Algún día en alguna parte

In Memoriam: 50 años sin Dashiell Hammett.

Posted in Memorias by Alguien on 10 enero 2011

El 10 de enero de 1961, hace hoy medio siglo,  Dashiell Hammett moría en su Estados Unidos natal. En su haber tenía dos guerras, un valiente compromiso con la izquierda política a pesar de su paso por la mítica agencia de detectives Pinkerton -germen del FBI- y una mala salud de hierro macerada en alcohol pero, sobre todo, cinco novelas y dos libros de relatos con los que sentó las bases de un nuevo género: la novela negra.

Lo peor que le puede pasar a un sabueso es quedar fuera de circulación. Cuando aún era un cachorro, Dashiell Hammett se movía a sus anchas en las calles de su Maryland natal, donde tras abandonar el Politécnico, vendió periódicos, fue empleado del ferrocarril y estibador, hasta que el llamado del instinto lo hizo reclutarse como investigador de la Agencia de Detectives Pinkerton de Baltimore, empleo en el que, quizás, tuvo el primer contacto imaginario con Sam Spade o con Nick Charles, sus torvos alter egos de El halcón maltés y La llave de cristal. Sin embargo, la vida suele ensañarse con la vocación de los hombres libres y la guerra puso en pausa su aventurera profesión, y se alistó en el cuerpo de ambulancias y transportes de la American Field Service con cuartel en Francia. Ahí, el futuro novelista sufrió el revés de la fatalidad: contrajo tuberculosis, le endosaron una licencia médica y lo despacharon de vuelta a Estados Unidos.

Inmovilizado, o tal vez sea mejor decir, domeñado físicamente para seguir en la investigación de campo, el sabueso trabajó un año más en la Pinkerton y después probó fortuna como publicista de un joyero de San Francisco, pero aquel oficio era poco, demasiado poco para su espíritu merodeador, una energía que brotaba del apego a los bajos fondos y del gusto por desentrañar misterios y penetrar hasta el último rincón de los avernos delictivos, por lo que curado a medias de la tuberculosis, se prescribió a sí mismo un riguroso régimen de alcohol y en 1922, comenzó a escribir relatos policiacos para el magazín Black Mask, editado por Joseph Shaw, de los que surgiría su personaje favorito, el Agente de la Continental, un individuo sin nombre, bajo y mofletudo, entrenado para no caer en ninguna trampa afectiva, psicológica, sensual o emocional que pudiera perturbar o confundir su olfato, porque el mundillo violento y despiadado que Hammett concibió, era para puros canes desconfiados y correosos.

Desconfianza. Ese es el atributo esencial para sobrevivir en sus historias, monumentos a la fealdad, el complot y la traición, donde hasta el tipo más duro puede resbalar con una simple fullería o cualquier mujer hermosa puede llevar bajo la piel a una femme fatale o, peor aún, se puede amanecer en la cama de un hotel de quinta clase con un tiro en la frente o veinte puñaladas en el cuello o la barriga, hasta que esa muerte que no es pero podría ser nuestra, sea aclarada por el cochambroso detective que fuma y bebe, observa, inquiere, anota, busca, allana, profana y compromete, porque el deber es lo único inquebrabantable en ese espacio que inspira suspicacias. Quizá es por ello que Raymond Chandler dijo que la obra de Dashiell Hammett reveló las mefíticas pero protectoras posibilidades de la duda, ya que si nos apegamos al saludable ejercicio de la sospecha, podríamos descubrir los secretos de la gente que nos rodea, la más agresiva, la más pasiva o insignificante, pues nadie sabe, a ciencia cierta, lo que hay debajo de la máscara social. Lo dijo así, en uno de sus ensayos sobre la novela negra en El simple arte de matar: “el realista de esta rama literaria escribe sobre un mundo en que los pistoleros pueden gobernar naciones y casi gobernar ciudades, en el que los hoteles, casas de apartamentos y célebres restaurantes son propiedad de hombres que hicieron su dinero regentando burdeles; en el que un astro cinematográfico puede ser el jefe de una pandilla, y en el que ese hombre simpático que vive dos puertas más allá en el mismo piso, es el jefe de una banda de controladores de apuestas; un mundo en el que un juez con una bodega repleta de bebidas de contrabando puede enviar a la cárcel a un hombre por tener una botella de un litro en el bolsillo; en que el alto cargo municipal puede haber tolerado el asesinato como instrumento para ganar dinero, en el que ninguno puede caminar tranquilo por una calle oscura, porque la ley y el orden son cosas sobre las cuales hablamos, pero nos abstenemos de practicar; un mundo en el que uno puede presenciar un atraco a plena luz del día, y ver quién lo comete, pero retroceder inmediatamente a segundo plano, entre la gente, en lugar de decírselo a nadie, porque los atracadores pueden tener amigos de pistolas largas, o a la policía no gustarle las declaraciones de uno, y de cualquier manera el picapleitos de la defensa podrá insultarle y zarandearle a uno ante el tribunal, en público, frente a un jurado de retrasados mentales, sin que un juez político haga algo más que un ademán superficial para impedirlo”. Mejor definición de la obra de Hammett, ninguna, pues basta con internarse en sus novelas, sea Cosecha roja (1929), La maldición de los Dain (1929), El halcón maltés (1930), La llave de cristal (1931) o El hombre delgado (1934), para reconocer que en aquellos territorios que nos remiten al universo cotidiano, la ley y el orden efectivamente brillan por su ausencia, y que los personajes (como nosotros en la vida diaria), se ocupan de mantener la cabeza a flote para no ahogarse en la marea.

Cosecha roja o la revelación de que el infierno no tiene límites poblacionales ni fronteras. El Agente de la Continental llega a Personville, mejor conocida como Poisonville (“Villa Veneno”), para esclarecer un homicidio en el que prácticamente está implicado todo el pueblo; La maldición de los Dain, donde el mismo detective investiga un robo de diamantes, entabla un duelo intelectual con el escritor Fitzstephan, combate a un hombre de nariz larga y otros matones de ínfima ralea, y descifra el anatema de familia, donde el padre esconde esqueletos en el clóset y la hija está implicada en líos de drogas y cultos siniestros; El halcón maltés, el título más célebre pero no el mejor de Hammett, gracias a la adaptación que John Huston realizó en 1941 con Humphrey Bogart en el papel de Sam Spade y Mary Astor en el rol de Brigid O’Shaughnessy, donde un legendario cernícalo cubierto de diamantes, es el objeto de discordia de un puñado de codiciosos y asesinos; La llave de cristal o las peripecias del jugador y estafador Ned Beaumont, que opera uno de los bandos de las pandillas en conflicto, y El hombre delgado, donde a través de la torcida relación del detective Nick Charles con su joven e inteligente esposa Nora (según los críticos, una alegoría de la relación de Hammett con Lillian Hellman), el crimen se entreteje con la tribu de los Wynant, la familia más grotesca de todos sus relatos.

A Dashiell Hammett le suelen escamotear la significación y trascendencia en la literatura norteamericana, a pesar de la indudable crítica social que revisten sus historias (recordemos que se sitúan en pleno Crack del 29 y en la época de la prohibición), quizá porque escribía sin ambages ni abalorios o porque su mirada era absolutamente descarnada: sus criaturas solían carecer de cualidades, sólo eran cáscaras humanas cuyas esencias estaban a flor de piel, en los rostros o en las encías, en las orejas, los dientes, el abdomen, la nariz o los mentones, por lo que sus héroes debían echar mano de una frenológica intuición para determinar quién o quiénes eran aliados o enemigos, aunque algunas veces caían en el engaño, y la fábula se engarzaba en una espiral de impensados desenlaces.

En 1946, el sabueso ingresó al Congreso Nacional de los Derechos Civiles de Nueva York, de ideas afines a la izquierda. Tres años más tarde, el macarthismo puso a sus miembros en la mira y Hammett fue encarcelado en 1951 al negarse a proporcionar información. ¿Y cómo iba a hacerlo, si una de sus frases emblemáticas dicta que “no es tan sencillo decir la verdad, cuando se ha perdido la costumbre”?

Destruido por el alcohol y minado por la tuberculosis y el tabaco, Dahiell Hammett abandonó la escritura poco después de publicar El hombre delgado. Lillian Hellman lo padeció hasta su muerte, el 10 de enero de 1961, en el Hospital Lennox Hill de Nueva York. El último suspiro, tal vez, le hizo recordar aquella escena de La maldición de los Dain, donde sus alter egos, el detective y el novelista, se reprochan uno a otro el modo en que se ganan (o despilfarran) la vida, pues la paga, como siempre, es lamentable:

—Pero… ¿es posible que viviendo como vives de husmear en las vidas ajenas, estés burlándote de la curiosidad que la gente me inspira y mis desvelos por satisfacerla?

—Somos diferentes —le contesté. —Mi trabajo tiene por finalidad meter a la gente en la cárcel; y me pagan por ello, aunque no tanto como debieran.

—No veo la diferencia. El mío tiene por objeto encerrar a la gente en un libro, y por eso me pagan, aunque no tanto como debieran.

—Sí, ¿pero de qué sirve eso?

—Dios lo sabe. ¿Para qué sirve meter a la gente en la cárcel?

—Alivia la congestión —dije. —Si metieran en la cárcel a una cantidad suficiente de personas, no existirían problemas de circulación en las calles.

Circulación. Movilidad. Acción. Desde la parálisis prematura de 1922, Dashiell Hammett conjuró la maldición de los sabuesos combatiendo con la máquina de escribir, pero ahí los guetos se ensancharon y poco a poco descubrió que, como en el infierno, los monstruos suelen desbordarse en ese limbo que no por imaginario deja de ser tan parecido, demencialmente parecido al mundo real.

La maldición de los sabuesos. Texto: Iván Ríos Gascón. Publicado en Suplemento Laberinto. Diario Milenio. 08.01.2011

120 años del nacimiento de Agatha Christie.

Posted in Memorias by Alguien on 15 septiembre 2010

El 15 de septiembre de 2010 el mundo celebra el 120 aniversario del nacimiento de la Reina de la novela policíaca, Agatha Christie.

In Memoriam.

En Algún Día: Agatha Christie: 117 años de Misterio.

In Memoriam: Ochenta años sin Arthur Conan Doyle.

Posted in Memorias by Alguien on 7 julio 2010

El escritor Arthur Conan Doyle, padre de Sherlock Holmes, el primer gran detective de la novela negra, murió el 7 de julio de 1930, y para conmemorar el 80 aniversario de esa muerte, la editorial RBA publica en una edición especial las cuatro novelas fundacionales del famoso personaje: “Estudio en Escarlata“, “El signo de los cuatro“, “El sabueso de los Baskerville” y “El valle del terrorson las novelas con las que Doyle revolucionó el género criminal y que aparecen ahora reunidas en un solo volumen.

Nacido el 22 de mayo de 1859 en Edimburgo (Escocia), Conan Doyle ha pasado a los anales de la historia de la literatura por haber dado vida al inmortal investigador, todo un icono de la cultura popular. El escritor reconoció que el mítico personaje estaba totalmente inspirado en un profesor de Medicina de la universidad, llamado Joseph Bell House, cuyas increíbles habilidades analíticas para describir la causa de la muerte con sólo un vistazo al cadáver convirtieron en famosas y multitudinarias sus clases.

Además de esas cuatro novelas, Conan Doyle publicó 56 relatos cortos sobre las aventuras de Holmes y su inseparable y fiel amigo, el doctor Watson. El metódico investigador que siempre dejaba en evidencia a Scotland Yard alcanzó tanta celebridad, que ensombreció la fama del propio Conan Doyle. El escritor ya nunca pudo librarse de su detective, a pesar de haber creado otros personajes.

El autor escocés se acabó cansando del personaje, que le robaba tiempo para sus novelas históricas o para sus libros de ciencia ficción protagonizados por el profesor Challenger. “Estoy pensando en dar muerte a Holmes y acabar con él para siempre. No me deja pensar en mejores cosas”, decía el novelista en una carta enviada en 1891 a su madre. La amenaza se cumplió en 1893, cuando decidió liquidar a Holmes y su archienemigo, el profesor Moriarti, apodado el “Napoleón del crimen“, en “El problema final“. La presión de los lectores fue tal que Conan Doyle tuvo que resucitar a Sherlock Holmes en “El sabueso de los Baskerville” (1902).

De padre alcohólico y madre lectora, Arthur Conan Doyle fue también médico, portero de fútbol, golfista, jugador de cricket y frustrado aspirante a diputado. El escritor murió en Inglaterra el 7 de julio de 1930, después de dilapidar su fortuna en su obsesión por el ocultismo y las ciencias esotéricas.

Fuente│ EFE.

Semana de Novela Negra en Barcelona. BCNegra 2010.

Posted in Andanzas by Alguien on 1 febrero 2010

El 2009 ha sido sin duda el año del fenómeno Larsson. La trilogía que lamentablemente Stieg Larsson no llegó a ver publicada se ha convertido en la historia de la temporada. Las desventuras de Lisbeth Salander y Michael Blomkvist han conquistado los ratos de ocio de multitud de lectores y lectoras, y el género negrocriminal, del que el novelista sueco era un entusiasta lector, está de moda, si aún podía estarlo más…

Este año, en la quinta edición del BCNegra, disfrutaremos de un grupo de novelistas negrocriminales que tratan de profundizar en la realidad y recorrer los lugares comunes y las verdades de cartón piedra para revelarnos todas las astillas de la condición humana. Desde Estados Unidos hasta Finlandia, pasando por Dinamarca e Irlanda, los autores y autoras tendrán en Barcelona un lugar donde encontrarse con sus lectores y lectoras, para cerrar de este modo el acto creativo que ellos mismos pusieron en marcha.

En el programa de este año recordaremos el pasado con un homenaje al gran editor y novelista Mario Lacruz, nos uniremos a las celebraciones del centenario de la CNT y repasaremos el cine que en los grises años sesenta se rodaba en Barcelona, con una primera colaboración con la Filmoteca de Catalunya que seguirá en próximas ediciones. Es el inicio de una larga amistad. Recibiremos a Ian Rankin, flamante premio Pepe Carvalho del 2010, y hablaremos de la nebulosa Escocia desde Barcelona, luminosa capital del Mediterráneo. Don Winslow, John Connolly, Paco Ignacio Taibo II, Asa Larsson y Arnaldur Indridason son algunos del resto de invitados internacionales que acudirán al encuentro, que también reunirá a muchos de los escritores y escritoras de este género en el Estado español.

Tal y como venimos diciendo año tras año, si es febrero y se habla de narrativa negrocriminal, solo podemos encontrarnos en Barcelona. Este es nuestro momento. Pasen, escuchen, interroguen y, sobre todo…, lean.

Sitio Oficial │ BCNEGRA – Institut de Cultura de Barcelona.
Programa 2010. BCNNEGRA. Castellano (PDF)

Revista Serie Negra de RBA.

Posted in Andanzas by Alguien on 20 diciembre 2009

La editorial RBA ha puesto en marcha una web (http://serienegra.es/) dedicada al género de la novela negra. A instancias de la editora Anike Lapointe, RBA creó en 2001 la colección Serie Negra, un ambicioso sello con un nombre que era un indisimulado homenaje a la Série Noire, de la editorial francesa Gallimard.

“El primer libro que publicamos fue Black and Blue de Ian Rankin. Ahora casi diez años más tarde, con más de 120 títulos publicados y un Premio Internacional de Novela Negra, hemos decidido seguir adelante con nuestra apuesta y poner en marcha una web dedicada sólo al género.

Serie Negra será una web viva, que se irá enriqueciendo semana a semana con la ayuda de todos. Seleccionaremos la mejor información sobre los principales autores y títulos del género, ya sean clásicos o actuales, incluiremos las críticas más destacadas que han recibido cada uno de ellos, las noticias más relevantes de interés para el lector, las entrevistas más curiosas, los enlaces más recomendables de la web, todo sobre festivales de novela y cine negro, la programación televisiva y cinematográfica especializada, así como reportajes especiales dedicados a los apasionados de la novela negra. Todo ello trufado de las opiniones de lectores, libreros y editores que quieran participar en este proyecto”.

Anik Lapointe, editora.

Sitio Oficial:  www.serienegra.es

Todo Marlowe. Raymond Chandler.

Posted in Libros by Alguien on 1 diciembre 2009

Todo Marlowe. Chandler, Raymond. RBA Libros. Serie Negra. Barcelona, 2009. 1392 páginas, 35 euros.

Las siete novelas protagonizadas por el detective Philip Marlowe, un referente de la literatura y el cine del siglo XX, han sido reunidas en español por primera vez en un solo volumen que se publica coincidiendo con el cincuenta aniversario de la muerte de su creador, Raymond Chandler.

“Me había puesto el traje azul añil, con camisa azul marino, corbata y pañuelo a juego en el bolsillo del pecho, zapatos negros, calcetines negros de lana con dibujos laterales de color azul marino. Iba bien arreglado, limpio, afeitado y sobrio, y no me importaba nada que lo notase todo el mundo. Era sin duda lo que debe ser un detective privado bien vestido. Me disponía a visitar a cuatro millones de dólares”.

Así se presenta al lector Philip Marlowe en su primer papel como protagonista de una novela en “El sueño eterno“, publicada hace setenta años y que abre “Todo Marlowe“, un volumen de casi mil 400 páginas que la editorial RBA acaba de publicar en España y América Latina, coincidiendo además con el 75 aniversario del nacimiento del célebre detective en el relato “El confidente”.

En las primeras páginas de “El sueño eterno” aparece ya el personaje cínico, ácido, incorruptible, irónico y cautivador que sedujo a los lectores y también a los espectadores de la gran pantalla en las diversas adaptaciones cinematográficas que se hicieron de sus aventuras.

El mismo personaje a quien en “El confidente” el propietario de un garito de juego le dice: “Creo que es usted un poli, un poli listo”. Y él responde: “No, soy detective. Y no demasiado listo. No se deje engañar por mi cara de astuto. Es cosa de familia”.

Los diálogos memorables fueron una seña de identidad de Raymond Chandler (Chicago, 1888-La Jolla, California, 1959), junto con los tipos duros y las mujeres peligrosas que protagonizaron sus tramas redondas. Eran personajes que se movían en una sociedad putrefacta dominada por la ambición y el dinero, donde el crimen estaba a la orden del día.

Y, en medio de esa degradación moral, Chandler situó a su insobornable alter ego, una especie de Don Quijote que cabalga por la Norteamérica de los años treinta y cuarenta, y al que confió el papel de narrador de sus historias.

Marlowe protagonizó siete novelas durante quince intensos años de publicación. Chandler tenía 51 años cuando publicó su primera novela, “El sueño eterno” (The Big Sleep, en 1939). Después llegarían “Adiós, muñeca” (Farewell, My Lovely, 1940), “La ventana alta” (The High Window, 1942), “La dama del lago” (The Lady in the Lake, 1943), “La hermana pequeña”, (The Little Sister, 1949), “El largo adiós” (The Long Goodbye, 1954), “Playback” (1958) y la inconclusa “Poodle Springs” (1959), que fue rematada por su admirador Robert B. Parker.

Además de “El confidente”, el volumen editado por RBA incluye otro relato, “El lápiz”, que fue publicado dos años después de la muerte de Chandler.

El escritor quiso que su detective fuera encarnado por Cary Grant en su primera adaptación cinematográfica, pero fue Humphrey Bogart quien finalmente lo interpretó en la adaptación de “El sueño eterno” dirigida por Howard Hawks en 1946, con Lauren Bacall en el recordado papel de mujer fatal.

Años después, en 1978, fue Robert Mitchum quien tomó el relevo de Bogart en una nueva versión realizada por Michael Winner. El actor estadounidense repetía por entonces ese personaje, ya que en 1975 protagonizó “Adiós muñeca“, de Dick Richards. A Marlowe también lo encarnaron otros actores como Dick Powell, George Montgomery, Robert Montgomery, James Garner, Elliot Gould y James Caan, el más reciente (“Poodle Springs“, 1998), quienes insuflaron al papel las necesarias dosis de humanidad y hasta cierta ternura.

El autor tenía una idea clara sobre su personaje: “Por estas calles mezquinas ha de pasar un hombre, que no es mezquino ni está corroído ni tiene miedo. Él es el héroe, es todo. Tiene que ser un hombre completo y un hombre común, sin embargo, poco usual”.

Ficha del Libro│ Editorial RBA.

II Festival de Novela Policiaca de Madrid. Getafe Negro 2009.

Posted in Andanzas by Alguien on 19 octubre 2009

Del 19 al 25 de Octubre de 2009.

La II edición de Getafe Negro es un encuentro cultural que acercará con el inicio del otoño nuevos temas y las mejores firmas de la novela negra, policiaca y de misterio en España y el mundo.

Getafe Negro contará con tres ejes literarios: se hablará del género negro escandinavo; se analizará El Mal como tema de análisis recurrente en la novela negra y policiaca y se dará la palabra a los policías que escriben, agentes de la Ley que se han pasado al punto de vista del escritor.

El festival contará con la presencia de escritores suecos como Maj Sjöwall, pionera de la novela negra en Europa, Jens Lapidus y Mari Junsgstedt, renovadores de la novela negra, hablarán sobre el género en sendas mesas de debate.

Además, un cara a cara entre dos figuras relevantes de la literatura española, Alicia Giménez Bartlett y Jorge Martínez Reverte. Ambos escritores cruzarán palabras, obras, personajes y motivos narrativos para hablar de las relaciones literarias entre los dos grandes escenarios de la novela negra española: Madrid y Barcelona

Mesas redondas, presentaciones de novedades editoriales, encuentros, cine negro, teatro, exposiciones, actividades para niños y jóvenes, talleres de relato policial y otras propuestas, sin olvidar la novedosa participación de  las bibliotecas, completan el programa de un Getafe Negro 2009 que viene cargado de talento y crímenes.

Descargar programa completo (PDF)
Sitio Oficial: Getafe Negro.

El rostro de las portadas de Millennium.

Posted in Artículos by Alguien on 3 julio 2009

Tamara Villoslada jamás pensó que su rostro vendería libros. Gino Rubert, autor de las portadas de la edición española de Millennium, de Stieg Larsson, la dibujó cuando eran pareja. Hoy su imagen forra las librerías de todo el país.

La cara de los dos millones de copias. Texto: Gabriela Wiener. El Pais.com.  03.07.2009.

Hace unos años, en un barrio residencial de Suecia, encerrado en una habitación con un ordenador, poniéndose hasta las cejas de comida chatarra, en la quinta taza de café y por el cuarto paquete de Marlboro, Stieg Larsson soñaba y se enamoraba de una chica andrógina y bisexual, pequeña, casi escuálida, tatuada y llena de piercings. En Barcelona, otro hombre soñaba y se enamoraba también de una mujer muy delgada, pero de largos cabellos que crecían mágicamente como raíces.

La primera se llama Lisbeth Salander y es la heroína creada por Larsson para su saga policial y best seller póstumo Millennium, que se compone de tres libros de nombres interminables: Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire. La segunda es Tamara Villoslada, la artista argentina cuyo rostro ilustra las tres cubiertas de la edición española y entonces pareja del pintor catalán Gino Rubert. Cuando, en 2007, la editorial Destino le hizo el encargo por una modesta cantidad, nadie podía prever que sus cuadros -que parten de fotografías que luego él transfigura- iban a estar pronto en las paredes del metro, en los supermercados, en los aeropuertos, omnipresente en las tapas de los dos millones de ejemplares que lleva despachados en España.

Arte y amor no siempre mezclan bien. La combinación puede tener una fuerza depredadora y criminal. Stieg Larsson terminó tres novelas frenéticamente y esto probablemente le afectó. El escritor sueco nunca se casó con Eva Gabrielsson -con la que vivió los últimos 30 años- para protegerla de los peligros de estar vinculada a alguien que investigaba los movimientos de la extrema derecha de su país, pero no haciéndolo la dejó más desprotegida que nunca. Murió de repente y no dejó testamento. Los herederos legales, su padre y su hermano, no quieren darle un duro.

El arte puede hacer otras cosas raras. Un día, su tío y mentor le dijo a Gino: “Ten cuidado con lo que pintas, que se puede hacer realidad“. Y es que no ha hecho otra cosa que pintar a la mujer de sus fantasías “dominante, lista, audaz, seductora, fetichista, perversa…, siempre en brazos de hombres reducidos, enfermizos y sumisos” y a veces ha tenido que ver cómo, de pronto, cobraba vida: “Efectivamente, el arte asusta un poco”. En la portada del segundo libro de la trilogía, Gino fue borrado con Photoshop de la ilustración original, en la que aparecían juntos. La editorial sólo quería a su criatura femenina de profundos ojos que evocaba a Salander. Y fue eso lo que quedó. En las tres portadas sólo aparece ella. Para cuando el boom de Larsson estalló y su rostro empapeló las calles españolas, Tamara Villoslada ya era la ex.

A Gino le preocupa un poco ser etiquetado como “el pintor de las cubiertas de Larsson“. Mientras, a Tamara las portadas no le han cambiado la vida. La argentina, también ilustradora profesional, dice que verse como tapa no le ha inflado el ego: “Sigo viéndome dentro de una obra de Gino. A veces me miro bien y me pregunto qué pinto ahí”. Tamara sabe que es parte del juego de realidad y ficción de la novela. No han faltado en su ciudad reportajes del tipo “Lisbeth Salander es argentina” y algún fan acérrimo de Larsson le ha pedido un autógrafo. Ella, que no sueña con una cerilla y un bidón de gasolina, admite sentir cierta afinidad con Salander. “En la vida real me identifico más con esa fragilidad disfrazada de dureza de Lisbeth que con las mujeres más dominantes y manipuladoras de Gino”.

Rubert, por su parte, cree que entre sus personajes femeninos y masculinos no hay rivalidad, sino complicidad, incluso en la tortura. Basta ver la portada del primer libro, en que la mujer aparece atada, pero casi sonriente: “Me interesa la ambigüedad, la confusión entre un cuerpo que te habla de sumisión y dolor y un rostro que te habla de altivez y autosuficiencia”.

Hay gente que cuando acaba una relación quema la foto de su ex. Pero como si la realidad fuera un cuadro de Gino Rubert, una de sus pesadillas surrealistas, Larsson ha conseguido que la cara del antiguo amor del pintor se multiplique ad infinitum. De alguna manera, la clave de esta trilogía, y quizá el sentido de su éxito, está en “lo inquietante, lo siniestro y lo extraño”, como señala Rubert, que rodean las relaciones entre hombres y mujeres, tanto los que aman como los que no, los que maltratan o los que no, un abismo insondable al que el arte se sigue asomando.

Gino Rubert (http://www.ginorubert.com/) expondrá en enero en la galerías Senda (Barcelona) y Michael Haas (Berlín). Tamara Villoslada (http://www.tamarindous.com/) expone actualmente en la Mite de Buenos Aires.

En Algún Día: Stieg Larsson.

Millennium. La trilogía que sí aman los lectores.

Posted in Libros by Alguien on 17 junio 2009

La tercera parte de la trilogía Millennium, “La Reina en el palacio de las corrientes de aire” concebida por el periodista y escritor sueco Stieg Larsson, sale mañana Jueves 18 de Junio a la venta en España, editada por Destino, con una tirada inicial de 500.000 ejemplares, después de doce meses absolutamente triunfales. Se cierra el ciclo.

Especial Stieg Larsson y Trilogía Millennium – La Vanguardia.

En Algún Día: Stieg Larsson.

La Reina en el palacio de las corrientes de aire. Portada.

Posted in Libros by Alguien on 20 mayo 2009

In Memoriam: 50 años sin Raymond Chandler.

Posted in Memorias by Alguien on 26 marzo 2009

Hoy, 26 de Marzo de 2009, se cumplen 50 años de la muerte de Raymond Chandler, autor legendario de la novela negra estadounidense, cuya influencia se extendió al campo cinematográfico gracias al detective privado Philip Marlowe, interpretado, entre otros, por Humphrey Bogart o Robert Mitchum.

Si la literatura ha dado inolvidables personajes de ese estilo, Philip Marlowe se encuentra en el olimpo de los más recordados, junto al Sam Spade de Dashiell Hammett, el Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan-Doyle y el Hércules Poirot de Agatha Christie.

Marlowe, uno de los primeros grandes antihéroes de EEUU, resulta irónico, cínico y bruto a la par que encantador, todo un arquetipo de la masculinidad. “Hizo que la corrupción y el vicio fueran extremadamente atractivos“, sostiene el periódico Los Angeles Times.

Chandler tenía 51 años cuando publicó su primera novela, “El sueño eterno” (The Big Sleep, en 1939). Después llegarían “Adiós, muñeca” (Farewell, My Lovely, 1940), “La ventana alta” (The High Window, 1942), “La dama del lago” (The Lady in the Lake, 1943), “La hermana pequeña”, (The Little Sister, 1949), “El largo adiós” (The Long Goodbye, 1954), “Playback” (1958) y la inconclusa “Poodle Springs” (1959), que fue rematada por su admirador Robert B. Parker.

Todas ellas con Marlowe como protagonista y como extensión sobre el papel de su propio autor.

La primera adaptación al cine de “El sueño eterno” fue el clásico del cine negro dirigido por Howard Hawks en 1946, con Bogart en la piel del detective y Lauren Bacall como la perfecta “femme fatale“.

“Eran aproximadamente las once de la mañana de un mediados de octubre sin sol y con una copiosa lluvia en la claridad al pie de las sierras. Llevaba yo mi traje azul pólvora, camisa azul oscura, corbata y un pañuelo desplegado, zapatos gruesos y negros, medias negras de lana, con cuadrados azul oscuro. Estaba yo pulcro, limpio, afeitado y sobrio y me importaba muy poco quien lo supiera. Era en todo el detective privado tal cual debe ser. Iba a pedir cuatro millones de dólares. “ (Fragmento de “El sueño eterno”)

Años después, en 1978, fue Robert Mitchum quien tomó el relevo de Bogart en una nueva versión realizada por Michael Winner. El actor estadounidense repetía por entonces ese personaje, ya que en 1975 protagonizó “Adiós muñeca“, de Dick Richards.

“Habían puesto a Rembrandt en el almanaque ese año, un autorretrato más bien grasoso debido a la impresión imperfecta de los colores. Lo mostraba sosteniendo una paleta engrasada con un pulgar sucio, y con una camisa que no parecía muy limpia tampoco. La otra mano tenía un pincel suspendido en el aire, como si estuviera pensando en hacer un trabajito, si alguien se lo pagaba por adelantado. El rostro se veía envejecido, flojo, lleno de disgusto por la vida y de los efectos engrosadores de la bebida. Pero tenía una dura alegría que me gustaba, y los ojos eran tan brillantes como gotas de rocío ” (Fragmento de “Adiós muñeca”)

A Marlowe también lo encarnaron otros actores como Dick Powell, George Montgomery, Robert Montgomery, James Garner, Elliot Gould y James Caan, el más reciente (“Poodle Springs“, 1998), quienes insuflaron al papel las necesarias dosis de humanidad y hasta cierta ternura.

Además Chandler redactó más de veinte relatos cortos detectivescos -los primeros fueron publicados en las revistas “pulp” Black Mask y Dime Detective- así como un par de ensayos de relumbrón, sobre todo “The Simple Art of Murder“, donde nació la expresión “mean streets” (“malas calles”), usada por Martin Scorsese en una de sus primeras películas.

El cine, no obstante, fue siempre objeto de deseo para Chandler, quien colaboró en los guiones de “Perdición” (Double Indemnity, 1944) de Billy Wilder, y “Extraños en un tren” (Strangers on a Train, 1951), de Alfred Hitchcock, basada en la novela de Patricia Highsmith.

El único libreto que redactó por sí mismo fue el de la cinta “La dalia azul” (The Blue Dahlia, 1946), con Alan Ladd y Veronica Lake, por la que fue candidato al Óscar.

Chandler, nacido en Chicago (Illinois) en 1888, se casó en 1924 con Cissy Hurlbut, una mujer 18 años mayor que él con la que había comenzado una relación cinco años antes, cuando ésta estaba casada, y con la que nunca tuvo hijos. Tras la muerte de Cissy en 1954, el novelista emprendió un descenso a los infiernos ahogado en alcohol, que le llevó a varios intentos de suicidio.

“Es un hombre relativamente pobre, pues de lo contrario no sería detective. Es un hombre común, pues de lo contrario no viviría entre gente común. Tiene un cierto conocimiento del carácter ajeno, o no conocería su trabajo. No acepta con deshonestidad el dinero de nadie ni la insolencia de nadie sin la correspondiente y desapasionada venganza. Es un hombre solitario, y su orgullo consiste en que uno le trate como a un hombre orgulloso o tenga que lamentar haberle conocido. Habla como habla el hombre de su época, es decir, con tosco ingenio, con un vivaz sentimiento de lo grotesco, con repugnancia por los fingimientos y con desprecio por la mezquindad. El relato es la aventura de este hombre en busca de una verdad oculta, y no sería una aventura si no le ocurriera a un hombre adecuado para las aventuras. Tiene una amplitud de conciencia que le asombra a uno, pero que le pertenece por derecho propio, porque pertenece al mundo en que vive. Si hubiera bastantes hombres como él, creo que el mundo sería un lugar muy seguro en el que vivir, y sin embargo no demasiado aburrido como para que no valiera la pena habitar en él. (Fragmento de “El simple arte de matar”)

Cuando murió en San Diego (California) el 26 de marzo de 1959, a los 70 años, dejó todo su patrimonio – 60.000 dólares y los futuros ingresos por derechos de autor- a su amiga y agente literaria, Helga Greene.

En las novelas de Chandler, además de sus personajes, el contexto cobra una gran importancia. Sus personajes se desenvuelven en un hábitat que el escritor conocía muy bien: Los Ángeles, una ciudad tan brillante en su exterior como vacía en su interior, según la novelista Judith Freeman, autora de “The Long Embrace: Raymond Chandler and the Woman He Loved“.

En ese libro Freeman sostiene que Chandler describió a la perfección “la soledad estadounidense“, retratada en esa ciudad californiana por “gente abandonada en el paraíso, entre la abundancia y la riqueza extrema”, como policías al margen de la ley, médicos drogadictos, matones ingenuos y millonarias con la intención de engrosar, de cualquier forma, su patrimonio.

Fuente EFE.

Novela Policiaca.

Posted in Artículos by Alguien on 20 febrero 2009

Acorde con los tiempos de crisis y violencia que sufrimos, la novela policiaca está más de moda que nunca, cuantitativa y cualitativamente hablando. La cosecha literaria es abrumadora, al punto que, según los editores, uno de cada cuatro libros que se venden en España es una novela negra. De Poe a Carlos Salem, El Cultural repasa los grandes hitos de un género considerado hasta hace poco menor y que hoy reivindican los autores más destacados. Además, enfrentamos en un cara a cara singular a cuatro grandes damas del misterio: Sue Grafton, Donna Leon, Alicia Giménez Bartlett y Mercedes Castro.

 

Cosecha  Negra. Texto: David Torres. El Cultural.es – 20.02.2009.

 

En diciembre de 1841, Edgar Allan Poe (Boston, 1809-Baltimore, 1949) publicó en la revista “Graham´s MagazineLos crímenes de la rue Le Morgue, el relato donde dio carta de ciudadanía a Auguste Dupin, el abuelo de todos los detectives, un tipo elegante, irónico y frío que mediante un impecable análisis deductivo descubrió que los brutales asesinatos habían sido obra de un orangután enloquecido armado con una navaja.

 

Poe fue el Homero del género policíaco: su detective no sólo era un diletante de monstruosa inteligencia que se burlaba de la policía sino que también contaba, para narrar sus aventuras, con un interlocutor no tan despierto. Arthur Conan Doyle (Edimburgo, 1859, Crowborough, Sussex, 1930) elevó la fórmula a su máxima perfección con la invención de Sherlock Holmes y Watson (uno de los binomios míticos de la literatura) y llevó al extremo la arrogancia intelectual del detective revistiéndolo de una lupa, una gorra y una pipa.

 

Muchos y variopintos han sido los homenajes que, desde los libros, el cine y la televisión, se han hecho al inquilino misántropo y morfinómano de Baker Street 221B (el penúltimo de ellos es médico, adicto a las pastillas y toca el piano en lugar del violín), pero la prole literaria del personaje alcanzó sus momentos más altos en la figura del padre Brown, el inolvidable y bonachón sacerdote ideado por G. K. Chesterton (Londres, 1874-1936), y del pedante y rollizo Hercules Poirot, el detective belga obra de Agatha Christie.

 

Ambos llevan hasta el paroxismo las situaciones rocambolescas, los misterios imposibles y los razonamientos acrobáticos que desembocan en una solución asombrosa y cristalina. En las manos de estos artífices, el crimen se convierte en un juego de salón, un pasatiempo especulativo que por lógica debía desembocar en el más difícil todavía. Jorge Luis Borges (que usó algunos trucos del género en algunos de sus relatos) se juntó con Adolfo Bioy Casares para pasárselo en grande con don Isidro Parodi, un recluso que solucionaba enigmas irresolubles sin moverse de la celda donde estaba preso.

 

La misma voluntad de parodia y vasallaje anima las creaciones del escocés Michael Innes (1906-1994), cuyo inspector Appleby siempre riza el rizo de la paradoja. Dicho de otro modo, nacido en los Estados Unidos, el género se trasplantó a Gran Bretaña y allí floreció, madurando entre tazas de té, crucigramas y humo de pipa. Pero en el regreso a la tierra natal, el policíaco se oscureció, adquirió músculos, bebió alcohol, pasó de los salones de alta sociedad a los turbios callejones de las grandes urbes. En una palabra, se volvió “negro”.

 

Dashiel Hammett (Saint Mary County, 1894-Nueva York, 1961) dio a luz a Sam Spade, un tipo solitario, duro, desengañado y lo bastante cínico como para entregar a la justicia a la mujer que ama. Raymond Chandler (Chicago, 1888-La Jolla, California, 1959) suavizó la aspereza de Spade en la figura de Philip Marlowe, el detective de Los Ángeles cuyas ácidas réplicas bien podía haber firmado Groucho Marx y que, sin embargo, no acepta casos de divorcio. De Hammett y de Chandler viene una larga y compleja estirpe de escritores que usaron el género negro no tanto para resolver un misterio como para descubrir la podredumbre del entramado social y las miserias del alma humana.

 

Ross McDonald (Los Gatos, California, 1915-Santa Barbara, California, 1983), James M. Cain (Annapolis, Maryland, 1892-University Park, Maryland, 1977), Chester Himes (Jefferson City, Missouri, 1909-Moraira, España, 1984), Lawrence Block (Buffalo, Nueva York, 1938) y James Ellroy (Los ángeles, 1948), entre muchos otros, bucean cada uno a su estilo por las aguas putrefactas del sueño americano. Jim Thompson (Oklahoma, 1906-California, 1977), el Philip K. Dick del género, descubrió que el asesino podía esconderse dentro del héroe y levantó un delirante mapa de la psicopatía. Thompson definió con precisión el mecanismo esencial de una novela negra: “Hay treinta y dos maneras de contar una historia y yo las he probado todas, pero sólo hay una trama: las cosas no son lo que parecen”.

 

De regreso a Europa, el detective americano se institucionalizó, se afilió al cuerpo de policía, abandonando el altivo y secular desprecio de Dupin y Holmes por sus colegas de uniforme. El belga Georges Simenon (Lieja, 1903-Lausana, 1989) esculpió al comisario Maigret, que mordisquea tercamente su pipa mientras intenta familiarizarse con el entorno de la víctima. La inglesa P. D. James (Oxford, 1920) apadrinó al inspector Adam Dalgliesh, comandante de Scotland Yard y hombre de gustos refinados que escribe poesía en sus ratos libres. En Suecia, de la mano de Henning Mankell (Estocolmo, 1948), surgió el inspector Kurt Wallander, un cincuentón divorciado y enfermizo que suele comenzar sus investigaciones con una reunión en equipo y luego las acaba solo.

 

Ian Rankin (Cardenden, Escocia, 1960) alumbró en Escocia a John Rebus, otro inspector divorciado, indisciplinado y terco como una mula, que escucha música rock en lugar de ópera. En la Barcelona de la Transición, Vázquez Montalbán (Barcelona, 1939-Bangkok, Tailandia, 2003) creó a Pepe Carvahlo, tal vez el más célebre de los detectives de por libre europeos, a quien el siciliano Andrea Camilleri (Porto Empedocle, 1925) homenajeó parafraseando el apellido de su creador en la figura del comisario Montalbano.

 

El género ha pasado de adornar los kioscos a copar escaparates en las grandes librerías. Lejos están los tiempos en que Jim Thompson tenía que matarse para llegar a fin de mes: hoy Mankell, Donna Leon (Nueva Jersey, 1942) o Fred Vargas (París, 1957), traducida a 32 lenguas, son invitados de honor en cualquier congreso literario. Conan Doyle despreciaba el éxito mundano de Holmes hasta el punto de hacerlo desaparecer en una catarata, pero tuvo que resucitarlo. Unas décadas después, un teórico de la literatura tan ilustre como Umberto Eco vistió a Holmes y a Watson con hábitos de monje medieval, inaugurando un cruce genético -el “policíaco-histórico” – que está muy lejos de acabar. Hoy los descendientes de Auguste Dupin circulan por la Roma imperial, por la Alemania nazi y hasta por las profundidades del espacio. Pero nunca hay que olvidar que este humilde artefacto literario que proclama la razón como instrumento de indagación supremo empezó, en un atrevido esbozo de la teoría de Darwin, con un mono y una navaja.

 

Desde la aparición de Pepe Carvahlo en “Yo maté a Kennedy (1972) y “Tatuaje (1974) de Vázquez Montalbán, la novela negra en España no ha dejado de crecer y ramificarse, de parir personajes y sagas, y de buscar cada vez más lectores entre un público que al principio sólo admitía detectives con nombre inglés. Es cierto que, antes del inolvidable ex agente de la CIA, gastrónomo por vocación y pirómano poético, habían surgido algunos intentos de adoptar el género negro en España (uno de los más serios fue El inocente de Mario Lacruz) pero la férrea censura franquista obligaba a que la acción se situara en parajes imaginarios.

 

Tras la estela de Carvahlo, a comienzos de los 80, surgió una hornada de narradores que utilizaría el género negro para poner al descubierto las contradicciones y miserias de la España de la época. De la mano de Juan Madrid (Málaga, 1947), el detective Toni Romano husmea en los bajos fondos de la capital desde la primera novela de la serie, “Un beso de amigo (1980). Por esos mismos años, Andreu Martín (Barcelona, 1949), un verdadero todoterreno de la literatura de género, logra una cínica exploración de la venganza en Prótesis. González Ledesma (Barcelona, 1927) y Jorge Martínez Reverte (Madrid, 1948) dan a luz, respectivamente, a los inspectores Méndez y Gálvez, dos perfectos ejemplos de la descreída fauna de las comisarías.

 

Con tales fundamentos a su espalda, los escritores de la siguiente generación podrían ensayar nuevas fórmulas narrativas y así, Fernando Marías (Bilbao, 1958) desarrolla una intensa trama de thriller en “Esta noche moriré (1992), mientras que Javier Azpeitia (Madrid, 1962) logra un híbrido entre lo policíaco y psicológico en “Hipnos (1996) y Rafael Reig (Cangas de Onís, 1963) cruza la novela negra con la ciencia-ficción en “Sangre a borbotones (2002). Más respetuosos con las convenciones del género, Alicia Giménez Bartlett (Almansa, 1951) y Lorenzo Silva (Madrid, 1966) , darían cada uno a su modo un nuevo rumbo al género: la primera con la aparición de la inspectora Petra Delicado en “Ritos de muerte (1996) y el segundo con la pareja de guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro, cuyo protagonismo en “El lejano país de los estanques (1998) dio comienzo a una exitosa saga “benemérita”.

 

Las últimas incorporaciones no hacen sino confirmar la salud de un género que, lejos del desprecio académico de los primeros tiempos, cada vez atrae a más lectores. Y a más escritores: desde algunos veteranos, como los argentinos Raúl Argemí (Buenos Aires, 1946) y Carlos Salem (Buenos Aires, 1959) , hasta otros más jóvenes, como los debutantes Antonio Jiménez Barca (Madrid, 1966) y Mercedes Castro, está claro que el negro nunca pasa de moda.

 

Semana de Novela Negra en Barcelona. BCNegra’09.

Posted in Andanzas by Alguien on 2 febrero 2009

Del 2 al 7 de febrero se celebra en Barcelona una nueva edición de BCNegra, un festival de narrativa negrocriminal organizado por el Institut de Cultura del Ajuntament de Barcelona y comisariado por el librero Paco Camarasa de la librería Negra y Criminal, ubicada en La Barcelonesa. Una semana de literartura negra y policiaca en Barcelona con un programa intrigante. En palabras de los organizadores:

 

“En esta cuarta edición del BCNegra queremos rendir un sentido homenaje a un escritor tan emblemático como Leonardo Sciascia; a los 25 años de la publicación del primer libro de Roberto Bolaño y Antonio G. Porta; a todos los periodistas que, durante los años del franquismo, hicieron posible un semanario como El Caso; a una obra como Gomorra, que le ha valido a su autor, Roberto Saviano, los elogios unánimes y la amenaza de muerte de la mafia, y a Michael Connelly, a quien recibiremos como flamante Premio Pepe Carvalho del 2009, para hablar de dos ciudades ya clásicas en el género: Los Angeles y Barcelona.

 

El festival presenta, también, una exposición para recuperar la obra del escritor Peter Debry, y pretende convertir la muestra en un reconocimiento a todos los autores que, con nombres americanos pero alma ibérica, llenaron de imaginación los kioscos de los años cincuenta.

 

Hace ya cuatro años que, con motivo del Año del Libro y la Lectura 2005, se celebró en Barcelona la primera reunión de autores, editores y lectores, en torno a la novela negra europea. Aquel fue el primero de los encuentros anuales que desde entonces realizamos en nuestra ciudad. Y cabe decir que a cada edición que pasa se consolida todavía más la realidad de un género imparable; cargado de pasado, presente y futuro.

 

Si es febrero y se habla de narrativa negrocriminal, entonces solo podemos estar en Barcelona: el mejor punto de encuentro de autores, editores y lectores de novela negra; apasionados, fieles y siempre ávidos de nuevas historias…

  

Sitio Oficial │ BCNEGRA – Institut de Cultura de Barcelona.

Programa 2009. BCNNEGRA. Castellano (PDF)

 

La chica que soñaba con Stieg Larsson.

Posted in Libros by Alguien on 27 noviembre 2008

Abrir un libro de Stieg Larsson (1954-2004) es como destapar una matrioska. Un gesto a priori inocente que condena al lector a levantar una capa tras otra hasta descubrir la última pieza. El primer volumen de la saga Millennium, “Los hombres que no amaban a las mujeres” (Destino), llegó a España el pasado junio y en poco más de cinco meses ha vendido 300.000 ejemplares, convirtiéndose en el  último fenómeno editorial internacional.

 

Desde esta semana, los fans del fenómeno Larsson ya pueden encontrar el segundo volumen, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” (Destino), en el que el autor descarga toda su ira contra la explotación sexual y el poder machista.

 

Según cuenta Baksi, amigo y colega de profesión, Larsson empezó a escribir en 1992 y cinco años más tarde quemó sus manuscritos para comenzar de nuevo. “Lo tenía todo en la cabeza, cada detalle” y en 2003 le comunicó a Baksi que “había escrito los mejores libros de Suecia”. La fabulación sobre su vida no termina y hay quien apunta a la autoría compartida del tercer volumen de Larsson, “La reina en el palacio de las corrientes de aire”, que saldrá en España el próximo junio.

 

Por suerte o por desgracia, la muerte del autor sueco ha sumido a Millennium en una enigmática espiral en la que caben las hipótesis más descabelladas, como la existencia confirmada  por Baksi de un cuarto libro. Por lo visto, el fondo de esta matrioska sueca no tiene fin.

 

Leer primeros capítulos de “Los hombres que no amaban a las mujeres” (PDF)

Leer primeros capítulos de “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” (PDF)

 

Entrevista con el periodista sueco Kurdo Baksi sobre Stieg Larsson en “Asuntos Propios” (RTVE)

 

Agatha Christie: 117 años de Misterio.

Posted in Memorias by Alguien on 15 septiembre 2008

Esa mujer que el 15 de septiembre cumpliría 117 años y que en las fotografías de los años finales de su vida ofrecía un aspecto vagamente victoriano, abrumada por el peso de los años y una necesidad de aparentar afabilidad, que lucía algo así como la Reina Madre y que venía a ser, también, un icono de la Inglaterra más tradicional, y que en los años cuarenta dirigía al espectador una mirada miope y algo cargada de ensoñación, es la autora más traducida de la Historia, además de ser la que más libros ha vendido, con más de 400 millones de ejemplares. Suya es también la obra de teatro que más tiempo sin interrupciones lleva en cartel:”La ratonera”, con 23.000 representaciones desde su estreno londinense en 1952. El nombre es Agatha Mary Clarissa Miller Christie, o lo que es lo mismo y como ya se habrá maliciado el lector, Agatha Christie, aunque también publicara seis libros de novela romántica, entre 1930 y 1956, con el seudónimo de Mary Westmacott.

Agata Christie es un personaje peculiar, alguien que ha pasado a convertirse en una adicción secreta entre los lectores, una autora a la que se recurre en las vacaciones, de la que se compran sus libros en los puntos de venta de prensa en los aeropuertos o las estaciones como si se tuviera vergüenza de su lectura, que ofrece diversión y misterio pero no, manifiestamente, calidad literaria.

Pero los que hayamos incurrido en sus páginas, sabemos que el sabor de los años 30 y 40 que impregna sus libros, llenos de marqueses con chóferes y jardineros, cuadras y añejos retratos de familia colgados sobre escaleras que se bifurcan, compensa que sus novelas sean artefactos literarios de impecable e implacable eficacia, máquinas bien engrasadas que nos diseñan un crimen, nos presentan un ramillete de sospechosos, los presenta intentando parecer indiferentes a los azares de la investigación y que en las últimas páginas nos demuestran que nuestras sospechas y pálpitos erraban.

Nunca el mayordomo que creíamos será el asesino. La popularidad de Ágata Christie, que al poco de publicar su primera novela, “El misterioso caso de Styles”, en 1920, con la primera aparición del detective belga Hercules Poirot, alcanzó un gran éxito en su país natal, no se corresponde con lo desconocida que sigue siendo su figura entre nosotros.

Nacida el 15 de septiembre de 1890 en Torquay (Inglaterra), fue hija de un corredor de Bolsa norteamericano y de la hija de un capitán de la armada británica. Educada en el típico ambiente de institutrices de rígidas y exigentes maneras, ya en 1906 se trasladó a París para realizar estudios de canto, danza y piano, cuando ya había empezado a escribir sus primeros relatos de adolescente. La vivencia francesa a buen seguro le proporcionó la inspiración para elegir a Poirot como su primer personaje. Encaminada a la respetabilidad, se casó en 1914 con un piloto militar, el coronel Archibald Christie, que le dejaría una única hija, Rosalind, un puñado de amarguras y el apellido de casada con el que firmaría sus obras. En 1928, el matrimonio se cerrará con un divorcio tras haber pasado por un misterio, el único de la vida de Agatha, que incluso ha sido objeto de una película (“Agatha”, 1979, interpretada por Vanessa Redgrave y Dustin Hoffman) y que los biógrafos siguen intentando esclarecer.

El misterio Christie: En 1926, Agatha era ya una autora admirada y querida. Su rostro era bien conocido y allá donde fuera los admiradores la abordaban para saludarla. El 3 de diciembre de aquel año, cuando estaba vigente el éxito de su sexta novela “El asesinato de Roger Ackroyd“, salió de su casa en Styles tras besar a su hija. Durante once días, nada más se supo de ella. Su automóvil, un Morris Cowley con su abrigo y maletas en el interior, fue encontrado abandonado en una cantera en Guilford, al sur de Londres. Se movilizó la policía, la noticia de la búsqueda ocupó las portadas de los periódicos, el público vivió en vilo esas jornadas. Se habló de que podía haberse ahogado en un manantial cercano a la cantera, se especuló con que su infiel marido, el coronel Christie, la había asesinado. La preocupación terminó el 14 de diciembre, cuando fue reconocida por su marido en un lujoso hotel de Arrogate, cerca de la capital, en el que se hospedaba con un nombre falso. Desde diez días antes había estado allí alojada con el nombre de Theresa Neele, justamente el de la amante de su marido, jugando a las cartas, recibiendo tratamientos de hidroterapia y comentando distendida con los huéspedes la desaparición de Agatha Christie. Costó trabajo hacer que reconociera su identidad, pero nunca recordaría lo sucedido. Mientras los maliciosos la acusaban de una maniobra publicitaria pero innecesaria, otros aseguraban que un accidente automovilístico le produjo amnesia. También se habló de un plan de Agatha para desbaratar una escapada amorosa de su marido en las cercanías de la cantera. Lo que sucedió se desconoce. La escritora se escudó siempre en la amnesia. Una crisis nerviosa parece, no obstante, estar en la base de los hechos. Baste decir que incluso Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, intentó encontrar en vano una respuesta a este enigma.

En 1930, Agatha encontraría al fin la estabilidad al casarse con el arqueólogo Max Mallowan, 14 años más joven que ella, al que acompañó en diversas expediciones en Siria. La vida cotidiana durante esas excavaciones, en las que Agatha etiquetaba y fotografiaba los hallazgos, está recogida en un librito encantador y divertido: “Ven y dime cómo vives”. Max morirá en 1978, dos años después que Agatha, que llegó a decir que la ventaja de estar casada con un arqueólogo residía en que a medida que ella cumpliera más y más años, más interesado estaría él en ella. La humorada de la frase se cumplió felizmente. De las expediciones con Max, Agatha extrajo materiales para novelas como “Asesinato en Mesopotamia”, “Muerte en el Nilo”, “Cita a ciegas” e “Intriga en Bagdad”.

Gran legado: En 1961, Agatha será nombrada doctora honoris causa por la universidad de Exeter y Dama del Imperio Británico (el equivalente femenino al título de Sir) en 1971. Morirá el 12 de enero de 1976 en su residencia de Cholsey. Tenía 85 años, y había publicado más de 80 novelas y obras teatrales. Dos detectives muy peculiares, Poirot y la Miss Marple, son su principal legado. Fue una mujer llena de humor, reservada y metódica. Sus méritos y flaquezas ella misma los formuló con exacta concisión: «No soy buena conversadora, no sé dibujar, pintar, moldear o esculpir, no puedo hacer las cosas de prisa, me resulta difícil decir lo que quiero, prefiero escribirlo. Escogí la profesión justa. Lo mejor de ser escritora es que se trabaja en privado y al ritmo que se quiere».

Texto: Agatha Christie. Vida y Misterio. Por Mario Virgilio Montañez. Diario Sur Málaga. 12.09.08.

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