Las invasiones bárbaras.
Las invasiones bárbaras. Texto: Antonio Soler. Diario Sur.08.05.2011.
“Entre la pesadumbre y el espanto uno observa la fotografía y si fuese beato se santiguaría para dar gracias por no haber estado allí. La plaza de la Constitución convertida en un escenario de baile de salón para cruceristas. Momias, jóvenes con el cerebro en alquiler, trenzados en un baile feliz acabando de convertir el centro de una ciudad que se soñaba moderna en un parque temático. Ya no basta con que la calle Larios tenga esa vocación ni que muchas de las calles adyacentes se hayan convertido en una especie de Carihuela tomada por sombrillas, mesas y parafernalia del buen turista. Ahora se ensaya ese último toque para convertir en Disneylandia lo que debería ser el dinámico centro de una ciudad con algo más de futuro que el de la pachanga.
El turismo como fuente de riqueza, inevitable. Pero hay diferentes turismos, diferentes calidades que van desde la ganadería fina al turismo de élite, pasando por el cultural. Vender baratijas y dos cocacolas a cambio de convertir la ciudad en escenario para el esperpento no significa invertir de cara al futuro. Es un modo de abaratar el concepto turístico y sobre todo el concepto del ciudadano que ha de ver convertidas las calles supuestamente más nobles de su ciudad en un espectáculo hortera. «Bienvenido mister Marshall» again. Cualquier cosa para seducir un turismo de bajo perfil que se lo traga todo. Las ciudades se crean identidades, sellos que, por arriba o por abajo, las distinguen.
El planeta globalizado ha acotado las posibilidades del viajero -aquel ser inquieto que explora el mundo en busca de lo distinto para ensanchar sus horizontes-. El viajero ha sido sustituido por un turista que al viajar solo busca lo conocido. El turista no viaja, simplemente se traslada, para comer lo que ya conoce y estar en lugares neutros en los que la decoración cambia pero la esencia es la misma que dejó en su casa. Una musiquilla de mariachis, zíngaros o cantantes aflamencados y un sello en el pasaporte además de unas fotos al lado de un monumento es lo que va a distinguir un lugar de otro. Parece que, esgrimiendo unas supuestas prioridades económicas a cortísimo plazo, hay mucha gente interesada en que Málaga luzca ese marchamo barato, material previsible y facilón para visitantes poco exigentes. No basta con inaugurar un museo cada día. Hay que dotarlos de un espíritu que no es compatible con el baile de pasodobles en la plaza del pueblo. En ‘Aprendiendo de Las Vegas’, un viejo libro que ilumina este fenómeno, se dice que «está muy bien decorar una construcción, pero nunca construyamos la decoración». Pues eso, intentemos vender lo que somos, no lo que se piensan que debemos ser. Porque en el fondo, esto último encierra un gran complejo, el de creer que no somos nada y que nada tenemos que ofrecer”.
En Algún Día: Antonio Soler.
El año que vivimos pobremente.
El año que vivimos pobremente. Texto: Antonio Soler. Diario Sur.02.01.2011.
“No se sabe si el descenso a los infiernos económicos servirá de algo. Si el cuento de Navidad tendrá moraleja y si la moraleja calará en el alma de alguien una vez que salga el sol y la Navidad sea sólo bruma, un propósito de enmienda, el desvarío de una borrachera sentimental. Dickens nos cuenta que su mister Scrooge quedó corregido para siempre, que el aprendizaje al que lo sometió el fantasma lo sacó eternamente de la miseria moral en la que andaba sumergido. Lo que no sabemos es si nosotros sacaremos aprendizaje de la miseria o volvermos a ser unos fantasmas, si la crisis que nos ha depsojado de toda la purpurina finalmente nos ayudará a extraer conclusiones profundas o si al doblar la primera esquina de la prosperidad nos volveremos a enfundar el petulante traje de los nuevos ricos y a vivir dentro de un nuevo espejismo.
Aseguran que ya hemos pasado por lo más estrecho del campo de minas, por ese tramo donde las espoletas estaban más juntas a pesar de que la sensación es que el laberinto sigue siendo estrecho y el peligro abundante. El fondo de las arenas movedizas siempre es incierto y a nadie le sorprende demasiado que exista esta sensación. Los destrozos se siguen viendo por todas partes, a nuestro alrededor continúan cayendo parados, cascotes de empresas dinamitadas, los escombros del estado del bienestar que creíamos conquistado para la eternidad, este derrumbe. Dicen que el capitalismo es un castillo de naipes. Un castillo de naipes y un ventilador que lo echa por tierra para que la construcción vuelva a comenzar. Un bucle. La baraja no da para más. Ahora, además, los dueños del ventilador no conocen fronteras ni regímenes ni jefes. Han sometido a la política y a los gobiernos y está por ver si nos devuelven aquel reino que creíamos conquistado. Somos los peones del juego y seremos los vasallos si no encontramos y asimilamos y digerimos la moraleja de este capítulo.
Seremos irremisible y definitivamente pobres si aceptamos todo lo que ha ocurrido en los últimos tiempos como un mero pasaje económico, una cuestión relativa a bancos, bolsa, préstamos basura y tiburones financieros. Hemos asistido a un naufragio, sabemos que no somos ni inmunes a las mareas ni invencibles ni intocables y que todos esos abalorios que llevábamos con nosotros como elementos de primera necesidad no son más que el oropel con que nos habían disfrazado la realidad. Tendríamos que haber aprendido a distinguir lo superfluo de lo esencial. La vieja prédica de Machado, distinguir valor y precio. Si no lo hacemos, estos años, sí, habremos vivido pobremente pero los próximos serán todavía peores, aunque el Ibex vuelva al cielo y los marcadores internacionales digan otra vez que somos los hijos de un nuevo milagro, los habitantes de un renovado castillo de naipes usados”.
En Algún Día: Antonio Soler.
Robos.
Robos. Texto: Antonio Soler. Diario Sur.26.12.2010.
“De tienda en tienda, atorando las escaleras mecánicas de los centros comerciales, va la tropa comprando y repartiendo felicidades. La navidad se expande como un gas empalagoso mientras las dependientas envuelven regalos con ímpetu fabril. Les están poniendo el lazo rojo a los ataúdes. Eso que venden, discos, películas, libros, serán la reliquia del porvenir, la repetición monotemática a la que estarán condenados los futuros compradores navideños. Porque no habrá más. La creación está siendo llevada al paredón con escolta de fanfarria.
Después de la caída de la ley Sinde, España vuelve a la caverna y enarbola orgullosa esta prodigiosa ostentación de analfabetsmo ante la relamida Europa que preserva a sus artistas. Los políticos de la oposición, haciendo un vergonzante alarde de populismo, sellan el pasaporte de los ladrones y les dan certificado de buena conducta -de excelencia lo llamarán en estos tiempos de navaja verbal y virtual-. Pueden robar música, cine y próximamente literatura, porque lo contrario sería negarles el acceso a la cultura. Qué gran espíritu por la ilustración se ha levantado repentinamente entre la clase política, qué preocupación por extender la cultura del hurto y el expolio. Y el ladrón respira tranquilo, respira a fondo y escupe sobre esos macarras que le querían cortar el paso. Ahora el ladrón tiene el aval político, el crédito social que legitima su delito e incluso lo enaltece con ese adorno del adjetivo cultural.
¿Y no es una limitación a la cultura cobrar un libro en El Corte Inglés? ¿Y los que fabrican la cultura? Ah, esos señoritos, esos engreídos que además de dedicarse a lo que quieren pretenden cobrar, huir de su condición mendicante. El artista, el creador, debe ser un tipo despegado de las miserias terrenales, un bohemio que está pagado más que suficientemente con la peculiaridad de su trabajo y no un proxeneta que comercia con el arte. El artista y los que trabajan en esa industria, mezcladores de sonido, técnicos, correctores, eléctricos, distribuidores. Al paro. Que aprendan. Y si dentro de cinco años, de veinte o de los que sea se derrumba definitivamente el negocio no importa, vemos las mismas películas, oímos la misma música y leemos los mismos libros, y si no hay renovación que no la haya y si no hay progreso que no lo haya. Lo que importa es arruinar el sector cultural. Ladrones sin camiseta de rayas ni antifaz, aficionados de medio pelo entregados al saqueo, unos acosados por el mileurismo pero otros predicando desde la comodidad del funcionariado sobre el destino circense que deben seguir los creadores. Representantes de la España más oscura que ahora se sienten europeos y hasta universales porque dos veces al año se pasean por las plazas turísticas de Europa o por la orilla de Brooklyn sin que se les pegue otra cosa más que la mugre del camino”.
En Algún Día: Antonio Soler.
Sueños.
Sueños. Texto: Antonio Soler. Diario Sur.12.12.2010.
“Europa es una vieja fábrica de sueños a la que los estudiantes ingleses le rompen las vitrinas mientras los operarios municipales de todo el continente la adornan de Navidad. Los sueños se desploman como las estatuas de los atletas drogados. Más lejos, más alto, más fuerte, más dopado. Al espíritu del barón de Coubertin le faltaba la última cláusula. Las princesas del tartán se convierten en traficantes al dar la medianoche en el reloj del estadio. Las moralejas de los cuentos se están viniendo abajo. Ha llegado el tiempo de la culpa o de la verdad. Por lo visto, una cosa y otra ya vienen a significar lo mismo. Los secretos vuelan por medio mundo gracias a un potente ventilador australiano. Sólo nos va quedando el revés de los sueños. No la moraleja del cuento, sino el cuento mismo. Mario Vargas Llosa. La defensa de la mentira, la defensa de la ficción como único camino para llegar a las puertas de la verdad, sin poseerla ni apropiársela nunca, sólo rozándola y sin ser dueños de ella ni de ningún sueño, sólo del motor de los sueños.
La ropa tendida en mitad de la calle. Moratinos, Aznar, Trinidad Jiménez, Zapatero, Rajoy, sus comidillas y su ropa interior puestas en tendedero público. Lo que casi todos sospechábamos. Chavez es un payaso para la hoy ministra de Exteriores, Evo Morales un ignorante para el anterior jefe de nuestra diplomacia. Es lo que se decía al caer el telón de la comedia. En las pistas de atletismo también dicen que era un secreto a voces todo lo que ahora destapa la Operación Galgo. Podencos, perdigueros, caniches. Todos ladrando en clave para que entendamos a medias. Es su oficio. Mientras, en Estocolmo, el contador de mentiras, Varguitas, el de la casa verde y las guerras del fin del mundo, el cachorro, el destripador de Flaubert, Onetti y Victor Hugo, el escribidor, decía en voz alta, en un micrófono que no se había quedado abierto sino que él lleva abriendo a conciencia hace medio siglo, lo que otros susurraban en un rincón de las recepciones o en el confesionario de la embajada norteamericana. Denunciaba el populismo, la democracia jorobada del altiplano, del Caribe, de los de la guayabera y el terno pseudomilitar. Y señalaba el camino de la literatura y el conocimiento como una vía para acabar con las patrañas y con las fronteras, fortificadas, impenetrables, de la ignorancia. La gran herramienta de los tiranos.
Sí, Europa es un sueño con carcoma al que siguen llegando náufragos y europeos nacidos en otras partes del mundo, como Vargas Llosa. Vuelan los pesados telones que encerraban secretos, se derrumban con un estruendo sordo héroes fabricados en laboratorios clandestinos o en salones de pasos perdidos. Atletas y revolucionarios de pacotilla. Alguien ha abierto el retrete de la diplomacia. Y en medio, el fabricante de las mentiras dice la verdad”.
En Algún Día: Antonio Soler.
La otra cara de “La noche en Blanco” madrileña.
A pesar de que “La noche en blanco” se presenta como un acercamiento de la cultura al ciudadano, muchos sólo ven en ella un acto de promoción y consumismo.
“La noche en blanco” es un evento que nace hace casi diez años en París con la intención de acercar la cultura a los ciudadanos. Visto el éxito de esa acción varias ciudades europeas se sumaron a dicha iniciativa creando “Noches blancas Europa”.
Es en 2006 cuando Madrid se incorporó a esta “tradición”. Desde ese momento hasta la actualidad ha ido aumentando paulatinamente los eventos que ofrece a lo largo de toda una madrugada. Esta edición ha sido comisionada por el colectivo de arquitectos llamados Basurama y que han elegido como “leit motiv” eljuego para articularla.
A nadie se le escapa que acercar de manera gratuita la cultura, o diferentes representaciones culturales, a los espectadores nada tiene de malo. Lo que se pone en solfa por muchos grupos y artistas es si, primero, lo que se vive esa madrugada no es más que un simple artificio sin ninguna continuidad a lo largo del año, y si el modo de tratar el “arte” dentro de ese contexto y bajo esos parámetros concretos, es el adecuado.
Lo primero que objetivamente resulta llamativo es que desde los poderes públicos se promociona el hecho de, durante un día, disfrutar de la madrugada sin límite de horarios. Curioso cuando esos mismos poderes llevan años, no sólo en Madrid también en otras ciudades como Bilbao o Barcelona, confeccionando políticas basadas en la reducción de horarios nocturnos, como así lo demuestran la limitación de horarios a locales nocturnos de ocio, el cierro de algunas salas de concierto o las más evidentes, la persecución al “botellón” o la suspensión de algunas fiestas populares.
Ya hace dos años el filósofo Amador Fernández-Savater escribía un artículo en el que criticaba el modo en que se trataba a la cultura en esta celebración. En su opinión era una utilización totalmente mercantilista y que para nada lo promocionaba como un impulso personal del individuo sino como un elemento de consumo rápido.
Pero la oposición más clara al evento que tendrá lugar este 11 de septiembre es la página web, a la que puede adherirse cualquiera, que se ha creado bajo el nombre de “di no a la noche en blanco” Construida por un grupo de artistas presentan artículos, diferentes acciones frente a este día y redactan un comunicado en el que sentencian: “La Noche en Blanco, programa de indudable rentabilidad política en términos de atención mediática y construcción de imagen de ciudad, difunde, sin embargo, un pésimo concepto de lo artístico, en particular, y de lo cultural, en general”.
Por otro lado, justo un día antes, viernes 10 de septiembre, desde La Tabacalera se presenta el denominado “DIANEGRO”. Músicos, DJs y comida vegana se reunirán en el local de la calle Embajadores en un evento que se presenta como ”…distintos artistas, colectivos y sellos que desde la más pura oBscuridad mediática crean y distribuyen su música y artilugios en la no-escena de Madrid. Es una producción cultural experimental, autogestionada. No un entretenimiento”
El aspecto económico también ha causado controversia. El presupuesto dedicado a este evento, y debido a la época de crisis actual, parece que rondará el millón de euros. Una cantidad que sin ser desproporcionado respecto a las dedicadas a otros menesteres si que tiene el inconveniente, según algunos colectivos artísticos, de suponer un montante ingresado en un único día y no distribuido de una manera que ayude a crear una red cultural más solvente y estable.
Puede ser casualidad pero esta misma semana, el jueves, en Madrid se celebrará también la “Fashion’s night out”. En la denominada “milla de oro”, en referencia al barrio de Salamanca, las tiendas ubicadas en la zona estarán abiertas hasta media noche para proporcionar facilidad para consumir en ellas. Promovido por la revista Vogue, la idiosincrasia del acontecimiento guarda bastantes similitudes con la madrugada dedicada al arte, a pesar de ser dos actividades muy diferenciadas en sus esencia.
La actitud y las críticas de muchos estamentos de la cultura contra “La noche en blanco” persigue en el fondo reflexionar sobre el modo en que las sociedades, en este caso la ciudad de Madrid, decide gestionar el arte y convertirlo en muchas ocasiones en un reclamo publicitario sin ningún fondo.
Fuente: Tercera Informacion
“Arturo Pérez Reverte” Marca Registrada.

“Arturo Pérez Reverte” es una de las marcas que una fábrica de libros, Alfaguara S. A., ha lanzado al mercado en España.
- Dicha fábrica anuncia los productos de esta marca como “novelas de aventuras”, siendo así que no son novelas y, mucho menos, de aventuras.
- El productor de libros de la marca “Arturo Pérez Reverte” es un ser humano que responde a ese nombre y sus circunstancias.
- La fábrica Alfaguara S. A. se ha asegurado desde el principio la colaboración de respetados catedráticos universitarios, críticos literarios, responsables de los suplementos culturales de los periódicos y periodistas en general.
- Mediante una campaña digna de los sueldos que perciben, estos especialistas en mercadotecnia han llevado al publico antes nunca lector, analfabeto por arraigada tradición familiar y nacional, al convencimiento de que los productos de la marca “Arturo Pérez Reverte”, familiarmente “Pérez”, hay que comprarlos y, si se tercia, leerlos, porque son muy buenos, llenos de trepidantes aventuras, amenos, interesantes y lucen muy bien en las estanterías.
- Aunque el sector de público elegido para colocarle la mercancía no había oído hablar en su vida de novela ni de relato ni de cuento, ni de novedad, revolución, aventuras apasionantes, genios de la pluma, Cervantes, Quijotes, galeras, palos mayores y menores, letrinas atascadas, piojos, Lepantos, Españas, etc., etc. los mercadotécnicos supieron convencerlos de que los productos Pérez era lo que había que conocer, lo que había que comprar y de lo que había que hablar.
- La publicidad consistió a veces en regalar con el libro un Pérez de peluche y un barquito de madera metido en una botella de cerveza sin.
- Los productos “Pérez” – no Mariquita ni el ratoncito, sino Arturo el mosquetero – comenzaron a salir en aluvión, y, siguiendo las consignas de la crema de la intelectualidad, el público empezó a adquirirlos, haciendo rico al ser humano que los fabricaba y que se puso muy contento.
- La crema de la intelectualidad afirmaba que el fabricante Pérez era el más grande escritor que había existido nunca, comparable –si no superior- al pobre Cervantes, que no había llegado a rico. Que era un novelista genial, creador de irrepetibles novelas de aventuras, precisamente las que hacían falta para espabilar el dormido panorama literario español.
- El humano se creyó todo esto y empezó a presumir de una manera jactanciosa, estúpida, irrisoria y de mal gusto, como un cateto envanecido. Hizo un master de tontolculo, sin que nadie le obligara a ello.
- Muy pronto, empezó a vestir como el Conde de Montercristo para ira los saraos de su fábrica
- Los colegas de Pérez, para no parecer envidiosos, aceptaron y proclamaron lo que se vino en llamar “el magisterio Pérez”.
- Aplicados servidores de la mercadotecnia decidieron contribuir a la exaltación de las glorias pereztres y organizaron congresos y seminarios en universidades, al objeto de demostrar que el homo faber no era sólo superficial, sino también profundo; no sólo popular, sino también exquisito; no sólo trabajador, sino también artista, no sólo Pérez, sino también Reverte.
- Animados por los dichos colegas, entusiastas académicos decidieron acoger al humano, demasiado humano, Pérez en su seno; un seno donde se entra mortal y se sale resucitado.
- Envidiosos y resentidos como hay en todas partes y no faltan – al contrario- entre los vencedores de Lepanto y la Champion Li empezaron a decir que lo que hacía el industrial Pérez no eran novelas, sino simple relatos, en los que no se hacía presente la realidad literaria, delante del lector, con bulto, consistencia y expresividad, como es preceptivo para la novela.
- En esos relatos, consiguientemente, no había personajes, sino nombres, ni hechos de la realidad ficticia – del segundo mundo en que consiste toda verdadera novela -, sino referencias.
- Resultó que Pérez, el sedicente y aclamado renovador de la novela, ignoraba que la función del lenguaje narrativo, como ya se ha dicho, es levantar una realidad delante del lector con el mayor bulto, consistencia y expresividad posible. O sea, levantar ese mundo de realidad ficticia en que consiste la novela.
- Pérez Reverte no novela, simplemente relata, sentenciaron los resentidos y envidiosos. Refiere unos sucesos –otra cosa es que, además, sean inanes– pasados, siendo así que la novela tiene que contar en presente, aunque los verbos estén en pretérito. Como dicen los expertos del Centro de Documentación de la Novela Española, tiene que “presentizar” la acción, de manera que el lector la vea en esa especie de cámara oscura en que su imaginación se constituye cuando lee.
- Jamás el novelista debe decir, como hace quien simplemente relata –y hace Pérez-, que un personaje es así o de otra forma. Tiene que hacerlo actuar de una manera que el lector deduzca de su actuación cómo es.
- Los relatos –que no novelas- de Pérez Reverte marca registrada están compuestos de largas digresiones sobre sucesos de la historia de España, fabricación de galeras, vestimentas de los siglos XVI y XVII, comidas y bebidas de la misma época, descripción de las partes de un barco… Transcripciones de larguísimas epístolas en las que pretende imitar sin éxito el estilo de algún clásico… Hacer largas citas literarias en prosa y en verso… Todo lo cual es antinovelesco.
- Entre tanta mojiganga, Pérez nos ilusiona de tarde en tarde mencionando algo movidillo que ha ocurrido y que nos podría contar. Pero, el muy Pérez, en lugar de contarlo, aunque sea en forma de relato, dice que se trató de un follón demasiado largo y confuso y que no lo cuenta. .- A él sólo le interesa precisar que un personaje ha arrugado el entrecejo o adelantado el mentón, mientras otro ha mirado de soslayo al tiempo que fruncía los labios y otro enrojecía levemente y tarareaba entre dientes, etc., etc.
- Lo propio de los aventureros del Conde de Montecristo, como llaman en los blogs juveniles a Pérez, es leer cartas, escribir cartas, conversar a la sombra del trinquete latino, pasear por Nápoles, entrar en todas las tabernas, visitar al moro Gurriato o al turco Marlasca (no se le conocen relaciones femeninas al Alatriste), visitar uno o dos prostíbulos para no hacer nada reseñable, opinar sobre todo, conversar sobre temas insignificantes…
- A cada momento, Pérez, engañado por una crítica incompetente y venal, unos docentes que siempre reman a favor de la corriente que más empuja y unos periodistas ignorantes, inflado por la vanidad, se jacta, con insoportable pedantería, de: 1.- haber revolucionado el género novelístico (ya vimos que ni siquiera hace novelas), 2.- haber rescatado la novela del secuestro en que la tenían los Joyce, Faulkner, Kafka, Steinbeck, Huxley, etc., es decir, los grandes del siglo XX; verdaderos revolucionadores, todavía insuperados, y 3.-haber conseguido para ella lectores que había perdido.
- No se puede renovar nada volviendo a fórmulas caducadas hace más de dos siglos. Lo que consiguieron los mentados, y otros como Hamsum, Virginia Woolf, Musil, Svevo, Jünger, Hesse, Henry James, Stapledon, Claude Simon, Butor, Robbe Grillet, etc. fue, a la vez que dotar al género de carga intelectual, ética y filosófica, implicarle los valores estéticos que antes no tenía. Hay que ser un desgraciado, un desgraciado jaleado por una partida de capullos incompetentes a sueldo, que a saber lo que persiguen, para atreverse, basándose en un éxito comercial, a discutir desde la inopia la labor de los mentados monstruos de la literatura.
- En cuanto a los muchos lectores que tiene Pérez, si son españoles y suyos son forzosamente analfabetos. No hay que tenerlos en cuenta. Por otra parte, no es la misión del escritor hacerlos. Pérez cree que, a más lectores y más dinero, mejor escritor. Pues está en esto tan equivocado como en todo. La misión del escritor de novelas no es hacer lectores. Es escribir obras narrativas que incluyan valores estéticos, éticos, imaginativos, técnicos, intelectuales. Y que sean de su tiempo. El arte exige perpetuo cambio, en arte está permitido todo, menos hacer lo que ya se ha hecho.
Texto: Manuel García Viñó. (Rebelión)
Lorca.
Texto: Antonio Soler. Diario Sur. 25.10.2009.
Llega la hora de remover la tumba de García Lorca. Desde que la Ley de Memoria Histórica puso sus ojos en el barranco de Viznar, la familia del poeta ha dado un paso adelante y dos atrás en el deseo de que se exhumen y reconozcan los huesos de Lorca. Ellos, los familiares del poeta, también han permanecido en una cripta en todo lo referente a la exhumación y sus mensajes nunca han dejado de ser cifrados. Los rumores corren como esta brisa de otoño que a veces no parece tener rumbo ni destino claro. Hay quien se atreve a pronosticar que los huesos del autor del “Romancero gitano” hace tiempo que fueron sacados de la fosa por la propia familia. No sería el primer caso en el que una familia quiso rescatar en la noche del franquismo los restos de sus familiares de cunetas y descampados en los que fueron mal enterrados después de sus asesinatos. Hay casos datados por media geografía española. Y si la familia de Lorca lo llegó a hacer en algún momento de la posguerra nadie tendría nada que reprocharle. El reproche verdadero sólo cabe aquí hacérselo a una partida de asesinos y a los mandos civiles y militares, todos ellos rebeldes a la causa democrática, que sustentaron, avalaron y después silenciaron y manipularon el asesinato de Lorca y de las personas que con él quedaron abandonadas en aquel barranco perdido. Solo que ellos, responsables y encubridores, ya están muertos y no tienen herederos políticos ni grupos organizados que aplaudan aquel acto de barbarie.
Las familias y descendientes de los asesinados, en Viznar y en cualquier otro lugar, deberían tener la facultad para elegir si quieren levantar los restos o dejarlos donde están. En el caso de García Lorca se cruzan la memoria pública y la privada. Y por eso estamos aquí -jueces, historiadores, escritores, políticos- cada cual intentando meter algo de razón -y algunos también de sinrazón – en el escabroso asunto. Se habla de posibles delitos, devoluciones de medallas, impunidad histórica y venganzas mientras que la familia expone su deseo de defender la memoria del poeta y su dignidad.
La dignidad y la memoria de García Lorca están a salvo. Están encerradas en el “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” o en “Poeta en Nueva York”, en aquellas auroras en las que «no hay mañana ni esperanza posible» y barrios en los que hay gentes que vacilan insomnes «como recién salidas de un naufragio de sangre». Dicen que todo en Lorca fue un anuncio de la desgracia. Siguiendo la paradoja quizá para cerrarla definitivamente haya que abrir esa fosa en Granada, aunque otros pudiéramos opinar que es necesario mantener el símbolo y dejar los restos del poeta en esa tierra de Viznar que ya es suya. Símbolos como el de Antonio Machado en Colliure o el de Manuel Azaña en Montauban que han de ser un antídoto contra el olvido de aquel naufragio de sangre.
En Algún Día: Antonio Soler.
Quim…rico Polanski.
Texto: Antonio Soler. Diario Sur. 11.10.2009.
El enano polaco al que había que apretarle las tuercas. Así se referían a Polanski en el 78 por los pasillos de la corte de justicia, cuando ya había alcanzado con el juez Rittenband un pacto -el de autoinculparse en un delito menor del que se le acusaba- tal como permite la justicia norteamericana a cualquier ciudadano. Algo falló. Algo falló siempre en la vida de aquel chico de origen judío. Desde el día de su nacimiento. Mala época para nacer bajo la estrella de David en Europa. 1933, el año en el que Adolf Hitler toma las riendas del poder y el viejo continente empieza a estremecerse desde lo más hondo de sus cimientos. La ingenuidad de sus padres los llevó en busca de refugio a la boca del lobo. Cracovia, Polonia. Su madre murió en un campo de exterminio. Su padre pasó años en otro.
Después los escombros, la restitución de la dignidad o algo parecido. Un joven inquieto enrolado en una compañía de teatro. Actor. Y el cine. Uno de los grandes talentos que ha dado este arte. “Cul-de-Sac”, «El cuchillo en el agua», las absolutamente inquietantes «El quimérico inquilino», «Repulsión» o «La semilla del diablo», pasando por una adaptación ejemplar de «Macbeth» hasta llegar a «El pianista», una de las más profundas, hermosas y reveladoras historias sobre el nazismo que se hayan hecho nunca. Y en medio de todo eso todavía más desgracias, más eslabones rotos, más cosas que fallaban. En 1969 el asesinato de su mujer embarazada, Sharon Tate, a manos de una banda de sádicos exaltados. Unos años después era el propio Polanski quien fallaba estrepitosamente y acarreaba más desgracia a su vida intentando seducir y después violando a una menor de edad.
Ahora viene el debate ético, la pugna de la moral y los privilegios. Pero en muchas mesas y cabezas el debate se plantea torcido. La defensa de Polanski no pasa por darle trato de favor por ser quien es. Su defensa tiene que ver con otra cadena de fallos. Con un juez que se retractó de la condena pactada, una evaluación psiquiátrica que tuvo a Polanski sólo 42 días en prisión cuando lo habitual habría sido que estuviera allí un par de semanas más (ese fue su auténtico privilegio pues nunca se suelen cumplir los 90 días prescritos), un fiscal que ahora reconoce haber mentido en sus declaraciones, y si se quiere llegar hasta el final de la cadena de fallos tal vez daríamos con la propia madre de la menor, una presunta mamá de estrellas deseosa de que su hija triunfara a toda costa. Polanski cometió un delito infame, pero siguió los conductos que marcaba la justicia norteamericana hasta que ésta comenzó a titubear. Han pasado 31 años. Aquella adolescente lo perdonó hace tiempo. La mancha quedará siempre sobre la historia del cineasta, pero quizá sea hora de dejarlo en paz. No por ser el gran Polanski, sino aquel enano polaco al que había que atajar.
En Algún Día: Antonio Soler.
El Bono cultural.
Antonio Soler. Diario Sur. -18.01.09.
“A los niños de dieciocho años les van a dar bonos culturales para que puedan ir al cine y a los museos, a los conciertos, a llenarse la mente y el pecho con algo que no sea la hamburguesa pasada de fecha que les ponen por la tele o el onanismo del ordenador. Hay algún agorero que ha criticado el bono de la Junta y le ha sacado punta al regalo, pero el niño o la niña de dieciocho años es un ser perdido y enfermo de narcisismo que tiende fundamentalmente a preocuparse por los grados de inclinación que debe llevar su gorra al salir a la calle o por cuál es el tono de carmín que más y mejor realza la frescura de sus labios, y cualquier cosa que venga de fuera y sea creación le viene bien para ir borrando su locura. Nosotros, cuando entonces, habríamos matado por un bono como éste, porque éramos puro secano, un campo mustio que abría la piel en busca de cuatro gotas de humedad para evaporar la nuestra, nuestra locura.
A los de entonces intentaban darnos la última catequesis y la última ración de espíritu nacional y a estos chavales les dan un concierto. Se ve que el progreso era esto. Darle orientación, posibilidad a la locura, al volcán, a lo que no se sabe y se anda gestando. Dicen que el bono es para quitar a los niños de la calle y la pastilla. Como si no se pudiera ir al cine empastillado para darle la vuelta a la película o al propio cine. La cosa no consiste en domar a la fiera, sino en darle alas, pista de despegue. Y eso donde mejor lo dan a esa edad es en los teatros, en las películas y los libros, en esa guerra. No se trata de acabar con el tumulto sino de darle ritmo y ponerle partitura para que luego suene en estéreo. Corazones de viento, apasionados, casi rebeldes, gente perdida.
Alejarlos de las consignas, las sectas y las bandas, que aprendan a distinguir entre manada y grupo, entre rebaño y sociedad. El gran salto cultural que esperábamos con la llegada de la democracia, aquel vértigo, no llegó nunca. Todo el empuje se nos quedó en una transformación de los valores culturales hacia la frivolidad. La industria le comió el terreno a la creación, el mercado al prestigio, el dinero a la rebeldía. Puede que ahora que circula menos dinero sea un buen momento para coger un mínimo de aliento, para hacerle el boca a boca a algún viejo valor, aunque sólo esté destinado a esas minorías escuálidas que se gestan en las penumbras de los cines y a la sombra de los libros y por ahí.
El bono de la Junta, esta cartilla de racionamiento cultural por valor de sesenta euros no le salvará la vida a nadie, pero puede servir para algo, porque nunca se sabe dónde está la espoleta de un pensamiento ni en qué momento se acaba de fraguar un carácter, cuál es la penúltima influencia para que una personalidad deje de tirar por el camino del embrutecimiento y derive hacia el de la curiosidad.
Bono se estrena con Sinatra en The New York Times.
El pasado 9 de Enero, el cantante de rock irlandés y líder de la banda U2, Bono, se estrenaba como columnista semanal de la edición dominical de The New York Times. Bajo el título “Notes From the Chairman” (Notas desde la butaca), la columna arranca con una escena en un bar de Dublín, Irlanda, durante los festejos del Año Nuevo, en la que, Bono aseguró que se escucha el tema “My way“, una de las canciones más conocidas en la discografía de Sinatra.
A continuación la traducción al español:
Tuve un flechazo en un pub Dublín alrededor del Año Nuevo. Brindando, chocando, estrellándose en una juerga gaélica: puertas giratorias, los enamorados se deseaban buen año, las contiendas familiares subsumidas o reanudadas. La alegría del whisky de malta y la desesperación de la cerveza de jengibre, estaban todas en la cola para ser servidas, la cuarta parte de un milenio desde que Arthur Guinness pusiera por primera vez el negro aterciopelado en una pinta de vidrio.
Interesante el estado de ánimo. El nuevo dinero irlandés se ha jugado y perdido, el Tigre Celta tiene la cola entre sus piernas mientras constructores y banqueros tienen una risa incómoda y difícil al final del año, y tragan incómodos y difícilmente en el nuevo año. Hay una voz en los altavoces que despierta a todo el mundo de ese momento: es Frank Sinatra cantando “My Way”. Su oda de desafío cumple cuatro décadas de edad este año y todos cantan por toda una vida de razones. Estoy impresionado por la característica que falta en su voz: sentimentalismo.
¿Es esta voz con el puño cerrado una pista para el próximo año? En la niebla de la incertidumbre en tu vida en los negocios, en el amor de tu vida, en tu vida, ¿por qué es la voz de Sinatra como una sirena- como una confidencia en tiempos nerviosos permitiéndote el romance, pero golpeando tus gafas de color rosa en tu nariz, si estas demasiado entusiasmado?.
Libros callejeros.
La moda de ‘liberar” libros en las calles de la ciudad para que diferentes personas puedan leerlos se ha apoderado de Málaga. A la iniciativa Biblioteca Errante se ha sumado la Fundación Picasso-Museo Casa Natal, mientras que próximamente la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía dejarán por la capital 170 libros de autores malagueños como Manuel Alcántara, Pablo Aranda, Antonio Soler o Antonio Gómez Yebra. Esta “liberación”, que se realizará el próximo 14 de noviembre, se encuentra dentro del movimiento denominado ‘Bookcrossing‘ por el que cualquier persona, después de haber leído un libro y registrarlo en su página web, decide dejarlo en un lugar público para que otro ciudadano lo encuentre y pueda disfrutar de su lectura. [+]
La orden mendicante – Diario Sur Málaga.
Antonio Soler- Málaga -31/11/2008
“Llegada con éxito desde la innovación como desde un barco vikingo hecho de metacrilato y acero inoxidable, la delegada del Gobierno andaluz, María Gámez, ha puesto un pie en la cueva de los galeotes. La tribu de los escritores. Este jardín salvaje. Con el fin de ayudar a la turba, María, que es delicada y firme como si la hubiera pintado Modigliani, ha tenido una idea. Pero la idea no es una idea, es una ocurrencia. Y la ocurrencia, mala. Hacer bookcrossing con libros de autores malagueños. Una suelta por las calles de Málaga. Un San Fermín de fieras y cabestros. Dicen que así ayudarán a las editoriales, a los escritores. Al mundo. Endeble ayuda esa de comprar un ejemplar que a buen seguro circulará poco y que si lo hiciera mucho acabaría por perjudicar los intereses del editor, del distribuidor, del librero y, claro, del escritor.
En el momento en el que se debate el canon de las bibliotecas, salir desde una institución con esta idea suena a desliz, a patinaje artístico. Hay quien llama a los escritores y a sus representantes peseteros por el hecho de reclamar un canon por el uso de sus libros en las bibliotecas. Un canon que en ningún caso pagarían los usuarios, sino las instituciones. Llaman peseteros a quienes al cabo hacen posible la existencia de la biblioteca. No a la central que la ilumina, no al bedel que la cuida, no a la directora que la rige. Todos ellos obtienen un beneficio legítimo, porque trabajan, cumplen una función. El escritor no. El escritor no tiene derecho a retribución, porque es artista, y es mejor tratarlo como a una orden mendicante, simpática, a proteger. Todos quieren arrullarnos, darnos el biberón, el pecho firme e institucional, que es un pecho renacentista y perfecto, de hormigón armado y mucha sustancia.
Y así, en medio de ese debate lácteo, protéico que dicen los modernos, a María Gámez le sobreviene su ocurrencia, en la que los derechos de autor se soslayan a cambio de esta cabriola de los libros callejeros. Si quieren ayudar, que ayuden a los cachorros de la manada con otras fórmulas, que las hay. Pero no así.
Dicen quienes la conocen que la delegada tiene toda la inteligencia que desde lejos prometen sus gafas y su mirada, ese aire de musa umbraliana y rebelde. Pero quizá esa inteligencia esté más hecha para el fulgor de la tecnología o el de la daga política que para este pantano donde se navega con otra brújula. Dicen que al acabar la reunión en la que bautizó su invento, la delegada comentó con alivio que no eran tan malos los escritores. Pues que no se fíe.
En el Siglo de Oro los presos comunes de Sevilla se amotinaron para que les sacaran de la cárcel a los plumíferos, por ser un ganado ingobernable. Si eso fue en el Siglo de Oro, imagínese nuestra musa lo que es la tribu en este tiempo despiadado de poca plata y mucho plomo”.



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