Algún día en alguna parte

La estela de Rabindranath Tagore.

Posted in Memorias by Alguien on 2 mayo 2011

Famoso por sus proverbios, admirado por sus poemas, la estela de Tagore, cuyo 150 aniversario se celebra ahora, nunca ha cesado. De Oriente a Occidente.

Rabindranath Tagore (Calcuta, 7 de mayo de 1861-Santiniketan, 7 de agosto de 1941) ocupa un lugar decisivo en la cultura bengalí de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Fue poeta, músico, filósofo, autor teatral, pintor: un espíritu creador y reformador que convivió de manera crítica con el auge del nacionalismo hindú. En realidad, fue crítico con la exaltación del nacionalismo en cualquier país, en cuya manifestación detectó uno de los peores males de su tiempo, opuesto al universalismo al que aspiraba.

Sin dejar de ser hindú, fue cosmopolita en el sentido en que buscó el diálogo entre las culturas. Al igual que Gandhi, se opuso al determinismo de las castas; pero, a diferencia del gran líder hindú, estuvo lejos de profesar desdén u odio por la cultura occidental. Estaba a favor de la independencia de su pueblo, pero eso no le llevó a infravalorar la cultura inglesa; todo lo contrario: amaba a Shakespeare, a los poetas románticos y el liberalismo inglés. Fue un pacifista y odió toda violencia. Eso le emparentó con Tolstói y con Romain Rolland. No fue un santón, ni héroe ni mártir; no fue un asceta ni promulgó el tradicionalismo religioso y sus costumbres, así que su lugar es ambiguo en un mundo lleno de extremos. Buscó la simplicidad y la moderación.

Nacido en el seno de una familia rica e instruida de Calcuta, Tagore fue el menor de catorce hermanos. En Mis recuerdos (DeBolsillo) cuenta su iniciación a la música y a la poesía, también a los misterios de la naturaleza y del entorno en el que creció. Aunque perdió a su madre cuando era pequeño, apenas si se vislumbran dramas. A su padre lo trató cuando ya era un muchacho, pero fue una presencia positiva. Hombre contemplativo y reflexivo, crítico con muchos aspectos del hinduismo, de él aprendió Tagore que la educación no consiste en juzgar, sino en permitir que fluya y se haga cargo de sí misma. «Es el maestro más que el pupilo quien tiene que evitar comportarse de manera incorrecta», escribió el poeta. Al igual que Tolstói, dedicó muchos años de trabajo y dinero a la educación, creando la escuela de Shantiniketan, en Bengala, donde años más tarde estudiaría Amartya Sen, quien ha escrito esta bella definición de Rabindranath: «En la soberanía del razonamiento, del razonamiento sin miedo y en libertad, es donde podemos encontrar su voz más perdurable.

Tagore viajó a Inglaterra en 1887, donde estudió durante un año. Poco después, en 1883, se casó con una niña de diez años, con la que tuvo cinco hijos, varios de los cuales murieron pronto –ella falleció en 1902–. Tagore no se volvió a casar, pero no renunció al amor. Su tarea creativa fue incesante, y en 1912 despertó en Europa el interés por sus obras, especialmente en Yeats, que colaboró en la traducción de Gitanjali, cuya primera edición inglesa lleva un elogioso prólogo del gran lírico irlandés. Por este libro Tagore recibió el Premio Nobel de Literatura en 1913. Otro de sus admiradores tempranos fue Ezra Pound, aunque más tarde llegó a detestarlo. Fue notable su influencia en el primer Neruda.

Entre nosotros, hay que mencionar las numerosas y bellas traducciones que Juan Ramón Jiménez llevó a cabo, en colaboración con su mujer, Zenobia Camprubí. Traducciones de traducciones del bengalí, probablemente no sean muy fieles, pero hay una cierta afinidad en la sensibilidad de ambos autores. La poesía, decía Paz, es lo más universal y lo más intraducible. Mucho después, en los años 60, numerosos versos fueron vertidos al ruso por Anna Ajmatóva.

Tagore renovó la poesía y la prosa bengalíes: tanto La casa y el mundo como Gora, una juventud en la India (Akal) son una buena muestra de cierto tono resuelto, sin perder la resonancia espiritual. En 1924, mientras viajaba por Hispanoamérica, enfermó y fue hospedado durante dos meses en la quinta Miralrío, propiedad de Victoria OcampoAlgo pasó entre ellos; probablemente Victoria se enamoró de él, aunque Tagore mantuvo cierta distancia física. La amistad, de la cual hay una amplia correspondencia, continuó hasta la muerte del escritor. Durante esa estancia escribió el poemario Purabi, dedicado a la autora argentina. En relación a nosotros, debemos recordar su crítica a los políticos ingleses, que se «apresuraron a aceptar la destrucción de la República Española», al tiempo que elogió a los voluntarios británicos que dieron su vida por España.

Tagore escribió también ensayos, regidos por la idea (que también es un sentimiento) de la «unidad en la diversidad». No cerró los ojos ante la ciencia y la tecnología, aunque puso el acento en el progreso moral de la humanidad. Trató de favorecer esta diversidad en su propio mundo bengalí, en el que confluyen las culturas hindú, mahometana y británica. Esto es lo que dice su personaje Gora, sin duda coincidiendo con el autor: «Ya no hay en mí lucha entre hindúes, mahometanos y cristianos. Hoy toda casta de la India es mi casta y la comida de todos es mi comida».

No aceptó la economía de la rueca (la charka), el rechazo de los intercambios culturales ni el odio de Gandhi a la democracia occidental. Gandhi pensaba, a su vez, que Tagore debía también tejer. Los dos se admiraban, pero no pensaban en la misma India ni en el mismo mundo político. Tagore era religioso, mas no sectario, y profesó una activa reticencia ante el irracionalismo del hinduismo. Se opuso al apego excesivo al pasado en lo religioso y en lo histórico, y rechazó el legendario modelo social de las castas, ajeno a sus aspiraciones morales. Quiso favorecer la dignidad en las relaciones humanas y procuró no olvidar las lecciones de generosidad del liberalismo ilustrado inglés.

¿Qué nos queda hoy de su obra y de su vida? Por un lado, un ejemplo de moderación no basado en la indiferencia sino en una pasión integradora; el rechazo del nacionalismo como un dios déspota; su amor a la naturaleza, y algo que es más difícil de nombrar: una sensibilidad.

Texto: El influjo hipnótico de Tagore. Juan Malpartida. Publicado en ABC.es. 30.04.2011.

In Memoriam: Ernesto Sábato.

Posted in Memorias by Alguien on 1 mayo 2011

El escritor argentino Ernesto Sábato ha muerto este sábado a los 99 años en su casa de las afueras de Buenos Aires, donde permanecía recluido desde hacía años a raíz de sus problemas de salud. En los últimos días una bronquitis había complicado su salud.

Sábato, quien fue el último superviviente de los escritores con mayúscula de la literatura argentina, estaba ya prácticamente ciego, lo que lo mantenía retirado en su residencia de Santos Lugares. Debido a su ceguera, el autor se había visto obligado en los últimos años a abandonar la lectura y la escritura, y a llenar su tiempo con la pintura y otras aficiones que practicaba en su vivienda. Según contó su hijo Mario Sábato, autor de un documental sobre la vida de su padre, el escritor ya no salía de casa, estaba al cuidado de enfermeras y apenas hablaba, aunque ocasionalmente rompía su silencio para mantener algún breve diálogo con la familia.

Nacido en la localidad bonaerense de Rojas el 24 de junio de 1911, este año hubiese cumplido 100 años, abandonó su carrera científica en los años 40 para volcarse en la literatura con la publicación de la recopilación de ensayos Uno y el Universo. El reconocimiento internacional le llegó en 1961 con Sobre héroes y tumbas y la consagración en 1974 con Abaddón el exterminador, que completan la trilogía iniciada con El túnel (1948), adaptada al cine en 2006.

Galardonado con el Premio Cervantes en 1984 y propuesto como candidato al Nobel de Literatura de 2007, Ernesto Sábato no sólo fue reconocido por su oficio de escritor, sino que además presidió en 1984 la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep).

Este grupo redactó el informe Nunca más, una obra clave que relata los horrores de la última dictadura militar argentina (1976-1983). La última obra publicada de Sábato, que también recibió los premios Gabriela Mistral (1983) y Menéndez Pelayo (1997), fue “España en los diarios de mi vejez“, fruto de sus viajes al país en 2002, mientras Argentina se sumergía en la más feroz crisis económica de su historia.

In Memoriam:

In Memoriam: Gonzalo Rojas.

Posted in Memorias by Alguien on 26 abril 2011

El poeta chileno Gonzalo Rojas, Premio Cervantes 2003, ha fallecido este lunes 25 de abril a los 93 años tras permanecer muy grave durante más de dos meses debido a un accidente cerebrovascular. La salud del escritor, galardonado también con el Premio Nacional de Literatura 1992 y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 1992, se agravó el pasado 22 de febrero, cuando sufrió un infarto cerebral.

Autor de una treintena de libros, se adscribió a la denominada “generación del 38“, en una facción denominada “Mandrágora” y caracterizada por sus conexiones con el surrealismo. Pronto se desmarcaría Rojas de sus compañeros, a los que consideraba «excesivamente afrancesados». Seguidor de la mejor tradición americana, el propio poeta reconocía a sus grande referentes: «Vallejo me dio el despojo, Huidobro el desenfado, Neruda el tono respiratorio y Borges el desvelo», enumeraba. Su primer libro de poemas, “La miseria del hombre”, se publicó en Valparaíso en 1948. La crítica destaca como su obra está llena de una vitalidad con tintes existenciales y como en ella no falta un humor definido como «goyesco» por Octavio Paz. Se le tenía por el gran heredero de la vanguardia americana, dueño de un lenguaje más que personal y afianzado sobre la tradición popular. La poesía de Rojas está en constante dialogo con los textos anteriores en busca de la intertextualización con toda la poesía de la modernidad.

Traducido a todas las grandes lenguas, entre los poemarios que conforman su obra «inconclusa» según él, figuran “Contra la muerte” (1964), “Críptico y otros poemas” (1978), “Transtierro” (1979), “Materia de testamento” (1988), “Desocupado lector” (1990) y “Las hermosas” (1991), “América es la casa y otros poemas” (1998) y “Del ocio sagrado” (2002)».

In Memoriam:

Los días van tan rápidos

Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.

Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.

Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
y palideces y haces como que no lo crees,
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá en el fondo.

Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así es que lo mejor es ver claro el peligro.

Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora.

(De Contra la muerte, 1964)

In Memoriam: Cien años sin Emilio Salgari.

Posted in Memorias by Alguien on 25 abril 2011

El escritor italiano Emilio Salgari se suicidó justo hace 100 años. Aconteció un 25 de abril de 1911. Era una década prebélica en la que los intrépidos exploradores y los grandes novelistas relataban el mundo no conocido por los occidentales. Ese fatídico día, un hombre llamado Emilio Salgari ya había publicado Los mineros de Alaska, Los bandidos del Sahara, Sandokán, El tigre de la Malasia o El Corsario Negro. Tal día como aquel, moriría.

Salgari  ya lo había intentado dos años antes, pero esta vez certificó su suicidio. Tomó un cuchillo afilado y se abrió el vientre. Siguió así el rito japonés del seppuku. En una carta escrita momentos antes, reprochaba a sus editores que se hubieran enriquecido con su obra literaria, mientras la familia Salgari bordeaba la penuria. El escritor suicida también les pidió a sus editores que tuvieran la decencia de pagar su funeral.

El escritor llevaba años soportando problemas psíquicos que se juntaron con la enfermedad mental de su mujer. Las dificultades económicas no hicieron más que agravar su sufrimiento.

“A mis editores: A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua miseria o aún peor, sólo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma. Emilio Salgari”.

In Memoriam.

In Memoriam: Sidney Lumet.

Posted in Cine, Memorias by Alguien on 10 abril 2011

El director de cine estadounidense Sidney Lumet, nacido en Philadelphia en 1924, falleció ayer, sábado 9 de abril, en su casa de Manhattan (Nueva York) a los 86 años de edad, como consecuencia de un linfoma.

Lumet se convirtió en un especialista narrador de las historias cotidianas. Comenzó su carrera en el teatro, donde hizo pequeños papeles en Broadway. Después de la Segunda Guerra Mundial, donde estuvo destinado en Asia, dejó el teatro y se metió de lleno en la televisión. Durante los cincuenta, plasmó los problemas cotidianos de los estadounidenses en más de 250 telefilmes. A finales de la década, en 1957, debutó en la gran pantalla con la gran “Doce hombres sin piedad” con un magistral Henry Ford.

Después llegarían “Piel de serpiente” (1959), “El prestamista” (1964) y “Llamada de un muerto” (1966). Al Pacino protagonizaría dos de sus mejores películas en los setenta: “Sérpico” (1973) y “Tarde de perros” (1975). Entre las dos películas, grabaría el clásico de Agatha Christie “Asesinato en el Orient Express”. Más tarde les tocaría el turno a “Network”, “Equus”, “Negocios de familia” o “El abogado del diablo” (1993), otra vez con Pacino, entre otras.

En 2007 rodó su última película, la aclamada “Antes que el diablo sepa que has muerto” con Philip Seymour Hoffman y Ethan Hawke.

100 años del nacimiento de Emil Cioran.

Posted in Memorias by Alguien on 8 abril 2011

El 8 de abril de 1911 nacía en Rumanía Emil Cioran, pensador rumano que también escribió en francés y que es considerado uno de los más brillantes escritores sobre el pesimismo, la desazón y la falta de sentido de la existencia. Su producción literaria se concreta en sus aforismos, pequeñas reflexiones en las que da rienda suelta a su feroz crítica de los males de este mundo, teñida de sentido del humor. El Cultural adelanta hoy los mejores fragmentos de su inédito Sobre Francia, que lanza Siruela la semana que viene, y en el que el escritor, en el París de 1941, escribiendo aún en rumano, toma partido por los vencidos de la Europa nazi. Además, Rafael Narbona explica por qué Cioran sigue siendo lectura obligada en tiempos de crisis y desamparo.

“La vida -cuando no es sufrimiento- es juego. Debemos estar agradecidos a Francia por haberlo cultivado con maestría e inspiración. De ella he aprendido yo a no tomarme en serio, salvo en la obscuridad, y, en público, a burlarme de mí mismo. Su escuela es la de una despreocupación saltarina y perfumada. La tontería ve por doquier objetivos; la inteligencia, pretextos. Su gran arte estriba en la distinción y la gracia de la superficialidad. Dedicar el talento a cosas insignificantes -es decir, a la existencia y las enseñanzas del mundo- es una iniciación a las dudas francesas. [...] Los franceses sacrificaron el mundo a Francia. ¿Qué iban a hacer en el extranjero? Por lo demás, ¿acaso no han sacrificado tantos extranjeros su país por París? Tal vez en eso estribe la explicación indirecta de la indiferencia y del provincianismo franceses, pero esa provincia constituyó en un tiempo el contenido espiritual del continente. Francia -como la Grecia antigua- ha sido una provincia universal. Son también los únicos países que utilizaron el concepto de bárbaro, la calificación negativa del extranjero… con lo que expresaban simplemente la negativa de una civilización bien definida a abrirse a la novedad. Uno de los vicios de Francia ha sido la esterilidad de la perfección, que nunca se manifiesta tan claramente como en la escritura. La preocupación por formular bien, no desgraciar la palabra y su melodía y concatenar armoniosamente las ideas: ésa es una obsesión francesa. Ninguna cultura ha estado más preocupada por el estilo y en ninguna otra se ha escrito con tanta belleza, a la perfección. [...] No debemos sentir por la cultura el entusiasmo fácil y reversible de los ignorantes. Goza de todas las ventajas de la irrealidad. En cuanto deja de ser venero de encanto, se deshilacha y flota. Sus valores son, en su esencia, copos abstractos de los que suspendemos nuestras pobres exaltaciones. La cultura es una comedia que nos tomamos en serio. Por eso, no debemos exagerar sus méritos. Lo que es la supera y sólo raras veces se revela a nuestra inquietud. Inteligentes, católicos, avaros: tres formas de no perderse, tres formas de seguridad. Los franceses no conocen las exageraciones contra el yo, la generosidad perjudicial en el plano espiritual y financiero. El gusto y la cultura les han servido para concebir limitaciones. El miedo a perderse por cualquier exceso los ha enquistado en una rigidez afectiva. ¿Existe un pueblo menos sentimental? El corazón del francés sólo se enternece con los cumplidos bien formulados. Su vanidad es inmensa, hasta el punto de que lisonjearla puede volverlo incluso sentimental… En general, está capacitado para la intimidad, pero no para la soledad. Un francés solo es una contradicción en los términos. El sentimentalismo supone un gasto lírico del corazón en el aislamiento, la vibración sin disciplina y sin propósito racional: amar, sin vergüenza de hacerlo [...] Nosotros, los que procedemos de otros países, perdemos fácilmente toda conciencia geográfica y vivimos en algo así como un exilio continuo, ni dulce ni amargo. Nos gusta la naturaleza y no el paisaje humanizado por el hogar, los padres, los amigos. Tenemos un hogar sólo por añoranza y por nostalgia. Los franceses, desde su nacimiento, han permanecido en su tierra, han tenido una patria física e íntima que han amado sin reservas y no han humillado mediante comparaciones; no han estado desarraigados en su país, no han vivido el tumulto de una nostalgia insaciable. Tal vez sea el único pueblo de Europa que no conoce la nostalgia, que es una forma de la falta de plenitud sentimental infinita. [...] Pueblo abrumado por la suerte, dotado de claridad, capaz de aburrirse, pero no de entristecerse, que gusta, en las creencias, de la aproximación y, por encima de todo, tiene una historia normal, sin vacíos, sin fracasos ni ausencias: se ha desarrollado siglo tras siglo, ha realzado aquello en lo que creía, ha hecho circular sus ideales y ha estado presente en la época moderna como ningún otro. Paga esa presencia con su ocaso: expía lo vivido significativo, la realización radiante, el mundo de valores que ha creado. [...] ¿Cuándo inicia su decadencia una civilización? Cuando los individuos empiezan a tomar conciencia; cuando no quieren seguir siendo víctimas de los ideales, las creencias, la colectividad. Una vez despertado el individuo, la nación pierde su esencia y, cuando todos despiertan, se descompone. Nada hay más peligroso que el deseo de no verse engañado. La lucidez colectiva es una señal de cansancio. El drama del hombre lúcido pasa a ser el de una nación. Cada uno de los ciudadanos se vuelve una pequeña excepción y esas excepciones acumuladas constituyen el déficit histórico de la nación. [...] Las grandes naciones no naufragan por accidente, sino en virtud de una necesidad inscrita en su núcleo. Ninguna intervención humana ni ningún cálculo racional pueden detener el deslizamiento por la pendiente de la desaparición. Se haga lo que se haga en Francia, se adopte la medida que se adopte, nadie podrá convencer a los franceses para que tengan hijos. Cuando un pueblo ama la vida, renuncia implícitamente a su continuidad. Entre la voluptuosidad y la familia, el abismo es total. El refinamiento sexual es la muerte de la nación. La explotación al máximo de un placer instantáneo, su prolongación más allá de los límites de la naturaleza, el conflicto entre las exigencias de los sentidos y los métodos de la inteligencia son las expresiones de un estilo decadente, que se define por la desafortunada capacidad del individuo para manejar sus reflejos. Esa correspondencia biológica de la lucidez, de la voluntad de dejar de ser víctima, tiene consecuencias catastróficas. Los niños han de llegar a ser por fuerza personas que crean en algo, que se adhieran, que sean suficientemente inconscientes para considerarse parte de una nación, que sientan gozosamente la necesidad de equivocarse con la participación y las pasiones. Un pueblo sin mitos está en vías de despoblación. El desierto de los campos franceses es la señal abrumadora de la falta de mitología cotidiana. Una nación no puede vivir sin ídolo y el individuo no puede actuar sin la obsesión de los fetiches. [...] En los períodos en que una nación está en un punto culminante, aparecen automáticamente hombres que no cesan de proponer directrices, esperanzas, reformas. Su insistencia y la pasión con la que los sigue la multitud atestiguan la fuerza vital de esta nación. La necesidad de regeneración por la verdad y el error es propia de los períodos florecientes. Un descerebrado como Rousseau representa un colmo de efervescencia. ¿A quién le importan aún sus opiniones? Sin embargo, su tumulto sigue interesándonos con su eco y su significado. Una aparición de esa amplitud resulta inconcebible en la actualidad. El pueblo no espera nada, conque, ¿quién le propondría algo? ¿Y qué? Los pueblos sólo viven en la medida en que están atiborrados de ideales, en la medida en que ya no pueden respirar bajo demasiadas creencias. La decadencia es el vacío de ideales, el momento en que se instala el hastío de todo; es una intolerancia al futuro… y, como tal, un sentimiento deficitario del tiempo, con su inevitable consecuencia: la falta de profetas y la falta de héroes. [...]“

Leer fragmento del libro “Sobre Francia” (Siruela, 2011) (PDF)

Ver el documental Emil Cioran, 1911-1995 I | II | III | IV | V

In Memoriam: 70 años sin Virginia Woolf.

Posted in Memorias by Alguien on 28 marzo 2011

Sumergiendo su cuerpo en el río con los bolsillos llenos de piedras para impedir poder salir a flote. Así acabó con su vida la escritora Virginia Woolf el 28 de marzo de 1941, hace 70 años. Dominó como pocos el género epistolar y quizá por eso se despidió de su esposo con una emotiva carta de despedida.

Tras su muerte, la que es considerada una de las mejores novelistas en lengua inglesa quedó relegada al olvido hasta que en la década de los 70 se empezó a rescatar su obra. Su modelo de mujer que se había rebelado a la sumisión masculina había encandilado al movimiento feminista. Así fue como se empezaron a desempolvar obras como Mrs Dalloway, Las Olas. Orlando… Lo relataba Lluís Permanyer en Recuperación de Virginia Woolf, un texto en el que además se describía de forma minuciosa la muerte de la gran escritora.

Amiga de grandes como James Joyce o Marcel Proust, Adeline Virginia Stephen se educó en un ambiente completamente literario y formó parte del grupo Bloomsbury, un clan iconoclasta y rebelde que renegaba de la clase media. Allí conoció al que más tarde sería su marido, Leonard Woolf, del que adoptó el apellido con el que pasaría a la posteridad.

Ligada a Londres. La escritora británica mostró en muchos de sus relatos su pasión por Londres. Un hecho que quedó del todo constatado cuando en 2005 aparecía un texto inédito de Woolf: Retrato de una londinense.

A través de su obra. Sucede con la mayoría de escritores que la mejor manera de conocerlos es a través de su obra. El caso de Virginia Woolf no es una excepción. Y su visión del mundo, nada conformista, se evidencia en todas las líneas que escribió, especial (y evidentemente) en sus diarios, que escribió periódicamente durante casi tres décadas. En el primero de ellos, Un momento de libertad, Woolf se despachaba a gusto con sus amigos: de Joyce, por ejemplo, destacaba que era “insignificante, egocéntrico, aburrido y que decía porquerías”. También los viajes hablaban de la escritora. En 1920 Virginia visitó la Alpujarra y relató su inmersión en aquella España profunda del primer cuarto del siglo pasado.

En 1982, cuando se conmemoraban 100 años de su nacimiento, el mundo recordaba a la escritora a través de obras como Una habitación propia, convertida en un símbolo feminista.

Woolf, a escena. ¿Quién teme a Virginia Woolf? fue una obra de teatro y más tarde una película de éxito. Pero la historia de escritora inglesa llegó a la gran pantalla en 2002 metida en el cuerpo de Nicole Kidman. La actriz australiana se “afeó” para dar vida a Virginia Woolf en la película Las horas, dirigida por Stephen Daldry. La espectacular transformación e interpretación llevó a Kidman al olimpo de los actores: fue premiada con un Oscar.

In Memoriam.

El suicidio de Virginia Woolf. Texto: Lorena Ferro. La Vanguardia. 28.03.2011.

Cien años del nacimiento de Tennessee Williams.

Posted in Memorias by Alguien on 26 marzo 2011

El día de hoy, 26 de marzo de 2011, celebramos el centenario del nacimiento, en Columbus, Mississippi, de Thomas Lanier Williams III, quien pasara a la historia con el pseudónimo, elegido por él mismo en 1939, de Tennessee Williams.

Williams es, con Eugene O’Neill y Arthur Miller, el dramaturgo más importante y célebre de los Estados Unidos durante el siglo XX. Autor de una extensa obra dramática, narrativa y poética, sus obras alcanzaron popularidad, no tanto por sus representaciones en los escenarios como por las versiones cinematográficas de éstas. Así, entre La gata sobre el tejado caliente, en la cual la recientemente fallecida Elizabeth Taylor interpretó a Maggie, la protagonista; Baby doll, La noche de la iguana, Verano y humo, destacan sus más famosas obras El zoológico de cristal y Un tranvía llamado Deseo.

Williams es de esos dramaturgos poetas que escriben por una necesidad vital, honestos, interesados en la verdad, en la complejidad de la existencia, alentados no por deseo de fama y poder sino sujetos a sus obsesiones. De esos que escriben para sanear el interior y drenar heridas.

Su obra está concebida desde sus verdades personales y familiares. Así su galería de protagonistas femeninas: Laura Wingfield, Blanche Dubois, Alma, la señora Stone, son diversas versiones de una misma persona, su hermana Rose, de mala salud, interna en un hospital psiquiátrico y a quién una lobotomía realizada para lograr un remedio de sus males, la hundió en la destrucción de su vida.

Es por esta razón que la interpretación de sus obras, como suele sucederle a Sófocles, Ibsen, Chéjov, O’Neill, Miller, no es fácil y requiere del virtuosismo que no sólo es técnica sino alma, como afirma Miller en el prólogo a una reciente edición de Un tranvía…, hablando de las pésimas puestas que ha visto, extraordinariamente publicitadas, en las que han convertido a los personajes en “figuras de piedra con ojos en mármol”. “Un tranvía… es un grito de dolor, olvidar esto es olvidarse de la obra”.

Los montajes de sus obras no conocieron la aceptación del público, a excepción de El zoológico de cristal, que recibió el Premio a la mejor obra del año del Círculo de Críticos de Teatro en 1945; Un tranvía…, que recibió el Premio Pulitzer y el Premio del Círculo de Críticos de Brooadway en 1947; y La gata… acreedora al Premio Pulitzer en 1955. Algunas de sus obras llegaron a estar en cartelera tres días, una semana, tres semanas.

Tennessee Williams, el gran poeta y dramaturgo no es un autor fácil. La verdad no es complaciente, ni lo es la belleza, ni tampoco la complejidad de la mirada amorosa. Alguna vez escribió auto entrevistándose:

—¿Por qué no escribe sobre personas agradables, buenas? ¿No ha conocido a ninguna persona agradable en toda su vida?

—Mi teoría sobre la gente buena es tan simple que me da vergüenza comentarla… nunca he conocido a alguien a quien no pudiera querer si se le conocía y comprendía del todo, y en mi obra, al menos he intentado llegar al conocimiento y a la comprensión.

Esta afirmación es toda una lección de dramaturgia, sobre todo en este tiempo de romanticismos descarnados, ingenuos, autocomplacientes. Mundos a la mitad, en los que el regodeo en lo sórdido plantea un mundo despojado de la verdad. En el mismo documento afirma: “No creo en héroes y villanos, creo tan sólo que las personas toman el buen o el mal camino, y no por elección, sino por necesidad o por ciertas influencias que les afectan y todavía no comprenden, por sus circunstancias y por sus antecedentes… No comprendo por qué nuestra maquinaria propagandística está siempre tratando de persuadirnos, de que hay que odiar y temer a otros, cuando vivimos en un mundo tan pequeño.”

El teatro de Williams puede ser comprendido a través de dos concepciones de su mirada: el realismo y aquello que parece pero no es: el idealismo. El Zoológico de cristal y Un tranvía llamado Deseo son dos obras del más puro y poderoso realismo. La mayor parte de su producción, como ocurre con Eurípides, Ibsen y O’Neill, por citar algunos, funciona a partir de una idea determinante que resulta más poderosa que los personajes y que, como se afirma en la cita anterior, los imposibilita para decidir. La decisión de los personajes y sus consecuencias son el descubrimiento poderoso del realismo: todo es decisión, pero no toda decisión es evidente. Al hacer esta afirmación seguro que usted, quien esto lee, sonreirá y en el mejor de los casos buscará contra argumentos. Que el hombre no sea responsable de lo que le ocurre es la idea complaciente que alienta todos los melodramas. El realismo mira otra cosa.

El realismo. Al realismo se le identifica tanto por su mecanismo como por su efecto. El asunto de la responsabilidad del personaje es el tema general del realismo. Éste opera en función directa de lo que se espera causar en el espectador: la catársis, conmoción violenta que arrebata y destruye nuestra concepción de la vida al contemplar y reconocer el aspecto dinámico de la realidad. El escritor realista trabaja rigurosamente para lograr ubicar un punto de vista que exige lealtad a un orden fijo, inmutable, que puede ser alterado pero no destruido; aquel que identifica ética, no como una necesidad social de pactar la conducta social conveniente (moral), sino como la ley misma de la realidad, en pocas palabras, que la vida tiene un sentido, sujeto a un orden que es exactamente el mismo que llamamos leyes físicas. El realismo investiga las “consecuencias” para descubrir las causas. Por eso, debido a este mecanismo es por lo que el universo es previsible, por ello puede estudiarse.

Por otra parte, en el mundo del idealismo, actúan fuerzas desconocidas y de tales dimensiones que es imposible percibir el orden, como ocurre en los melodramas. El idealismo es por lo tanto la dimensión de las “consecuencias incausadas”, el ámbito del determinismo: cultural, social, biológico. Por ello es que desde esta perspectiva el mundo parece caótico y nosotros las víctimas.

No hay catarsis en la concepción de una víctima, no puede conmovernos alguien que no hizo nada para que le ocurra lo que le está ocurriendo. Nada tiene que ver con nosotros esa concepción. Uno se desliga de esa imagen y podría aceptar: ese no soy yo. La catarsis comienza cuando uno reconoce el patrón, que debido a su pensamiento y su comportamiento conoce muy bien. Sufre la catarsis quien es honesto, no quien juega a ser bobo y se asume inocente. En la vida, cuando uno niega la responsabilidad comienza una sensación de seguridad, falsa, peligrosamente sustentada sobre justificaciones: “lo hice porque me vi obligado”, “lo hice porque no había otra salida”, “lo hice pero no quería…” Desacreditar a la realidad evita la catarsis, nacida de la confrontación de nuestros ideales, de nuestros deseos contra la fuerza contundente de lo real.

Por consiguiente, el realismo sustenta su fuerza en la responsabilidad que el personaje posee. El acto pudo ser disfrutado conscientemente o realizado inconscientemente, siempre bajo una conveniente sensación de justificación o inocencia, que surge de la necesidad de golpear y esconder la mano, en aras de ver materializada una de las más desesperadas fantasías del ser humano: la de carecer de responsabilidad.

No basta que en la escena haya un ambiente escenográfico cuidadoso y detallado para que una obra sea realista; hay confusión en el concepto realismo. Podríamos reconocer un “realismo de apariencia”, que sería preciso denominar: idealismo y distinguir el “realismo de equivalencia” en el cual uno puede reconocerse, el realismo nos delata. La equivalencia que logra el realismo plantea sintéticamente los mecanismos existentes de la vida. Si uno observa las fotografías de la puesta de Kazan de Un tranvía… notará telones pintados, sin que nada de eso importe, porque al realismo le interesa el retrato complejo de carácter y las circunstancias en que sus personajes actúan. El realismo lo es por la manera en que la acción transcurre, no por el retrato de un ambiente.

Esta visión es lo que hizo poderosa la obra de Esquilo, Sófocles, Williams y Miller y Chéjov e Ibsen.

El Zoológico de cristal. El tema de la responsabilidad como fuerza centrífuga de todos los elementos de la obra, está presente tanto en El zoológico de cristal como en Un tranvía llamado Deseo.

La estructura de El zoológico… es muy interesante y reveladora. El autor alude a ella cuando afirma, de frente al espectador, que se trata de una “comedia de recuerdos” y por lo tanto no tendrá un tratamiento realista. Pero todo recuerdo está seleccionado, sintetizado y estructurado de acuerdo con nuestras necesidades en el momento de tenerlas. Así es que Tom, vestido de marino, nos dice que nos llevará por sus recuerdos. En ellos aparece su madre, Amanda Wingfield y su hermana Laura. Tom trabaja como obrero y es quien mantiene la casa. Amanda hace vanos intentos como vendedora por teléfono. Del dinero que el hermano traer a casa se paga también la colegiatura para que Laura asista a los cursos de mecanografía en una academia. El problema se viene encima cuando Amanda descubre que su hija no ha asistido a la escuela. Aquella afirma que no vuelve ante la vergüenza de haber vomitado un día de examen, por su excesiva timidez, ante lo cual ha venido refugiándose en el zoológico en vez de asistir a las clases que se han estado pagando. El motivo de su timidez radica en la manera aplastante en que la madre suele demostrar que nadie hay como ella planteando su condición de mujer excepcional a través de la nostalgia de su pasado de niña rica en la plantación perdida de la familia. Mientras su excepcionalidad es pletórica de virtudes, la excepcionalidad de Laura consiste en su carácter enfermizo y en un aparato para su pierna atacada por polio. El autor dice que ese aparato debe actuarse, pero no aparecer.

El refugio de Laura, su paliativo, consiste en un fonógrafo y en una colección de animalitos de cristal entre los cuales, el más amado es un unicornio a quien ella coloca junto a los caballos en donde a su vez resulta excepcional. Un caballo con un cuerno. Romántica forma de asumirse a sí misma. Señalada, marcada, rara, anormal. En suma, una víctima.

Amanda, preocupada por el futuro de su hija y sabiendo que Tom no es feliz allí, le pide que le ayude a casarla, para lo cual, Tom ha de traer a cenar a casa a alguno de sus amigos de la fábrica. Para recibirlo hacen gastos, no sólo para la cena sino para mejorar las condiciones del humilde departamento. El invitado resultó ser el único muchacho de quien Laura se ha enamorado, antiguo compañero de bachillerato. Al llevarlo a su casa Tom le confiesa que va a irse pronto de allí y que en lugar de pagar la luz ha invertido el dinero en la matrícula para ingresar a la marina. Durante la cena cortan la luz y así en la penumbra, Laura y el muchacho rememoran su juventud. Laura confiesa cómo se siente y el muchacho, haciendo alarde de su vanidosa necesidad de demostrar que él puede cambiar la vida de la gente baila, con ella y durante el baile tropiezan con la mesa en donde está el zoológico de cristal y el unicornio cae y pierde el cuerno, por lo que su excepcionalidad se desvanece y se halla entonces vulgar, colocado entre los demás caballos. Para acabar de demostrar que Laura no es monstruosa, la besa y la muchacha vive por un instante su anhelo secretamente guardado durante años. El visitante aniquila de esta manera la idea que ella tenía de sí, de su excepcionalidad, de su invalidez que justifica su inutilidad para la vida. Le quita su mentira, sin darle otra para soportar su vida. Acto seguido le comunica que debe irse a visitar a su novia.

Frustrada, Amanda le reclama a Tom que su amigo tuviera novia, lo llama irresponsable y egoísta. El muchacho decide entonces abandonarlas definitivamente para realizar su vida y su sueño de ser poeta. Huye para sentirse liberado. Pero huir no es resolver. El Tom marinero del principio vuelve a aparecer ante nosotros. Detrás de él queda la imagen de Amanda consolando a su hija. Ambas en la penumbra iluminada por las velas de emergencia con que terminaron la cena. Tom las observa desde el presente, invadido de culpa: al partir las dejó sin luz.

Es así que confiesa al espectador que por las noches no puede dormir, sino hasta que, tras haber entrado en un bar cualquiera para beber y charlar con desconocidos, una vez que el alcohol hace su efecto, puede pedir a su hermana que apague la vela para que desaparezca de su memoria por unos momentos y ya libre de su recuerdo durante ese día, puede calmar su ánimo. Es un hombre destruido, que no puede con la culpa. La obra está escrita con un dolor profundo. Con un viejo dolor en el cual nos reconocemos todos. El dolor de contemplar las decisiones ajenas, la impotencia al contemplar los actos, la frustración de no poder arreglar la vida de los otros, de no poder gritar, dar la alerta, la llamada que prevenga; la frustración de que nuestra voz no tenga poder de impulsar o de frenar las decisiones ajenas.

Madre e hija se pierden en la oscuridad. Sin Tom que trabaje para mantenerlas, no podrán pagar, no sólo la luz, sino tampoco la renta ni el teléfono. Ambas viven en la mentira de que como mujeres han de ser salvadas y se han dedicado a pesar sobre el muchacho, asignándole la ingrata condición de proveedor ante la cual él no podría hacer su vida.

Laura no es una víctima. Su aparato la horroriza, pero el invitado le hace ver que no genera el ruido tremendo que ella imagina. Se ampara en la enfermedad de una manera egoísta sin importarle su hermano. Amanda mira en él la solución de su vida. Ambas son dependientes y eso es lo que le pesa a él. Se fue, huyó y, sin embargo, fue más fiel a ellas de lo que pensaba ser.

La estructura de la obra, que alterna presente-recuerdo-presente está diseñada en la cabeza de Tom para eximirlas de responsabilidad. Para que Tom resulte ser el hijo ingrato que no merece la paz ante tan infame abandono. En su sensación culpable, Tom está forzando la historia y aun así el tema brilla: él no es el único responsable. Es clara, a través del carácter de la madre y de la hija, la raíz del problema.

Y allí, sobre el muro, el retrato sonriente y desapegado del padre lo domina todo. El padre que los abandonó cansado del carácter de una mujer romántica, soñadora, que desdeña el presente para evocar un pasado que juzga un paraíso de perfección en detrimento de su marido y de sus hijos. El padre se fue, sin culpa. Su decisión fue tajante para que su vida se viera libre, para no seguir siendo cómplice, a costa suya, del poder seductor de su mujer. Toda madre resulta seductora porque lo que seduce es la necesidad de conquistar su amparo; ante la desobediencia del hijo, la amenaza es la de perder su cariño. Nadie quiere que mamá se enoje contra uno: “Mamá se va a enojar” produce un terror casi insuperable, paralizante. A toda costa buscamos agradarla. Y es allí en donde Tom fracasa, como Hamlet, a costa de sí mismo.

Tom decidió huir, como Edipo, y al hacerlo se encadenó de por vida, a ellas. Estaba lejos de comprender que la solución no estaba en su mano, el problema es la asunción que él acepta de un deber que no le corresponde, ser el proveedor, el salvador, el sustituto de su padre, quien sin la acción libre de éste, ha de remediar el acto de traición que él cometió. Tom huyó porque pensaba que tenía “derecho” de vivir su vida, pero la vida no es una cuestión de derecho, sino de asunción del propio deseo que ha de convertirse en acto. Irse de esa manera, huyendo, genera un acto de rebeldía, de osadía, de heroísmo, que no era necesario. Porque la decisión de asumir la vida implica la realización del acto sin sentirse en deuda con lo que se deja atrás, y no ceder a la tentación de volver la cabeza para que, como la mujer de Lot, el impulso vital se mineralice invadido por el peso de la nostalgia, que paraliza. Tom se fue porque creía que era justo, sin asumir que era necesario.

Tom debió haber hecho sólo aquello que él mismo hubiera podido soportar. En este conflicto profundamente complejo y humano, radica el golpe, la fuerza y la universalidad del Realismo que Williams nos presenta: todos, como Tom, somos hijos, y todos conocemos el dolor de crecer y las dificultades que implica la lucha por descubrir cuáles son nuestras necesidades.

Cuando el realismo volvió a ser vanguardia. Texto: Fernando Martínez Monroy. Publicado en Milenio.com. 26.03.2011.

In Memoriam: Elizabeth Taylor.

Posted in Cine, Memorias by Alguien on 23 marzo 2011



La actriz Elizabeth Taylor ha muerto a los 79 años en el Hospital Cedars-Sinai de Los Ángeles, donde llevaba dos meses ingresada por problemas cardiovasculares, tras una vida intensa entregada al cine, su pasión a los hombres y las joyas, y marcada por una pésima salud que no supo seguir su ritmo.

La actriz inglesa, nacida en Londres en 1932, participó en 50 películas y ganó dos premios Oscar gracias a “Una mujer marcada” (1961) y “¿Quién teme a Virginia Woolf?” (1981), así como una estatuilla honorífica por su labores humanitarias (1993). Además, participó en cintas como “Gigante” (1956), “La gata sobre el tejado de Zinc” (1958) y “Cleopatra” (1963). Temperamental, carismática y rebelde, esta actriz que debutó en plena edad dorada de Hollywood se casó en ocho ocasiones, dos de ellas con el actor Richard Burton, su gran amor junto con su tercer marido, el productor Michael Todd, según admitió la artista, y tuvo cuatro hijos.

Fue un símbolo de la edad de oro de Hollywood y también de su declinar.

In Memoriam:

Especial Elizabeth Taylor en RTVE.es.
Especial Elizabeth Taylor en El Mundo.es.

100 años del nacimiento de Gabriel Celaya.

Posted in Memorias by Alguien on 18 marzo 2011

Se cumplen cien años del nacimiento del poeta y ensayista Gabriel Celaya. Hace justo un siglo nacía en Hernani, en “La Villa”, una casa de campo familiar, muy cerca de San Sebastián, ciudad ésta que será determinante en su vida y obra. También próximamente, el 18 de abril, se cumplirán 20 años de su fallecimiento en Madrid, ciudad a la que llega en 1927 a estudiar ingeniería industrial y a vivir el mundo abierto (en todos los órdenes) de la Residencia de Estudiantes, donde se orientará a la pintura y, con carácter definitivo, a la escritura mientras convive con García Lorca, entre otros, y asiste a encuentros con Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset y Unamuno, además de con escritores y compositores europeos. Y será en Madrid donde, junto con Amparo Gastón, fije su domicilio a partir de 1956, en la calle Nieremberg, uno de los espacios frecuentados por miembros del PCE y opositores al régimen de Franco.

En el arco de esos ochenta años y en los espacios de esas dos ciudades, se despliega el desarrollo de la vida de un escritor vasco cordial y solidario y, muy especialmente, de una obra intensa y extensa que se aproxima al centenar de libros, entre los de poesía, narración, teatro y ensayo, si bien sobresalen los cincuenta y tres de poesía, una poesía que, desde la aparición de su primer libro, Marea del silencio, en 1935, y hasta la publicación del último, Orígenes / Hastapenak, en 1990, cristaliza genuinamente los más diversos modos poéticos del fecundo y complejo siglo XX, aunque el poeta persiguiera siempre con los mismos alcanzar un estado de conciencia que le permitiera romper la cerrada conciencia del yo individual y conseguir otra más allá de la que normalmente nos gobierna, según decía. A un proyecto así de comunicación -“poesía eres tú”, escribía-, de conocimiento – la poesía es mostración de lo real, afirmaba- y de acción poéticos -aspiraba a escribir una poesía que sirviera de instrumento de transformación de la conciencia- dedicó su vida entera.

Las buenas formas de su poesía, esto es, las estética y comunicativamente eficaces formas se nutren en buena medida de las ideologías estéticas de humana raíz que comenzaron a aflorar en los años previos a la República. Ahí quedan el vitalismo neorromántico de sus libros primeros; sus vanguardistas exploraciones poéticas, en especial las de estirpe surrealista; sus versos movidos por una, no pocas veces fallida, aspiración al logro de la simplicidad poética; los coloquiales poemas que, firmados por Juan de Leceta, arrastran vivencias y situaciones agónicas de su propia vida plenos de existencialismo; la apertura a los otros y el despliegue de lo social, del aquí y del ahora, en algunos de sus más conocidos libros escritos al modo realista y de espaldas a todo perfectismo poético, además con recto propósito político y de transformación de conciencia, tales como Cantos íberos.

Y ahí quedan también ciertos momentos en su poesía de nihilismo, búsqueda y experimentación visual, además de la etapa última que él denominara como la de su poesía órfica.

Ante tal legado (tres voluminosos tomos de Poesías Completas y uno más de Ensayos Literarios), ante tanta generosidad creadora y ante la gran lección antiautoritaria y liberadora de su obra, amén de ante su abierta lucha por la recuperación de las libertades en la peligrosa noche oscura del franquismo, cabe no sólo nuestro recuerdo en su centenario, sino, sobre todo, el homenaje de nuestra atenta lectura de tan plural obra que, por razones que tal vez tengan que ver con ciertos límites críticos, ha tenido y tiene que soportar un tópico que la reduce y por ello mismo caricaturiza. El atento lector lo sabe. Gabriel Celaya no es sólo el poeta social y el autor de un poema a todas luces memorable (de hecho muy recordado y citado) como el titulado “La poesía es un arma cargada de futuro”. Celaya es ese poeta y mucho más. Es de hecho un poeta mutante y desdoblado en voces heteronímicas hasta el punto de ser conocido antes por uno de sus nombres literarios (Gabriel Celaya) que por su propio nombre civil, Rafael Múgica. Es esos poetas, además del deslenguado Juan de Leceta, con el que aporta al discurso de la poesía en nuestra lengua la rica veta de un coloquialismo hecho, sin ningún género de duda, poesía. Por eso, en su caso al menos, no puede hablarse de prosaísmo como defecto literario sino como recurso poético, por otra parte de gran eficacia extrañadora y fuente de turbadora belleza. Es además un poeta al que no le son ajenos los recursos dramáticos en poesía como ponen de manifiesto sus numerosas cantatas.

Es probable que haya llegado el tiempo (la celebración del centenario puede servir de pretexto para ello) de estudiar sin reduccionismos los distintos modos poéticos que ensayara, así como de analizar la trama y lógica de sus argumentos y reflexiones ensayísticos, tan esclarecedores y abiertos como no pocas veces contradictorios, que lo convierten en un poeta filosófico y en un teórico de la poesía (Inquisición de la poesía, de 1972, es su libro más representativo en este sentido) que enriquece el horizonte de nuestro pensamiento literario y nos provee de instrumentos con los que comprender el hecho poético en relación con su autoría, su discurso, su recepción lectora y funcionamiento social.

Mientras tanto, abramos alguno de sus libros y, verso a verso, celebremos su memoria.

Celaya, mutante y desdoblado.Texto: Antonio Chicharro. El Cultural.es. 18.03.2011.

In Memoriam: Josefina Aldecoa.

Posted in Memorias by Alguien on 16 marzo 2011

La escritora y pedagoga Josefina Aldecoa ha fallecido este miércoles, a los 85 años de edad, en la localidad cántabra de Mazcuerras, donde residía desde que hace cinco años se retiró de la vida pública a causa de una enfermedad degenerativa.

Nacida en la localidad leonesa de La Robla en 1926, Josefa Rodríguez Álvarez tomó el apellido de su marido, el escritor Ignacio Aldecoa, y en 1961 publicó su primer libro, “A ninguna parte”. Dos años antes había fundado en Madrid el Colegio Estilo, basado en las ideas de la tolerancia académica y la libertad de cátedra. Tras la muerte de su marido, en 1969, abandonó la escritura durante diez años para dedicarse en exclusiva a la enseñanza.

Una escritora galardonada. En 1983 regresó a la literatura con “Los niños de la guerra” y un año más tarde publicó la novela “La enredadera”, a la que siguieron “Porque éramos jóvenes” (1986) y “El vergel” (1988). En 1990 inició, con “Historia de una maestra“, una trilogía de carácter autobiográfico que continuó con “Mujeres de negro”, de 1994, y ‘La fuerza del destino’, de 1997. En 1998 escribió el ensayo “Confesiones de una abuela”, basado en la relación con su nieto. De ese año es “Pinko y su perro” y de 1999 “Mujeres al alba”.

En 2000 publicó su primer libro de relatos, “Fiebre”, una antología de catorce cuentos escrita en los años 50 y 60. Posteriormente, publicó la novela “El enigma”, en 2002. Dos años después editó el libro de memorias “En la distancia“; en 2005, “La casa gris“; y en 2008, “Hermanas“.

Nombrada en 2006 miembro del Patronato del Instituto Cervantes, su carrera literaria se ha visto reconocida con el Premio Castilla y León de las Letras, en 2003; el Premio Julián Besteiro de las Artes y las Letras, en 2005; el Premio Internacional de las Letras y Premio de la Fundación Cristóbal Gabarrón de las Letras, ambos en 2006. En 2005 le fue impuesta la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio y en 2006 recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes. El pasado 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, Josefina Aldecoa fue reconocida con una de las medallas a la promoción de los valores de la igualdad entregadas por el presidente del Gobierno.

Un 23-F de hace 30 años.

Posted in Memorias by Alguien on 23 febrero 2011

El 23 de febrero de 1981, la joven democracia española vivió su prueba más difícil. Militares nostálgicos del antiguo régimen protagonizaron un intento de golpe de Estado que pudo haber acabado en un baño de sangre o una nueva dictadura. El resultado final fue la consolidación definitiva del sistema democrático, aunque a costa de un retraso en el proceso de descentralización del Estado. La intentona golpista no fue un hecho del todo inesperado, dado el amplio malestar existente en sectores del Ejército por el cambio político emprendido tras la muerte de Franco.

Todo empezó a las 18.23 horas, cuando un pelotón de guardias civiles al mando del teniente coronel Antonio Tejero irrumpió en el Congreso de los Diputados mientras se votaba la investidura como nuevo presidente de Leopoldo Calvo Sotelo (UCD). Éste debía suceder en el cargo al dimisionario Adolfo Suárez, también de la coalición centrista UCD.

El forcejeo de Tejero con el general Manuel Gutiérrez Mellado (vicepresidente del Gobierno) y los posteriores disparos al techo realizados por los asaltantes no presagiaban nada bueno. Sólo permanecieron en su asiento, desafiando la orden de tirarse al suelo, el propio Gutiérrez Mellado, el presidente Suárez y el dirigente comunista Santiago Carrillo. Diputados y senadores quedaban secuestrados en el edificio representativo de la soberanía popular, dejando al país entero en vilo.

Un capitán que acompañaba a Tejero adelantó a los parlamentarios la pronta llegada de una ‘autoridad militar competente’ para disponer lo que fuese procedente. Ante la situación creada, se constituyó en el Ministerio del Interior un Gobierno provisional de subsecretarios que asumió las funciones del ejecutivo secuestrado en las Cortes. El director de la Seguridad del Estado, Francisco Laína, se puso al frente de dicho gabinete de crisis. El jefe del Estado Mayor del Ejército, José Gabeiras, apoyó el orden democrático y entabló contacto telefónico con Laína.

Fiel también al ordenamiento constitucional, el director general de la Guardia Civil, el general José Luis Aramburu Topete, se dirigió al Congreso para emplazar a Tejero a rendirse. El teniente coronel golpista se mantuvo firme, llegando a amenazar a Aramburu con pegarle un tiro y luego suicidarse. A la vista de su empecinamiento, el jefe de la Benemérita decidió retirarse.

Estado de excepción en Valencia. Ya de noche, los tanques salieron a las calles de Valencia por orden del teniente general Jaime Milans del Bosch, quien declaró el estado de excepción en su región militar. Otros militares sediciosos como el general Luis Torres Rojas y el comandante Ricardo Pardo Zancada intentaron que se sumasen al golpe las fuerzas de la División Acorazada Brunete: pretendían con ello asegurar el control de puntos estratégicos de Madrid como la sede de RTVE.

Las instalaciones de Prado del Rey permanecieron ocupadas por varios destacamentos de la Brunete alrededor de dos horas, en las que Televisión Española alteró su programación y Radio Nacional emitió marchas militares. La intervención de los generales José Juste (jefe de la Brunete) y Guillermo Quintana Lacaci (capitán general de la primera región militar) impidió que los golpistas pudiesen disponer del grueso de esta importante división.

El general Alfonso Armada, pieza importante de la trama golpista, entró en el Congreso sobre las 23.50 horas para despachar con Tejero. Quiso erigirse en jefe de un gobierno de concentración nacional, pero no logró convencer a Tejero, quien abogaba por la creación de una junta estrictamente militar. La suerte del golpe quedó echada tras la intervención del Rey en TVE en torno a la una y cuarto de la madrugada: el monarca ordenó expresamente a los militares sublevados que se retirasen a sus cuarteles. Pasado el mediodía del 24 de febrero, los asaltantes del Congreso se entregaron tras haber liberado a los diputados retenidos. El resto de los golpistas ya estaban a disposición de la justicia militar.

La jornada del 24-F fue testigo de una de las manifestaciones ciudadanas más multitudinarias de la historia de España: un millón y medio de personas se congregaron en Madrid detrás de una pancarta que rezaba “Por la libertad, la democracia y la Constitución”.

Condenas de hasta 30 años. El macrojuicio del 23-F, celebrado en Madrid ante el Consejo Supremo de Justicia Militar, se saldó el 3 de junio de 1982 con duras condenas para los rebeldes. Tejero y Milans del Bosch fueron condenados a 30 años de cárcel. Otras 28 personas recibieron penas de entre un año de suspensión de empleo y 6 años de prisión. El Tribunal Supremo aumentó en 1983 las condenas: de 5 a 10 años para el coronel Diego Ibáñez Inglés (colaborador de Milans en Valencia); de 6 a 12 para Torres Rojas y Pardo Zancada; y de 6 a 30 para Armada. En 1996, tras la salida de la cárcel de Tejero, los protagonistas del fallido golpe ya se hallaban en libertad. Todos ellos se beneficiaron de indultos.

Uno de los secretos aún por desvelar del 23-F es la identidad del llamado “Elefante Blanco”, la alta personalidad militar que supuestamente debía presentarse en las Cortes y hacerse con las riendas del golpe. Algunos analistas consideran que el “Elefante Blanco” era un mero símbolo del Ejército en su conjunto. Otros atribuyen ese título a Armada, quien siempre lo ha negado.

Sólo 20 meses después de la fracasada sublevación militar, el PSOE llegaba al poder con una abultada mayoría absoluta. Muchos historiadores marcan el final de la Transición en esas elecciones de octubre de 1982 que convirtieron en presidente a Felipe González.

Texto: Nicolás Fabelo. RTVE.es. 22.02.2011.

Especial 23-F-en RTVE.es
23-F:Las ediciones especiales de El PAÍS.
23-F: Video Resumen en EL Mundo.es.
Los otros protagonistas del 23-F. abc.es.
El 23F y la cultura.

James Dean, 80 años del eterno rebelde‎.

Posted in Cine, Memorias by Alguien on 8 febrero 2011

Si James Dean no hubiera muerto repentinamente a los 24 años, hoy habría cumplido 80, seguramente sin demasiada trascendencia. Es posible que su carrera hubiera sido larga y duradera, pero la historia nos habría demostrado que no fue un gran actor, ni siquiera un buen actor, y no se habría convertido en el padre de la Generación X de los años cincuenta. Sin embargo, James Dean murió en 1955 en un brutal accidente de coche y con él moría el actor, pero nacía la leyenda.

Leyenda del cine, símbolo sexual e icono de una generación inconformista, el rebelde James Dean ganó con su muerte un sitio en el edén del celuloide donde su recuerdo burla la vejez en el 80 aniversario de su nacimiento. Tres películas, cuatro años de carrera y un final dramático le bastaron al prometedor Jimmy, como le conocía todo el mundo, para pasar de ser un chico de granja a un mito sin fecha de caducidad. Nunca nadie consiguió tanto en tan poco.

La industria de Hollywood, que sabe ser generosa con sus muertos, quedó encandilada con ese actor de impronta imborrable tras el debut de “Al este del Edén” (1955), primer filme en el que Dean aparecía como protagonista después de trabajar de extra en seis producciones anteriores. Cinta dirigida por Elia Kazan que supo ver el potencial de un intérprete que luchaba por sobrevivir en una profesión en la que el actor se estrenó haciendo anuncios de refresco y en la que, según las malas lenguas, llegó a realizar favores sexuales para abrirse camino.

Talento no le faltaba a Dean, que nació el 8 de febrero de 1931 en Marion, una zona rural de Indiana, estado natal también de Michael Jackson, donde llegó a ser premiado en su adolescencia por su desempeño deportivo y artístico. Apenas 6 años antes de su trágico final al volante de su Porsche en una carretera californiana, Dean terminaba sus estudios de bachillerato y se mudaba a Los Ángeles para cursar primero Derecho y luego Arte Dramático hasta 1952, año en el que puso rumbo a Broadway pensando en que allí encontraría la gloria.

Tras dos años deambulando por los teatros logró meter la cabeza en un par de obras, “See The Jaguar” y “The Immoralist“. Una oportunidad que supo aprovechar y le valió el premio Daniel Blum al actor revelación del año 1954, al tiempo que captó la atención de Kazan. De la noche a la mañana, James Dean sedujo a un Hollywood sediento de artistas carismáticos para alimentar su poderoso “star-system”. Su nombre y su imagen de chico malo comenzó a llenar páginas de revistas como emblema de un espíritu marcado por el nacimiento del rock&roll y la teoría de que había que vivir deprisa y morir joven, algo que Dean terminó por seguir al pie de la letra.

Al rodaje de “Al este del Edén” le siguieron casi de inmediato “Rebelde sin causa” y “Gigante“, filme que concluyó su grabación un día antes de que aquel joven actor de 24 años falleciera inesperadamente. Por motivos contractuales con Warner Brothers, Dean tenía prohibido participar en competiciones deportivas, especialmente carreras de coches, mientras estaba trabajando en un papel, por lo que tuvo que esperar al final de su última película para subirse a su bólido y dirigirse hacia un evento automovilístico.

Aquel viaje llegaría a su final antes de tiempo, como casi todo en la vida de Dean, cuando su vehículo colisionó frontalmente con otro en una intersección de las carreteras 46 y 41 en el interior de California, un lugar fatídico que ahora es de obligada peregrinación para sus fans. El destino quiso que el actor no pudiera saborear su éxito ya que solo vivió para ver el estreno de “Al este del Edén”, producción por la que obtendría una nominación póstuma a mejor actor en 1956, candidatura que repetiría en 1957 por “Gigante”. Entre sus amores destacaron Pier Angeli y Ursula Andress, aunque se le atribuyeron muchos, incluso se ha llegado a especular con que fuera homosexual en varios de los libros que se han escrito sobre él desde su adiós, tan fulminante como la forja de su leyenda.

Fuente: EFE.

In Memoriam: María Elena Walsh.

Posted in Memorias by Alguien on 11 enero 2011

La cantautora y escritora María Elena Walsh, símbolo de la literatura y la música para niños y con reconocimiento internacional, murió este Lunes a los 80 años en un sanatorio del barrio porteño de Palermo (Buenos Aires), donde estuvo internada durante el último mes a raíz de una prolongada enfermedad.

Walsh, era hija de un ferroviario inglés que tocaba el piano y cantaba canciones de su tierra y una argentina descendiente de andaluces y amante de la naturaleza, y se hizo conocida en el mundo hispano por sus narraciones y canciones infantiles y por sus personajes conmovedores. Especialmente famosa por sus obras infantiles, entre las que se destacan el personaje/canción Manuelita la tortuga y los libros Tutú Marambá, El reino del revés y Dailan Kifki, es también autora de difundidas canciones populares para adultos, entre ellas Como la cigarra, Serenata para la tierra de uno y El valle y el volcán, entre otras.

In Memoriam:

Notas en Clarín
Notas en La Nación
Notas en Perfil

In Memoriam: 50 años sin Dashiell Hammett.

Posted in Memorias by Alguien on 10 enero 2011

El 10 de enero de 1961, hace hoy medio siglo,  Dashiell Hammett moría en su Estados Unidos natal. En su haber tenía dos guerras, un valiente compromiso con la izquierda política a pesar de su paso por la mítica agencia de detectives Pinkerton -germen del FBI- y una mala salud de hierro macerada en alcohol pero, sobre todo, cinco novelas y dos libros de relatos con los que sentó las bases de un nuevo género: la novela negra.

Lo peor que le puede pasar a un sabueso es quedar fuera de circulación. Cuando aún era un cachorro, Dashiell Hammett se movía a sus anchas en las calles de su Maryland natal, donde tras abandonar el Politécnico, vendió periódicos, fue empleado del ferrocarril y estibador, hasta que el llamado del instinto lo hizo reclutarse como investigador de la Agencia de Detectives Pinkerton de Baltimore, empleo en el que, quizás, tuvo el primer contacto imaginario con Sam Spade o con Nick Charles, sus torvos alter egos de El halcón maltés y La llave de cristal. Sin embargo, la vida suele ensañarse con la vocación de los hombres libres y la guerra puso en pausa su aventurera profesión, y se alistó en el cuerpo de ambulancias y transportes de la American Field Service con cuartel en Francia. Ahí, el futuro novelista sufrió el revés de la fatalidad: contrajo tuberculosis, le endosaron una licencia médica y lo despacharon de vuelta a Estados Unidos.

Inmovilizado, o tal vez sea mejor decir, domeñado físicamente para seguir en la investigación de campo, el sabueso trabajó un año más en la Pinkerton y después probó fortuna como publicista de un joyero de San Francisco, pero aquel oficio era poco, demasiado poco para su espíritu merodeador, una energía que brotaba del apego a los bajos fondos y del gusto por desentrañar misterios y penetrar hasta el último rincón de los avernos delictivos, por lo que curado a medias de la tuberculosis, se prescribió a sí mismo un riguroso régimen de alcohol y en 1922, comenzó a escribir relatos policiacos para el magazín Black Mask, editado por Joseph Shaw, de los que surgiría su personaje favorito, el Agente de la Continental, un individuo sin nombre, bajo y mofletudo, entrenado para no caer en ninguna trampa afectiva, psicológica, sensual o emocional que pudiera perturbar o confundir su olfato, porque el mundillo violento y despiadado que Hammett concibió, era para puros canes desconfiados y correosos.

Desconfianza. Ese es el atributo esencial para sobrevivir en sus historias, monumentos a la fealdad, el complot y la traición, donde hasta el tipo más duro puede resbalar con una simple fullería o cualquier mujer hermosa puede llevar bajo la piel a una femme fatale o, peor aún, se puede amanecer en la cama de un hotel de quinta clase con un tiro en la frente o veinte puñaladas en el cuello o la barriga, hasta que esa muerte que no es pero podría ser nuestra, sea aclarada por el cochambroso detective que fuma y bebe, observa, inquiere, anota, busca, allana, profana y compromete, porque el deber es lo único inquebrabantable en ese espacio que inspira suspicacias. Quizá es por ello que Raymond Chandler dijo que la obra de Dashiell Hammett reveló las mefíticas pero protectoras posibilidades de la duda, ya que si nos apegamos al saludable ejercicio de la sospecha, podríamos descubrir los secretos de la gente que nos rodea, la más agresiva, la más pasiva o insignificante, pues nadie sabe, a ciencia cierta, lo que hay debajo de la máscara social. Lo dijo así, en uno de sus ensayos sobre la novela negra en El simple arte de matar: “el realista de esta rama literaria escribe sobre un mundo en que los pistoleros pueden gobernar naciones y casi gobernar ciudades, en el que los hoteles, casas de apartamentos y célebres restaurantes son propiedad de hombres que hicieron su dinero regentando burdeles; en el que un astro cinematográfico puede ser el jefe de una pandilla, y en el que ese hombre simpático que vive dos puertas más allá en el mismo piso, es el jefe de una banda de controladores de apuestas; un mundo en el que un juez con una bodega repleta de bebidas de contrabando puede enviar a la cárcel a un hombre por tener una botella de un litro en el bolsillo; en que el alto cargo municipal puede haber tolerado el asesinato como instrumento para ganar dinero, en el que ninguno puede caminar tranquilo por una calle oscura, porque la ley y el orden son cosas sobre las cuales hablamos, pero nos abstenemos de practicar; un mundo en el que uno puede presenciar un atraco a plena luz del día, y ver quién lo comete, pero retroceder inmediatamente a segundo plano, entre la gente, en lugar de decírselo a nadie, porque los atracadores pueden tener amigos de pistolas largas, o a la policía no gustarle las declaraciones de uno, y de cualquier manera el picapleitos de la defensa podrá insultarle y zarandearle a uno ante el tribunal, en público, frente a un jurado de retrasados mentales, sin que un juez político haga algo más que un ademán superficial para impedirlo”. Mejor definición de la obra de Hammett, ninguna, pues basta con internarse en sus novelas, sea Cosecha roja (1929), La maldición de los Dain (1929), El halcón maltés (1930), La llave de cristal (1931) o El hombre delgado (1934), para reconocer que en aquellos territorios que nos remiten al universo cotidiano, la ley y el orden efectivamente brillan por su ausencia, y que los personajes (como nosotros en la vida diaria), se ocupan de mantener la cabeza a flote para no ahogarse en la marea.

Cosecha roja o la revelación de que el infierno no tiene límites poblacionales ni fronteras. El Agente de la Continental llega a Personville, mejor conocida como Poisonville (“Villa Veneno”), para esclarecer un homicidio en el que prácticamente está implicado todo el pueblo; La maldición de los Dain, donde el mismo detective investiga un robo de diamantes, entabla un duelo intelectual con el escritor Fitzstephan, combate a un hombre de nariz larga y otros matones de ínfima ralea, y descifra el anatema de familia, donde el padre esconde esqueletos en el clóset y la hija está implicada en líos de drogas y cultos siniestros; El halcón maltés, el título más célebre pero no el mejor de Hammett, gracias a la adaptación que John Huston realizó en 1941 con Humphrey Bogart en el papel de Sam Spade y Mary Astor en el rol de Brigid O’Shaughnessy, donde un legendario cernícalo cubierto de diamantes, es el objeto de discordia de un puñado de codiciosos y asesinos; La llave de cristal o las peripecias del jugador y estafador Ned Beaumont, que opera uno de los bandos de las pandillas en conflicto, y El hombre delgado, donde a través de la torcida relación del detective Nick Charles con su joven e inteligente esposa Nora (según los críticos, una alegoría de la relación de Hammett con Lillian Hellman), el crimen se entreteje con la tribu de los Wynant, la familia más grotesca de todos sus relatos.

A Dashiell Hammett le suelen escamotear la significación y trascendencia en la literatura norteamericana, a pesar de la indudable crítica social que revisten sus historias (recordemos que se sitúan en pleno Crack del 29 y en la época de la prohibición), quizá porque escribía sin ambages ni abalorios o porque su mirada era absolutamente descarnada: sus criaturas solían carecer de cualidades, sólo eran cáscaras humanas cuyas esencias estaban a flor de piel, en los rostros o en las encías, en las orejas, los dientes, el abdomen, la nariz o los mentones, por lo que sus héroes debían echar mano de una frenológica intuición para determinar quién o quiénes eran aliados o enemigos, aunque algunas veces caían en el engaño, y la fábula se engarzaba en una espiral de impensados desenlaces.

En 1946, el sabueso ingresó al Congreso Nacional de los Derechos Civiles de Nueva York, de ideas afines a la izquierda. Tres años más tarde, el macarthismo puso a sus miembros en la mira y Hammett fue encarcelado en 1951 al negarse a proporcionar información. ¿Y cómo iba a hacerlo, si una de sus frases emblemáticas dicta que “no es tan sencillo decir la verdad, cuando se ha perdido la costumbre”?

Destruido por el alcohol y minado por la tuberculosis y el tabaco, Dahiell Hammett abandonó la escritura poco después de publicar El hombre delgado. Lillian Hellman lo padeció hasta su muerte, el 10 de enero de 1961, en el Hospital Lennox Hill de Nueva York. El último suspiro, tal vez, le hizo recordar aquella escena de La maldición de los Dain, donde sus alter egos, el detective y el novelista, se reprochan uno a otro el modo en que se ganan (o despilfarran) la vida, pues la paga, como siempre, es lamentable:

—Pero… ¿es posible que viviendo como vives de husmear en las vidas ajenas, estés burlándote de la curiosidad que la gente me inspira y mis desvelos por satisfacerla?

—Somos diferentes —le contesté. —Mi trabajo tiene por finalidad meter a la gente en la cárcel; y me pagan por ello, aunque no tanto como debieran.

—No veo la diferencia. El mío tiene por objeto encerrar a la gente en un libro, y por eso me pagan, aunque no tanto como debieran.

—Sí, ¿pero de qué sirve eso?

—Dios lo sabe. ¿Para qué sirve meter a la gente en la cárcel?

—Alivia la congestión —dije. —Si metieran en la cárcel a una cantidad suficiente de personas, no existirían problemas de circulación en las calles.

Circulación. Movilidad. Acción. Desde la parálisis prematura de 1922, Dashiell Hammett conjuró la maldición de los sabuesos combatiendo con la máquina de escribir, pero ahí los guetos se ensancharon y poco a poco descubrió que, como en el infierno, los monstruos suelen desbordarse en ese limbo que no por imaginario deja de ser tan parecido, demencialmente parecido al mundo real.

La maldición de los sabuesos. Texto: Iván Ríos Gascón. Publicado en Suplemento Laberinto. Diario Milenio. 08.01.2011

Personalidades de la cultura fallecidos en 2010. In Memoriam.

Posted in Memorias by Alguien on 31 diciembre 2010

Fallecidos enero 2010:

Lhasa de Séla, 37 años, cantautora. Falleció de cáncer de mama
Blanca Sánchez, 63 años, actriz mexicana estrella en los años 60. Falleció de infarto y problemas renales.
Fina de Calderón, 82 años, poetisa, música, compositora. No se  concretaron las causas de su deceso.
Eric Rohmer, 89 años, cineasta francés pionero de la Nouvelle Vague. Las causas del deceso no trascendieron.
Miep Gies, 100 años, protectora de Anna Frank, testimonio de la historia. Falleció de muerte natural en un hospital.
Daniel Bensaïd, 63 años, filósofo, uno de los pensadores contemporáneos más influyentes. Falleció víctima de un cáncer.
Teddy Pendergrass, 59 años, cantante de soul. Falleció de cáncer.
Jay Reatard, 29 años, artista de garage punk, músico. No se dieron a conocer las causas del óbito. El músico fue hallado muerto en su domicilio de Memphis.
Bobby Charles, 71 años, cantante de clásicos sureños como “See You Later Alligator” o “Walking to New Orleans”. Las causas de la muerte no trascendieron pero el cantante falleció en su domicilio y estaba aquejado de numerosos problemas de salud.
Dennis Stock, 81 años, legendario fotógrafo de estrellas de Hollywood y de la música. Falleció de una breve enfermedad en un hospital.
Carl Smith, 82 años, legendario cantante de country. Las causas de la muerte no trascendieron.
Erich Segal, 72 años, escritor y pedagogo, autor de la novela “Love Store”. Murió de un infarto.

Jean Simmons, 80 años, actriz candidata dos veces a los premios Oscar. No trascendieron las causas del óbito. La mujer murió en su hogar de Santa Mónica (California).
Rogelio Darias, 92 años, músico cubano conocido como el “Rey del Bongo”. No trascendió la causa de la muerte.
Inda Ledesma, 83 años, actriz argentina y directora de teatro. Murió de un paro cardiorrespiratorio.
Carlos Arbelos, 66 años, crítico flamenco, periodista, fotógrafo… Falleció tras no poder superar una operación.
Zelda Rubinstein, 76 años, actriz popular por su papel de médium en “Poltergeist”. Falleció de un fallo multiorgánico.
Tomás Eloy Martínez, 75 años, escritor y periodista argentino. Falleció víctima de larga enfermedad.
Martí Rosselló, 56 años, escritor, bibliotecario, poeta. Falleció repentinamente en Premià de Mar (Barcelona).
Juan Bautista Avalle-Arce, 82 años, hispanista y especialista en “El Quijote”. Murió de larga enfermedad.
Rowland S. Howard, 50 años, guitarrista australiano. Murió esperando un trasplante de hígado.
Sandro “El Gitano”, 64 años, cantante argentino, falleció en un hospital de Mendoza.
Alberto Lysy, 74 años, violinista argentino. No trascendió la causa del óbito.
Thomas Hoving, 79 años, director del Metropolitan Museum de Nueva York, falleció de cáncer de pulmón.
Kenneth Noland, 85 años, artista. Murió de cáncer.
William May, 56 años, productor y co-creador de “Caminando entre dinosaurios”. Falleció de una neumonía.
Antonio de Raco, 94 años, compositor argentino y docente. No han trascendido las causas del óbito. Murió en Buenos Aires.
Andrés Pazos, 64 años, actor. Falleció de cáncer.
Bruno De Filippi, 80 años, guitarra y compositor, creador de “Tintarella di Luna”, interpretada por Mina. Las causas de la muerte no trascendieron.
Maria Lluïsa Borràs, 71 años, crítica de arte. No se especificaron las causas del óbito.
Earl Wild, 94 años, pianista y compositor, niño prodigio. No se precisaron las causas de la muerte.
Mina Bern, 98 años, actriz, dama del teatro judío. Murió de un infarto cerebral.
Kate McGarrigle, 63 años, cantante de folk. Murió de cáncer.
Pernell Roberts, 81 años, actor famoso por su papel de  Adam Cartwright en “Bonanza”. Falleció de cáncer.
Marshall W. Nirenberg, 83 años, Premio Nobel de Medicina, especialista en genética. Murió de cáncer.
J.D Salinger, 91 años, escritor de culto, autor de “El guardián entre el centeno”. Murió de breve enfermedad.
Jean-Yves Calvez, 82 años, teólogo y jesuita, filósofo experto en Marx. Se desconocen las causas de la muerte.
Camille Maurane, 98 años, barítono. Murió de causas naturales en su domicilio.

Fallecidos febrero 2010:

Justin Mentell, 27 años, actor (Boston Legal). Fallecido en accidente de tráfico.
Tomás Eloy Martínez, 75 años, escritor. Falleció víctima de una larga enfermedad.
María Rosa Salvador, 84 años, fundadora y propietaria de Dafnis y creadora del premio “Aguja de Oro”. Fallecida por infarto cerebral.
Martí Rosselló, 56 años, escritor. Falleció repentinamente.
Ángel Augier, 99 años, poeta, Premio Nacional de Literatura en 1991. Falleció víctima de insuficiencia respiratoria y cardiaca.
David Brown, 93 años, productor de cine. Fallecido por fallo renal.
Mario Monreal, 71 años, famoso pianista. Falleció por causas naturales.
Johnny Dankworth, 82 años, músico pionero del jazz. Falleció en un hospital londinense.
Doug Fieger, 57 años, cantante de la banda The Knack (‘My Sharona’). Falleció de cáncer de pulmón.
Ruby Hunter, 55 años, artista pionera de la música aborigen australiana. Falleció de un ataque al corazón.
Alfonso Martínez-Mena, 81 años, escritor, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. No trascendieron las causas de la muerte.
Katrhyn Graisen, 88 años, actriz popular en el Hollywood de los 50 y 60. Fallecida por causas naturales, mientras dormía.
Andrew Koenig, 42 años, actor (“Los problemas crecen”, “Star Trek”). Suicidio.
Rafael Penagos, 86 años, actor de doblaje y escritor, Premio Nacional de Literatura. Falleció en el hospital Gregorio Marañón.
Carlos Montemayor, 62 años, escritor, crítico, traductor, novelista y tenor. Falleció de un cáncer estomacal.
Wendy Toye, 92 años, cineasta británica, coreógrafa y docente. Falleció en el hospital de Hillingdon, Inglaterra.
Camille Maurane, 98 años, barítono. Falleció en su domicilio.
Aaron Ruben, 96 años, productor y guionista (“The Andy Griffith show”). No trascendieron las causas de la muerte.
David Brown, 93 años, productor de cine de Hollywood (“Tiburón”, “Chocolat”…) Falleció de larga enfermedad.
Howard Zinn, 88 años, historiador. Falleció de un infarto.
Georges Wilson, 88 años, actor y director francés. No trascendieron las causas de la muerte.
Louis Auchincloss, 93 años, novelista y abogado, presidente de la Academia Americana de las Artes y Letras. No trascendieron las causas del óbito.
Kostas Axelos, 86 años, filósofo, traductor de Heidegger, director de la revista “Arguments”. No trascendieron las causas del óbito.
Ian Carmichael, 80 años, actor (“The Royal”). Fallecido tras una breve enfermedad.
William Tenn, 80 años, escritor de ciencia ficción. Falleció víctima de una insuficiencia cardiaca congestiva.
Odette Pinto, 78 años, periodista, estrella radiofónica. Falleció por neumonía.
Ricard Parmelola, 89 años, actor de doblaje (la voz de Yoda).
Ariel Ramírez, 88 años, compositor y pianista argentino, presidente de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores.
Lucille Clifton, 74 años, poetisa. Falleció de cáncer y una infección de origen  desconocido.
Raymond Mason, 87 años, escultor. Falleció de un ataque al corazón.
Ernst Beyeler, 88 años, coleccionista de arte, no se precisaron las causas de la muerte
Cy Grant, 90 años, actor, pionero entre los actores negros, no se precisaron las causas de la muerte.
Vladimir Motyl, 83 años, director de cine.

Fallecidos marzo 2010:

Wendy Toye, 92 años, coreógrafa y cineasta. Falleció en el hospital de Hilingdon. Enfisema.
Mark Linkous, 48 años, líder de la banda de rock alternativo Sparklehorse. Suicidio.
Guy Lapébie, 93 años, ex ciclista y oro olímpico. No trascendieron las causas del óbito.
Julia Urquidi Illanes, 84 años, ex mujer de Mario Vargas Llosa, persona que inspiró su novela “La tía Julia y el escribidor”. Falleció por complicaciones respiratorias.
Miguel Delibes, 89 años, escritor, periodista, miembro de la Real Academia Española. Falleció víctima de cáncer de colon.
Peter Graves, 84 años, actor de la serie ‘Misión Imposible’. Fallecido por fallo cardíaco.
Corey Haim, 38 años, actor famoso durante los 80 y 90. Falleció de sobredosis de drogas.
Rafael ‘el Negro’, bailaor de flamenco. Falleció víctima de una grave enfermedad.
José Vidal-Beneyto, 80 años, filósofo y sociólogo. No trascendieron las causas de la muerte.
Joaquín Vaquero Turcios, 77 años, pintor y arquitecto. Fallecido por larga enfermedad.
Alex Chilton, 59 años, guitarrista y cantautor. Falleció víctima de una crisis cardiaca.
Fess Parker, 85 años, actor y fenómeno televisivo de los años 50. Murió por causas naturales.
Wolfgang Wagner, 90 años, nieto de Richard Wagner y director del festival de Bayeruth. Fallecido por causas naturales.
José María Nunes, 80 años, cineasta y poeta. Falleció en el Hospital de la Vall d’Hebron de Barcelona.
Robert Culp, 79 años, actor protagonista de la serie “Yo, espía”. Falleció por una caída accidental.
Marva Wright, 62 años, cantante de gospel y blues. Falleció a consecuencia de las complicaciones producidas por dos colapsos.
Dick Giorgano, 77 años, dibujante y editor de DC Comics. Falleció víctima de las complicaciones derivadas de una neumonía.
Peter Gowland, 93 años, fotógrafo innovador del cuerpo fenenino. Murió víctima de complicaciones derivadas de una cirugía de cadera.
David Mills, 48 años, guionista (“Urgencias” y “The Wire”). Murió víctima de un aneurisma cerebral.
Cy Grant, 90 años, pionero de los actores negros.
Vladimir Motyl, 82 años, director de culto.
Barry Hannah, 67 años, escritor. Murió de un ataque al corazón.
Bernard Coutaz, 88 años, productor discográfico, renovador musical.
Fabian Bachrach, 92 años, fotógrafo recordado por su retrato a JFK. Falleció a causa de una neumonía.
Robert Crafton III, 48 años, bajista, compositor y cantante de rap, falleció de un infarto.
Johnny Alf, 80 años, pianista y fundador de la bossa nova. Falleció por cáncer de próstata.
Richard Stapley, 87 años, actor. Murió de insuficiencia renal.
Jorge Villamil, 80 años, músico y compositor.
Philip Langridge, 71 años, tenor. Falleció víctima de cáncer.
Mijailo Mijailov, escritor, disidente de la antigua Yugoslavia.
Jean Ferrat, 79 años, cantautor, fallecido a causa de un cáncer.
Charles Moore, 79 años, fotógrafo histórico.
Salvador Soria, 95 años, pintor, escultor y académico. Fallecido víctima de una larga enfermedad.
Turhan Selcuk, 82 años, caricaturista turco y creador del personaje Abdülcanbaz.
H. M. Koutoukas, 73 años, dramaturgo. Falleció por complicaciones de la diabetes.
Pep Bas, 62 años, músico de Folk. Falleció por un infarto provocado por una larga enfermedad.

Fallecidos abril 2010:

Corin Redgrave, 70 años, actor y activista británico. Cáncer de próstata.
Christopher Cazenove, 66 años, actor de “Dinastía”. Muerte causada por infección sanguínea (septicemia).
Nacho Criado, 60 años, artista, Premio Nacional de Artes Plásticas 2009. Larga enfermedad.
Graciela Pérez Grillo, 95 años, pionera del jazz latino. Falleció de larga enfermedad.
Kerstin Thorvall, 84 años, escritora sueca de culto. Larga enfermedad.
Peter Steele, 48 años, músico de culto, líder de la banda Type O Negative. Ataque al corazón.
Werner Schroeter, 65 años, cineasta, ganador del Oso de Oro de Berlín. Cáncer.
Jordi Estadella, 61 años, comunicador, presentador, locutor, actor de doblaje. Cáncer hepático.
Manuel Fernández Álvarez, 88 años, uno de los máximos especialistas mundiales sobre la España de los Austrias. Cáncer fulminante.
Juan Antonio Samaranch, 89 años, Presidente de honor del Comité Olímpico Internacional (COI) y uno de los artífices de la Barcelona olímpica 1992. Fallo multiorgánico.
Alan Sillitoe, 82 años, escritor y poeta británico de la posguerra. Breve enfermedad.
Herb Ellis, 88 años, guitarrista, genio del Jazz. Alzheimer.
Peter Gowland, 94 años, fotógrafo del glamour, de pinups, de portadas de revistas, de famosos.
John Forsythe, 92 años, actor de “Dinastía”, neumonía.
Dick Giorgiano, 77 años, dibujante y editor, neumonía y leucemia.
Blanche Thebom, 95 años, cantante, muerte natural.
Peter Herbolzheimer, 74 años, astro del Jazz.
Dixie Carter, 70 años, actriz de “Mujeres Desesperadas”, cáncer.
Graciela Pérez, 94 años, pionera de la música afro-cubana en EEUU. Falleció por causas naturales.
Anthony Flew, 87 años, filósofo de religiones. Larga enfermedad.
Francesc Taverna-Bech, 77 años, compositor. Muerte natural.
Vicente Faus Beltrán, 73 años, activista cultural. Murió por atropello.
David Vilaseca, 46 años, filólogo y escritor, atropello.
Fred Halliday, 90 años, experto en el mundo musulmán.

Fallecidos mayo 2010:

Ángel Cristo, 66 años, domador y empresario de circo. Paro cardiaco.
Miquel Siguan, 92 años, lingüista, psicólogo, escritor, filósofo y docente catalán, breve enfermedad.
Frank Frazetta, 82 años, ilustrador. Derrame cerebral.
Antonio Ozores, 81 años, actor, uno de los más grandes de la historia del cine español. Cáncer.
Ronnie James Dio, 68 años, cantante de Heavy Metal, vocalista de Black Sabbath y Dio. Cáncer de estómago.
Hank Jones, 91 años, célebre pianista de Jazz que acompañó a Marilyn cuando le cantó ‘Feliz Cumpleaños’ a JFK. Breve enfermedad.
Edoardo Sanguineti, 79 años, intelectual italiano, poeta y traductor. Fallecido tras someterse a una operación de urgencia por un aneurisma abdominal.
Lena Horne, 92 años, actriz y cantante. Primera artista negra que triunfó en Hollywood. Esclerosis múltiple.
Miguel Salcedo Hierro, 87 años, escritor, poeta, pregonero, dramaturgo, uno de los mayores intelectuales de Andalucía, cronista oficial de Córdoba. Breve enfermedad.
Paul Gray, bajista, fundador e integrante de Slipknot, sobredosis accidental.
Dennis Hopper, 74 años, actor y cineasta. Cáncer de próstata.
Ali Woodson, 58 años, cantante de “The Temptations”. Cáncer.
Roman Kozak, 52 años, dramaturgo ruso. Larga enfermedad.
Simon Monjack, 39 años, guionista, viudo de la actriz Brittany Murphy, fallecida 5 meses antes. Aparente infarto.
Carlos Franqui, 89 años, escritor, periodista, intelectual cubano.
Sotigui Kouyaté, 74 años, actor africano.
Avigdor Arikha, 81 años, artista.
Giulietta Simionato, 99 años, mezzosoprano. Muerte natural.
Lucho Barrios, 75 años, cantante de boleros peruano. Infarto.
Ljiljana Buttler, 65 años, cantante.
Mohamed Yabri, 74 años, pensador árabe.
Doris Eaton Travis, 106 años, artista.
Joan Busquets, 54 años, actor cómico. Enfermedad.
Pierre Hadot, 88 años, pensador.
Andrés Francesch Moya, 66 años, artista y pintor.
Carmen Zulueta, 94 años, hispanista. Sufrió una grave caída en una calle de Manhattan que le hizo entrar en un coma del que no se recuperó.
Santi Gargallo, 64 años, periodista y exdirector periodístico. Cáncer.
Shusaku Arakawa, 74 años, artista de performances y cineasta japonés.
Yvonne Loriod, 86 años, pianista.
Gabriel Vargas Bernal, 95 años, creador del clásico cómic “La familia Burrón”.
Gary Coleman, 42 años, actor. Caída.
Martin Gardner, 95 años, divulgador científico y filósofo.
Annelise Rothernberger, 94 años, soprano.
Louise Bourgeois, 98 años, artista.

Fallecidos junio 2010:

Stuart Cable, 40 años, músico y batería de “The Stereophonics”. Muerte repentina.
Omar Rayo, 82 años, pintor y escultor. Infarto.
Steven Reuther, 58 años, productor de “Dirty Dancing” y “Pretty Woman”. Cáncer.
José Saramago, 87 años, escritor, Premio Nobel de Literatura. Leucemia.

Walter Rodríguez, 65 años, uno de los actores más famosos de Puerto Rico. Cáncer de huesos.
Bill Dixon, 84 años, trompetista de Jazz.
Edith Shain, 91 años, enfermera famosa por ser la protagonista de la fotografía ‘Beso en Times Square.
Sergio Vega, famoso cantante de narcocorridos. Asesinato.
Wu Guanzhong, artista, padre de la pintura contemporánea china. Enfermedad.
Rafael Ferro, 67 años, autor de decenas de éxitos de la canción española.
Corey Allen, 75 años, actor de “Rebelde Sin Causa”
Rudolf Leopold, 85 años, coleccionista de arte y docente. Breve enfermedad.
Louise Bourgeois, 98 años, artista francoestadounidense.
Rubén Juárez, 62 años, creador de tangos. Cáncer de próstata.
Rue McClanahan, 76 años, actriz protagonista de la serie “Las chicas de oro”. Derrame cerebral.
Andrei Voznesenski, 77 años,  símbolo de la poesía rusa contemporánea. Complicaciones de un infarto.
Juan Carlos Bustriazo, 80 años, poeta. Gripe.
Rosa Ribes, 49 años, precursora de la danza moderna, coreógrafa. Larga enfermedad.
Tobias Wong, 35 años, artista.
Donald Windham, 80 años, novelista y memorialista.
Jack Harrison, 97 años, inspiró la película “La gran evasión”.
Kazuo Ohno, 103 años, bailarín.
Joseph Strick, 97 años, cineasta, productor y guionista.
Marina Semyonova, 102 años, la figura más grande del ballet clásico del siglo XX.
Arthur Herzog, 83 años, escritor. Complicaciones debidas a un accidente vascular cerebral.
David Markson, 83 años, autor de varias novelas posmodernas.
Christine Johnson, 99 años, actriz y cantante de ópera.
Fuat Mansurov, 85 años, director de orquesta.
David Chaloner, 66 años, poeta y diseñador. Cáncer.
Ernest Fleischmann, 86 años, director de orquesta.
Al Williamson, 79 años, dibujante de cómics.
Carlos Monsiváis, 72 años, cronista mexicano. Fibrosis pulmonar.
Ronald Neame, 99 años, cámara de Alfred Hitchcock. Complicaciones producidas por una caída.
Fred Anderson, 81 años, saxofonista y renovador del jazz.
Garry Shider, 56 años. Músico de funk.
Kalmen Opperman, 91 años, músico.

Fallecidos julio 2010:

Ramón Ayerra, 73 años, escritor y poeta.
Ed Limato, 73 años, mánager de estrellas como Richard Gere, Steve Martin, Mel Aldo Sambrell, 79 años, actor, villano imprescindible del género western. Microinfartos cerebrales.
Olga Guillot, 88 años, cantante de boleros.
Amanda Berenguer, 89 años, poetisa. Complicaciones derivadas de
la edad.
Maria Canals, 96 años, pianista.
Wu Guanzhong, 90 años, padre de la pintura contemporánea china.
Laurent Terzieff, 75 años, artista, actor. Complicaciones pulmonares.
Arnold Friberg, 96 años, ilustrador y pintor americano. Post-operatorio.
Beryl Bainbridge, 75 años, novelista. Cáncer.
Armando Jiménez, 92 años, autor de ‘Picardía Mexicana’. Cáncer de garganta.
Elliot Kastner, cazador de talentos y productor de películas. Murió a consecuencia de cáncer.
Fritz Teufel, 68 años, activista. Muerte natural.
Robert Butler, 83 años, Premio Pulitzer, geróntologo. Leucemia.
Cesare Siepi, 87 años, cantante.
Linton Barrington ‘Sugar’ Minott, 54 años, cantante de reagge, afección de corazón.
Sir Alan Charles Mackerras, director de orquesta.
Tuli Kupferberg, 88 años, fundador de la banda de rock The Fugs.
Paulo Mora, 77 años, clarinetista brasileño. Cáncer linfático.
Sir Alan Charles Mackerras, 85 años, director de orquesta.
Vonetta McGee, 70 años, actriz y famosa efímera por su lucha por los derechos civiles. Fallo cardíaco.
Harvey Pekar, 70 años, el famoso guionista del cómic American Splendor
James Gammon, 60 años, actor secundario.
Óscar Shuberoff, 66 años, docente, creó una facultad en Buenos Aires. Paro cardiaco.
‘Hank’ Cochran, 75 años, impulsor de mitos del country como Willie Nelson. Sus canciones fueron utilizadas por artistas legendarios como Elvis Presley, Tom Jones, Elvis Costello, Nancy Sinatra, Johnny Cash…
Stephen Schneider, 65 años, pionero de investigación del cambio climático y Premio Nobel de la Paz 2007. Infarto de miocardio.
Anthony Rolfe, 60 años, tenor.
Cécile Aubry, 81 años, artista completa. Cáncer pulmonar.
Antonio Gamero, actor.
Maury Chaykin, 61 años, actor de éxito. Fallo renal.

Fallecidos agosto 2010:

Enrique Iniesta, escritor, periodista, biógrafo y presidente de honor del CEHA. Larga enfermedad.
Tom Mankiewicz, 68 años, guionista de James Bond y Superman. Cáncer de páncreas.
Bobby Hebb, 72 años, músico creador del éxito “zuñí”. Cáncer de pulmón.
Robert Boyle, 100 años, director artístico de Hitchcock. Causas naturales.
Patricia Neal, 84 años, actriz ganadora de un Oscar. Cáncer.
Fernando Fernández, 70 años, dibujante e ilustrador que adaptó “Drácula”. Larga enfermedad.
Armando Robles Godoy, 87 años, cineasta peruano, accidente de tráfico.
Dana Dawson, 36 años, cantante y actriz. Cáncer.
Abbey Lincoln, 80 años, activista y mito del jazz. Problemas de salud.
Satoshi Kon, 46 años, director del anime japonés. Cáncer de páncreas.
George David Weiss, 89 años, compositor de canciones como “What a Wonderful World” o  “Can’t Help Falling in Love”.
Ahna Capri, 86 años, mito sexual de los 70 y compañera de reparto de Bruce Lee en “Operación Dragón”, accidente de tráfico.
Raimon Panikkar, 91 años, filósofo y escritor.
Faustino Sanz Erranz, 87 años, artista.
Nicolas Carone, 93 años, artista.
Suso Cecchi D´Amico, 96 años, figura clave del cine italiano.
Alain Corneau, 67 años, cineasta. Cáncer.
Al Goodman, 67 años, cantante.
Philippe Avron, 81 años, actor. Cáncer.
Juan Marichal, 82 años, ensayista.
Roberto Cantoral, 75 años, compositor de boleros, autor de ‘El Reloj’. Infarto.
Marcel Martí Badenes, 85 años, escultor.
Alfonso Pérez Sánchez, 75 años, historiador de arte.
Bruno Crémer, 80 años, actor. Cáncer.
Christoph Schlingensief, 49 años, cineasta. Cáncer de pulmón.
Claudio Sapiaín, 62 años, cineasta. Neumonía.
Robert Wilson, 53 años, estrella del funky setentero.
Carlos Mendo, 77 años, periodista.
Rodolfo Enrique Fogwill, 69 años, escritor argentino.
Frank Kermode, 99 años, crítico literario.

Fallecidos septiembre 2010:

Cammie King, 76 años, la niña en “Lo que el viento se llevó”. Cáncer.
Germán Dehesa, escrito y Premio Don Quijote 2008. Cáncer.
Vague Claude Chabrol, 80 años, director de la Nouvelle Vague.
Arrow, 60 años, cantante caribeño famoso por su hit ‘Hot, Hot, Hot’. Cáncer cerebral.
José Antonio Labordeta, 75 años, cantautor, profesor, político, figura clave de la cultura. Cáncer de próstata.
Sandra Mondaini, 79 años, icono de la televisión italiana. Insuficiencia respiratoria.
James Bacon, 96 años, periodista hollywoodiense y actor ocasional. Ataque al corazón.
Geoffrey Burgon, 69 años, compositor. Breve enfermedad.
Jairo Aníbal Niño, 69 años, escritor.
Germán Dehesa, 66 años, escritor.
Paul Conrad, 86 años, viñetista político, tres veces ganador del Premio Pulitzer.
Mike Edwards, 62 años, músico, uno de los fundadores de la banda de rock Electric Light Orchestra (ELO). Murió aplastado por una bala de heno de 600 kilos.
Clive Donner, 84 años, cineasta.
Lawrence Peel, 78 años, editor. Neumonía.
Álvaro Sebastián Hernández, 88 años, músico.
Kevin McCarthy, 96 años, actor.
Juan Mari Brás, 83 años, leyenda de la política de Puerto Rico. Cáncer de pulmón.
Harold Gould, 86 años, actor. Cáncer de próstata.
Tony Curtis, 85 años, actor.
Jenny Alpha, 100 años, artista global.
Mohamed Arkoun, 82 años, intelectual.
Anthony J. Close, 73 años, hispanista. Infarto.
Geoggrey Burgon, 69 años, músico, productor.
Jill Johnston, 81 años, escritora feminista.
Arthur Penn, 88 años, director de “Bonnie and Clyde”. Enfermedad.
George Charpak, 86 años, Premio Nobel de Física en 1992.

Fallecidos octubre 2010:

Romina Yan, 36 años, actriz argentina, muerte súbita
Norman Wisdom, 95 años, humorista visual.
Steve Lee, 48 años, cantante de Gotthard, accidente de tráfico.
Solomon Burke, 70 años, rey del rock y del soul, autor de clásicos como “Everybody needs somebody to love”, “Cry to me” o “It must be love”. Infarto.
Joan Sutherland, 83 años, soprano. Larga enfermedad.
Manuel Alexandre, 92 años, actor. Cáncer.
Suso Díaz, 39 años, actor. Causas desconocidas.
Benoit Mandelbrot, 86 años, matemático, creador de la matemática irregular.
Johnny Sheffield, 79 años, hijo de Tarzán, niño prodigio de Hollywood.
Tom Bosley, 83 años, actor de series como “Se ha escrito un crimen”. Cáncer de pulmón.
Gregory Isaac, 59 años, músico jamaicano. Cáncer de pulmón.
Llàtzer Escarceller, 96 años, actor conocido por su papel de “avi” del programa televisivo Filiprim.
Marcelino Camacho, 92 años, líder sindical y fundador de CCOO. Larga enfermedad.
Joan Solà, 70 años,lingüista y Premio de Honor de las Lletres Catalanes 2009. Cáncer.
George Charpak, 86 años, Nobel de Física.
Sally Menke, 56 años, montadora de las películas de Tarantino. Accidente.
Greg Giraldo, 45 años, actor. Coma producido por la mezcla de alcohol y estupefacientes.
Joe Mantell, 94 años, actor. Larga enfermedad.
Ana Kiro, 68 años, cantante y presentadora. Cáncer.
Stephen Pace, 91 años, pintor. Pulmonía.
Albertina Walker, 81 años, cantante de gospel. Fallo respiratorio.
Dolores Wilson, 82 años, artista.
Carmen Cuesta, 87 años, compañera de las “Trece Rosas”.
Georgy Kapralov, 89 años, crítico de cine.
Lamon Johnson, 88 años, actor y director. Infarto.
Mijail Roshchin, 73 años, literato.
Stephen J. Cannell, 69 años, guionista. Melanoma.
Robert Goodnough, 92 años, pintor. Neumonía.
Francisco Garfias, 89 años, escritor.
Harry Mulisch, 83 años, novelista.

Fallecidos noviembre 2010:

Carlos Edmundo de Ory, poeta renovador de la posguerra.
Dino de Laurentiis, 91 años, productor de cine de las películas de David Lynch.
Francisco Morales Padrón, 89 años, catedrático de Historia de América.
Tony Moreno, productor cubano que forjó la carrera de Tito Rojas, El Puma, etc. Cáncer de hígado.
Freddy Beras-Goico, 60 años, comediante dominicano, productor y escritor.  Cáncer de páncreas.
Alfonso Canales, 87 años, escritor, Premio Nacional de Literatura en 1956 y ex presidente de la Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga.
Maestro Guerrero, 87 años, compositor de coplas. Enfermedad.
Leslie Nielsen, 84 años, icono de la comedia, actor. Falleció en un hospital a causa de complicaciones derivadas de una neumonía.
Irvin Kerschner, 87 años, director de “El imperio contraataca”. Larga enfermedad.
Mario Monicelli, 95 años, cineasta italiano. Suicidio.
Peter Hofmann, 66 años, tenor estrella de “El fantasma de la Ópera”. Afección pulmonar.
John D’Agostino, 81 años, dibujante de personajes de cómic como el Increíble Hulk. Cáncer.
Harry Mulisch, 83 años, escritor.
Claude Lefort, 86 años, pensador antitotalitario.
Lisa Blount, 53 años, actriz de “Oficial y Caballero”.
George Hickenlooper, 47 años, líder del cine independiente.
Jill Clayburgh, 66 años, actriz. Leucemia linfocítica crónica.
Viola Fischerová, 75 años, poetisa.
Glen Little, 84 años, payaso “Frosty”.
Jerry Bock, 82 años, el músico de “Un violinista en el tejado”. Breve enfermedad.
Henryk Górecki, 76 años, compositor. Larga enfermedad.
Joao Manuel Serra, 79 años, popular personaje de Lisboa.
Luis García Berlanga, 89 años, cineasta español, uno de los iconos del cine español del siglo XX. Alzheimer.
Simone Valère, 87 años, actriz de teatro.
Rudolf Barshai, 86 años, violinista, director, músico.
Lev Tokmakov, 82 años, ilustrador de cuentos. Infarto de miocardio.
Ingrid Pitt, 73 años, actriz de películas de terror.

Fallecidos diciembre 2010:

Enrique Morente, 67 años, cantaor de flamenco. Larga enfermedad.
Valentín García Yebra, 93 años, filólogo, la ‘N’ de la Real Academia de la Lengua, académico, traductor y fue Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes.
Fernando Urdiales, 59 años, director de Teatro Corsario. Enfermedad.
Blake Edwards, 88 años, cineasta, director de ‘Desayuno con diamantes’ y ‘La Pantera Rosa’. Neumonía.
Neva Patterson, 90 años, actriz protagonista de ‘Algo para recordar’. Complicaciones derivadas de una fractura de cadera.
María Jesús San Segundo, 52 años, Ministra de Educación del 2004 al 2006.
Captain Beefheart, 69 años, personalidad del rock, artista de vanguardia. Esclerosis múltiple.
Pascual Saura, bajista original de M-Clan. Ataque al corazón.
Tommaso Padoa-Schioppa, 70 años, ideólogo del Euro, intelectual italiano. Ataque al corazón.
Steve Landesberg, 74 años, actor habitual de las series de televisión.
Marcia Lewis, 72 años, actriz de teatro. Cáncer de pulmón.
José Pastor, 91 años, fotógrafo.
Mario Monicelli, 95 años, cineasta italiano. Suicidio.
Peter Hofmann, 66 años, tenor. Parkinson y breve enfermedad.
Garry Gross, 63 años, fotógrafo célebre por hacerle fotos a Brooke Shiels desnuda cuando esta tenía 10 años.
Helen Boatwright, 94 años, soprano.
Norris Church Mailer, 61 años, modelo Norris Church Mailer, viuda de Norman Mailer. Cáncer.
Hugues Cuénod, 108 años, tenor.
Josep Ramon Llobera, 61 años, antropólogo.
Pedro Vidal, 84 años, veterano del cine.
Miodrag Djuric, 77 años, pintor y escultor.
Pedro Escalona, 64 años, guitarrista flamenco.
Christian Poché, 72 años, etnomusicólogo.
John B. Fenn, 93 años, científico Premio Nobel de Química 2002.
Paul Fachetti, 98 años, fotógrafo.
Nassos Daphnis, 96 años, artista.

(Perdón por las ausencias olvidadas)

Fuente: La Vanguardia.
Nos dejaron en 2010: El Cultural.esEl País.com

En Algún Dia: Fallecimientos 2010.

Pavese a 60 años de su muerte.

Posted in Artículos, Memorias by Alguien on 20 diciembre 2010

La Jornada Semanal. Domingo 19 de diciembre de 2010. Num: 824.

En el espléndido ensayo de Annunziata Rossi que publicamos en este número, se cita lo que Italo Calvino dijera sobre la vida y la obra de Cesare Pavese: “su itinerario es de elección y de discordia, de reducción a lo esencial, de traslado de los valores del ser al mismo hacer, de la vida a las obras, de la existencia a la historia”. Con el texto de Rossi y un poema de Hugo Gutiérrez Vega, conmemoramos los sesenta años de la trágica muerte del piamontés, miembro de una de las más brillantes generaciones culturales y literarias italianas. Publicamos además un texto de Ricardo Bada con motivo del centenario del natalicio de Miguel Hernández, otro autor imborrable de la literatura mundial.

In Memoriam: Blake Edwards.

Posted in Cine, Memorias by Alguien on 17 diciembre 2010

El director, productor, guionista y actor estadounidense, Blake Edwards, falleció este 16 de diciembre, a la edad de 88 años a causa de complicaciones proporcionadas por una neumonía en el hospital de Brentwood, Santa Mónica, California.

A lo largo de su carrera, que comenzó en los años cincuenta y terminó en los noventa, dirigió 46 películas. Edwards, considerado uno de los principales directores de comedia de Hollywood, hizo historia en el cine con películas como “Desayuno en Tiffany“, “Victor/Victoria“, “Días de vino y rosas“. Pero su trabajo se destacó sobre todo por la saga “La Pantera Rosa“, que protagonizó Peter Sellers, como el torpe inspector francés Clouseau y con el cual accedió al reconocimiento de la crítica y el público. La saga tuvo ocho películas, aunque las más recordadas son las que protagonizó Peter Sellers y la primera, estrenada en 1963, se convirtió rápidamente en un éxito.

Sin embargo muchas de sus comedias se movieron entre la risa y la introspección, algo que demostró en su particular “10. La mujer perfecta“, en la que reflexionó sobre la crisis de un hombre de mediana edad interpretado por Dudley Moore y que se convirtió en uno de sus mayores éxitos de taquilla en parte gracias a la presencia de la sexy actriz Bo Derek.

También dejó muestras de su costado más sensible en la comedia dramática “Desayuno en Tiffany”, basado en la célebre novela de Truman Capote, o en “Días de vino y rosas” (1963), un filme realista e implacable sobre el abismo de las adicciones convertido en un acontecimiento tras su estreno en Estados Unidos: Lemmon y Remick se llevaron sendos Oscar por su trabajo.

El director estaba casado desde hacía 41 años con la actriz británica Julie Andrews, Hace unos siete años, en la 76ª edición de los premios más prestigiosos de la industria recibió el Oscar honorario por su trayectoria.

In Memoriam.

In Memoriam: Enrique Morente.

Posted in Música, Memorias by Alguien on 13 diciembre 2010

El cantaor flamenco Enrique Morente ha muerto este lunes 13 de diciembre en la clínica madrileña La Luz. Morente, de 67 años, fue ingresado el 4 de diciembre en la clínica La Luz de Madrid para ser intervenido de un cáncer de estómago y operado de nuevo horas después con motivo de una hemorragia que obligó dos días después a su traslado a la UCI del hospital.

Un comunicado de la familia Morente difundido por la Sociedad General de Autores de España (SGAE) señala que el cantaor ha fallecido en torno a las 17.00 horas “después de varios días de denodada lucha contra la muerte”.

El día de Navidad el cantaor hubiera cumplido 68 años, una edad impensable para cualquiera que lo conociera. Era un personaje tan bonachón y con tanta energía que parecía mucho más joven. Humilde como solo los genios pueden serlo, gran conversador, con un sentido del humor agudísimo y una personalidad increíble, el mundo del flamenco pierde a un personaje irrepetible. In Memoriam:

Especial Enrique Morente en RTVE.es.

In Memoriam: 30 años sin John Lennon.

Posted in Música, Memorias by Alguien on 8 diciembre 2010

El 8 de diciembre de 1980 cinco disparos efectuados por Mark David Chapman – un desequilibrado obsesionado por la música de los Beatles y la lectura de “El guardián entre el centeno”- acabaron con la vida de John Lennon. El fundador y coautor de la gran mayoría de los éxitos de los Beatles alcanzó desde ese momento un lugar privilegiado en el Olimpo de los Dioses de la música rock, sólo compartido con Elvis Presley, su ídolo de juventud.

La muerte de Lennon dejó a la juventud mundial huérfana de uno de sus ídolos. También frustró del todo una hipotética reunión de los Beatles, con la que tanto se había especulado durante los 70.

Además, Chapman cortó la carrera de uno de los grandes genios de la música que, con su recién inaugurada cuarentena, tenía todavía mucho que ofrecer al mundo. Es difícil imaginar al Lennon de hoy, con 70 años cumplidos, pero seguro que no estaría lejos del hombre idealista y soñador que se nos mostró desde finales de los 60.

Lo que es evidente es que la música de Lennon -ya sea en solitario o como parte de The Beatles - ha influido a todos los artistas de los últimos 50 años y nunca ha dejado de tener vigencia.

Especial: 30 años sin John Lennon en RTVE.es.

Especial: El Asesinato de Jonh Lennon – The Beatles en El Mundo.es.

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