tapaban nuestra desnudez, le dije: “No puedo alcanzarte donde estás porque te has cerrado tras una puerta que no es para fuerzas humanas”, y él dijo, sollozo y gemido de animal que se esconde para sufrir: “Aunque no puedas entrar, no te apartes de mí, tenme siempre extendida tu mano incluso cuando no puedas verme, si no lo hicieras me olvidaría de la vida, o ella me olvidará”. Y cuando, pasados algunos días, Jesús fue a reunirse con los discípulos, yo, que caminaba a su lado, le dije: “Miraré tu sombra si no quieres que te mire a ti”, y él respondió: “Quiero estar donde esté mi sombra si allí es donde están tus ojos”. Nos amábamos y nos decíamos palabras como éstas, no solo por ser bellas y verdaderas, si es posible que sean una cosa y otra al mismo tiempo, sino porque presentíamos que el tiempo de las sombras estaba llegando y era necesario que comenzásemos a acostumbrarnos, todavía juntos, a la oscuridad de la ausencia definitiva. Vi a Jesús resucitado y en el primer momento pensé que aquel hombre era el cuidador del jardín donde se encontraba el túmulo, pero hoy sé que no lo veré nunca desde los altares donde me pusieron, por más altos que sean, por más cerca del cielo que los coloquen, por más adornados de flores y perfumados que estén. La muerte no fue lo que nos separó, nos separó para siempre jamás la eternidad. En aquel tiempo, abrazados el uno al otro, unidas nuestras bocas por el espirito y por la carne, ni Jesús era lo que de él se proclamaba, ni yo era lo que de mí se zahería. Jesús, comigo, no fue el Hijo de Dios, y yo, con él, no fui la prostituta María de Magdala, fuimos únicamente este hombre y esta mujer, ambos estremecidos de amor y a quienes el mundo rodeaba como un buitre barruntando sangre. Algunos dijeron que Jesús había expulsado siete demonios de mis entrañas, pero tampoco eso es verdad. Lo que Jesús hizo, sí, fue despertar los siete ángeles que dormían dentro de mi alma a la espera de que él viniera a pedirme socorro: “Ayúdame”. Fueran los ángeles quienes le curaron el pie, los que me guiaron las manos temblorosas y limpiaron el pus de la herida, fueron ellos quienes me pusieron en los labios la pregunta sin la que Jesús no podría ayudarme a mí: “¿Sabes quién soy, lo que hago, de lo que vivo”, y él respondió: “Lo sé”, “No has tenido que mirar y ya lo sabes todo”, dije yo, y él respondió: “No sé nada”, y yo insistí: “Que soy prostituta”, “Eso lo se”, “Que me acuesto con hombres por dinero”, “Sí”, “Entonces lo sabes todo de mí” y él, con voz tranquila, como la lisa superficie de un lago murmurando, dijo: “Sé eso solo”. Entonces yo todavía ignoraba que era él era el hijo de Dios, ni siquiera imaginaba que Dios quisiese tener un hijo, pero, en ese instante, con la luz deslumbrante del entendimiento, percibí en mi espíritu que solamente un verdadero Hijo del Hombre podría haber pronunciado esas tres simples palabras: “Sé eso solo”. Nos quedamos mirándonos el uno al otro, ni nos dimos cuenta de que los ángeles se habían retirado ya, y a partir de esa hora, en la palabra y en el silencio, en la noche y en el día, con el sol y con la luna, en la presencia y en la ausencia, comencé a decirle a Jesús quien era yo, y todavía me faltaba mucho para llegar al fondo de mí misma cuando lo mataron. Soy María de Magdala y amé. No hay nada más que decir”.
Por José Saramago. 
Las Cinco Películas de José Saramago.
“Que recuerde cinco películas me han pedido. No tendría que preocuparme si son o no las mejores, las más famosas, las más citadas. Basta con que me hayan impresionado de manera particular, como nos impresiona una mirada, un gesto, una entonación de voz. Escogerlas no ha sido difícil, al contrario, se me presentaron con la mayor naturalidad, como si no hubiera estado pensando en otra cosa. Aquí están, aunque el orden con que las menciono no es ni debe considerarse una clasificación por mérito. En primer lugar (alguna tendría que abrir la lista), “La sal de la tierra” de Herbert Biberman, que vi en Paris a finales de los años 70 y que me conmovió hasta las lágrimas: la historia de la huelga de los mineros chicanos y de sus valientes mujeres me llegó hasta lo más profundo del espirito. Cito a continuación “Blade runner” de Ridley Scott, vista también en Paris en un pequeño cine del Quartier Latin poco tiempo después de su estreno mundial y que, en ese tiempo, no parecía prometer un gran futuro. Sobre “Amarcord” de Fellini, nadie nunca ha tenido dudas, ahí hay una obra maestra absoluta, para mí tal vez la mejor película del maestre italiano. Y ahora viene “La regla del juego” de Jean Renoir, que me deslumbró por el montaje impecable, por la dirección de actores, por el ritmo, por la finura, por el “tempo”, en definitiva. Y, para terminar, un filme que me acude a la memoria como si viniera de la primera noche de la historia de los cuentos al amor de la lumbre, Pat & Patachon “Don Quijote de la Mancha”*, aquellos sublimes (no exagero) actores daneses que me hicieron reír (tenía entonces seis o siete años) como ningún otro. Ni Chaplin, ni Buster Keaton, ni Harold Lloyd, ni Laurel e Hardy. Quien no haya visto a Pat & Patachon no sabe lo que se ha perdido…”
*N. de la T.: Versión rodada en España en 1926 y estrenada el 30 de noviembre. Rerefencia “De la Mancha a la pantalla” de Rafael de España, Editorial Publicacions i Edicions UB
Por José Saramago. 
Lecturas para el Verano de José Saramago.
“Con los primeros calores, ya se sabe, es fatal como el destino, periódicos y revistas, y alguna vez hasta una televisión de gustos excéntricos, le preguntan al autor de estas líneas qué libros recomendaría para leer durante el verano. He tratado de esquivar la respuesta siempre, porque considero la lectura una actividad suficientemente importante para que nos deba ocupar todo el año, éste en que estamos y todos los que vengan. Un día, ante la insistencia de un periodista empeñado que no dejaba de llamar a la puerta, decidí solventar la cuestión de una vez por todas, definiendo lo que entonces llamé mi “familia de espíritu”, en la que, no hace falta decirlo, adoptaría la figura del último de los primos. No fue una simple lista de nombres, cada uno llevaba su pequeña justificación para que mejor se entendiese la elección de los parientes. Incluí en los Cuadernos de Lanzarote la imagen final de “árbol genealógico” que me había atrevido a esbozar y la repito aquí para ilustración de los curiosos. En primer lugar estaba Camões porque, como escribí en El Año de la Muerte de Ricardo Reis, todos los caminos portugueses nos llevan a él. Seguían después el Padre António Vieira, porque la lengua portuguesa nunca fue más bella que cuando la escribió ese jesuita, Cervantes, porque sin el autor del Quijote la Península Ibérica sería una casa sin tejado, Montaigne, porque no necesitó de Freud para saber quien era, Voltaire, porque perdió las ilusiones sobre la humanidad y sobrevivió al disgusto, Raul Brandão, porque no es necesario ser un genio para escribir un libro genial, Húmus, Fernando Pessoa, porque la puerta por donde se llega a él es la puerta por donde se llega a Portugal (ya teníamos a Camões, pero todavía nos faltaba un Pessoa), Kafka, porque demostró que el hombre es un coleóptero, Eça de Queiroz, porque enseñó la ironía a los portugueses, Jorge Luis Borges, porque inventó la literatura virtual, y, finalmente, Gogol, porque contempló la vida humana y la encontró triste.
¿Qué tal? Me Permitirán ahora los lectores una sugerencia. Organicen también su lista, definan la “familia de espíritu” literario a la que más cercanos se sientan. Será una buena ocupación para una tarde en la playa o en el campo. O en casa, si el presupuesto no da para vacaciones este año”.
Por José Saramago 
Apariencias.
“Supongo que en el principio de los principios, antes de que hubiéramos inventado el habla, que es, como sabemos, la suprema creadora de incertidumbres, no nos atormentaría ninguna duda seria sobre quienes éramos y sobre nuestra relación personal y colectiva con el lugar en que nos encontrábamos. El mundo, obviamente, solo podía ser lo que nuestros ojos veían en cada momento, y también, como información complementaria no menos importante, lo que los restantes sentidos – el oído, el tacto, el olfato, el paladar – consiguiesen comprender de él. En esa hora inicial, el mundo era pura apariencia y pura superficie. La materia era simplemente áspera o lisa, amarga o dulce, ácida o insípida, sonora o silenciosa, con olor o sin olor. Todas las cosas eran lo que parecían ser por el simple motivo de que no había ninguna razón para que pareciesen y fuesen otra cosa. En aquellas antiquísimas eras no se nos pasaba por la cabeza que la materia fuese “porosa”. Hoy, sin embargo, aunque sabedores de que desde el último de los virus hasta el universo, no somos nada más que organizaciones de átomos y que en el interior, además de la masa que les es propia, aunque sobra espacio para el vacío (lo compacto absoluto no existe, todo es penetrable), seguimos, tal como hicieron nuestros antepasados de las cavernas, aprendiendo, identificando y reconociendo el mundo según la apariencia con que se nos presenta. Imagino que el espirito filosófico y el espirito científico, coincidentes en su origen, se habrán manifestado el día en que alguien tuvo la intuición de que esa apariencia, al mismo tiempo que imagen exterior captable por la consciencia y por ella utilizada, podía ser, también, una ilusión de los sentidos. Se bien es verdad que habitualmente se refiere más al mundo moral que al mundo físico, es de todos conocida la expresión popular en que esa intuición se plasma: “Las apariencias engañan.” Una ilusión, por tanto…”
Por José Saramago. 
Decimos.
“Decimos a los confusos, Conócete a ti mismo, como si conocerse a sí mismo no fuese la quinta y más difícil operación de las aritméticas humanas, decimos a los abúlicos, Querer es poder, como si las realidades atroces del mundo no se divirtieran invirtiendo todos los días la posición relativa de los verbos, decimos a los indecisos, Comenzar por el principio, como si ese principio fuese la punta siempre visible de un hilo mal enrollado del que bastase tirar y seguir tirando hasta llegar a la otra punta, la del final, y como si, entre la primera y la última, hubiéramos tenido siempre en las manos un hilo firme y continuo del que no ha sido necesario deshacer nudos ni desenredar marañas, cosa imposible que suceda en la vida de los ovillos, y, si se nos permite otra frase de efecto, en los ovillos de la vida”.
Por José Saramago.

Ateos.
Enfrentémonos a los hechos. Hace años (muchos ya), el famoso teólogo suizo Hans Küng escribió esta verdad: “Las religiones nunca han servido para aproximar a los seres humanos los unos a los otros”. Jamás se dijo nada tan verdadero. Aquí no se niega (seria absurdo pensarlo) el derecho que cada uno tiene de adoptar la religión que más le apetezca, desde las más conocidas a las menos frecuentadas, seguir sus preceptos o dogmas (cuando los haya), ni siquiera se cuestiona el recurso a la fe como justificación suprema y, por definición (como demasiado bien sabemos), cerrada al raciocinio más elemental. Es posible que la fe mueva montañas, no hay información de que tal haya sucedido alguna vez, pero eso no prueba nada, dado que Deus nunca ha estado dispuesto a experimentar sus poderes en ese tipo de operación geológica. Lo que sí sabemos es que las religiones no sólo no aproximan a los seres humanos, sino que viven, las religiones, en estado de permanente enemistad mutua, pese a todas las arengas pseudo ecuménicas que las conveniencias de unos y otros consideren provechosas por ocasionales y pasajeras razones tácticas. Las cosas son así desde que el mundo es mundo y no se ve ningún indicio de que vayan a cambiar. Salvo la obvia idea de que el planeta sería mucho más pacífico si todos fuésemos ateos. Claro que, siendo la naturaleza humana lo que es, no nos faltarían otros motivos para todos los desacuerdos posibles e imaginables, pero nos libertaríamos de esa idea infantil y ridícula de creer que nuestro dios es el mejor de los demás dioses que andan por ahí y de que el paraíso que nos espera es un hotel de cinco estrellas. Es más, creo que reinventaríamos la filosofía”.
Por José Saramago.

¿Qué?
“Las preguntas ¿Quién eres? o ¿Quién soy? tienen respuestas fáciles: uno cuenta su vida y así se presenta a los otros. La pregunta que no tiene respuesta se formula de otra manera: ¿Qué soy yo? No “quien”, sino “qué”. La persona que se haga esta pregunta se enfrentará a una página en blanco y lo peor es que no será capaz de escribir una sola palabra”.
Por José Saramago.

Libro.
“Estay dándole vueltas a un nuevo libro. Cuando, en medio de una conversación, dejo caer la noticia, la pregunta que me hacen es inevitable (mi sobrino Olmo me la hizo anoche): ¿y cuál será el título? La solución más cómoda para mí sería responder que todavía no lo tengo, que necesito llegar al final para decidir entre las posibilidades que se me vayan presentando (suponiendo que fuera así) durante el trabajo. Cómoda, sin duda alguna, pero falsa. La verdad es que aun no había sido escrita la primera línea del libro y yo ya sabía, desde casi tres años antes (cuando la idea surgió), como se iba a llamar. Alguien podría preguntar: ¿por qué ese secreto? Porque la palabra del título (es solo una palabra) contaría, por sí misma, toda la historia. Suelo decir que quien no tenga paciencia para leer mis libros, que pase los ojos al menos por los epígrafes porque así lo sabrá todo. No sé si el libro en que estoy trabajando llevará epígrafe. Talvez no. El título bastará”.
Por José Saramago.

Los 10 Libros más destacados de 2008. (EFE)
Las obras de escritores consagrados como José Saramago, Ana María Matute, Carlos Fuentes y Haruki Murakami se cruzaron con los “best Sellers” de Carlos Ruiz Zafón, Ken Follet, J.K. Rowling y Stephanie Meyer, en un año en el que el fenómeno de la serie “Millenium” irrumpió en las librerías. Estos son diez de los libros publicados en 2008 que han sido noticia. (20/12/2008 | Marisa Montiel – EFE).
“Paraíso inhabitado” (Destino).
Ana María Matute.
Tras ocho años de silencio literario, la escritora catalana regresa con una novela en la que recrea de forma magistral la infancia de una niña de la burguesía española, a la que la autora le ha prestado algo de su forma de ver el mundo en la niñez, su gran imaginación y el amor por los cuentos. La autora de Olvidado Rey Gudú reivindica en este libro, presentado esta misma semana, la infancia y el poder de la imaginación y de la magia como armas para afrontar la vida. Paraíso inhabitado podría considerarse la culminación de una larga trayectoria literaria.
“El viaje del elefante” (Alfaguara).
José Saramago.
Un hecho histórico casi increíble: el regalo de un elefante asiático, que a mediados del siglo XVI le hizo el Rey Juan III a su cuñado, el archiduque Maximiliano de Austria, y que obligó al paquidermo a viajar desde Lisboa a Viena, le da pie al gran escritor portugués a reflexionar sobre la condición humana en su nueva novela, la más imaginativa de las que ha publicado el Premio Nobel de Literatura 1998. Saramago derrocha “imaginación y capacidad inventiva” en su nueva novela, de 240 páginas, que llegó a los lectores en español, portugués y catalán tras el verano.
“Los hombres que no amaban a las mujeres” (Destino).
Stieg Larsson.
El fallecido escritor sueco ha alcanzado primeros puestos en España, Italia, Estados Unidos y Francia con las dos primeras entregas de su serie Millenium, protagonizadas por el periodista Mikael Blomkvist y la hacker Lisbeth Salander. Una mezcla apasionante de denuncia social e intrigas criminales, que se convirtió en el fenómeno editorial del año con este libro y con La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. El escritor tenía pensados 10 libros cuando murió pero solo terminó 3, que él no vio publicados.
“After dark”. (Tusquets).
Haruki Murakami.
Es la última novela de este japonés que se ha convertido en uno de los escritores más influyentes, traducido a 40 idiomas, y con una amplísima obra. Murakami, que suena desde hace años para el Nobel, construye en su última obra un juego poético que se mueve entre lo real y lo onírico. Un tiempo en el que se cruzan varias historias, como en cortes cinematográficos, y que se desvanecen al amanecer. Murakami vuelve a construir unas tramas cautivadoras sobre personajes solitarios que tienen encuentros o desencuentros accidentales, y en este caso es en medio de una ciudad, de noche.
“Cuentos esenciales”. (Mondadori).
Guy de Maupassant.
Una edición canónica, por fin, de los cuentos esenciales de esta gran escritor naturalista francés, con una traducción totalmente nueva. Este bello volumen, de más de 1.300 páginas, incluye el setenta por ciento de relatos inéditos con doce ilustraciones en color de Ana Juan que recoge el espíritu misterioso de este autor, gran narrador naturalista francés discípulo de Flaubert. Se trata de una traducción totalmente nueva de todos los cuentos de este célebre autor del siglo XIX. El libro tiene un total de 140 cuentos ordenados cronológicamente.
“La muerte de Amalia Sacerdote” (RBA).
Andrea Camilleri.
A sus 83 años, Andrea Camilleri dejó constancia en 2008 de su ilimitada capacidad de contar historias publicando en español tres libros en el espacio de pocas semanas. Con La muerte de Amalia Sacerdote ganó el II Premio Internacional de Novela Negra RBA; el autor siciliano se apartó del género con una deliciosa fábula, El beso de la sirena (Destino), y además desveló los secretos de la mafia en Vosotros no sabéis (Salamandra). En La muerte de Amalia Sacerdote, el autor, harto del comisario Montalbano, pone a sus lectores a investigar.
“La voluntad y la fortuna” (Alfaguara).
Carlos Fuentes.
Cincuenta años después de La región más transparente, Carlos Fuentes volvió a la Ciudad de México con La voluntad y la fortuna, para ofrecer un retrato desolador y amargo de la sociedad mexicana y de la política, narrado con “esa visión crítica” que, según el autor, debe tener todo novelista. El mexicano, que acaba de celebrar su 80 cumpleaños, vuelve a tocar un tema recurrente en su literatura: la forma en que los hombres luchan por la hegemonía. Fuentes prepara ya Aquiles, obra que cuenta la historia del guerrillero colombiano Carlos Pizarro León Gómez.
“El país del miedo” (Seix Barral).
Isaac Rosa.
Isaac Rosa llevó a sus lectores hasta El país del miedo, una inquietante novela en la que presentaba un catálogo de los temores compartidos que dominan las sociedades modernas y condicionan la vida de sus habitantes. Este libro surgió de la necesidad de hacer una reflexión sobre el miedo ambiental. Isaac Rosa se propuso identificar esos “miedos contemporáneos”, determinar su origen y establecer a quién benefician. Otra de los escritores de la nueva hornada, la aragonesa Cristina Grande, dio el salto este año a la novela con Naturaleza infiel (RBA).
“El juego del ángel” (Planeta).
Carlos Ruiz Zafón.
La última novela de Carlos Ruiz Zafón salió a la calle con un millón de ejemplares, una tirada inédita en España, que se quedó corta para atender la demanda de sus lectores. Coincidió en las listas de ventas con Un mundo sin fin (Plaza y Janés), de Ken Follet, que en noviembre había superado el millón y medio de ejemplares. Como ha insistido su autor, El juego del ángel “no es una precuela, no es una continuación de La sombra del viento”. El libro salió a la venta el 16 de abril, unos días más tarde se publicó en catalán y luego se ha publicado en más de 50 países, con 40 traducciones.
“Harry Potter y las reliquias de la muerte” (Salamadra).
J. K. Rowling.
El séptimo y último libro de la serie de novelas del popular mago, con el que Rowling cerró la serie que empezó diez años antes, se alzó al primer puesto de la literatura infantil y juvenil en España en 2008. En el esperado libro se desvelan las numerosas incógnitas pendientes sobre sus protagonistas, especialmente Harry, pues su 17º cumpleaños implica el fin del encantamiento protector que lo mantiene a salvo. Otra saga célebre, la tetralogía de los vampiros de la estadounidense Stephanie Meyer, llegó también a su fin con Amanecer (Alfaguara).
“El viaje del elefante” de José Saramago.
El nuevo libro de José Saramago, ‘El viaje del elefante’, mañana en las librerías.
Título: El viaje del elefante │Autor: José Saramago.│Editorial: Alfaguara │Temática: Novela. Fecha de publicación: 21/11/2008. │Traductora: Pilar del Río. │Páginas: 280. │ISBN: 978-84-204-7463-2 │Precio: 18,50 €
A mediados del siglo XVI el rey Juan III ofrece a su primo, el archiduque Maximiliano de Austria, un elefante asiático. Esta novela cuenta el viaje épico de ese elefante llamado Salomón que tuvo que recorrer Europa por caprichos reales y absurdas estrategias.
El viaje del elefante no es un libro histórico, es una combinación de hechos reales e inventados que nos hace sentir la realidad y la ficción como una unidad indisoluble, como algo propio de la gran literatura. Una reflexión sobre la humanidad en la que el humor y la ironía, marcas de la implacable lucidez del autor, se unen a la compasión con la que José Saramago observa las flaquezas humanas.
Escrita diez años después de la concesión del Premio Nobel, El viaje del elefante nos muestra a un Saramago en todo su esplendor literario.
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En Algún día │ Fragmento de “El viaje del elefante” de Saramago.
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