Algún día en alguna parte

10 libros para conocer el Holocausto.

Posted in Libros, Memorias by Alguien on 27 enero 2010

El 1º de noviembre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 60/7 en la que designó la fecha del 27 de enero Día Internacional de Conmemoración anual en Memoria de las víctimas del Holocausto. El 27 de Enero de 1945, el ejército soviético liberó el mayor campo de exterminio nazi, en Auschwitz-Birkenau (Polonia). Coincidiendo con esta efeméride recordamos 10 lecturas para (intentar) entender Auschwitz:

Si esto es un hombre. (El Aleph).
Primo Levi.

El joven judío italiano Primo Levi vio abrirse la boca enrejada del campo de exterminio desde su vagón de ganado. Esta primera parte de su “Trilogía de Auschwitz (continuada por “La tregua” y “Los salvados y los hundidos'” es una de las memorias de cautiverio más famosas del siglo XX. Levi fue al nazismo lo que Solzhenitsyn al gulag soviético: sobria expresión y costumbrismo del abismo. De aquella colmena de campos polacos también nos ha quedado “Nuestro hogar es Auschwitz” (Alba), de Tadeus Borowsky. Tanto Levi como Borowsky se llevaron consigo las púas, el maltrato y el número tatuado). Los dos se suicidaron.

Diarios (Debolsillo).
Ana Frank.

Las teorías raciales de Alfred Rosenberg fueron parte del esqueleto intelectual de los nazis. Les venían como anillo al dedo. Cómodas. La parte incómoda venía después, con el asesinato sistemático de niños. Ana Frank, de 13 años, vivió con su familia y los Van Pels detrás de una biblioteca giratoria en la empresa de su padre, en la Prinsengracht 263, de Amsterdam. Hoy es un museo. Fueron dos años en total (del 42 al 44) esperando a los ogros de la Gestapo. Una mañana aparecieron. Para entonces, había escrito unos diarios de adolescencia de clausura que ya son universales. Ella, su hermana Margot, y su madre murieron en Auschwitz.

Auschwitz, los nazis y la solución final (Crítica).
Lawrence Rees.

El 20 de enero de 1942, los jerifaltes del III Reich se reunieron en una villa junto al lago de Wannsee para hablar abiertamente del exterminio judío. Aquello se llamó “solución final”. Como epílogo a unos documentales para la BBC, Lawrence Rees escribió en 2005 un libro basado en cientos de entrevistas a miembros activos y pasivos. Antiguos miembros de las SS no arrepentidos, judíos emigrados a América o a Israel… Un escandaloso clásico reciente, metódicamente similar a ‘El holocausto japonés’.


Eichmann en Jerusalén (Debolsillo).
Hannah Arendt.

Adolf Eichmann fue el responsable del Departamento de Emigración Judía y estuvo en la mentada conferencia de Wannsee. Hacia 1960, vivía en Buenos Aires, se llama Ricardo Klement y trabaja en una oficina de Mercedes Benz. En mayo de ese año el Mossad lo secuestró y se lo llevó a Jerusalén para ser juzgado (y ahorcado). Aquello se llamó “Operación Garibaldi“. La filósofa Hannah Arendt cubrió para ‘The New Yorker’ el irregular proceso y trazó un retrato de Eichmann. Sus artículos acabaron por convertirse en un libro clásico con un subtítulo esclarecedor: “La banalidad del mal“. El monstruo era un gris burócrata.

Los límites del perdón (Paidós).
Simon Wiesenthal.

Superviviente de Mauthausen, Wiesenthal fue un reconocido rastreador de nazis huidos desde el Centro de Documentación Judía de Israel. El mismo Adolf Eichmann o Karl Silberbauer, responsable del arresto de Ana Frank, fueron algunos de sus ‘trofeos’ más famosos. Llevó a los tribunales a más de 1.000 nazis. Este libro autobiográfico propone el dilema del perdón y lanza la patata caliente a personalidades como Primo Levi, el cardenal Künig, el Dalai Lama, o Tzvetan Todorov. Otro clásico, entre el ensayo y la autobiografía, que clama justicia es ‘Más allá de la culpa y la expiación’ (Pre-textos), de Jean Améry

Sin destino (Acantilado).
Imre Kertész.

Gyorgy Köves es un personaje de ficción. Como Kertész, es un judío de Budapest, un flacucho adolescente. Ambos son deportados a Auschwitz. El joven Köves visita también Buchenwald y Zeitz. El Nobel de Literatura de 2002 escribió su primera novela en 1975 y se abrió a sus recuerdos con una máscara puesta. Se trata de una novela de formación entre chimeneas antropófagas y ladridos de perro. Mejor le fue a Joseph Joffo, otro niño con gorra y estrella de David en la pechera, tal y como lo relata en “Un saco de canicas” (Debolsillo), que evitó lo peor con su fuga constante por la Francia ocupada.

Escapar de Sobibor (Planeta).
Richard Rashke.

Sobibor era un campo de exterminio de la zona oriental de Polonia, entre Treblinka y Belzec. Aunque era el más pequeño de los tres recintos, allí fueron gaseados 250.000 judíos. Incluso Mathaussen, Auschwitz o Dachau fueron menos eficientes que Sobibor, donde los que ‘huéspedes’ eran asesinados en cuestión de 24 horas. Rashke cuenta cómo, en octubre de 1943, 600 cautivos se rebelaron, alentados por el ejemplo de los héroes del gueto de Varsovia, mataron a los oficiales y saltaron las verjas. 300 de ellos consiguieron llegar al bosque y sobrevivir. Algunos ofrecen su testimonio al autor.

Un español frente al Holocausto (Temas de Hoy).
Diego Carcedo.

Ángel Sanz-Briz, diplomático de la embajada española de Budapest, consiguió salvoconductos para llevar a 5.200 judíos húngaros a España. 4.000 más que Schindler. Hoy, ambos poseen el título de “Justo entre las Naciones” que otorga el Museo del Holocausto de Israel. Cuando en 1944, los alemanes invadieron Hungría, Sanz-Briz arriesgó su vida para cobijar a los judíos con la excusa de que eran sefardíes, españoles. Los tuvo en dependencias de la embajada alquiladas “ad hoc” hasta que pudo sacarlos. En realidad, sólo 200 de ellos eran verdaderos judíos sefarditas.


La destrucción de los judíos europeos (Akal).
Raul Hilberg.

Un auténtico clásico historiográfico. Entre 1948 y 1961 Hilberg levanta este libro monumental (que es el adjetivo que se emplea para libros como este, de 1.456 páginas). La cuestión es: ¿cómo se llevó a cabo el asesinato de seis millones de personas? La articulación social y burocrática y tecnológica de semejante proyecto en medio de una guerra es el objeto de esta exhaustiva exposición. Hilberg pone el acento en la maquinaria de fondo, tras los ojos alemanes. Como contrapunto (el lado de las víctimas) se puede citar un libro reciente, también exhaustivo, y “monumental” (1.700 páginas): “El Tercer Reich y los judíos” (Galaxia Gutenberg) de Saul Friedländer

El hombre en busca de sentido (Alianza).
Victor Frankl.

Este libro tuvo como primer título (en 1959) “Del campo de muerte al existencialismo“. Aquí Frankl, uno de los más ilustres psiquiatras de Viena es internado (otro más) en Auschwitz. El shock inicial, la apatía posterior, la despersonalización, la crueldad de los ‘capos’ judíos, y el peso de la losa del sinsentido ya en libertad son pormenorizadas en este trabajo de campo en el campo de trabajo.

Conmemoración Día del Holocausto 2010. UNESCO.
Una carta inédita de Primo Levi. El Mundo.
Especial: Viaje al holocausto. El Mundo.

Texto: Álvaro Cortina. El Mundo.es. 27/01/2010.

Vivir para contar. Primo Levi.

Posted in Libros by Alguien on 11 enero 2010

Pensar que Primo Levi tenía un compromiso es dejar sin vida al autor. Levi no tomó partido en el problema, porque él fue uno de los supervivientes del problema: el genocidio nazi. Él no hizo de la lucha contra el fascismo, la esclavitud y la mentira un motivo para escribir, porque su escritura es una consecuencia vital y no un encuentro artístico. A Primo Levi no le interesaba el compromiso, a Primo Levi le interesó la justicia. Los artículos reunidos en Vivir para contar, publicado por Alpha Decay, son la prueba de la tenacidad del testigo para evitar caer en la construcción de otro Auschwitz.

En esas se formó el estigma del “narrador molesto”, con la amarga sensación tan presente de no ser bien recibido si se empeña en seguir recordando los motivos más dramáticos de la Historia de la Humanidad. Pero el propio Levi aclaraba: “No es verdad que el único escribir auténtico sea el que sale del corazón”. Porque la lengua del corazón “es caprichosa, adulterada e inestable como la moda”.

Escribir para el autor italiano (Turín, 1919-1987) era un servicio público que no debía defraudar al lector. Hablaba de las responsabilidades del escritor y de sus obligaciones al tener que responder por cada palabra que utiliza. Precisión, sencillez y rigurosidad. La palabra sólo sirve para dar en el blanco, no para adornar un equívoco que se escapa del corazón, parece contarnos el autor de Si esto es un hombre en esta compilación de breves reflexiones en revistas y otras publicaciones, aparecidas desde 1955 hasta sus últimos días de vida.

Después de Auschwitz hubo de restituir la verdad contra los ataques furibundos de la negación del horror. Él es un superviviente y como tal se muestra preocupado por la mala situación de la memoria; obsesionado con el testimonio: “Si faltase nuestro testimonio, en un futuro no lejano las proezas de la bestialidad nazi, por su propia enormidad, podrían quedar relegadas al mundo de las leyendas”, escribe en el primero de los textos de esta edición con textos inéditos al castellano; impaciente, siempre, ya sea ante el silencio, ya contra el olvido, porque le parecen suficientes diez años después del desastre para que la Historia emita su sentencia.

Aún así, cuenta en un escrito de 1979, cómo se entera de la existencia de un “comité secreto de defensa” entre los prisioneros del campo de Auschwitz, en el que estuvo preso desde finales de febrero de 1944 hasta su liberación por los Aliados. Después de más de 30 años de su internamiento en el campo de exterminio aún le quedaban riesgos por conocer. En una cena de ex deportados en Roma conoció a uno de los integrantes de aquel comité secreto, con el que confirma que resolvía muchos acontecimientos decisivos de la vida interna del Lager (campo): “Sabía que las leyes de la conspiración son duras, pero nunca había pensado que un nombre cualquiera, el mío por ejemplo, podía haber servido para salvar una vida políticamente más útil que la mía”. A pesar de la celeridad contra el olvido, la Historia no se construye en días.

Él ha sido testigo de cómo se levanta la Historia, ha sido protagonista, Levi hizo todo lo que pudo para que las huellas de las heridas más dolorosas se mantuvieran frescas. Precisamente por eso, a lo largo de estos ejercicios espirituales se muestra nervioso por la velocidad a la que la memoria superviviente desaparece. Su empeño durante más de 40 años de víctima fue que “si comprender es imposible, conocer es necesario”. Una y otra vez ese mensaje, que Auschwitz está fuera de nosotros, pero no tanto, que la peste ha remitido, pero la infección aún culebrea. De ahí que para Levi “la lectura es un deber que nos incumbe a todos”.

Una responsabilidad común para que no vuelva a repetirse. Levi se pregunta sobre quién pesa esa culpa: ¿sobre el individuo que se ha dejado convencer o sobre el régimen que lo ha convencido? “Sobre ambos”, se responde. Además, apunta en otro escrito de finales de los años setenta, que la culpa es tan molesta que muy pocas veces induce a la expiación. Por el contrario, el que siente su peso se libera de ella de varias maneras, aclara el autor: “Olvidando, negando, falsificando y mintiendo a los demás y a sí mismo”.

En 1987, en un artículo publicado por La Stampa, la polémica estaba dirigida a comparar la masacre del gulag con el exterminio nazi y resolver que estas surgen como una defensa preventiva “contra una invasión asiática“. Levi se adelanta a no absolver a los soviéticos, pero aclara que los objetivos de los dos infiernos no fueron los mismos. “El gulag era una masacre entre iguales, no se basaba en una supremacía racial, no dividía a la humanidad entre superhombres e infrahombres; el otro se basaba en una ideología saturada de racismo”.

“Es cierto que en el gulag la mortalidad era pavorosamente elevada, pero era, por así decir, un subproducto, tolerado con cínica indiferencia: la finalidad principal, tan bárbara como se quiera, tenía una racionalidad propia, consistía en la reivindicación de una economía esclavista destinada a la construcción del socialismo”, escribe en una justificación algo endeble frente a lo que él consideró un hecho sin comparaciones: que un campo como Treblinka fuera un agujero negro en el que hacer desaparecer a hombres, mujeres y niños, “culpables únicamente de ser judíos”.

Levi no ve en el gulag el deseo de represalia, ni el motivo racista, ni la carga fascista, ni la sangrienta crueldad nazi que mandaba a los bancos alemanes el oro de los dientes extraídos a los cadáveres. Lo dice alguien con dos nombres: uno ya lo sabemos, el otro lo llevó tatuado en el antebrazo hasta su muerte, el número 174517.

Ficha del Libro: Alpha Dacay.

Texto: Peio H. Riano. Publico.es – 11.01.2010.

SHANGRI-LA Nº 7. Memoria/s de Auschwitz.

Posted in Andanzas by Alguien on 12 diciembre 2008

Memoria/s de Auschwitz. SHANGRI-LA- Derivas y Ficciones aparte.

Núm. 7- Septiembre – Diciembre 2008- ISSN:1988-2769

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“Tú que vives en calma/ bien abrigado en tu casa,/ Tú que encuentras,/ cuando de noche regresas,/ la mesa puesta rodeada de rostros amigos./ Considera si esto es un hombre:/ El que sufre en el lodo,/ el que no conoce el reposo,/ el que pelea por un mendrugo de pan,/ el que muere por una insignificancia./ Considera si esto es una mujer:/ la que ha perdido sus cabellos y su nombre,/ y hasta la capacidad de recordar,/ los ojos vacíos y el seno frío/ como una rana en el invierno./ No olvides que esto sucedió./ No, no lo olvides:/ Graba estas palabras en tu corazón,/ piensa en ellas, en la calle,/ en la mañana, por la noche/ repítelas a tus hijos./ O si no que tu casa se derrumbe,/ que la enfermedad te haga sucumbir,/ y que tus hijos te abandonen.” Primo Levi.

SHANGRI-LA [p-link]

 

Libros secuestrados.

Posted in Artículos by Alguien on 8 noviembre 2008

Memorias del horror – ABCD.es

Rogelio Alonso – 01/11/2008

 

«Un secuestro es una soledad mortificante. Hay un silencio que te desgarra desde las entrañas hasta la desesperación. Un secuestrado es un hombre que se aferra al límite del horror y que siente cómo poco a poco ya no puede más.» Brian Keenan fue secuestrado por terroristas libaneses en Beirut en 1985 y liberado cuatro años y medio después. Al final de ese infierno, este profesor de literatura nacido en Belfast escribió una obra magistral, “An Evil Cradling”, en la que relató el calvario al que milagrosamente logró sobrevivir. Sus páginas son estremecedoras y bellas, pues describen con una emocionante sensibilidad una de las más inhumanas experiencias a las que un hombre puede ser sometido.

 

Casi un centenar de ciudadanos occidentales fueron secuestrados en ese país durante la década de los ochenta. Muchos de ellos permanecieron en cautividad durante largos años, mientras otros eran asesinados. Varios fueron los supervivientes que plasmaron su cautiverio en conmovedores libros. El periodista norteamericano Terry Anderson, retenido desde marzo de 1985 hasta diciembre de 1991, escribió “Den of Lions”, unas impresionantes «memorias de supervivencia y triunfo», tal y como rezaba el subtítulo de la obra.

 

Terrible relato. El periodista británico John McCarthy, secuestrado en abril de 1986 y liberado en agosto de 1991, escribió “Some Other Rainbow”. Sus páginas alternaban el terrible relato de la tortura padecida por McCarthy con el de los denodados esfuerzos de su novia, la también periodista Jill Morrell, por mantener viva una intensa campaña internacional por su liberación. Ese contraste entre sentimientos como el odio y el amor que los seres humanos son capaces de desplegar hacía de éste un volumen especialmente atractivo. La agonía del secuestro también fue relatada en Taken on Trust” por el británico Terry Waite, enviado del arzobispo de Canterbury con la intención de negociar la liberación de los rehenes en Líbano. Waite, secuestrado en 1987, recuperaría la libertad 1.763 días después.

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In Memoriam: 11 abril 1987.

Posted in Memorias by Alguien on 11 abril 2008

Eran las 10.05 h. cuando un golpe sordo sonó en el número 75 de la calle Re Umberto, de Turín. En el vestíbulo, un hombre con el número 174.517 tatuado en un brazo yacía muerto en la casa donde pasó toda su vida, excepto los once meses de 1944 en los que sobrevivió en el lugar más atroz que ha existido y al que regresó dos veces en su vida tras su liberación. Su nombre: Primo Levi. Su obra: Si esto es un hombre (1947), testimonio capital de la barbarie Nazi, está considerada uno de los relatos esenciales de la humanidad, entre otros libros. Se suicidó, dictaminó un juez, el 11 de abril de 1987, quien sabe si impedido por las pesadillas brutales de su vida. Su última biografía se publicó en España en Marzo de 2007, coincidiendo con el vigésimo aniversario de su muerte. Hoy se cumplen 21 años. In Memoriam:

Me llamo 174517; nos han bautizado, llevaremos mientras vivamos esta lacra tatuada en el brazo izquierdo. La operación ha sido ligeramente dolorosa y extraordinariamente rápida: nos han puesto en fila a todos y, uno por uno, siguiendo el orden alfabético de nuestros nombres, hemos ido pasando por delante de un hábil funcionario provisto de una especie de punzón de aguja muy corta. Parece que ésta ha sido la iniciación real y verdadera: sólo “si enseñas el número” te dan el pan y la sopa. Hemos necesitado varios días y no pocos bofetones y puñetazos para que nos acostumbrásemos a enseñar el número diligentemente, de manera que no entorpeciésemos las operaciones cotidianas de abastecimiento; hemos necesitado semanas y meses para aprender a entenderlo en alemán. Y durante muchos días, cuando la costumbre de mis días de libertad me ha hecho ir a mirar la hora en el reloj de pulsera he visto irónicamente mi nombre nuevo, el número punteado en signos azulosos bajo la epidermis

© Si esto es un hombre. Gómez, P. (trad.) Barcelona: Aleph Editores, 2003.

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