Algún día en alguna parte

Érase veintiuna veces Caperucita Roja.

Posted in Cuentos, Libros by Alguien on 2 agosto 2009

Media Vaca es una de esas pocas editoriales absolutamente únicas. Obra de Vicente Ferrer Azcoiti, es tan artesanal como universales sus publicaciones. La ilustración es el centro, y muchos de sus libros son versiones o iluminaciones de textos clásicos que cobran nueva vida. Y la calidad de las ediciones es sencillamente espectacular. Su principal colección, Libros para niños, persigue un objetivo singular en el panorama editorial actual: tratar a los niños con un profundo respeto a su inteligencia, sin concesiones ni regalías ni paternalismos. Quince libros en once años da idea de la dedicación, la lentitud y el amor por los libros que sustentan su línea editorial.

Cuando Media Vaca comenzó su andadura, allá por 1998, su editor no sabía muy bien qué libros quería hacer, pero tenía bastante claro cuáles no quería hacer: los que ya existen mil veces: ¡Caperucita Roja!

Como el mundo da tantas vueltas, habrá también una caperucita de Media Vaca. No se trata de un libro más, porque son en realidad veintiún libros: veintiuna historias distintas que utilizan como punto de partida el cuento clásico de Perrault, autor del primer escrito conocido sobre este famoso personaje.

El proyecto tiene su origen en un taller para ilustradores que tuvo lugar en el Museo Itabashi de Japón durante el verano de 2003. Se pidió a los participantes, cuyos trabajos se reproducen íntegramente en el libro, que no se limitaran a poner sus dibujos junto a las palabras de Perrault, sino que se sintieran libres para hacer todos los cambios que desearan en función de sus propios intereses. El resultado es tan variado como sorprendente: hay historias de miedo, de risa y de aventuras, y los hay también de fantasmas, de amor y gastronomía.

Textos e ilustraciones de: Ayabo, Simon Sakurai, Hazuki Hayashi, Yukari Miura, Yukari Miyazawa, Manami Yamada, Yuco Ishizuka, Maki Takubo, Kaori Tsukuda, Kana Yamada, Izumi Yamada, Chikako Futatsugi, Kyoko Enomoto, Mari Yano, Maki Iino, Kyoko Ogawa, Rie Koresawa, Tomoko Iwama, Yuka Iwase, Nozomi Kobayashi y Taro Miura.

20 – HOW TO LOVE A GIRL. Kana Yamada.

Esta es la historia del lobo Jack, pariente lejano del más famoso lobo de los bosques.
Hoy en día apenas quedan bosques, las aldeas se han convertido en pueblos, y éstos en ciudades, y la vida ha ido haciéndose cada vez más complicada.
Todo el mundo ama su independencia y su libertad.
Sin embargo Jack estaba solito. “Un lobo debe amar la soledad”, le habían enseñado.
-¡Ya no! No puedo seguir amando la perversa soledad. ¡Quiero amar a alguien que no sea yo mismo!
Pero Jack no sabía cómo amar.
Entonces encontró un libro: HOW TO LOVE A GIRL.
Por primera vez se le ofrecía la oportunidad de aprender algo sobre las chicas.
-¡Qué complicado! ¡Aunque lo intente con todas mis fuerzas me va a resultar imposible!
Su cabeza estaba a punto de estallar.
Andaba ensimismado, cuando de pronto…

-Perdóname, es que tengo prisa porque voy a ver a mi abuela enferma…
-No, no, yo también iba distraido.
Jack recogió del suelo las manzanas caídas.
-¡Muchas gracias! Puedes quedarte una si quieres.
-Gracias…
Jack no era consciente de que este encuentro iba a cambiar su destino. El libro no decía nada de eso.
-¡Qué enormes son tus manos, Jack!
¡Qué enormes son tus orejas, Jack!
¡Qué enormes son tus ojos, Jack!
¡Qué enorme, qué increiblemente enorme, es tu boca, Jack!
“Esta chica es muy habladora”, pensó Jack. “Es lo único que coincide con lo que dice el libro”.
-¿Te resulto extraño?
-¡NO! ¡Enormemente atractivo!

En Algún día:

Caperucita Roja. Versión del Lobo.
El cuento popular francés de Caperucita.
El “chaperoncito rojo” de Charles Perrault.
Caperucita Roja. Versión del Lobo enamorado.
Caperucita roja según los Hermanos Grimm.
Caperucita Roja políticamente correcta.
El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.
Caperucita Roja de Gabriela Mistral.
Caperucita Roja de Tex Avery. Una maciza de los bosques.
En Algún día: Caperucita Roja.

Caperucita roja de Tex Avery: Una maciza de los bosques.

Posted in Cuentos by Alguien on 18 octubre 2008

Cuando los hermanos Grimm convirtieron «Caperucita Roja» en un cuento para niños destinado a la audiencia victoriana del siglo XIX, nuestra heroína pasó a ser una encarnación de la inocencia y perdió todo rastro de la sexualidad que poseía en la tradición francesa. No fue hasta bien entrado el siglo XX que esta expurgada Caperucita volvió a la vida terrenal y para ello, por decirlo de algún modo, fue necesario que colgara los hábitos. Esto fue exactamente lo que ocurrió cuando el legendario animador Tex Avery se ocupó del personaje. Avery sacó a la heroína y al lobo de los bosques europeos y los llevó al Hollywood de los clubes nocturnos, y, haciendo esto, transformó el cuento en una caricatura del cortejo a la americana. En su Red Hot Riding Hood, estrenada en 1943, la dulce heroína de los libros de cuentos tradicionales (una figura que en el siglo XVII, en relato original de Perrault, había servido como advertencia sobre los peligros de la promiscuidad) se convirtió en su opuesto simbólico: una bailarina y cantante de un local de strip-tease.

Red Hot Riding Hood [You Tube Link] empieza con un paisaje tradicional, a la Euro-Disney, en el que se desarrolla la típica trama del cuento. («Buenas noches, niños. Érase una vez Caperucita roja, una hermosísima y dulce niña que portaba una cesta llena de comida… », canta la voz del narrador.) Entonces de la oscuridad del bosque sale un lobo feroz y exclama: “Estoy aburrido de estas bobadas de Hollywood. Es la misma vieja historia una y otra vez, si no pueden hacerlo de manera más innovadora yo presento mi dimisión!” Son las palabras del lobo que interrumpe al narrador para dar su punto de vista. A esta reivindicación se suman el resto del reparto, caperucita roja y su abuela. El narrador está de acuerdo y con gran amabilidad rebobina la historia y comienza de nuevo con… Red Hot Riding Hood.


El lobo es ahora una rico “depredador sexual” al que le venden “cigarrillos extra-largos”, Caperucita roja una cantante voluptuosa de un club nocturno situado en la esquina de Hollywood Boulevar con Vine Street, y la abuela una madurita ávida de sexo celosa de su nieta.

El lobo, de punta en blanco, con sombrero de copa y frac, llega en su automóvil dispuesto a pasar una noche de juerga. A pocos pasos se encuentra la casa de la abuela, ahora convertida en burdel, un apartamento coronado por un anuncio de neón en el que puede leerse: «Antro de la Abuela, ven a verme». (El anuncio incluye una mano cuyo índice se curva a la manera de Mae West e invita a los transeúntes a subir.)

Y sobre el escenario del Sunset Strip, un elegante club que se promociona con un “30 hermosas chicas, entrada libre”, hace su aparición Caperucita, de pie bajo los reflectores, cubierta de maquillaje y adornado por una capa roja que se apresura a tirar a un lado junto con su cesta. Esta Caperucita ya no es una niña, sino una explosiva pelirroja pechugona enfundada en un corto (cortísimo) vestido rojo. Empieza a cantar y bailar “Hey Daddy, you beiter get the best for me” («Eh, Papi, te conviene conseguirme lo mejor») y esto pone frenético al lobo, quien, sentado en medio del público, ulula y aúlla, aplaude y silba. Caperucita continúa cantando mientras menea sus caderas de uno a otro lado y sacude el trasero. Los ojos del lobo saltan y vuelan por el recinto, su lengua se desenrolla para hacer las veces de alfombra roja, y todo él se eleva en el aire hasta quedar petrificado en una erección de cuerpo entero. En cuanto Caperucita termina su número, el lobo estira su brazo hasta el escenario y la arrastra a su mesa. «Vámonos volando a la Riviera», dice con un meloso acento francés. [Video Link]

Caperucita es franca y directa en su respuesta, le basta un ¡ NO! ensordecedor seguido de una lámpara de mesa que destroza sobre la cabeza del lobo para apagar su ardor. Pero nuestro playboy no se conforma con la negativa. Tras la huida de caperucita en un taxi, el lobo decide seguirla, Avery introduce aquí uno de los gag más plagiados en el cine, y que muy pocos sabrían indicar el origen del mismo: El lobo se acerca a un taxi, y le indica, “sigua a ese coche”, y eso mismo es lo que hace el conductor, perseguir al primer auto – que lleva a Caperucita – pero dejando en tierra al pasajero-lobo.

El lobo llega a la casa de Caperucita, pero para su sorpresa encuentra a una abuela que “le hecha el ojo”, convirtiéndose ahora el playboy en el acosado. La abuelita es en esta ocasión una ardiente anciana que luce un ajustado vestido rojo y que, al ver al lobo, queda estupefacta. Ahora es ella la que silva, levita y ulula, a medida que lo persigue de una puerta a otra con sus labios listos para besarlo. «Este sí que es un lobo! ¡Auuuuu!»

Nada más estrenarse esta pieza, gozó de una gran popularidad, y sus personajes (o variantes de los mismos) fueron reutilizados en cinco historias más a lo largo de los años cuarenta.

Aparentemente «Caperucita Roja» era el cuento preferido de Tex Avery, quien volvió una y otra vez sobre él (o sobre algo que se le parecía) durante las décadas de 1930 y 1940, con lo que transformó el relato popular en una completa historia de amor contada en varios episodios.

En el primero de sus coqueteos con el cuento, el cortometraje Little Red Walking Hood (IMDB), estrenado en 1937, [Video Link, 51 seg] Avery dio a Caperucita el cuerpo de una niña pequeña, pero le otorgó un comportamiento de mujer adulta. Caperucita pasea por el bulevar mientras el lobo (que en esta ocasión es un seductor de barra de bar, un mar de empalagoso encanto y dudosas intenciones) la sigue despacio en un brillante automóvil negro, desde el que le lanza, a toda velocidad, tantos piropos como se lo permiten sus labios. En determinado momento, Caperucita irrumpe el relato para quejarse de la lasciva conducta de los machos y compadecer a las espectadoras por tener que soportarla.

En The Bear’s Tale (1940, El cuento del oso), Avery convierte a Caperucita en una ingeniosa y pecosa niña de Brooklyn que se asocia con Ricitos de Oro para derrotar al lobo. En cierta escena la pantalla aparece dividida en dos y Caperucita se inclina sobre la línea que separa ambas historias para entregar un mensaje a Ricitos: «¡Hola, Ricitos! Soy Caperucita Roja. Acabo de encontrar una nota de ese lobo canalla…».

En Little Rural Riding Hood (1949) [YouTube Link], la última de sus parodias del cuento, Avery centró su atención en una pelirroja larguirucha y dentuda que hace el papel de prima campesina de Caperucita Roja. Este personaje tiene la habilidad de abrir y cerrar puertas con sus enormes pies y cuando frunce sus labios su boca se convierte prácticamente en un hocico.

Sin embargo, de todas las variaciones sobre el tema realizadas por Avery, fue Red Hot Riding Hood la que le proporcionó sus estrellas guía.

La pechugona pelirroja y el lobo superaron con rapidez la trama que los había inspirado y se convirtieron en personajes recurrentes en numerosos cortos de dibujos animados. Avery no sólo colocó a la pareja en sus parodias de «Caperucita Roja» sino también en dibujos animados basados en otros cuentos de hadas. La heroína de Swing Shift Cinderella [YouTube Link] (1945, La Cenicienta del turno de la tarde) es en realidad otra vez Caperucita, su Caperucita.

De nuevo aparece en el ya familiar decorado de club nocturno, con el mismo pelo rojo y ondulado y luciendo las mismas e insinuantes curvas. Otra vez luce su atrevido vestido, sólo que esta vez es producto del hechizo de su hada madrina («Agitaste una varita tacaña, verdad?», le pregunta Caperucita en un momento). Y por supuesto, está acompañada por el mismo lobo eternamente excitado que la acompañaba en su primera aparición en Red Hot Riding Hood. Como ya ocurría allí, el lobo es presa de un ataque de éxtasis cuando la ve bailar y cantar; en esta ocasión la melodía dice: «Oh Wolfie, ain’t you the one!» («Oh Lobito!, ¿no eres tú el elegido?).

Avery incluyó también a esta pareja en dibujos animados en los que parodiaba otros géneros, como The Shooting of Dan McGoo [YouTube Link] (1945, El tiroteo de Dan McGoo), su cómica versión de las películas del oeste, Wild and Wotfy [YouTube Link] (1945, Salvaje y feroz) y Uncle Tom´s Cabana [Video Link] (1947, La cabaña del tío Tom). En su última aventura, la antes mencionada Little Rural Riding Hood, inspirada en la fábula de La Fontaine sobre el ratón de campo y el ratón de ciudad, Caperucita es una vez más una bailarina y actúa en el mismo club nocturno, pero en esta ocasión lo hace para dos lobos: un pueblerino en plena fiebre hormonal y un altanero romeo urbano que luego se enamorará de la prima campesina de Caperucita.

Para Avery, los protagonistas de Red Hot Riding Hood trascendían el cuento de hadas del que habían surgido. La bailarina y su lascivo perseguidor no eran simplemente una niña y un lobo, sino personajes y símbolos del drama de la sexualidad humana. Su heroína es un objeto sexual. Su lobo, petrificado y levitando tras contemplarla, es la encarnación del pene.

En los dibujos de Avery, las metáforas que hacían referencia a la excitación sexual eran interminables y evidentes, lo que hizo que los censores del gobierno de Estados Unidos se interesaran por su obra. Es sabido que creaba escenas picantes que, estaba convencido, serían cortadas, con la esperanza de que así desviarían su atención de los chistes sexuales que realmente quería mantener, aunque esta estrategia no siempre tuvo éxito.

Semejantes chistes no eran inusuales en los dibujos animados de la primera época. El ingenioso trabajo de Avery en torno a Caperucita Roja no estaba destinado a los niños. Se trataba de dibujos animados anteriores a la difusión de la televisión que se presentaban en las salas de cine para todo tipo de públicos, como preámbulo de la atracción principal: los niños iban a las películas, pero no eran lo primero en lo que pensaba Avery. Como muchos otros dibujantes de la época, Avery incluía en sus creaciones alusiones a la vida americana durante la guerra. Y su Caperucita Roja está obviamente modelada con base en las chicas de portada encargadas de «elevar la moral» de las tropas durante la segunda guerra mundial.

En la versión de Red Hot Riding Hood que fue presentada al público estadounidense el lobo enloquece debido a las atenciones que le dispensa la abuela de Caperucita y promete matarse si vuelve a prestar atención a otra mujer. Cuando Caperucita aparece nuevamente sobre el escenario, el lobo se suicida y es  su fantasma el que celebra con silbidos y aullidos la actuación de la protagonista. La versión original era mucho más fuerte, y su explícito aire de bestialismo chocó con el código de censura creado por WilI H. Flays, vigente desde 1930. En esa versión, que fue enviada a las tropas en el extranjero pero no se mostró al público general, la abuela y el lobo se casan por obligación (con Caperucita sentada detrás de una batería antiaérea que apunta a la espalda del lobo) y en la siguiente escena aparecen de nuevo en el Sunset Strip, acompañados por una carnada de lobitos llorones, para contemplar el último número de Caperucita.

Tex Avery supo captar en Red Hot Ríding Hood y su atractiva protagonista una parte de la historia de los Estados Unidos y consiguió también dar al cuento un nuevo sentido como narración de un cortejo. Su versión, además, anunciaba el nacimiento de un nuevo papel para Caperucita  Roja. En la cultura popular del siglo XX, Caperucita se convirtió cada vez más en expresión de los ideales de la mujer adulta y empezó a representar un tipo social en auge: la mujer soltera. La «señorita Caperuza», tal y como la llama el lobo en las historias de Avery.

El humorista James Thurber, contemporáneo de Avery también supo captar esta nueva característica de la mujer americana, capaz de salir airosa de las situaciones difíciles planteadas por la vida urbana, aunque no le atribuyó la explicita sexualidad de los personajes de Avery.

Esto resulta claro en la adaptación de «Caperucita Roja» que incluye su Fables for Our Time and Famous Poems(1939, Fábulas para nuestra época y poemas Famosos). «Ya no es tan fácil engañar a las niñas como lo era antes», reza la moraleja bajo el dibujo de una Caperucita muy seria, que con los brazos en jarras mira al lobo mientras éste la espera en la cama, jadeando con evidente enojo. [YouTube Link]

Una tarde, en un bosque oscuro, un gran lobo esperaba por una pequeña niña que iba a aparecer llevando una cesta de comida para su abuela.

En efecto, la niña apareció cargando con la cesta de comida. “¿Vas a llevarle esa cesta a tu abuelita?”, preguntó el lobo.

La pequeña niña dijo que sí, que así era. Entonces el lobo le preguntó dónde vivía su abuela y la niña se lo dijo, y el lobo desapareció entre los árboles.

Cuando la niña abrió la puerta de la casa de su abuela vio que había alguien acostado en la cama con el gorro de dormir puesto.

No se acercó a más de unos pasos cuando se dio cuenta de que no era su abuela sino el lobo el que yacía sobre la cama, ya que, aún con el gorro puesto, el lobo se parecía a su abuela tanto como el león de la Metro-Goldwyn se parece a Calvin Coolidge.

Por lo que la pequeña niña extrajo una pistola automática de la cesta y se la vació encima al lobo.

Moraleja: Ya no es tan fácil engañar a las pequeñas niñas como lo era antes.

© “La Niña y el Lobo” por James Thurber “Fables for our time and famous poems”, New York: Harper, 1939. Traducido por Rigoberto Rodríguez.

Al igual que los dibujos de Avery la versión ilustrada de Thurber refleja los cambios que afectaron la vida de la mujer americana desde la década de 1920 hasta la de 1940 y que trajeron consigo nuevas ideas y actitudes: las sufragistas consiguieron el derecho al voto, el sostén reemplazó al corsé, las mujeres empezaron a utilizar pantalones (siguiendo por fin la recomendación de Amelia Bloomer, quien a lo largo del siglo XIX había intentado cambiar el vestido femenino). Amelia Earhart se convirtió en 1932 en la primera aviadora que cruzaba sola el océano Atlántico; la «Gibson Girl», representante de la mujer ideal a principios de siglo, dio pasó a las JIapper, las jóvenes a la moda de la década de 1920, quienes a su vez se hicieron a un lado ante la aparición de «Rosie la remachadora»; la «mujer moderna» iba a trabajar, utilizaba lápiz de labios y fumaba; estrellas como Joan Crawford y Bette Davis se hicieron un nombre en Hollywood interpretando el papel de fammem sfatales.

Las obras de Avery y de Thurber dan cuenta de las actitudes sexuales y políticas de una época en la que las costumbres estaban cambiando de forma radical. No faltaría mucho para que los publicistas se fijaran en nuestra “maciza Caperucita de los bosques” como icono de “mujer fatal”, y comenzara a anunciar licores, maquillaje y veloces coches.

Pero eso es otra historia que contaremos algún día… en alguna parte…

Por el momento y para finalizar…[YouTube Link]


En Algún día:

Caperucita Roja. Versión del Lobo.
El cuento popular francés de Caperucita.
El “chaperoncito rojo” de Charles Perrault.
Caperucita Roja. Versión del Lobo enamorado.
Caperucita roja según los Hermanos Grimm.
Caperucita Roja políticamente correcta.
El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.

Caperucita Roja de Gabriela Mistral.

Érase veintiuna veces Caperucita Roja.
En Algún día: Caperucita Roja

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