Algún día en alguna parte

Caperucita Roja: La otra historia.

Posted in Cine, Cuentos by Alguien on 11 abril 2011

«Si no sales al bosque, jamás ocurrirá nada y tu vida jamás empezará.» Este es el leitmotiv de un poema en prosa publicado por Clarissa Pinkola Estés en 1970, y que aparece, en versión abreviada, al final de su célebre Mujeres que corren con los lobos. «Sólo hay una pregunta que merece la pena hacer, hermosa doncella», leemos en el mismo poema. «¿Dónde está el alma?»

Caperucita Roja es quizá el más célebre de todos los cuentos de hadas, y posiblemente el más extraño de todos. Aparece en la famosa colección de Charles Perrault que inicia el género, pero tiene orígenes folclóricos mucho más antiguos. En la versión más arcaica, abundan los detalles crudos que el educado Perrault dejó de lado: por ejemplo, el lobo engaña a la heroína para que coma un poco de la carne de su abuela y beba de su sangre, y la niña se las arregla para escapar diciendo que tiene que salir de la cabaña a orinar. El lobo le dice que orine en la cama, una curiosa proposición, y ante la negativa de la niña le ata una larga cuerda y le permite salir al exterior. Una vez allí, la niña se desata y desaparece.

Perrault suavizó estos detalles e hizo que Caperucita acabara dentro de la panza del lobo junto con su abuela. Sin embargo, su innovación principal fue la que corresponde a la literatura, que, como la divinidad, reside en los pequeños detalles. Perrault dotó a la niña de la caperuza roja que la ha hecho famosa y que le da realidad visual, materialidad y textura. Un personaje definido por una prenda de ropa. A partir de entonces, la caperuza roja será un elemento tan importante del cuento como el lobo o el bosque.

¿Qué es una caperuza? El psicoanálisis (era inevitable) ha identificado el color rojo con la menstruación. En el otro extremo, Friedel Lenz (La sabiduría de los cuentos de hadas) la interpreta, en la estela de Rudolf Steiner, como el «pensar cerebral» que nos aísla del «supramundo espiritual», lo cual corresponde a un personaje ingenuo y que sólo tiene ideas subjetivas del mundo como es la niña protagonista. Una caperuza es también la vestidura propia de los monjes y las sacerdotisas. Su función no es tanto proteger de la lluvia como cubrir el cabello, la expresión de la individualidad y de la sexualidad. En la economía del relato, se corresponde con el bonete de la abuela, que utiliza el lobo para disfrazarse. La caperuza y el bonete son, en cierto modo, los verdaderos protagonistas del cuento. Los dos ocultan, los dos disfrazan.

¿De qué trata realmente Caperucita Roja? El contenido sexual del cuento es tan evidente que encontraremos un disfraz de Caperucita Roja en todas las sex shops del mundo. La sensualidad alcanza hasta la versión animada de Tex Avery, Red Hot Riding Hood, de 1945, cuya heroína es una exuberante bailarina de cabaret que seduce a un lobo babeante. En la versión de Nabokov, Caperucita se convierte en una adolescente americana que se deja seducir por el lobo Humbert Humbert. Pero la intención de Perrault era precisamente la contraria: advertir a las jóvenes ingenuas de lo dañinos que son los lobos, especialmente «esos que hablan con voz suave y tienen la piel sedosa, y que son los más peligrosos de todos». El sofisticado Perrault pretende rescatar el rudo relato popular, despojarlo de su pelusa arcaica, y convertirlo en una metáfora apta para los salones. Y lo moraliza.

Pero las metáforas del relato resultan interminables, y su asimetría imposible de simplificar. La abuelita devorada es, precisamente, la encargada tradicional de contar los cuentos. Los hermanos Grimm se alimentaron sobre todo (la metáfora parece adecuada) de abuelitas tocadas con bonetes idénticos a los de la abuela de Caperucita, para recoger los cuentos que luego transcribían. ¿De qué trata en realidad este cuento en que un lobo devora a la que cuenta los cuentos? ¿Por qué la abuela no puede ejercer su sabiduría de anciana? Y sobre todo, ¿por qué diablos se disfraza el lobo con la ropa de la abuela? La imagen del lobo travestido es, sin duda, la más extraña que nos han legado los cuentos de hadas, más extraña que el gato con botas o la princesa cubierta con una piel de asno, y evoca una ambigüedad sexual inquietante que sólo podemos interpretar retrocediendo a antiguos misterios o acudiendo a transformaciones posmodernas.

Hay dos de estas transformaciones posmodernas especialmente hermosas y significativas. En las dos el antiguo relato parece alcanzar a decir lo que quería decir realmente en un principio. Una es En compañía de lobos, la transformación de Angela Carter, en la que Caperucita termina en brazos de su amante lobo, dormida y feliz. La otra es Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite, ese libro donde se incita a los niños a arriesgarse y entrar en el bosque (como en el poema de Clarissa Pinkola Estés con el que comenzábamos) y donde el lobo, Mr. Wolf, termina bailando con la abuela bohemia, desordenada y fumadora. Sin duda el mejor final que conozco.

Entre los indios dakota de Norteamérica existe la historia de la Mujer Loba, o bien La Mujer que Corre con los Lobos. Una esposa maltratada huye a la floresta y convive con los lobos, haciéndose amante de su jefe. Luego regresa con los hombres, pero a partir de entonces su marido la trata con respeto. Ambas historias, la del civilizado Perrault y la de los salvajes dakota, son curiosamente complementarias. Sería interesante decidir cuál de las dos es más actual.

«La única pregunta que merece la pena es: ¿dónde está el alma?» Como siempre, en lo hondo del bosque. ¿Dónde? ¿Quién? ¿El lobo? ¿Será el lobo en realidad el alma de Caperucita, su naturaleza salvaje y libre? Quizá por eso se sienta tan cómodo con ropa de mujer.

El alma de Caperucita. Texto: Andrés Ibáñez. Publicado en ABCD.es. 09.04.2011.

En Algún día: Caperucita Roja

En Algún día:
Caperucita Roja. Versión del Lobo.
El cuento popular francés de Caperucita.
El “chaperoncito rojo” de Charles Perrault.
Caperucita Roja. Versión del Lobo enamorado.
Caperucita Roja según los Hermanos Grimm.
Caperucita Roja políticamente correcta.
El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.
Caperucita Roja de Gabriela Mistral.
Caperucita Roja de Tex Avery. Una maciza de los bosques.
Érase veintiuna veces Caperucita Roja.
Caperucita Roja, de Tomas Nilsson.
Caperucita Roja y el Lobo, de Roald Dahl.

Caperucita Roja y el Lobo, de Roald Dahl.

Posted in Cuentos by Alguien on 20 mayo 2010

Cuentos en Versos para  niños perversos. Roald Dahl.


Little Red Riding Hood and the Wolf

As soon as Wolf began to feel
That he would like a decent meal,
He went and knocked on Grandma’s door.
When Grandma opened it, she saw
The sharp white teeth, the horrid grin,
And Wolfie said, “May I come in?”
Poor Grandmamma was terrified,
“He’s going to eat me up!” she cried.
And she was absolutely right.
He ate her up in one big bite.

But Grandmamma was small and tough,
And Wolfie wailed, “That’s not enough!
I haven’t yet begun to feel
That I have had a decent meal!”
He ran around the kitchen yelping,
“I’ve got to have a second helping!”

Then added with a frightful leer,
“I’m therefore going to wait right here
Till Little Miss Red Riding Hood
Comes home from walking in the wood.”

He quickly put on Grandma’s clothes,
(Of course he hadn’t eaten those).
He dressed himself in coat and hat.
He put on shoes, and after that,
He even brushed and curled his hair,
Then sat himself in Grandma’s chair.

In came the little girl in red.
She stopped. She stared. And then she said,
“What great big ears you have, Grandma.”

“All the better to hear you with,”
the Wolf replied.
“What great big eyes you have, Grandma.”
said Little Red Riding Hood.
“All the better to see you with,”
the Wolf replied.

He sat there watching her and smiled.
He thought, I’m going to eat this child.
Compared with her old Grandmamma,
She’s going to taste like caviar.

Then Little Red Riding Hood said,
“But Grandma, what a lovely great big
furry coat you have on.”

“That’s wrong!” cried Wolf.
“Have you forgot
To tell me what BIG TEETH I’ve got?
Ah well, no matter what you say,
I’m going to eat you anyway.”

The small girl smiles. One eyelid flickers.
She whips a pistol from her knickers.
She aims it at the creature’s head,
And bang bang bang, she shoots him dead.

A few weeks later, in the wood,
I came across Miss Riding Hood.
But what a change! No cloak of red,
No silly hood upon her head.
She said, “Hello, and do please note
My lovely furry wolfskin coat.”

Caperucita Roja y el Lobo.

Estando una mañana haciendo el bobo
le entró un hambre espantosa al Señor Lobo,
así que, para echarse algo a la muela,
se fue corriendo a casa de la Abuela.
“¿Puedo pasar, Señora?”, preguntó.
La pobre anciana, al verlo, se asustó
pensando: “¡Este me come de un bocado!”.

Y, claro, no se había equivocado:
se convirtió la Abuela en alimento
en menos tiempo del que aquí te cuento.
Lo malo es que era flaca y tan huesuda
que al Lobo no le fue de gran ayuda:
“Sigo teniendo un hambre aterradora…
¡Tendré que merendarme otra señora!”.

Y, al no encontrar ninguna en la nevera,
gruñó con impaciencia aquella fiera:
“¡Esperaré sentado hasta que vuelva
Caperucita Roja de la Selva!”

-que así llamaba al Bosque la alimaña,
creyéndose en Brasil y no en España-.
Y porque no se viera su fiereza,
se disfrazó de abuela con presteza,
se dio laca en las uñas y en el pelo,
se puso la gran falda gris de vuelo,
zapatos, sombrerito, una chaqueta
y se sentó en espera de la nieta.

Llegó por fin Caperucita a mediodía
y dijo: “¿Cómo estás, abuela mía?
Por cierto, ¡me impresionan tus orejas!”.

“Para mejor oírte, que las viejas
somos un poco sordas”. “¡Abuelita,
qué ojos tan grandes tienes!”. “Claro, hijita,
son las lentillas nuevas que me ha puesto
para que pueda verte Don Ernesto
el oculista”, dijo el animal

mirándola con gesto angelical
mientras se le ocurría que la chica
iba a saberle mil veces más rica
que el rancho precedente. De repente

Caperucita dijo: “¡Qué imponente
abrigo de piel llevas este invierno!”.

El Lobo, estupefacto, dijo: “¡Un cuerno!
O no sabes el cuento o tú me mientes:
¡Ahora te toca hablarme de mis dientes!
¿Me estás tomando el pelo…? Oye, mocosa,
te comeré ahora mismo y a otra cosa”.

Pero ella se sentó en un canapé
y se sacó un revólver del corsé,
con calma apuntó bien a la cabeza
y -¡pam!- allí cayó la buena pieza.

Al poco tiempo vi a Caperucita
cruzando por el Bosque… ¡Pobrecita!
¿Sabéis lo que llevaba la infeliz?
Pues nada menos que un sobrepelliz
que a mí me pareció de piel de un lobo
que estuvo una mañana haciendo el bobo.


Versión de Miguel Azaola.

Little Red Riding Hood and the Wolf.(Revolting Rhymes)
Roald Dahl (Wales, 1916-1990)

En Algún día:
Caperucita Roja. Versión del Lobo.
El cuento popular francés de Caperucita.
El “chaperoncito rojo” de Charles Perrault.
Caperucita Roja. Versión del Lobo enamorado.
Caperucita Roja según los Hermanos Grimm.
Caperucita Roja políticamente correcta.
El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.
Caperucita Roja de Gabriela Mistral.

Caperucita Roja de Tex Avery. Una maciza de los bosques.
Érase veintiuna veces Caperucita Roja.
Caperucita Roja, de Tomas Nilsson.

En Algún día: Caperucita Roja.

Caperucita Roja, de Tomas Nilsson.

Posted in Cuentos by Alguien on 21 febrero 2010

Érase veintiuna veces Caperucita Roja.

Posted in Cuentos, Libros by Alguien on 2 agosto 2009

Media Vaca es una de esas pocas editoriales absolutamente únicas. Obra de Vicente Ferrer Azcoiti, es tan artesanal como universales sus publicaciones. La ilustración es el centro, y muchos de sus libros son versiones o iluminaciones de textos clásicos que cobran nueva vida. Y la calidad de las ediciones es sencillamente espectacular. Su principal colección, Libros para niños, persigue un objetivo singular en el panorama editorial actual: tratar a los niños con un profundo respeto a su inteligencia, sin concesiones ni regalías ni paternalismos. Quince libros en once años da idea de la dedicación, la lentitud y el amor por los libros que sustentan su línea editorial.

Cuando Media Vaca comenzó su andadura, allá por 1998, su editor no sabía muy bien qué libros quería hacer, pero tenía bastante claro cuáles no quería hacer: los que ya existen mil veces: ¡Caperucita Roja!

Como el mundo da tantas vueltas, habrá también una caperucita de Media Vaca. No se trata de un libro más, porque son en realidad veintiún libros: veintiuna historias distintas que utilizan como punto de partida el cuento clásico de Perrault, autor del primer escrito conocido sobre este famoso personaje.

El proyecto tiene su origen en un taller para ilustradores que tuvo lugar en el Museo Itabashi de Japón durante el verano de 2003. Se pidió a los participantes, cuyos trabajos se reproducen íntegramente en el libro, que no se limitaran a poner sus dibujos junto a las palabras de Perrault, sino que se sintieran libres para hacer todos los cambios que desearan en función de sus propios intereses. El resultado es tan variado como sorprendente: hay historias de miedo, de risa y de aventuras, y los hay también de fantasmas, de amor y gastronomía.

Textos e ilustraciones de: Ayabo, Simon Sakurai, Hazuki Hayashi, Yukari Miura, Yukari Miyazawa, Manami Yamada, Yuco Ishizuka, Maki Takubo, Kaori Tsukuda, Kana Yamada, Izumi Yamada, Chikako Futatsugi, Kyoko Enomoto, Mari Yano, Maki Iino, Kyoko Ogawa, Rie Koresawa, Tomoko Iwama, Yuka Iwase, Nozomi Kobayashi y Taro Miura.

20 – HOW TO LOVE A GIRL. Kana Yamada.

Esta es la historia del lobo Jack, pariente lejano del más famoso lobo de los bosques.
Hoy en día apenas quedan bosques, las aldeas se han convertido en pueblos, y éstos en ciudades, y la vida ha ido haciéndose cada vez más complicada.
Todo el mundo ama su independencia y su libertad.
Sin embargo Jack estaba solito. “Un lobo debe amar la soledad”, le habían enseñado.
-¡Ya no! No puedo seguir amando la perversa soledad. ¡Quiero amar a alguien que no sea yo mismo!
Pero Jack no sabía cómo amar.
Entonces encontró un libro: HOW TO LOVE A GIRL.
Por primera vez se le ofrecía la oportunidad de aprender algo sobre las chicas.
-¡Qué complicado! ¡Aunque lo intente con todas mis fuerzas me va a resultar imposible!
Su cabeza estaba a punto de estallar.
Andaba ensimismado, cuando de pronto…

-Perdóname, es que tengo prisa porque voy a ver a mi abuela enferma…
-No, no, yo también iba distraido.
Jack recogió del suelo las manzanas caídas.
-¡Muchas gracias! Puedes quedarte una si quieres.
-Gracias…
Jack no era consciente de que este encuentro iba a cambiar su destino. El libro no decía nada de eso.
-¡Qué enormes son tus manos, Jack!
¡Qué enormes son tus orejas, Jack!
¡Qué enormes son tus ojos, Jack!
¡Qué enorme, qué increiblemente enorme, es tu boca, Jack!
“Esta chica es muy habladora”, pensó Jack. “Es lo único que coincide con lo que dice el libro”.
-¿Te resulto extraño?
-¡NO! ¡Enormemente atractivo!

En Algún día:

Caperucita Roja. Versión del Lobo.
El cuento popular francés de Caperucita.
El “chaperoncito rojo” de Charles Perrault.
Caperucita Roja. Versión del Lobo enamorado.
Caperucita roja según los Hermanos Grimm.
Caperucita Roja políticamente correcta.
El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.
Caperucita Roja de Gabriela Mistral.
Caperucita Roja de Tex Avery. Una maciza de los bosques.
En Algún día: Caperucita Roja.

Caperucita roja de Tex Avery: Una maciza de los bosques.

Posted in Cuentos by Alguien on 18 octubre 2008

Cuando los hermanos Grimm convirtieron «Caperucita Roja» en un cuento para niños destinado a la audiencia victoriana del siglo XIX, nuestra heroína pasó a ser una encarnación de la inocencia y perdió todo rastro de la sexualidad que poseía en la tradición francesa. No fue hasta bien entrado el siglo XX que esta expurgada Caperucita volvió a la vida terrenal y para ello, por decirlo de algún modo, fue necesario que colgara los hábitos. Esto fue exactamente lo que ocurrió cuando el legendario animador Tex Avery se ocupó del personaje. Avery sacó a la heroína y al lobo de los bosques europeos y los llevó al Hollywood de los clubes nocturnos, y, haciendo esto, transformó el cuento en una caricatura del cortejo a la americana. En su Red Hot Riding Hood, estrenada en 1943, la dulce heroína de los libros de cuentos tradicionales (una figura que en el siglo XVII, en relato original de Perrault, había servido como advertencia sobre los peligros de la promiscuidad) se convirtió en su opuesto simbólico: una bailarina y cantante de un local de strip-tease.

Red Hot Riding Hood [You Tube Link] empieza con un paisaje tradicional, a la Euro-Disney, en el que se desarrolla la típica trama del cuento. («Buenas noches, niños. Érase una vez Caperucita roja, una hermosísima y dulce niña que portaba una cesta llena de comida… », canta la voz del narrador.) Entonces de la oscuridad del bosque sale un lobo feroz y exclama: “Estoy aburrido de estas bobadas de Hollywood. Es la misma vieja historia una y otra vez, si no pueden hacerlo de manera más innovadora yo presento mi dimisión!” Son las palabras del lobo que interrumpe al narrador para dar su punto de vista. A esta reivindicación se suman el resto del reparto, caperucita roja y su abuela. El narrador está de acuerdo y con gran amabilidad rebobina la historia y comienza de nuevo con… Red Hot Riding Hood.


El lobo es ahora una rico “depredador sexual” al que le venden “cigarrillos extra-largos”, Caperucita roja una cantante voluptuosa de un club nocturno situado en la esquina de Hollywood Boulevar con Vine Street, y la abuela una madurita ávida de sexo celosa de su nieta.

El lobo, de punta en blanco, con sombrero de copa y frac, llega en su automóvil dispuesto a pasar una noche de juerga. A pocos pasos se encuentra la casa de la abuela, ahora convertida en burdel, un apartamento coronado por un anuncio de neón en el que puede leerse: «Antro de la Abuela, ven a verme». (El anuncio incluye una mano cuyo índice se curva a la manera de Mae West e invita a los transeúntes a subir.)

Y sobre el escenario del Sunset Strip, un elegante club que se promociona con un “30 hermosas chicas, entrada libre”, hace su aparición Caperucita, de pie bajo los reflectores, cubierta de maquillaje y adornado por una capa roja que se apresura a tirar a un lado junto con su cesta. Esta Caperucita ya no es una niña, sino una explosiva pelirroja pechugona enfundada en un corto (cortísimo) vestido rojo. Empieza a cantar y bailar “Hey Daddy, you beiter get the best for me” («Eh, Papi, te conviene conseguirme lo mejor») y esto pone frenético al lobo, quien, sentado en medio del público, ulula y aúlla, aplaude y silba. Caperucita continúa cantando mientras menea sus caderas de uno a otro lado y sacude el trasero. Los ojos del lobo saltan y vuelan por el recinto, su lengua se desenrolla para hacer las veces de alfombra roja, y todo él se eleva en el aire hasta quedar petrificado en una erección de cuerpo entero. En cuanto Caperucita termina su número, el lobo estira su brazo hasta el escenario y la arrastra a su mesa. «Vámonos volando a la Riviera», dice con un meloso acento francés. [Video Link]

Caperucita es franca y directa en su respuesta, le basta un ¡ NO! ensordecedor seguido de una lámpara de mesa que destroza sobre la cabeza del lobo para apagar su ardor. Pero nuestro playboy no se conforma con la negativa. Tras la huida de caperucita en un taxi, el lobo decide seguirla, Avery introduce aquí uno de los gag más plagiados en el cine, y que muy pocos sabrían indicar el origen del mismo: El lobo se acerca a un taxi, y le indica, “sigua a ese coche”, y eso mismo es lo que hace el conductor, perseguir al primer auto – que lleva a Caperucita – pero dejando en tierra al pasajero-lobo.

El lobo llega a la casa de Caperucita, pero para su sorpresa encuentra a una abuela que “le hecha el ojo”, convirtiéndose ahora el playboy en el acosado. La abuelita es en esta ocasión una ardiente anciana que luce un ajustado vestido rojo y que, al ver al lobo, queda estupefacta. Ahora es ella la que silva, levita y ulula, a medida que lo persigue de una puerta a otra con sus labios listos para besarlo. «Este sí que es un lobo! ¡Auuuuu!»

Nada más estrenarse esta pieza, gozó de una gran popularidad, y sus personajes (o variantes de los mismos) fueron reutilizados en cinco historias más a lo largo de los años cuarenta.

Aparentemente «Caperucita Roja» era el cuento preferido de Tex Avery, quien volvió una y otra vez sobre él (o sobre algo que se le parecía) durante las décadas de 1930 y 1940, con lo que transformó el relato popular en una completa historia de amor contada en varios episodios.

En el primero de sus coqueteos con el cuento, el cortometraje Little Red Walking Hood (IMDB), estrenado en 1937, [Video Link, 51 seg] Avery dio a Caperucita el cuerpo de una niña pequeña, pero le otorgó un comportamiento de mujer adulta. Caperucita pasea por el bulevar mientras el lobo (que en esta ocasión es un seductor de barra de bar, un mar de empalagoso encanto y dudosas intenciones) la sigue despacio en un brillante automóvil negro, desde el que le lanza, a toda velocidad, tantos piropos como se lo permiten sus labios. En determinado momento, Caperucita irrumpe el relato para quejarse de la lasciva conducta de los machos y compadecer a las espectadoras por tener que soportarla.

En The Bear’s Tale (1940, El cuento del oso), Avery convierte a Caperucita en una ingeniosa y pecosa niña de Brooklyn que se asocia con Ricitos de Oro para derrotar al lobo. En cierta escena la pantalla aparece dividida en dos y Caperucita se inclina sobre la línea que separa ambas historias para entregar un mensaje a Ricitos: «¡Hola, Ricitos! Soy Caperucita Roja. Acabo de encontrar una nota de ese lobo canalla…».

En Little Rural Riding Hood (1949) [YouTube Link], la última de sus parodias del cuento, Avery centró su atención en una pelirroja larguirucha y dentuda que hace el papel de prima campesina de Caperucita Roja. Este personaje tiene la habilidad de abrir y cerrar puertas con sus enormes pies y cuando frunce sus labios su boca se convierte prácticamente en un hocico.

Sin embargo, de todas las variaciones sobre el tema realizadas por Avery, fue Red Hot Riding Hood la que le proporcionó sus estrellas guía.

La pechugona pelirroja y el lobo superaron con rapidez la trama que los había inspirado y se convirtieron en personajes recurrentes en numerosos cortos de dibujos animados. Avery no sólo colocó a la pareja en sus parodias de «Caperucita Roja» sino también en dibujos animados basados en otros cuentos de hadas. La heroína de Swing Shift Cinderella [YouTube Link] (1945, La Cenicienta del turno de la tarde) es en realidad otra vez Caperucita, su Caperucita.

De nuevo aparece en el ya familiar decorado de club nocturno, con el mismo pelo rojo y ondulado y luciendo las mismas e insinuantes curvas. Otra vez luce su atrevido vestido, sólo que esta vez es producto del hechizo de su hada madrina («Agitaste una varita tacaña, verdad?», le pregunta Caperucita en un momento). Y por supuesto, está acompañada por el mismo lobo eternamente excitado que la acompañaba en su primera aparición en Red Hot Riding Hood. Como ya ocurría allí, el lobo es presa de un ataque de éxtasis cuando la ve bailar y cantar; en esta ocasión la melodía dice: «Oh Wolfie, ain’t you the one!» («Oh Lobito!, ¿no eres tú el elegido?).

Avery incluyó también a esta pareja en dibujos animados en los que parodiaba otros géneros, como The Shooting of Dan McGoo [YouTube Link] (1945, El tiroteo de Dan McGoo), su cómica versión de las películas del oeste, Wild and Wotfy [YouTube Link] (1945, Salvaje y feroz) y Uncle Tom´s Cabana [Video Link] (1947, La cabaña del tío Tom). En su última aventura, la antes mencionada Little Rural Riding Hood, inspirada en la fábula de La Fontaine sobre el ratón de campo y el ratón de ciudad, Caperucita es una vez más una bailarina y actúa en el mismo club nocturno, pero en esta ocasión lo hace para dos lobos: un pueblerino en plena fiebre hormonal y un altanero romeo urbano que luego se enamorará de la prima campesina de Caperucita.

Para Avery, los protagonistas de Red Hot Riding Hood trascendían el cuento de hadas del que habían surgido. La bailarina y su lascivo perseguidor no eran simplemente una niña y un lobo, sino personajes y símbolos del drama de la sexualidad humana. Su heroína es un objeto sexual. Su lobo, petrificado y levitando tras contemplarla, es la encarnación del pene.

En los dibujos de Avery, las metáforas que hacían referencia a la excitación sexual eran interminables y evidentes, lo que hizo que los censores del gobierno de Estados Unidos se interesaran por su obra. Es sabido que creaba escenas picantes que, estaba convencido, serían cortadas, con la esperanza de que así desviarían su atención de los chistes sexuales que realmente quería mantener, aunque esta estrategia no siempre tuvo éxito.

Semejantes chistes no eran inusuales en los dibujos animados de la primera época. El ingenioso trabajo de Avery en torno a Caperucita Roja no estaba destinado a los niños. Se trataba de dibujos animados anteriores a la difusión de la televisión que se presentaban en las salas de cine para todo tipo de públicos, como preámbulo de la atracción principal: los niños iban a las películas, pero no eran lo primero en lo que pensaba Avery. Como muchos otros dibujantes de la época, Avery incluía en sus creaciones alusiones a la vida americana durante la guerra. Y su Caperucita Roja está obviamente modelada con base en las chicas de portada encargadas de «elevar la moral» de las tropas durante la segunda guerra mundial.

En la versión de Red Hot Riding Hood que fue presentada al público estadounidense el lobo enloquece debido a las atenciones que le dispensa la abuela de Caperucita y promete matarse si vuelve a prestar atención a otra mujer. Cuando Caperucita aparece nuevamente sobre el escenario, el lobo se suicida y es  su fantasma el que celebra con silbidos y aullidos la actuación de la protagonista. La versión original era mucho más fuerte, y su explícito aire de bestialismo chocó con el código de censura creado por WilI H. Flays, vigente desde 1930. En esa versión, que fue enviada a las tropas en el extranjero pero no se mostró al público general, la abuela y el lobo se casan por obligación (con Caperucita sentada detrás de una batería antiaérea que apunta a la espalda del lobo) y en la siguiente escena aparecen de nuevo en el Sunset Strip, acompañados por una carnada de lobitos llorones, para contemplar el último número de Caperucita.

Tex Avery supo captar en Red Hot Ríding Hood y su atractiva protagonista una parte de la historia de los Estados Unidos y consiguió también dar al cuento un nuevo sentido como narración de un cortejo. Su versión, además, anunciaba el nacimiento de un nuevo papel para Caperucita  Roja. En la cultura popular del siglo XX, Caperucita se convirtió cada vez más en expresión de los ideales de la mujer adulta y empezó a representar un tipo social en auge: la mujer soltera. La «señorita Caperuza», tal y como la llama el lobo en las historias de Avery.

El humorista James Thurber, contemporáneo de Avery también supo captar esta nueva característica de la mujer americana, capaz de salir airosa de las situaciones difíciles planteadas por la vida urbana, aunque no le atribuyó la explicita sexualidad de los personajes de Avery.

Esto resulta claro en la adaptación de «Caperucita Roja» que incluye su Fables for Our Time and Famous Poems(1939, Fábulas para nuestra época y poemas Famosos). «Ya no es tan fácil engañar a las niñas como lo era antes», reza la moraleja bajo el dibujo de una Caperucita muy seria, que con los brazos en jarras mira al lobo mientras éste la espera en la cama, jadeando con evidente enojo. [YouTube Link]

Una tarde, en un bosque oscuro, un gran lobo esperaba por una pequeña niña que iba a aparecer llevando una cesta de comida para su abuela.

En efecto, la niña apareció cargando con la cesta de comida. “¿Vas a llevarle esa cesta a tu abuelita?”, preguntó el lobo.

La pequeña niña dijo que sí, que así era. Entonces el lobo le preguntó dónde vivía su abuela y la niña se lo dijo, y el lobo desapareció entre los árboles.

Cuando la niña abrió la puerta de la casa de su abuela vio que había alguien acostado en la cama con el gorro de dormir puesto.

No se acercó a más de unos pasos cuando se dio cuenta de que no era su abuela sino el lobo el que yacía sobre la cama, ya que, aún con el gorro puesto, el lobo se parecía a su abuela tanto como el león de la Metro-Goldwyn se parece a Calvin Coolidge.

Por lo que la pequeña niña extrajo una pistola automática de la cesta y se la vació encima al lobo.

Moraleja: Ya no es tan fácil engañar a las pequeñas niñas como lo era antes.

© “La Niña y el Lobo” por James Thurber “Fables for our time and famous poems”, New York: Harper, 1939. Traducido por Rigoberto Rodríguez.

Al igual que los dibujos de Avery la versión ilustrada de Thurber refleja los cambios que afectaron la vida de la mujer americana desde la década de 1920 hasta la de 1940 y que trajeron consigo nuevas ideas y actitudes: las sufragistas consiguieron el derecho al voto, el sostén reemplazó al corsé, las mujeres empezaron a utilizar pantalones (siguiendo por fin la recomendación de Amelia Bloomer, quien a lo largo del siglo XIX había intentado cambiar el vestido femenino). Amelia Earhart se convirtió en 1932 en la primera aviadora que cruzaba sola el océano Atlántico; la «Gibson Girl», representante de la mujer ideal a principios de siglo, dio pasó a las JIapper, las jóvenes a la moda de la década de 1920, quienes a su vez se hicieron a un lado ante la aparición de «Rosie la remachadora»; la «mujer moderna» iba a trabajar, utilizaba lápiz de labios y fumaba; estrellas como Joan Crawford y Bette Davis se hicieron un nombre en Hollywood interpretando el papel de fammem sfatales.

Las obras de Avery y de Thurber dan cuenta de las actitudes sexuales y políticas de una época en la que las costumbres estaban cambiando de forma radical. No faltaría mucho para que los publicistas se fijaran en nuestra “maciza Caperucita de los bosques” como icono de “mujer fatal”, y comenzara a anunciar licores, maquillaje y veloces coches.

Pero eso es otra historia que contaremos algún día… en alguna parte…

Por el momento y para finalizar…[YouTube Link]


En Algún día:

Caperucita Roja. Versión del Lobo.
El cuento popular francés de Caperucita.
El “chaperoncito rojo” de Charles Perrault.
Caperucita Roja. Versión del Lobo enamorado.
Caperucita roja según los Hermanos Grimm.
Caperucita Roja políticamente correcta.
El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.

Caperucita Roja de Gabriela Mistral.

Érase veintiuna veces Caperucita Roja.
En Algún día: Caperucita Roja

Caperucita Roja de Gabriela Mistral.

Posted in Cuentos, Poesía by Alguien on 19 junio 2008

Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, llamada Gabriela Mistral (Vicuña, 7 de abril de 1889 – Nueva York, 10 de enero de 1957), fue una  poetisa, diplomática y pedagoga chilena. Fue una destacada educadora que visitó México, donde cooperó en la reforma educacional, Estados Unidos y Europa, estudiando las escuelas y métodos educativos de estos países. Además fue profesora invitada en las universidades de Barnard, Middlebury y Puerto Rico. A partir de 1933, y durante veinte años, desempeñó el cargo de cónsul de su país en ciudades como Madrid, Lisboa y Los Ángeles, entre otras. Su poesía, llena de calidez y emoción y marcado misticismo, ha sido traducida al inglés, francés, italiano, alemán y sueco, e influyó en la obra creativa de muchos escritores latinoamericanos posteriores, como Pablo Neruda y Octavio Paz. Sus diversos poemas escritos para los niños se recitan y cantan en muy diversos países. En 1945 se convirtió en el primer escritor latinoamericano en recibir el Premio Nobel de Literatura. Posteriormente, en 1951, se le concedió el Premio Nacional de Literatura. Hija de un profesor rural y con una hermanastra de la misma profesión, Gabriela Mistral, con temprana vocación por el magisterio, llegó a ser directora de varios liceos fiscales. Su fama como poetisa comenzó en 1914 luego de haber sido premiada en unos Juegos Florales por sus -Sonetos de la muerte-, inspirados en el suicidio de su gran amor, el joven Romelio Ureta. A este concurso se presentó con el seudónimo que desde entonces la acompañaría toda su vida. A su primer libro de poemas, Desolación (1922), le siguieron Ternura (1924), Tala (1938), Lagar (1954) y otros.

En homenaje a esta gran poetisa (aunque ella prefería llamarse poeta), y como continuación a nuestra sección de versiones de Caperucita, hoy, día además de “Versos Olvidados, recordamos su poema “Caperucita Roja“.

Caperucita Roja visitará a la abuela
que en el poblado próximo sufre de extraño mal.
Caperucita Roja, la de los rizos rubios
tiene el corazoncito tierno como un panal.

A las primeras luces ya se ha puesto en camino
y va cruzando el bosque con un pasito audaz.
Sale al paso Maese lobo, de ojos diabólicos.
“¡Caperucita Roja, cuéntame a dónde vas!”.

Caperucita es cándida como los lirios blancos.
“Abuelita ha enfermado. Le llevo aquí un pastel
y un pucherito suave, que se derrite en jugo.
¿Sabes del pueblo próximo? Vive a la entrada de él”.

Y ahora, por el bosque discurriendo encantada,
recoge bayas rojas, corta ramas en flor.
Y se enamora de unas mariposas pintadas
que le hacen olvidarse del viaje del Traidor.

El lobo fabuloso de blanqueados dientes
ha pasado ya el bosque, el molino, el alcor,
y golpea en la plácida puerta de la abuelita
que le abre. ¡A la niña, ha anunciado el traidor!

Ha tres días la bestia no sabe de bocado.
¡Pobre abuelita inválida, quién la va a defender!
… Se la comió riendo toda y pausadamente
y se puso en seguida sus ropas de mujer.

Tocan dedos menudos a la entornada puerta.
De la arrugada cama, dice el Lobo: “¿Quién va?”.
La voz es ronca. “Pero la abuelita está enferma”,
la niña ingenua explica. “De parte de mamá”.

Caperucita ha entrado, olorosa de bayas.
Le tiemblan en las manos gajos de salvia en flor.
“Deja los pastelitos; ven a entibiarme el lecho”.
Caperucita cede al reclamo de amor.

De entre la cofia salen las orejas monstruosas.
“¿Por qué tan largas?”, dice la niña con candor.
Y el velludo engañoso, abrazando a la niña:
“¿Para qué son tan largas? Para oírte mejor”.

El cuerpecito tierno le dilata los ojos.
El terror en la niña los dilata también.
“Abuelita, decidme ¿por qué esos grandes ojos?”
“Corazoncito mío, para mirarte bien…”

Y el viejo Lobo ríe, y entre la boca negra
tienen los dientes blancos un terrible fulgor.
“Abuelita, decidme ¿por qué esos grandes dientes?”
“Corazoncito, para devorarte mejor…”

Ha arrollado la bestia, bajo sus pelos ásperos
el cuerpecito trémulo, suave como un vellón,
y ha molido las carnes y ha molido los huesos
y ha exprimido como una cereza el corazón.


Enlaces externos:
Gabriela Mistral en la Universidad de Chile.
Gabriela Mistral en el Centro Virtual Cervantes.
Gabriela Mistral en Cervantes Virtual-Biblioteca Nacional de Chile
Gabriela Mistral en la Fundación Nobel.

En Algún día:

Caperucita Roja. Versión del Lobo.
El cuento popular francés de Caperucita.
El “chaperoncito rojo” de Charles Perrault.
Caperucita Roja. Versión del Lobo enamorado.
Caperucita roja según los Hermanos Grimm.
Caperucita Roja políticamente correcta.
El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.
Caperucita Roja de Gabriela Mistral

Caperucita Roja de Tex Avery. Una maciza de los bosques.

Érase veintiuna veces Caperucita Roja
En Algún día: Caperucita Roja


El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.

Posted in Cuentos by Alguien on 11 mayo 2008

Hace cientos de años, en las lejanas colinas de Francia, circulaba de boca en boca un cuento grotesco y particular sobre una niña que se comía a su abuela. El cuento comienza de forma bastante familiar, con un encuentro en un bosque. En una bifurcación del camino hacia la casa de su abuela, la niña se encuentra con un bzou, (una especie de demonio u hombre lobo). La historia narrada sería algo así:

El Cuento de la abuela

Había una mujer que acababa de cocer pan. Le dijo a su hija:
- Ve a llevarle esta hogaza calentita y esta botella de leche a tu abuelita.
Y la niña partió. En la encrucijada se topó con un bzou, (un hombre lobo), que le dijo:
- ¿Adónde vas?.
- Le llevo esta hogaza calentita y esta botella de leche a mi abuelita.
- ¿Qué camino tomarás? – le preguntó el bzou- ¿el de las agujas o el de los alfileres?
- El camino de las agujas, le dijo la niña.
- Vale, entonces yo tomaré el de los alfileres.
La pequeña niña se distrajo recogiendo agujas. Mientras tanto, el hombre lobo llegó a la casa de la abuela, la mató y puso un poco de su carne en la despensa y una botella de su sangre en el estante. La niña llegó y llamó a la puerta.
- Empuja- dijo el bzou- está cerrada con paja mojada.
- Buenos días, abuelita. Te traigo una hogaza calentita y una botella de leche.
- Ponlo en la despensa, mi niña. Coge la carne que está allí, y bebe de la botella de vino que hay sobre el estante.

Mientras ella comía, un pequeño gato decía:
¡Que puerca! Se come la carne de su abuela y se bebe su sangre.
- Desvístete, mi niña- dijo el hombre lobo- y échate aquí, junto a mí.
- ¿Dónde dejo el delantal?
-Tíralo al fuego, mi niña, ya no te va a hacer ninguna falta.

Y cada vez que le preguntaba dónde dejaba todas sus otras prendas, el corpiño, el vestido, las enaguas, las largas medias, el bzou respondía:
-Tíralas al fuego, mi niña, no las necesitarás nunca más.
Cuando se tumbó en la cama, la niña dijo:
- Ay, abuelita, ¡qué peluda eres!
- Así no paso frío, mi niña.
- Ay, abuelita, ¡qué uñas tan largas tienes!
- Así me rasco mejor, mi niña.
- Ay, abuelita, ¡qué hombros tan anchos tienes!
- Así puedo cargar la leña para el fuego, mi niña.
- Ay, abuelita, ¡qué orejas tan grandes tienes!
- Así te oigo mejor, mi niña.
- Ay, abuelita, ¡qué agujeros de la nariz tan grandes tienes!
- Así aspiro mejor el aroma de mi tabaco, mi niña.
- Ay, abuelita, ¡qué boca tan grande tienes!
- Es para comerte mejor, mi niña.
- ¡Oh abuelita, me he puesto mala¡ Déjame salir.
- Mejor háztelo en la cama, mi niña.
- Ay, no, abuelita, quiero ir fuera.
- De acuerdo, pero no tardes mucho.
El bzou le ató un cordón de lana al pie y la dejó salir. Cuando la niña estuvo fuera, ató el cordón a un ciruelo que había en el jardín. El hombre lobo se impacientó y dijo:
- ¿Estás haciendo mucho? ¿Estás cagando?.
Cuando vio que no le respondía nadie, salió de la cama de un salto y vio que la niña había escapado. La siguió pero llegó a su casa justo cuando ella cerraba la puerta tras de sí, poniéndose a salvo.

El cuento de la abuela. Relato oral tradicional recogido hacia 1885. Tomado de P. Delarue y M.L. Tenèze, en Le conte populaire francais, Erasme, París, 1957.


En 1951, el folclorista francés Paul Delarue (1889-1956) publicó un estudio sobre esta extraña historia, a la que dio nombre de “El cuento de la abuela” (Contes de la Mère-grand). Ya nos referimos a este folclorista francés en una entrada anterior de este blog en la que recogimos la versión del historiador Rober Darnton, en su libro La gran matanza de gatos (en la que, a diferencia de ésta, omite el final feliz del cuento, ya que únicamente le interesa el documento histórico).

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Caperucita Roja políticamente correcta.

Posted in Cuentos by Alguien on 29 marzo 2008

James Finn Garner escribió en 1994 un libro titulado “Cuentos infantiles políticamente correctos (Politically correct bedtime stories) (Ed. Circe), en donde rescata algunos relatos de siempre (Blancanieves, La Cenicienta, Los tres cerditos, y por supuesto, Caperucita Roja) adaptándolos a la modernidad de nuestra sociedad, y estableciendo, con un delicioso sentido del humor, valores de respeto al prójimo: tolerancia, defensa de los derechos laborales y demás causas que hoy tanto se cuidan en la escuela y en la edición de libros infantiles.

En vista de que cuentos como Caperucita Roja (salta a la vista su escaso respeto por los ancianos) o “El enano Saltarín“(explotación laboral de la mujer y menosprecio de las personas bajitas) podían herir la sensibilidad de los lectores de hoy en día, Garner los ha vuelto a (re)escribir con un lenguaje “políticamente correcto”.

El propio autor nos indica en el prólogo del libro:

“No cabe duda de que, cuando fueron originalmente escritos, los cuentos en los que se basan las siguientes historias cumplían con una función determinada, consistente en afianzar el patriarcado, distraer a las personas de sus impulsos naturales, “demonizar” el “mal” y “recompensar” el “bien” “objetivo”. Por más que lo deseemos, no es justo culpar a los Hermanos Grimm de su insensibilidad ante los problemas de la mujer, las culturas minoritarias y el entorno natural. Del mismo modo, debemos comprender que en la farisaica Copenhague de Hans Christian Andersen apenas cabía esperar simpatía alguna por los derechos inalienables de toda sirena.

Hoy en día, tenemos la oportunidad – y la obligación- de replantearnos estos cuentos” clásicos” de tal modo que reflejen la ilustración de la época en la que vivimos, y tal ha sido mi propósito al redactar esta humilde obra”

[...] “Deseo disculparme de antemano y animar al lector a presentar cualquier sugerencia encaminada a rectificar posibles muestras -ya debidas a error u omisión- de actitudes inadvertidamente sexistas, racistas, culturalistas, nacionalistas, regionalistas, intelectualistas, socieconomistas, etnocéntricas, falocéntricas, heteropatriarcales o discriminatorias por cuestiones de edad, aspecto, capacidad física, tamaño, especie u otras no mencionadas, ya que no me cabe duda de que mi intento por desarrollar una literatura significativa y desprovista de cualquier posible arbitrariedad y de la influencia de las imperfecciones del pasado ha de hallarse necesariamente sujeto a errores”

Cuentos Infantiles políticamente correctos es un librito de apenas 150 páginas, para una lectura a ratos, fácil, divertida y amena. Tras el éxito de esta recopilación en 1996 publicó “Más cuentos infantiles políticamente correctos“.

Un año después, en 1997, se editaría “Cuentos navideños políticamente correctos“.

“[...] Para la publicación de este segundo volumen [Más Cuentos políticamente correctos], no hemos escatimado esfuerzos en nuestro empeño por lograr una edición menos agresiva con el medio ambiente: hemos empleados tintas naturales derivadas de la soja, sistemas de repartos ciclísticos…”

“Desgraciadamente, las restricciones de espacio nos han forzado, una vez más, a omitir el cuento El patito que logró verse juzgado por sus méritos personales y no por su apariencia física.”

Os dejo ya con la versión políticamente correcta del cuento de Caperucita Roja propuesta por James Finn Garner, en donde la abuela no es vieja, sino que posee una “perfecta salud mental y es perfectamente capaz de cuidar de sí misma en su condición de adulto maduro“.

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Caperucita Roja según los Hermanos Grimm.

Posted in Cuentos by Alguien on 29 febrero 2008

Continuamos con el viaje de Caperucita. Después de casi un siglo de éxito incontestable (e inesperado) en Francia de la primera versión publicada por Charles Perrault, Caperucita Roja emprendió un curioso viaje a finales del siglo XVII de la mano de los hugonotes exiliados, que llevaban consigo el repertorio de cuentos galos. Estos protestantes franceses tuvieron que huir a causa de las Guerras de Religión, recalando en países no católicos como Inglaterra, Suiza, Países Bajos, Norteamérica y Alemania.

En 1729 Robert Samber traduce de manera bastante fiel el cuento de Caperucita Roja de Perrault al inglés (Little Red Riding-Hood), aunque introduce alguna pequeña variación como darle a nuestra Caperucita nombre de bautizo (Biddy) o vestir con un camisón al lobo en el momento de compartir lecho con la protagonista. Samber suprime la moraleja final, como harán más tarde los Grimm. Algunos años después el cuento arriba a América (1796) sin grandes variaciones con respecto a la edición inglesa, salvo que el relato ya es dirigido de forma prioritaria a los niños a través de los chapbooks de las colecciones infantiles. En Alemania se traduce el cuento por primera vez en 1790, directamente de la versión de Perrault

Particularmente en este último país, los cuentos de Perrault se fundieron con el sustrato local popular, lo que propició que, a principios del siglo XIX los hermanos Jaco Grimm y Wilhelm Grimm recogieran, junto a otros cuentos, la versión popular alemana de “Caperucita Roja”, (Rotkäppchen) que hasta la actualidad es la más conocida y leída universalmente. Lo hicieron en su mítico primer volumen de los Kinder-und Hausmärchen o Cuentos de niños y del hogar, publicado en 1812. Jacobo Grimm era filólogo y folclorista, su hermano Guillermo era poeta. Como trabajaron en el período romántico y el Romanticismo adhería a lo popular y a lo mágico, sus versiones de los cuentos tienen un aire folclórico a la vez que una atmósfera poética.

En contra de lo que se pueda pensar, los Hermanos Grimm no se limitaron a transcribir palabra por palabra la tradición oral. Solía creerse que los Grimm habían realizado viajes por el campo en profundidad con el fin de capturar la tradición popular viva. Pese a su reputación como padres del folclore, investigadores del siglo XX demostraron que los hermanos Grimm habían realizado gran parte de su recopilación de cuentos en su propia casa. En primer lugar sus fuentes no fueron campesinas alemanas arrugadas y marchitas, sino que con frecuencia recurrieron a sus amigos y familiares, personas de clase media familiarizadas con un amplio abanico de tradiciones narrativas, incluido el cuento de hada francés.

En un principio los cuentos de los Grimm no estaban destinados a los niños, ya que la literatura infantil y el concepto de niñez tal y como lo entendemos en la actualidad no existía. La primera edición de Cuentos de niños y del hogar, publicada en dos volúmenes entre 1812 y 1815, profusamente anotada y sin ilustraciones de ningún tipo, distaba mucho de ser una lectura ligera. La intención de los hermanos Grimm no era divertir sino ofrecer una fuente académica a todos aquellos interesados en las tradiciones alemanas y proporcionar un punto de partida para las comparaciones con cuentos extranjeros, procurando ofrecer una documentación fiel a sus fuentes. Su interés principal era una investigación filológica, motivada por una ideología de un retorno nacional a las «raíces». Sin embargo, los Grimm no pertenecían a una familia adinerada. Sus ambiciones intelectuales habían tomado forma en medio de las dificultades, y no transcurrió mucho tiempo antes de que cambiaran el énfasis de su trabajo y pasaran del público académico al mercado infantil potencialmente más lucrativo. Así, mientras en el prefacio de la primera edición de 1812, escrita por Guillermo Grimm aseguraban que:«Hemos tratado de presentar estos cuentos de hadas de la manera más pura posible (…) no se ha agregado, embellecido o cambiado ningún detalle» «El libro no está escrito para niños, aunque si les gusta, tanto mejor; no hubiera puesto tanto ánimo en componerlo de no haber creído que las personas más graves y cargadas de años podían considerarlo importante …», en su segunda edición, publicada en 1819, se enorgullecen igualmente de estarla mejorando. Completaron cuentos fragmentarios, se permitieron elaborar ciertas historias de forma más simple y elocuente y, por encima de todo se esmeraron por tener en cuenta a los lectores más jóvenes: «Sin embargo, en esta nueva edición hemos borrado cuidadosamente todas las expresiones inadecuadas para la niñez. Si, no obstante, se hubiera de objetar que a los padres este u otro detalle les resulta embarazoso o chocante, de modo que serían renuentes a poner el libro en las manos de los niños, podría haber casos en que su preocupación estuviera justificada y entonces ellos pueden escoger fácilmente: en general, es decir, en condiciones sanas, eso es ciertamente innecesario

También es interesante señalar que el gran éxito de la primera edición inglesa de los Grimm, publicada en 1823 y adaptada para los niños por Edgar Taylor, animó a los Hermanos Grimm a publicar en 1825 una colección de alrededor de 50 cuentos populares, modificados para los niños de la misma manera que en la edición inglesa. Esta edición condensada e ilustrada magníficamente por Jacob Grimm, más tarde llegó a ser conocida como la “Kleine Ausgabe” (Pequeña Edición) y, lanzada durante la temporada navideña, obtuvo un éxito comercial mucho mayor que cualquiera de sus predecesoras. Entre 1825 y 1858 se publicarían diez ediciones de esta “Pequeña Edición”. Durante el transcurso de sus vida, los hermanos (Wilhelm en mayor medida) continuaron editando la colección para oídos “infantiles” y también “paternos”. El propósito era “que su poesía viva sea efectiva y produzca placer dondequiera que pueda, y también que el libro sirva de manual de buenas costumbres

Una comparación de los primeros manuscritos con las posteriores ediciones de los cuentos revela que, a lo largo de las siete ediciones que publicaron durante su vida, los hermanos adornaron, redactaron, combinaron los mejores elementos de cuentos con versiones paralelas y eliminaron algunas historias por completo. Entre los principales cambios introducidos por los Grimm, se pueden señalar: la inclusión de nexos lógicos más fuertes –en línea con la mentalidad burguesa corriente y su moral–, cortes de episodios truculentos, censuras y una acentuada transmisión de virtudes tales como la sencillez, la modestia, y la caridad; también la inteligencia que vence a la fuerza bruta. Los finales son siempre felices y sus cuentos incluyen algunos elementos descriptivos más propios de la escritura literaria que de las versiones orales que les dieron origen. La recopilación final, de 210 cuentos, publicada en 1857, conocida con el nombre de “Cuentos de Hadas de los Hermanos Grimm”, y revisada de acuerdo con las expectativas de críticos y lectores padres en especial, no presentan el folclore del pasado, sino todo lo contrario: los relatos para una nueva época y vino a personificar los primeros cuentos de hadas dirigidos, por vez primera, a los niños.

>Pero retomando la versión de caperucita roja diremos que para la elaboración del cuento los hermanos Grimm partieron de tres fuentes: la primera, el cuento de Perrault de 1697 que conocían sobradamente como ávidos lectores que eran y conocedores de más de quince idiomas y dialectos; la segunda, una versión oral procedente de los hugotones de una amiga y vecina, Marie Hassenpflug, que había tenido acceso a una buena educación, y que, por tanto, es probable que conociera el escrito de Perrault; y la tercera, una adaptación teatral llevada a cabo en 1800 por el autor romántico alemán Ludwig Tieck, titulada Leben und Tod des kleinen Rotkäppchens: eine Tragödie (Vida y muerte de la joven Caperucia Roja: Una Tragedia)[ver enlaces externos], a quien los Hermanos Grimm se refirieron en sus notas sobre «Rotkäppchen»: «Bei Perrault chaperon rouge, wonach Tieck’s anmuthige Bearbeitung in den romantischen Dichtungen…» «En ‘La Caperucita Roja’ de Perrault, de acuerdo con la encantadora adaptación de Tieck a la manera romántica».

En esta curiosa adaptación teatral de Tieck, Caperucita representa a la juventud alemana, que primero se siente atraída por los ideales de la Revolución Francesa de 1789 –el Lobo -, pero luego se retrae horrorizada frente a la barbarie de la revolución: la caperuza roja sería una clara referencia a la moda alemana de ponerse el gorro frigio en homenaje a los ideales de la revolución jacobina. Tieck modifica sustancialmente el cuento introduciendo diálogo, descripciones y caracterizaciones detalladas de los personajes. El lobo es dotado de una compleja caracterización psicológica e introduce el personaje del perro como su confidente, al cual cuenta su trágica historia (se vuelve contra el hombre cuando éste acaba con su compañera, una bella loba). La figura del cazador es introducida por vez primera por Tieck y, aunque no logra salvar a Caperucita y a la abuela, sí mata al lobo.

Caperucita Roja de los Hermanos Grimm debió componerse entre 1806 y 1811 e introduce ya grandes modificaciones con respecto a la versión de Perrault de 1697:

• La mantequilla de la cesta es cambiada por una botella de vino.

• La madre introduce una recomendación a Caperucita antes de partir, promoviendo valores de enseñanza y disciplina, con una figura maternal más destacada.

• El lobo se pone las ropas de la abuela después de devorarla (la desnudez desaparece) y se mete en la cama de ésta. Además Caperucita no se acuesta en la cama con el lobo. La historia deja de ser parábola sexual para transformarse en fábula familiar.

 

Se introduce la figura del cazador. En algunas variaciones victorianas de esta versión, como la publicada en la “Father Tuck`s Little Folk Series”, el cazador-leñador es en realidad el padre de Caperucita que al final del cuento, reducida al tamaño de una muñeca, se sienta sobre los hombros de su padre poco después de que la hubiera rescatado en compañía de su perro, el bueno y viejo Trusky (trad.fiel) La caza era frecuente en Alemania entre la clase popular, a diferencia de Francia, donde estaba reservada a las clases altas. El cazador libera a Caperucita y a la abuela, dotando así al cuento de un final feliz. Es muy posible que la fuente del final feliz fuera tomada por contaminación de otro cuento alemán de origen francés “El lobo y los siete cabritos”-«Der Wolf und die sieben jungen Geisslein”. El elemento del «lobo» ya era parte del inventario de los cuentos de hadas y, por ende, una solución casi ya hecha.

Se añade otro final más al cuento (en las ediciones posteriores a la primera) donde un segundo lobo es escarmentado por Caperucita y su abuela y acaba ahogado en una tina llena de agua. Este segundo final nos proporciona una imagen de la mujer que contrasta radicalmente con las ideas de feminidad dominantes en la época: Caperucita y su abuela son aquí mujeres hábiles, no un par de niñas indefensas que necesitan ser rescatadas. Sin embargo, lo más notable de este epílogo no es la lección en sí misma, sino el hecho de que se omita en las traducciones populares del cuento y que incluso hoy sea prácticamente desconocido.

De los Grimm en adelante, el viaje narrativo de la, a veces, mal avenida pareja niña-lobo, adquirió connotaciones bastante variopintas según la época en la que fue difundido. La versión del cuento cambiaría de un modo u otro en función de la utilización interesada que se le quería dar. Existen un sinfín de reelaboraciones cuya reseñas obligaría a escribir, como mínimo, decenas de artículos de parecidas dimensiones a éste. Lo iremos haciendo en este blog, siempre y cuando queráis, os siga interesando y mi salud y tiempo libre lo permita.

A continuación os dejo un enlace (pdf) donde podéis leer el cuento de Caperucita Roja de los Hermanos Grimm. Traducción al castellano de María Antonia Sijo Castroviejo de la versión original alemana de 1857 en Cuentos de niños y del hogar, Anaya, Madrid 1985, Vol I., una edición estupenda que actualmente está descatalogada. ¡Que la disfrutéis!

Leer Caperucita Roja de Los Hermanos Grimm.

También os dejo los enlaces de otros artículos del cuento publicados en este mismo blog y algunos links externos, muchos de ellos en ingles, con ilustraciones, versiones digitalizadas, traducciones en otros idiomas y más información de la Caperucita Roja de los hermanos Grimm y sus adaptaciones. Interesante.

Imágenes de: The Annotated Little Red Riding Hood

En Algún día:

Caperucita Roja. Versión del Lobo.
El cuento popular francés de Caperucita.
El “chaperoncito rojo” de Charles Perrault.
Caperucita Roja. Versión del Lobo enamorado.
Caperucita roja según los Hermanos Grimm.
Caperucita Roja políticamente correcta.
El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.
Caperucita Roja de Gabriela Mistral

Caperucita Roja de Tex Avery. Una maciza de los bosques.

Érase veintiuna veces Caperucita Roja.
En Algún día: Caperucita Roja

 

Enlaces externos:

 

Caperucita Roja. Versión del lobo enamorado.

Posted in Cuentos by Alguien on 3 febrero 2008

La adaptación del cuento de Caperucita Roja que os presento a continuación se ha extraído del libro Caperucita roja y otras historias perversas” del escritor colombiano Triunfo Arciniegas. Es un relato romántico de un lobo enamorado de una niña perversa… con caperuza roja… Si os gustó la versión del lobo con la que iniciamos este recorrido en la historia de Caperucita, no os podéis perder esta otra visión (amorosa) del lobo (feroz).

Pero antes de leer el cuento hagamos una breve reseña del autor. Triunfo Arciniegas. Nació en Málaga, Santander (Colombia), en 1957 y actualmente vive a la orilla del camino de niebla de Monteadentro, en las afueras de Pamplona (Colombia). Escribe con insistencia sobre gatos, bandidos, ángeles, vampiros y otros monstruos amados, en tardes de lluvia para matar la nostalgia y en noches de luna llena para alejar las pesadillas. Ha publicado numerosos libros: El cadáver de sol, En concierto, La silla que perdió una pata y otras historias, El león que escribía cartas de amor, La media perdida, La lagartija y el sol, Los casibandidos que casi roban el sol, La pluma más bonita, Serafín es un diablo, El Superburro y otros héroes, El vampiro y otras visitas y las obras de teatro El pirata de la pata de palo, La vaca de Octavio, La araña sube al monte, Lucy es pecosa, Después de la lluvia, Mambrú se fue a la guerra. Con Las batallas de Rosalino obtuvo el VII Premio Enka de Literatura Infantil, con La muchacha de Transilvania y otras historias de amor el Premio Nacional de Literatura de Colcultura y con Torcuato es un león viejo el Premio Nacional de Dramaturgia. Fue finalista del concurso A la orilla del viento (México) en 1993, por Bariloche. En 1997 recibió la Mención de Honor del Premio Mundial de Literatura José Martí (San José de Costa Rica) por la totalidad de su obra literaria. Dirigió el teatro de niñas La Manzana Azul durante diez años y ahora realiza talleres de literatura en distintas ciudades, un buen pretexto para viajar, ver cine, enriquecer la biblioteca y otras delicias.

Con su obra Caperucita Roja y otras historias perversas, del cual extraemos el siguiente texto obtuvo en 1991 el Premio Comfamiliar del Atlántico (Barranquilla).

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El "chaperoncito rojo" de Charles Perrault.

Posted in Cuentos by Alguien on 23 enero 2008

La primera versión escrita y publicada de Caperucita roja data de 1697, y es el más breve de los ocho relatos que en “Les Histoires et contes du temps passé avec des moralités, ou Contes de ma Mère l’Oy”e (algo así como Cuentos de la Madre Oca: historias o cuentos del pasado) Charles Perrault (París 1628-1703) – con 69 años de edad y bajo el seudónimo de su hijo Pierre Perrault D´Armancour – dedicara a una princesa de la corte de Luis XIV: Charlotte D´Orleans (abuela paterna de María Antonieta). En dicho libro, cuyo título evoca a un antiguo romance en el que la Mamá Oca convoca a su hijitos para relatarles historias aleccionadoras, se incluyen, además, otros siete cuentos considerados actualmente verdaderos mitos de la literatura infantil: Barba Azul, El Gato con Botas, Cenicienta, Riquet el del copete, Pulgarcito, La bella durmiente y Piel de Asno.

Perrault, partidario de los modernos frente a los antiguos, cansado de la farsa burguesa parisina, se adentró en los pueblos más pobres y alejados de la capital francesa y recopiló en su libro los relatos del folclore popular que eran transmitidos de manera oral. Para ello suprimió cuanto tenían de vulgar, integró los elementos populares del cuento a una trama romántica, los acomodó a la sociedad de su tiempo (las damas de la corte), y les añadió algunos rasgos de humor. En el caso de Caperucita parece ser que el cuento se lo escuchó a la niñera de su hijo

En esta versión de “Le petit Chaperon rouge”, literalmente “El pequeño chaperón rojo” o “El Chaperoncito rojo” (el apelativo en su idioma original es de género masculino) Perrault suprime escenas de la leyenda original poco apropiadas para la corte de Versalles, como cuando el lobo disfrazado invita a la niña a comer algo que ella no sabe que son los restos de su querida abuelita. El canibalismo y lo escatológico desaparecen, por tanto, del texto de Perrault, pero no la crueldad, pues el lobo devora tranquilamente – de nuevo- a la chiquita. Es el único de sus cuentos que acaba mal. Y termina así para que sirva de lección a las niñas de encuentros con desconocidos, tal y como leeremos en la moraleja final. Otro aspecto a destacar por algunos analistas literarios y “freudianos” obsesionados por Edipo, es el sentido sexual incipiente y latente de la historia. Tomad vuestras propias conclusiones: “Deja la torta y el tarrito de mantequilla encima del arca y ven a acostarte conmigo, dice el lobo. Caperucita Roja se desnudó y fue a meterse en la cama, donde se quedó muy sorprendida al ver cómo era su abuela en camisón…”.

Los cuentos de Perrault volvieron de nuevo a ser orales a través de un pequeño libro de bolsillo, “La Bibliothèque bleue”, que era leído en voz alta en las veladas de los pueblos por alguien que supiese leer. Muchas de estas versiones se difundieron más allá de las fronteras francesas, hacia Alemania, generalmente a través de familias calvinistas que huían de Francia, oficialmente católica, llevando su repertorio de cuentos orales, entre otros, las versiones de Perrault. Esta es en parte la fuente de los hermanos Jacobo (1785- 1863) y Guillermo (1786- 1859) Grimm, quienes escucharon Caperucita, el Gato con Botas, Barba Azul y otros cuentos de una vecina y amiga que los había aprendido de su madre, originaria de una familia de hugonotes.

Vemos, por lo tanto, que casi un siglo después, los Hermanos Grimm continuaron con la labor iniciada por Charles Perrault. Pero eso es una historia para otra ocasión… Os dejo con “Le petit Chaperon rouge”: (more…)

El cuento popular francés de Caperucita.

Posted in Cuentos by Alguien on 9 enero 2008

La versión de Caperucita roja que hoy os presento proviene de la recopilación de cuentos, Le conte populaire français de Paul Delarue y Marie Louise Tenèze, (París, 1976). Es un cuento popular francés del siglo XVIII, (tipo 333 según la clasificación estándar de Aarne-Thompson) perteneciente a la tradición oral campesina, destinado a ser narrado en las largas veladas de invierno, al calor de la lumbre. El texto se ha extraído del libroLa gran matanza de los gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa” de Robert Darnton (pag.15-16), editado por el Fondo de Cultura Económica, México, 1987.

Es la primera versión oral conocida de Caperucita, (véase otras hermanas orales de Caperucita en este blog) una leyenda cruenta para asustar a niños y… divertir a adultos; sin caperuzas, ni moralejas, ni leñadores salvadores, distinta a la que actualmente contamos a nuestros hijos y de la que se nutrirán otras versiones posteriores… pero eso es ya otra historia…


Había una vez una niñita a la que su madre le dijo que llevara pan y leche a su abuela. Mientras la niña caminaba por el bosque, un lobo se le acercó y le preguntó adonde se dirigía.

– A la casa de mi abuela, le contestó.

– ¿Qué camino vas a tomar, el camino de las agujas o el de los alfileres?

– El camino de las agujas.

El lobo tomó el camino de los alfileres y llegó primero a la casa. Mató a la abuela, puso su sangre en una botella y partió su carne en rebanadas sobre un platón. Después se vistió con el camisón de la abuela y esperó acostado en la cama. La niña tocó a la puerta.

– Entra, hijita.

– ¿Cómo estás, abuelita? Te traje pan y leche.

– Come tú también, hijita. Hay carne y vino en la alacena.

La pequeña niña comió así lo que se le ofrecía; mientras lo hacía, un gatito dijo:

– ¡Cochina! ¡Has comido la carne y has bebido la sangre de tu abuela!

Después el lobo le dijo:

– Desvístete y métete en la cama conmigo.

– ¿Dónde pongo mi delantal?

– Tíralo al fuego; nunca más lo necesitarás.

Cada vez que se quitaba una prenda (el corpiño, la falda, las enaguas y las medias), la niña hacía la misma pregunta; y cada vez el lobo le contestaba:

– Tírala al fuego; nunca más la necesitarás.

Cuando la niña se metió en la cama, preguntó:

– Abuela, ¿por qué estás tan peluda?

– Para calentarme mejor, hijita.

– Abuela, ¿por qué tienes esos hombros tan grandes?

– Para poder cargar mejor la leña, hijita.

– Abuela, ¿por qué tienes esas uñas tan grandes?

– Para rascarme mejor, hijita.

– Abuela, ¿por qué tienes esos dientes tan grandes?

- Para comerte mejor, hijita. Y el lobo se la comió.”

© Robert Darnton. “La gran matanza de gatos y otros episodios de la historia de la cultura francesa”. Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1987.


“En los cuentos campesinos franceses, según señala Robert Darnton, el final catastrófico para el protagonista no supone ningún tipo de sermón, moraleja o castigo por la mala conducta. El universo planteado por estos cuentos no está gobernado por ninguna moral tangible, la buena conducta no determina el éxito, ni la mala conducta el fracaso del protagonista. Caperucita no ha hecho nada para ser devorada por el lobo “porque en los cuentos campesinos, a diferencia de los de Charles Perrault y de los hermanos Grimm, ella no desobedece a su madre, ni deja de leer las señales de un orden moral implícito que están escritas en el mundo que la rodea. Sencillamente camina hacia las quijadas de la muerte. Este es el carácter inescrutable, inexorable de la fatalidad que vuelve los cuentos tan conmovedores, y no el final feliz que con frecuencia adquirieron después del siglo XVIII.” (Darnton, Robert. Op. cit; pág. 62.)


En Algún día:

Caperucita Roja. Versión del Lobo.
El cuento popular francés de Caperucita.
El “chaperoncito rojo” de Charles Perrault.
Caperucita Roja. Versión del Lobo enamorado.
Caperucita roja según los Hermanos Grimm.
Caperucita Roja políticamente correcta.
El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.
Caperucita Roja de Gabriela Mistral

Caperucita Roja de Tex Avery. Una maciza de los bosques.

Érase veintiuna veces Caperucita Roja
En Algún día: Caperucita Roja.


Caperucita Roja. Versión del Lobo.

Posted in Cuentos by Alguien on 28 diciembre 2007

El cuento de Caperucita roja es uno de los más conocidos universalmente. Existen cientos de versiones y adaptaciones del popular cuento a lo largo de la literatura, música, cine, publicidad, historia, etc. Surgido como una narración de tradición oral fue divulgado inicialmente por Charles Perrault (1697) en su versión más primitiva y posteriormente por los Hermanos Grimm (1812), la más popular. Iré publicando en este blog algunas de esas versiones, comenzando con la interpretación que el Lobo feroz hace de la historia:


El bosque era mi hogar. Yo vivía allí y me gustaba mucho. Siempre trataba de mantenerlo ordenado y limpio. Un día soleado, mientras estaba recogiendo las basuras dejadas por unos turistas sentí unos pasos. Me escondí detrás de un árbol y vi llegar a una niña vestida de una forma muy divertida: toda de rojo y su cabeza cubierta, como si no quisieran que la viesen. Caminaba feliz y comenzó a cortar las flores de nuestro bosque, sin pedir permiso a nadie, quizás ni se le ocurrió que estas flores no le pertenecían. Naturalmente, me puse a investigar. Le pregunté quién era, de dónde venía, a dónde iba, a lo que ella me contestó, cantando y bailando, que iba a casa de su abuelita con una canasta para el almuerzo. Me pareció una persona honesta, pero estaba en mi bosque cortando flores. De repente, sin ningún remordimiento, mató a un mosquito que volaba libremente, pues el bosque también era para él. Así que decidí darle una lección y enseñarle lo serio que es meterse en el bosque sin anunciarse antes y comenzar a maltratar a sus habitantes.

La dejé seguir su camino y corrí a la casa de la abuelita. Cuando llegué me abrió la puerta una simpática viejecita. Le expliqué la situación y ella estuvo de acuerdo en que su nieta merecía una lección. La abuelita aceptó permanecer fuera de la vista hasta que yo la llamara y se escondió debajo de la cama.

Cuando llegó la niña la invité a entrar al dormitorio donde yo estaba acostado vestido con la ropa de la abuelita. La niña llegó sonrojada, y me dijo algo desagradable acerca de mis grandes orejas. He sido insultado antes, así que traté de ser amable y le dije que mis grandes orejas eran para oírla mejor.

Ahora bien, la niña me agradaba y traté de prestarle atención, pero ella hizo otra observación insultante acerca de mis ojos saltones. Comprenderán que empecé a sentirme enojado. La niña mostraba una apariencia tierna y agradable, pero comenzaba a caerme antipática. Sin embargo pensé que debía poner la otra mejilla y le dije que mis ojos me ayudaban a verla mejor. Pero su siguiente insulto sí me encolerizó. Siempre he tenido problemas con mis grandes y feos dientes y esa niña hizo un comentario realmente grosero.

Reconozco que debí haberme controlado, pero salté de la cama y le gruñí, enseñándole toda mi dentadura y gritándole que era así de grande para comérmela mejor. Ahora, piensen Uds: ningún lobo puede comerse a una niña. Todo el mundo lo sabe. Pero esa niña empezó a correr por toda la habitación gritando mientras yo corría detrás suya tratando de calmarla. Como tenía puesta la ropa de la abuelita y me molestaba para correr me la quité, pero fue mucho peor. La niña gritó aun más. De repente la puerta se abrió y apareció un leñador con un hacha enorme y afilada. Yo lo miré y comprendí que corría peligro, así que salté por la ventana y escapé corriendo.

Me gustaría decirles que éste es el final del cuento, pero desgraciadamente no es así. La abuelita jamás contó mi parte de la historia y no pasó mucho tiempo sin que se corriera la voz de que yo era un lobo malo y peligroso. Todo el mundo comenzó a evitarme y a odiarme.

Desconozco que le sucedió a esa niña tan antipática y vestida de forma tan rara, pero si les puedo decir que yo nunca pude contar mi versión. Ahora ya la conocen…”

Adaptación corregida de un texto de © Lief Fearn titulado El Lobo calumniado aparecida en el Educatio Projet de la Sección Británica de A.I. Publicado en el Boletín Informativo: “Educación en Derechos Humanos” nº 8, Septiembre 88.


En Algún día:

Caperucita Roja. Versión del Lobo.
El cuento popular francés de Caperucita.
El “chaperoncito rojo” de Charles Perrault.
Caperucita Roja. Versión del Lobo enamorado.
Caperucita roja según los Hermanos Grimm.
Caperucita Roja políticamente correcta.
El Cuento de la Abuela y otras hermanas orales de Caperucita.
Caperucita Roja de Gabriela Mistral

Caperucita Roja de Tex Avery. Una maciza de los bosques.

Érase veintiuna veces Caperucita Roja
En Algún día: Caperucita Roja


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