Preguntas de un obrero ante un libro.

Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió a construir otras tantas? ¿En qué casas
de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?
La noche en que fue terminada la Muralla china,
¿a dónde fueron los albañiles? Roma la Grande
está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes triunfaron los Césares? Bizancio, tan cantada,
¿tenía sólo palacios para sus habitantes? Hasta en la fabulosa Atlántida,
la noche en que el mar se la tragaba, los habitantes clamaban
pidiendo ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿El sólo?
César venció a los galos.
¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?
Felipe II lloró al hundirse
su flota. ¿No lloró nadie más?
Federico II ganó la Guerra de los Siete Años.
¿Quién la ganó, además?
Una victoria en cada página.
¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria?
Un gran hombre cada diez años.
¿Quién paga sus gastos?
Una pregunta para cada historia.
Poema: Preguntas de un obrero ante un libro. [YouTube]
Autor: Bertolt Brecht.
Quedarme en casa…
Quedarme en casa,
sumergida en los pliegues de las horas,
y no esperar a nadie.
Que los ojos escuchen
y se olviden del mundo.
Que me arrope el silencio
y respire en mi nuca
su suave indiferencia.
Que vivir sea esto,
sin palabras de aguja
ni rodillas de llanto,
con el tiempo desnudo al borde de la cama
y mi boca dormida en su tímido beso.
Autora: Ana Merino. De “Los días gemelos” 1997.
Nunca perseguí la Gloria…
Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.
Elogio del olvido.
¿A qué grabar un nombre en las paredes,
manchar con torpes trazos la blancura
deslumbrante, impoluta, de la nada?
¿A qué este vano empeño de ir dejando señales,
de escribir en la arena, a resguardo del viento,
las triviales miserias que conforman tu vida?
Sobre las tercas líneas que dibujan un rostro
ha de pasar la mano piadosa de los años
borrando letras, sílabas, palabras sin sentido.
El papel en que escribes volverá a estar en blanco.
¿Y habrá dicha mayor que no haber sido?
De “El Pasajero” (1992).
Autor: José Luis García Martín.
Poemas de José Luis García Martín – A Media Voz.
Café Arcadia – Blog de José Luis García Martín.
Noche humana.
La noche, perseguida, se entró por mi ventana:
—Méteme por tus ojos, escóndeme en tu olvido;
aun tu cuerpo, entreabierto, puede muy bien guardarme,
antes de que se entregue al cerrado abandono
que ya está desciñendo tu ardiente vestidura.
Antes de que en el sueño sin voluntad de origen
la razón se te pierda solamente en el goce:
ocúltame, me buscan, traigo el olor a sangre
y tal vez el delito y la muerte es mi sombra…
Ocúltame, la tierra que hoy es carne y te invade,
casi ni piel sostiene, pero es tumba y memoria.
Yo voy desordenada y hasta el suelo me siguen
donde llevo mi aurora y su puñal agudo.
Pero mis sueños huelen al sudor de los hombres,
a sus crímenes ínfimos y a sus manos en llamas.
No pueden perdonarme que mi beso, en el lodo,
llegue donde no encuentra la ley su pensamiento.
Me acerco dolorida, no niegues tu desvelo.
Guárdame, como al trigo el agua se incorpora
y, en él, la flor engendra, que ha de ser paz del cielo.
Méteme por tus ojos, escóndeme en tu olvido…
******
Mi cuerpo estaba huyendo; buscándole a la noche
la falsedad de un ángel que fingiera un reposo;
la engañadora imagen de un nombre de ceniza
que en el alcohol o el sueño, sin amor, me incendiara.
Mi cuerpo estaba huyendo; por las desiertas calles
de una ciudad sin suelo resbalaba impreciso,
deteniéndose al paso vulgar de la inocencia
y escapando al contacto con ella, por mi angustia.
Mi cuerpo estaba huyendo. Sin vuelo y sin raíces,
se arrastraba en la inmensa bóveda de los tiempos,
donde mueren los sueños desunidos y aislados
y el aire, como un negro fantasma, los corona.
Junto al olor caliente del pescado podrido,
de la fruta marchita y el vinagre, en acecho
la mujer entregaba su cabello constante,
herido por las uñas y la ardiente saliva.
Mis manos se enredaban a la piel de los hombres
que, abiertos, derramaban sus entrañas sin fuego;
mis voces se mezclaban a la luz del cigarro
y a ese rumor más hábil que engendra la denuncia.
La delincuencia, en roce nocturno con la envidia,
sobre el cristal dormido de los blandos hogares
acercaba en mi rostro indagador y astuto,
para hurtar un consuelo que mi paz no alcanzaba.
Y la luna, gimiendo, se clavaba en el árbol,
con la burla precisa del nivel de su tiempo.
Golpe a golpe sonaban las plumas de mi espalda
y su navaja el aire, por mi espalda, blandía.
Mi cuerpo estaba huyendo. Sonaba una cadena
y en la puerta del cielo mis manos golpeaban:
— ¡Abrid, abrid, las sombras por dentro me persiguen
y las sombras de fuera mis manos acuchillan!…
Desperté estando muerto: Mis sábanas sangraban…
—¡Abrid, abrid! ¡Las sombras!…
La noche, perseguida, se entró por mi ventana
y era a la noche misma, a quien yo perseguía.
Poema: Noche Humana, de Jardín Cerrado (1946).
Autor: Emilio Prados.
Respuesta.
Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.
Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.
Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde…
Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente…
Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?
Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.
José Hierro. De “Alegrí a” (1947).
Hora tras hora, día tras día…
Hora tras hora, día tras día,
entre el cielo y la tierra que quedan
eternos vigías,
como torrente que se despeña,
pasa la vida.
Devolvedle a la flor su perfume
después de marchita;
de las ondas que besan la playa
y que una tras otra besándola expiran.
Recoged los rumores, las quejas,
y en planchas de bronce grabad su armonía.
Tiempos que fueron, llantos y risas,
negros tormentos, dulces mentiras,
¡ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
en dónde, alma mía?
Por Rosalía de Castro.
Juicio final.
Yo, pecador, artista del pecado,
comido por el ansia hasta los tuétanos,
yo, tropel de esperanza y de fracasos,
estatua del dolor, firma del viento.
Yo, pecador, en fin, desesperado
de sombras y de sueños: me confieso
que soy un hombre en situación de hablaros
de la vida. Pequé. No me arrepiento.
Nací para narrar con estos labios
que barrerá la muerte un día de éstos,
espléndidas caídas en picado
del bello avión aquel de carne y hueso.
Alas arriba disparó los brazos,
alardeando de tan alto invento;
plumas de níquel. Escribid despacio.
Helas aquí, hincadas en el suelo.
Este es mi sitio. Mi terreno. Campo
de aterrizaje de mis ansias. Cielo
al revés. Es mi sitio y no lo cambio
por ninguno. Caí. No me arrepiento.
Ímpetus nuevos nacerán, más altos.
Llegaré por mis pies -¿para qué os quiero?-
a la patria del hombre: al cielo raso
de sombras ésas y de sueños ésos.
Por Blas de Otero.
Síndrome de abstinencia.
No es tan tóxico ya: también caduca
el amor en la fecha señalada en su dorso.
Ya no es ese veneno
tan eficaz, ni acaso necesaria
la urgente sobredosis. Qué cualidad letal
la del amor filtrado en la memoria.
Regreso a las palabras y compruebo que nunca
se contagian o enferman con las fases
de mi intoxicación o mi delirio.
Siempre más sanas, siempre
a punto de ser dadas de alta y de dejarme
un poco más enferma. Y nunca simultánea
he sentido la fiebre en mi otro cuerpo,
el que tiene por vísceras palabras.
De “Carpe Noctem” (1996). Autora: Aurora Luque.
Retirado en la paz de estos desiertos.
Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.
Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.
Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años vengadora,
libra, ¡oh gran don Josef!, docta la imprenta.
En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta,
que en la lección y estudios nos mejora.
Don Francisco de Quevedo y Villegas.

Eternidad.
Quien a sí encadenare una alegría
malogrará la vida alada.
Pero quien la alegría besare en su aleteo
vive en el alba de la eternidad.
Por Willian Blake. (Versión de Màrie Montand).
Canción de la vida solitaria. Fray Luis de León.
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¡Qué descansada vida Que no le enturbia el pecho No cura si la fama ¿Qué presta a mi contento ¡Oh monte, oh fuente, oh río,! Un no rompido sueño, Despiértenme las aves Vivir quiero conmigo, Del monte en la ladera, |
Y como codiciosa Y luego, sosegada, El aire del huerto orea Téngase su tesoro La combatida antena A mí una pobrecilla Y mientras miserable- A la sombra tendido,
|
Obras de Fray Luis de León en la Biblioteca Virtual Cervantes.
Mamá.
Mamá, yo quiero ser de plata.
Hijo, tendrás mucho frío.
Mamá, yo quiero ser de agua.
Hijo, tendrás mucho frío.
Mamá, bórdame en tu almohada.
¡Eso sí!
¡Ahora mismo!.
Federico García Lorca.
Versos Olvidados: Francisco Brines.
El escritor y académico español Francisco Brines (Valencia, 1932) obtuvo ayer el XIX Premio Reina Sofía de Poesía 2010, el más prestigioso entre los poetas iberoamericanos.
Alocución pagana.
¿Es que, acaso, estimáis que por creer
en la inmortalidad,
os tendrá que ser dada?
Es obra de la fe, del egoísmo
o la desolación.
Y si existe, no importa no haber creído en ella:
respuestas ignorantes son todas las humanas
si a la muerte interroga.
Seguid con vuestros ritos fastuosos, ofrendas a los dioses,
o grandes monumentos funerarios,
las cálidas plegarias, vuestra esperanza ciega.
O aceptad el vacío que vendrá,
en donde ni siquiera soplará un viento estéril.
Lo que habrá de venir será de todos,
pues no hay merecimiento en el nacer
y nada justifica nuestra muerte.
Versos olvidados: Francisca Aguirre.
Día Mundial de la Poesía 2010.
El 21 de Marzo se celebra el Día Mundial de la Poesía, a instancias de la UNESCO, con el objetivo de “fomentar el apoyo a los poetas jóvenes, volver al encantamiento de la oralidad y reestablecer el diálogo entre la poesía y las demás artes”, además de lograr que “el arte poético no sea considerado un arte caído en desuso, sino como una herramienta que permite a la sociedad reencontrar y afirmar su identidad”.
Y en este blog celebramos la efeméride, un año más, con una de las entradas más visitadas: 50 poemas populares para el Día Mundial de la Poesía. Sin olvidar nuestros Versos Olvidados.
Mensaje de Irina Bokova, Directora General de la UNESCO, con motivo del Día Mundial de la Poesía, 21 de marzo de 2010.
“Toda lengua tiene su poesía y cada ser humano posee las claves de su propia poética. Lo mismo en formas simples u ornamentadas, la poesía capta los aspectos de la experiencia humana más difíciles de traducir. La poesía expresa lo inefable, que constituye el fondo común del misterio humano.
En este Día Mundial de la Poesía 2010, recordemos que la poesía es un territorio universal donde los pueblos pueden encontrarse mediante palabras de todos los colores, ritmos y sonidos. Palabras que, cualquiera que sea la lengua de la que han brotado, van muy lejos en pos de una luz ligada a la esencia misma del ser humano, a la dignidad de cada persona.
Así pues, la UNESCO, que tiene por cometido la plena realización de “los principios democráticos de la dignidad, la igualdad y el respeto mutuo” de los seres humanos, considera la poesía un recurso fundamental: todas las poéticas del mundo y de todos los tiempos contribuyen a descifrar el fulgor inexpresable de la condición humana.
Las Naciones Unidas han proclamado 2010 Año Internacional de Acercamiento de las Culturas. Para coordinar su celebración a lo largo de todo el año, se designó a la UNESCO organismo rector en el sistema de las Naciones Unidas. En el contexto de este Año Internacional, concebido como una plataforma para reactivar la diversidad cultural y dar nuevo impulso al diálogo entre las culturas, la poesía ocupa un lugar de honor, porque ofrece un vínculo singular para acercar a las culturas en un plano diferente, depurado de toda contingencia.
La poesía es un haz de resonancias universales. Pero es necesario que se la conozca mejor, que se la baje de su pedestal para que pueda simplemente ocupar su lugar en el centro de la vida. Para lograrlo, es preciso un mayor esfuerzo de compilación, análisis, publicación y traducción de las obras poéticas. Por medio de su nuevo proyecto para el bienio 2010-2011, titulado “Rabindranath Tagore, Pablo Neruda y Aimé Césaire, por lo universal reconciliado”, la UNESCO alentará especialmente todos los medios pluridisciplinarios que vuelvan más accesible la poesía y le confieran más resonancia, bajo la conjunción de esos tres grandes poetas.
La diversidad poética nos brinda otra manera de dialogar. Nos permite descubrir que todos y cada uno de nosotros, en cualquier punto de la Tierra, compartimos los mismos interrogantes y sentimientos. Es una faceta de nuestra libertad, es nuestra humanidad. Por eso la poesía debe ocupar el lugar que le corresponde en los programas de educación de calidad. Mediante al acceso a la poética del mundo entero, los jóvenes pueden disponer de un vector más, diferente, sutil y fluido, para mejorar su conocimiento y comprensión del prójimo. El descubrimiento de un nuevo poema constituye un acto de inmersión en la lengua, pero también en la emoción y la sensibilidad del otro, por más distante que se encuentre en términos geográficos.
La poesía es una voz que resuena por doquier, sin frontera ni barrera. Es un medio de correspondencia, de conocimiento y descubrimiento del prójimo. Hagamos de ella también un nuevo sendero hacia la paz”.
Mensaje de la Directora General de la Unesco con motivo del Día Mundial de la Poesía 2010. (PDF)![]()
Actividades y programas del Ministerio de Cultura con motivo del Día Mundial de la Poesía 2010.
En Algún Día: 50 poemas populares para el Día Mundial de la Poesía.
Al Padre.
Tú, que por nuestra maldad,
tomaste forma servil
y bajo nombre;
tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
como es el hombre;
tú, que tan grandes tormentos
sufriste sin resistencia
en tu persona,
no por mis merecimientos,
mas por tu sola clemencia
me perdona.»
Oración: 39
Coplas a la muerte de su Padre. Jorge Manrique
Hoy estoy sin saber yo no sé cómo.
|
Hoy estoy sin saber yo no sé cómo No puedo con mi estrella, Si no fuera ¿por qué? no se por qué, |
Yo nací en mala luna. Un amor me ha dejado con los brazos caídos Cuanto más me contemplo más me aflijo: Ayer, mañana, hoy Me sobra el corazón. Hoy descorazonarme, Miguel Hernández |

De América siempre se dice que está obsesionada con el sexo y la violencia. Aunque esto podría predicarse de cualquier otro país y seguiría siendo cierto, sólo América es madre de
Cuenta la leyenda que la de Massachusetts se enterró en vida: empezó por no salir de casa y acabó por no salir de la cama. En un alarde de sociabilidad, escribía cartas. Hoy lo llamaríamos agorafobia, pero a mediados del siglo XIX era sólo una rareza. Es un buen adjetivo para 



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