Algún día en alguna parte

Isaac Albéniz, el color de la música.

Posted in Música by Alguien on 18 febrero 2011

Imprescindibles”, el espacio de TVE dedicado a dar a conocer figuras clave de la ciencia y la cultura, profundiza en la figura del músico y compositor Isaac Albéniz con el documental “Isaac Albéniz, el color de la música”. Se trata de una gran ocasión para acercarnos y descubrir la figura del hombre prodigio que sentó las bases de la música moderna en nuestro país.

El documental, de 52 minutos de duración, está dirigido por José Luis López-Linares y recrea la apasionante y pintoresca vida del autor y su faceta creativa, desde su nacimiento en Camprodón hasta su muerte en la localidad vascofrancesa de Cambo-les-bains, a través de documentos de diversa índole, como entrevistas con los dos nietos vivos del compositor  y fragmentos de algunas de sus obras.

El documental ha sido rodado en algunas de las ciudades en las que vivió Albéniz, como Camprodón, Barcelona, Londres y Madrid. Además, para su filmación ha contado con la asesoría del musicólogo Andrés Ruiz Tarazona, del compositor Tomás Marco y de Walter Aaron Clark, biógrafo del compositor.

El documental ha sido producido por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (ahora Sociedad Estatal de Acción Cultural) y Morena Films, con motivo del centenario de su muerte. Incluye interpretaciones de algunas de las piezas más significativas de la producción de Albéniz con los mejores pianistas del momento, como Joaquín Achúcarro, Rosa Torres Pardo y Joaquín Soriano. Además cuenta con fragmentos de las óperas de Albéniz dirigidas por José de Eusebio; y se puede disfrutar de Alicia de Larrocha interpretando piezas de “Iberia” y la “Suite Española”.

Ver el documental “Isaac Albéniz, el color de la música” (Imprescindibles.RTVE)

Lo Mejor de 2010 de El Cultural.

Posted in Libros by Alguien on 31 diciembre 2010

Un año más, los críticos de El Cultural han seleccionado las mejor del 2010.

Los mejores libros de 2010:
Ficción: El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa.
Poesía: Barroco, de José Luis Rey.
No ficción: Isabel II, de Isabel Burdiel.

LETRAS:
Las votaciones de nuestros críticos. Lo mejor de 2010: Libros de ficción.
Las votaciones de nuestros críticos. Lo mejor de 2010: Libros de poesía.
Las votaciones de nuestros críticos. Lo mejor de 2010: Libros de no ficción.

El sueño del Nobel .Lo mejor de 2010: Ficción.
El sueño del celta, de la A a la Z Lo mejor de 2010: Ficción.
2010: el año de los deseos cumplidos. Lo mejor de 2010 en Ficción: Análisis.
Bajo el signo de la dispersión. Lo mejor de 2010: Poesía.
Biografías, pensamiento, actualidad e Historia. Lo mejor de 2010: No ficción.
Isabel Burdiel: “La vida privada de Isabel II fue políticamente utilizada para controlarla y/o desacreditarla” Lo mejor de 2010: No ficción.

ARTE:
Las votaciones de nuestros críticos. Lo mejor de 2010: Arte.
Orden en la sala. Lo mejor de 2010: Arte.
El año lento. Lo mejor de 2010 en Arte: Análisis | Elena VOZMEDIANO.
El 1 del 1 del 11 comenzamos desde el principio. Reflexiones en torno a un año de crisis. (también) en la arquitectura española | Antón GARCíA-ABRIL.

CINE:
Las votaciones de nuestros críticos .Lo mejor de 2010: Cine.
Los insobornables. Lo mejor de 2010: Cine nacional.
Javier Rebollo: “Ha habido una guerra civil en el cine español”.Lo mejor de 2010: Cine nacional.
Utopía independiente. Lo mejor de 2010: Cine internacional.

CIENCIA:
Los hitos científicos- Lo mejor de 2010: Ciencia.

ESCENARIOS:
En el reino de los actores. Lo mejor de 2010: Teatro,
Dosmildiez . Lo mejor de 2010 en Teatro: Análisis | Ignacio GARCÍA MAY,
Calidad sin fronteras. Lo mejor de 2010: Música,
Sin sobresaltos. Lo mejor de 2010 en Música: Análisis | Arturo REVERTER,

OPINION:
Bajo mínimos. Lo mejor de 2010: Editorial.

In Memoriam: Enrique Morente.

Posted in Música, Memorias by Alguien on 13 diciembre 2010

El cantaor flamenco Enrique Morente ha muerto este lunes 13 de diciembre en la clínica madrileña La Luz. Morente, de 67 años, fue ingresado el 4 de diciembre en la clínica La Luz de Madrid para ser intervenido de un cáncer de estómago y operado de nuevo horas después con motivo de una hemorragia que obligó dos días después a su traslado a la UCI del hospital.

Un comunicado de la familia Morente difundido por la Sociedad General de Autores de España (SGAE) señala que el cantaor ha fallecido en torno a las 17.00 horas “después de varios días de denodada lucha contra la muerte”.

El día de Navidad el cantaor hubiera cumplido 68 años, una edad impensable para cualquiera que lo conociera. Era un personaje tan bonachón y con tanta energía que parecía mucho más joven. Humilde como solo los genios pueden serlo, gran conversador, con un sentido del humor agudísimo y una personalidad increíble, el mundo del flamenco pierde a un personaje irrepetible. In Memoriam:

Especial Enrique Morente en RTVE.es.

Simplemente The Doors.

Posted in Música by Alguien on 9 diciembre 2010

A pocos meses del 40 aniversario de la muerte de Jim Morrison y con motivo del estreno del documental When you’re strange, revisamos la trayectoria de uno de los grupos más influyentes de la historia de la música con la ayuda del Archivo de RTVE.

Su influencia en el mundo de la música permanece indeleble cuatro décadas después, como adelantados a su tiempo que fueron e incluso precursores de movimientos posteriores como el punk. Jim Morrison no fue sólo un borracho autodestructivo, como algunos lo han querido pintar, fue un alma inquieta, un poeta maldito que fue “arrojado en este mundo”, un “mundo que quería y quería ahora” pero que se le quedó demasiado pequeño.

(“Éste es el final / Hermoso amigo / Éste es el final/ Mi único amigo, el fin / Me duele dejarte libre / Pero nunca me seguirás / El fin de la risa y las mentiras blandas/ El fin de las noches en las que intentamos morir / Éste es el final“)

Especial sobre The Doors en RTVE.es.

John Lennon cumple 70 años.

Posted in Música by Alguien on 9 octubre 2010

El 9 de octubre de 1940, Liverpool veía nacer a uno de sus hijos más conocidos, John Winston (en honor de Winston Churchill) Lennon, el hombre que revolucionó la música de los años 60 y 70 del siglo pasado con temas como Strawberry Fields Forever y que se convirtió en un mito cuando Mark David Chapman segó su vida al tirotearle en la puerta de su domicilio el 8 de diciembre de 1980.

Aunque el mundo actual es muy diferente de aquel que se imaginó en una de sus canciones más emblemáticas, el pensamiento y el legado musical del artista permanecen intactos. El renovado interés por el hombre de los lentes redondos coincide en el 2010 con varios aniversarios importantes vinculados con su obra y vida: cinco décadas del nacimiento de los Beatles y 40 años de su disolución, 30 años de su asesinato y su cumpleaños 70.

Felicidades.

Especial en La Jornada Semanal.

In Memoriam: 40 años sin Jimi Hendrix.

Posted in Música, Memorias by Alguien on 19 septiembre 2010

El 18 de septiembre de 1970 murió en Londres, víctima de una funesta mezcla de fármacos y alcohol, uno de los mejores guitarristas de la historia (el nº1, según la revista ‘Time‘). Ese día nacía el mito eterno de Jimi Hendrix, un joven afroamericano – también con sangre india cherokee por parte materna- de familia humilde de Seattle (estado de Washington) que había encontrado su mejor refugio en la música. Su carrera meteórica de apenas cuatro años estuvo plagada de multitudinarias giras y grandes éxitos, pero también de excesos con las drogas y el sexo. Cuarenta años después, es recordado como una de las figuras clave de la historia del rock: especialmente memorable fue su participación en el festival de Woodstock de 1969. Su fallecimiento sigue envuelto en numerosas especulaciones que apuntan incluso la posibilidad de un suicidio o un asesinato. Hendrix llegó a actuar en una ocasión en España, el 15 de julio de 1968 en un club de Palma de Mallorca, con la banda local Z66 en el papel de teloneros.

In Memoriam: Especial en RTVE.
Jimi Hendrix: la sabiduría del fuego. Diario Sur.

Mediterráneo: 40 años de un himno.

Posted in Música by Alguien on 20 agosto 2010

Agosto de 1970. Un cantautor de 26 años comienza a componer las canciones de su nuevo disco, una tarea que lo tendrá ocupado durante cuatro meses. El tema que dará título al álbum lo escribe en el hotel Batlle de Calella de Palafrugell, al borde mismo de la pequeña playa de esa hermosa localidad de la Costa Brava. Luego lo retocará en Fuenterrabía y en Cala d’Or, Mallorca. Iba a titularse primero ‘”Amo el mar” y más tarde “Hijo del Mediterráneo”. Pero ha pasado a la historia solo con el nombre del mar que lo inspira. “Mediterráneo”, la obra maestra de Joan Manuel Serrat, la canción de mayor éxito e influencia de la historia del pop rock español, cumple 40 años. Y suena cada día mejor.

Mediterráneo” es ya mucho más que una canción. Y, sin embargo, fue el trabajo de un compositor con escasa experiencia, al menos en lo que a canciones en español se refiere. Porque cuando Serrat se fue a la Costa Brava para componer ese álbum hacía solo cinco años que había irrumpido en el mundo musical catalán gracias a su intervención en un programa de radio dirigido por Salvador Escamilla. Y desde entonces había publicado unos pocos ‘singles’ en catalán, uno en castellano y un LP en esta misma lengua: el dedicado a Antonio Machado, en el que su tarea -con la excepción de un solo tema- fue poner música e interpretar poemas del escritor andaluz. Así que “Mediterráneo” era su primer trabajo ambicioso al margen del catalán.

Para entonces, la polémica por su renuncia a cantar en Eurovisión se había apagado. El disco dedicado a Machado había obtenido un notable éxito de ventas pese a que estuvo prácticamente vetado en la radio – fue el efecto inmediato de negarse a cantar “La la la” en castellano- y en Cataluña era ya una figura central de la vida cultural. De la cultural y de la social, porque no era extraño verlo en la discoteca Bocaccio, centro de reunión del grupo de intelectuales que Joan de Segarra bautizó como “la Gauche Divine”.

Serrat decidió alejarse del bullicio de Barcelona para trabajar en su nuevo disco. Se refugió en uno de los más bellos rincones de la Costa Brava -lugar de veraneo tradicional de los escritores, editores, arquitectos, artistas y cineastas que formaban el círculo vinculado a Bocaccio-, aún no contaminado por el turismo masivo. En un hotelito llamado Batlle, hoy reconvertido en una cafetería-restaurante, el músico empezó a hilvanar letra y música.

Un trabajo lento, de artesano, porque no ha sido nunca Serrat de quienes escriben una canción en unas pocas horas. Allí, mirando al mar, con el paisaje de las barcas de pescadores y el fondo de las islas Formigues, dejó para la posteridad algunos recuerdos de su infancia, la sombra de su primer amor y su deseo -el día que, para su mal, llegue a buscarlo la Parca – de ser enterrado sin duelo, «entre la playa y el cielo». Aunque quizá nada de ello sea cierto puesto que algunos versos antes escribe que es cantor y embustero. Los primeros que escucharon la canción, según ha contado el propio Serrat, fueron los dueños del hotel. No sabían que estaban asistiendo al nacimiento de un tema destinado a hacer historia.

“Mediterráneo” abre un disco intimista, formado por una decena de títulos, entre ellos “Vencidos”, sobre un poema de León Felipe. A lo largo de los cuatro meses que duró el trabajo de composición del LP, Serrat fue dando forma a algunas de sus mejores canciones: las nostálgicas “Aquellas pequeñas cosas”, “Barquito de papel” y “Qué va a ser de ti’” “Pueblo blanco” y “Tío Alberto”, de claras reminiscencias biográficas; “Vagabundear’”y “Vencidos”, las más rítmicas del álbum; y dos historias de amor: “La mujer que yo quiero”, un relato en presente y “Lucía”, quizá la más bella de todas, inspirada por una relación que no pudo ser: «No hay nada más bello/ que lo que nunca he tenido./ Nada más amado/ que lo que perdí…».

En todas ellas se encuentra ecos de las influencias que había recibido desde su integración en la nova cançó e incluso antes: la música francesa, sobre todo Georges Brassens y Jacques Brel; la italiana, en especial Domenico Modugno y Mina; la copla y, por supuesto, los Beatles, que con el álbum “Let it be” habían dicho adiós a sus fans unos meses antes.

El “Noi del Poble Sec” contó con la colaboración de magníficos músicos para la producción de su disco. El arreglo de “Mediterráneo” corrió a cargo de Juan Carlos Calderón, quien tuvo mucho margen de maniobra porque la maqueta que recibió contenía una melodía no demasiado elaborada. Otras canciones del álbum fueron retocadas por Antoni Ros Marbá y Gian Piero Reverberi.

El disco se grabó en los estudios Fonit-Cetra de Milán. Fue el último trabajo del cantautor que se registró en esa vieja sala. También fue su última colaboración con el ingeniero de sonido Plinio Chiesa, que murió meses más tarde. La grabación se realizó en menos de una semana y el disco se lanzó a la venta en los primeros meses de 1971, con una portada diseñada por Enric Satué sobre un retrato del músico realizado por Isabel Steva (Colita), autora de la gran mayoría de las fotos que se publicaron en esos años. De nuevo, una gran concentración de talento para dar a la luz una portada muy diferente a las que se encontraban en las tiendas de discos en esos años.

El álbum contó con un escaso apoyo de los medios públicos en el momento de su lanzamiento. Su renuncia a ir a Eurovisión ya lo había puesto en la lista negra del régimen franquista, pero su encierro en la abadía de Montserrat junto a tres centenares de artistas, en diciembre de 1970 y en protesta por el proceso de Burgos, acrecentó la antipatía que los gobernantes sentían por él y su música. Sin embargo, el LP se situó de inmediato en la lista de los discos más vendidos. Durante un buen número de semanas se colocó en el primer lugar, y no abandonó los diez primeros puestos durante un año. Nunca un álbum había conseguido semejante récord en España. Además, apenas aparecido el disco, el cantautor inició una gira por Latinoamérica en la que cosechó éxitos clamorosos.

Desde entonces, “Mediterráneo” ha sido objeto de un número enorme de versiones, fusionada con todos los géneros. Y ha sido grabada en disco por artistas de procedencias muy diversas. El propio Serrat la ha registrado en versión “sinfónica” y acompañado por Ana Belén. Hay interpretaciones puramente instrumentales, como las de Frank Fernández y Bardagí; escoradas al flamenco y la copla, del estilo de las firmadas por Lolita y Niña Pastori; jazzísticas, y ahí está la reciente de Iñaki Salvador con la voz de Ainara Ortega; ‘salseras’, y una buena muestra es la de Santiago Feliú; “cañeras”, como la de Estopa; y más próximas al estilo original, y el mejor ejemplo es la firmada por Ismael Serrano.

Además, se ha usado como fondo musical en centenares de programas de televisión y radio y no parece pasar nunca de moda. Los críticos (150 participantes en una encuesta de la revista “Rolling Stone”) y los aficionados (un concurso de TVE) la han elegido la canción más importante de la historia del pop rock español y el álbum no deja de reeditarse. Y de venderse a precio de novedad o casi.

¿Qué tiene ‘Mediterráneo’ que no tengan otras canciones? Los críticos apuntan que no se trata tanto de una letra excelsa o una música inolvidable como de la combinación de ambas. Hay títulos con letras mucho más hermosas. Y otros con músicas magníficas. Sin embargo, funcionan peor porque la clave de “Mediterráneo” es la perfecta conjunción de letra y música, apoyada en la forma de “decir” de Serrat, que todos califican de extraordinaria. Por eso se pasan por alto algunos problemas sintácticos (esa falta de concordancia en «me gusta el juego y el vino», por ejemplo) y de acentuación (al añadir un segundo acento para decir «Mediterráaaaneó»). Unas minucias ante tres minutos de pura magia.

Texto: César Coca. Publicado en el suplemento “Territorios“. Diario Sur. 20.08.2010.

Caetano Veloso: Rarezas.

Posted in Música by Alguien on 21 julio 2010

Caetano Veloso: Rarezas – Cuando lo Elefantes sueñan con la Música.

In Memoriam: 75 años sin Carlos Galdel.

Posted in Música, Memorias by Alguien on 24 junio 2010

Volver. Carlos Gardel.

Yo adivino el parpadeo
De las luces que a lo lejos
Van marcando mi retorno…
Son las mismas que alumbraron
Con sus pálidos reflejos
Hondas horas de dolor..

Y aunque no quise el regreso,
Siempre se vuelve al primer amor..
La vieja calle donde el eco dijo
Tuya es su vida, tuyo es su querer,
Bajo el burlón mirar de las estrellas
Que con indiferencia hoy me ven volver…

Volver… con la frente marchita,
Las nieves del tiempo platearon mi sien…
Sentir… que es un soplo la vida,
Que veinte años no es nada,
Que febril la mirada, errante en las sombras,
Te busca y te nombra.
Vivir… con el alma aferrada
A un dulce recuerdo
Que lloro otra vez…

Tengo miedo del encuentro
Con el pasado que vuelve
A enfrentarse con mi vida…
Tengo miedo de las noches
Que pobladas de recuerdos
Encadenan mi soñar…

Pero el viajero que huye
Tarde o temprano detiene su andar…
Y aunque el olvido, que todo destruye,
Haya matado mi vieja ilusion,
Guardo escondida una esperanza humilde
Que es toda la fortuna de mi corazón.

Volver… con la frente marchita,
Las nieves del tiempo platearon mi sien…
Sentir… que es un soplo la vida,
Que veinte años no es nada,
Que febril la mirada, errante en las sombras,
Te busca y te nombra.
Vivir… con el alma aferrada
A un dulce recuerdo
Que lloro otra vez…

Bicentenario del nacimiento de Robert Schumann.

Posted in Música, Memorias by Alguien on 8 junio 2010

Se cumplen doscientos años del nacimiento del compositor alemán que mejor representa, en su música y en su biografía, el espíritu del Romanticismo.

Robert Schumann (1810-2010) cumple hoy martes, 8 de junio, 200 años. Al público general tal vez no le venga a la memoria, así como así, ninguna melodía suya. Si se pide recordar alguna música del Romanticismo, lo más normal es que venga alguna de Beethoven, de esas que sobrecogen el alma y que no caben en ella, de pura desmesura, o puede que se recuerde alguna melancolía de Chopin, que fluye como un manantial débil bajo un árbol inclinado. Pero ninguno de ellos representa su época como el compositor que cumple ahora estos dos siglos. Porque no es que Schumann fuera romántico: el Romanticismo se llamaba Robert Schumann.

El musicólogo Renato di Benedetto ha dado en la clave en un análisis de Schumann, del que dice que «es el romántico por excelencia, el que compendia de manera ejemplar las mil almas del movimiento, y que se presenta incluso como la personificación de alguno de esos músicos fantásticos que antes que él habían existido sólo en la imaginación de los escritores románticos. Esto es verdad, y lo es hasta tal punto que quien desee trazar una exposición del romanticismo en sus líneas generales y básicas, corre el riesgo de analizar y describir, en realidad, los rasgos de la personalidad de Schumann, tomados como punto de referencia consciente o inconscientemente».

Sin embargo, su figura, apasionante, compleja (como es compleja y apasionante su música), se aleja de cuanto se supone que tiene que ser un compositor de su época. No fue un niño prodigio. Ni siquiera comenzó a estudiar música en su infancia primera, ni vino de una familia de tradición musical. Tampoco fue un gran solista, un virtuoso de prestigio. Tampoco destacó, en un alarde de melena agitada, como director de orquesta. Bueno, al menos sería un buen profesor que dejó discípulos destacados. Tampoco. Ni siquiera luchó por la libertad de ninguna nación como Chopin ni fue un rebelde subversivo como Wagner. Nada de eso. Y para romper con el arquetipo, tampoco la música era su profesión. Y sin embargo, no se puede encarnar mejor el espíritu de esa época de señoritas tísicas y pistoletazos en la sien.

Nacido en Zwickau, Alemania, el 8 de junio de 1810, es el sexto y último hijo de una familia que había perdido a su anterior hija a pocos días de nacer. Esta circunstancia, similar a la de Dalí con su hermano homónimo, puede estar, a decir de psicoanalistas como Peter Ostwald que se han ocupado con perspicacia y saña de nuestro compositor, en la raíz de la sensación de desdoblamiento, próxima a la esquizofrenia, que experimentó nuestro personaje. Al fin y al cabo, él venía a estar viviendo dos vidas, la suya propia y la que debía haberle correspondido a su hermana Laura (esta escisión, con dos personalidades correspondientes a dos sexos, puede explicar la hipotética, pero muy posible, fase de bisexualidad que vivió en su juventud). En todo caso, de su padre, August Schumann, proveniente de una familia muy pobre, aprendió el amor por la literatura y la capacidad para enfrentar empresas imposibles: August Schumann, para conseguir casarse con su esposa, de clase algo superior a la suya, dedicó año y medio a escribir ocho libros sobre diversos temas. Con los mil táleros que ganó, alcanzó la respetabilidad debida. Capaz de escribir lo mismo la novela gótica “Salomón el Sabio y su criado Marcolfo” que el útil “Libro de direcciones de la Alta Sajonia”, devino en traductor y editor, para provecho del niño Robert, encantado con su polimorfo y fantasioso progenitor.

Aunque había tomado algunas clases de música, como era habitual en cualquier niño de su condición, no fue hasta los nueve años cuando surgió la promesa, la ensoñación, de la música. Un concierto del pianista Ignaz Moscheles le hizo fijarse como meta vital ser un virtuoso del piano, pero no se dedicó especialmente a ello. Tenía una gran facilidad, y hasta se llegó a pedir a Weber que fuera su profesor, pero se limitó a ser un meritorio aficionado con más voluntad que acierto. En 1826 hubo otra muerte de una hermana (por suicidio causado por una soriasis especialmente molesta: se desconoce si fue por ahogamiento o arrojándose desde un edificio alto: a partir de este momento, Schumann tomará aversión a estar en edificios altos, y cuando decida intentar el suicidio, ya la madurez, optará por el agua. Para enturbiar más esta relación entre hermanos, se ha hablado de una pulsión incestuosa combinada con un elemento edípico). También entonces muere su padre, y al joven se le ofrece un fondo de diez mil táleros creado por el difunto para que siguiera estudios universitarios: las opciones son jurisprudencia, medicina o teología. Sin gustarle ninguna disciplina, opta por las leyes. Es para entonces un verborreico muchacho, enamoradizo, borrachín y adicto al tabaco. También lleva un diario, en el que habla con naturalidad de «juegos de dedos bajo las faldas» y «sonrientes prostitutas».

Estudia leyes y aprende, de forma casi autodidacta, piano. Quisiera ser un músico, pero es un mero estudiante de Derecho que escribe que «cuando estoy borracho o vomito, enseguida o días después mi imaginación es más ligera y elevada», «los cigarros fuertes me elevan y me hacen poético», «el café negro también me emborracha» y que hace alusiones a «las prostitutas, los abrazos, el placer voluptuoso» y una «noche voluptuosa con sueños griegos». También es un lector voraz, que ama la poesía de Heine (a quien llega a visitar en Munich) pero, sobre todo, de Jean Paul, autor de novelas sentimentales de gran éxito. Es tal su sintonía con el gusto de su época, su capacidad para moverse no dentro de cada arte sino para bucear en el espíritu general, que escribirá que ha aprendido más contrapunto leyendo a Jean Paul que en las clases de música y que cuando terminó de leer “Juventud’” la novela autobiográfica de éste, se sorprendió «porque el final me parecía semejante a un nuevo principio: casi inconscientemente me acerqué al piano y así, uno detrás de otro, fueron apareciendo los “Papillons”».

Con una capacidad de inventiva rápida e instantánea, Schumann lo mismo compondrá de corrido las “Papillons‘” serie de piezas para piano, que desarrollaba cadencias para violín o componía canciones (preferentemente sobre textos de Heine). Pero todavía no es el momento. A los diecinueve años sigue siendo un aspirante a leguleyo, un estudiante que ha paseado por Italia entre borracheras y fiestas pero a la vez tiene el tormento de la música. Tal vez esa vida de disipación seguida de solemnidad no sea la vida que le corresponde. Y el 30 de julio de 1830 escribe la carta que sellará su destino. Comienza de forma magistral (Schumann será siempre un magnífico escritor): «Hola, mamá: ¿Cómo describirte mi felicidad en este instante? El alcohol se quema y arde bajo la cafetera, el cielo es tan puro y tan dorado que dan ganas de abrazarlo, el espíritu de la mañana me refresca y me da lucidez. Por si fuera poco, tengo a mi lado tu carta, tesoro de sentimiento, de inteligencia y de virtud. Incluso mi cigarro tiene un excelente sabor. En pocas palabras: a esta hora el mundo le parece muy hermoso al hombre acostumbrado a levantarse con el día. Sin embargo, el resplandor del sol y el azul del cielo no son suficientes para mi vida presente». En el resto de la carta, le propone dejar sus estudios para ser sólo un músico. «La cuestión es elegir una cosa u otra. Porque un solo fin debe bastar para hacer de la vida algo grande y justo». La decisión final, tras consultas, llega. Y con ella, la genialidad, la insatisfacción y el amor.

El plan es convertirse en un pianista de primera calidad en tres años. Su profesor, Friedrich Wieck, un déspota con talento, le guía, le tolera, le maneja. A cambio, Schumann tiene amoríos con otra pupila, tal vez criada, de Wieck (a resultas de la cual contraerá una enfermedad venérea, tal vez sífilis) y admira a la hija de once años de su maestro, Clara, que es ya la pianista más importante de Alemania. A cambio del inminente fracaso al teclado, su prosa se hace cada vez más imaginativa. Escribe críticas musicales en las que se desdobla en dos personajes, el impetuoso y extravagante Florestán y el meditativo Eusebius. Uno u otro se expresan en primera persona, y disputan, en las páginas de la “Allgemeine Musikalische Zeitung”. Ambos son Schumann puro, que incluso llega a escribirse cartas a sí mismo. No está loco. Pero todo se andará. En 1831 escribe sus primeras piezas (las Papillons’ son su opus 2), a la vez que, de puro imaginativo, se mete a inventor. Su artilugio se llama “Caja de cigarros”, y es un aparato metálico destinado a favorecer la agilidad de sus dedos. El pavoroso resultado es que le queda inutilizada la mano derecha. Tampoco había avanzado mucho ni llevaba trazas de conseguir su objetivo. No se perdió un gran pianista. Pero surgió el genio, al dedicarse con mayor rigor, ya sin tentaciones de divismo, a la composición. Y a la seducción de Clara Wieck. El retrato de Clara, en una carta posterior de Schumann, es encantador y vivaz: «Tú eras entonces una niña pretenciosa, obstinada, con malas ideas y un par de bonitos ojos, y lo que más te gustaba eran las cerezas». El juego de palabras y miraditas se va encadenando lentamente, mientras Robert pudo haber pasado por un enamoramiento inconveniente de una cuñada que muere de forma prematura y una relación homosexual con un pianista menos torpe y también muerto inmediatamente.

En 1834, Schumann crea una revista de música de breve vida y a finales de año saca la “Neue Zeitscrift für Musik” (Nueva Revista de Música), a la que se dedicará durante diez años en calidad de editor, director y crítico musical, encargándose de casi todos los contenidos. Este desdoblamiento de puntos de vista, con Florestán y Eusebius en danza, es otro indicio del malestar que terminará estallando en sus años finales, llegando a inventar en sus páginas una inexistente “Liga de los hermanos de David” constituida por los artistas enfrentados al Goliat de las convenciones. A partir de 1835 el romance secreto con Clara se acelera, y el señor Wieck, ante el propósito matrimonial de la pareja, lleva a tribunales a Schumann, que pretende arrebatarle su gallina concertista de los huevos y dedos de oro. Ganado el proceso, se casan en 1840. A partir de este momento, mientras Clara da conciertos triunfales por toda Europa y a la vez gesta y cría a los ocho hijos que tendrá la pareja, Schumann compone con una abundancia y facilidad que a él mismo sorprende.

La complicidad con Clara es absoluta, y los domingos durante el desayuno leen en voz alta el diario compartido que ambos escriben y que les sirve para acompasar su visión de la vida. Clara es la mejor pianista del siglo, y Robert un genio de la composición que fracasa como director de orquesta y que como profesor en Leipzig aburre a sus alumnos. No importa. Robert es feliz, un entregado y cariñoso padre que no envidia los éxitos de Clara. Pero en el camino ha habido crisis nerviosas, lo que Peter Ostwald llama ataques psicóticos.

El 14 de febrero de 1854 un amigo escribe en su diario: «Schumann habló hoy de un extraño fenómeno que lleva notando varios días. Y es esto: ¡la percepción interior de piezas musicales maravillosas, perfectas en la forma!» El día 26, angustiado por estas alucinaciones auditivas, pide ser llevado a un hospital. El 27 se arrojó al Rin. El 4 de marzo será ingresado en un sanatorio psiquiátrico en el que morirá el 29 de julio de 1856. Entre sus visitas más fieles, Clara acompañada del joven Johannes Brahms, al que un libelo posterior llegará a adjudicar la paternidad del último hijo de la pareja. Infamia sin sentido. Clara le sobreviviría cuarenta años, consagrados a dar a conocer la obra de su esposo, y el romanticismo maduro y pleno de Brahms perdurará en la obra de Brahms.

Texto: Las vidas de Robert Schumann. Mario Virgilio Montañez. Diario Sur. 05.06. 2010.

Metamorfosis musicales de Kafka.

Posted in Música by Alguien on 11 abril 2010

Texto: Stefano Russomanno. ABCD.es. 10.04.2010 – Número: 944.

En el país de Kafka, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que su canto: su silencio. En el país de Kafka, la musicalidad es un don más próximo a los animales que a los hombres. Lo posee la ratona Josefina, y lo posee en sumo grado la especie canina. Es una música que, desde la perspectiva humana, roza el chillido o bordea, una vez más, el silencio: «No hablaban, no cantaban, se puede decir que permanecían en silencio con cierta obstinación, pero hacían surgir su música del vacío como por encantamiento» (“Investigaciones de un perro“) Lo que impulsa a Gregor Samsa, el protagonista de “La metamorfosis” convertido en cucaracha, a salir de su habitación es el sonido del violín tocado por su hermana.

A diferencia de su fraterno amigo Max Brod, Kafka no fue un gran conocedor de música. Ésta aparece en sus escritos de refilón, evocada en términos genéricos y percibida como una hipotética vía de acceso a lo desconocido y, tal vez, a la felicidad. La música termina así asociándose con la imposibilidad y la frustración, pues para Kafka «hay una meta, pero ningún camino». También la prosa del escritor checo suena como una música rota, en su intento para seguir el hilo tortuoso de una realidad hermética y a menudo aterradora, de la que sólo pueden desenmarañarse fragmentos inconexos.

Un torbellino de miedos. No sorprende, entonces, que la relación de los músicos con la obra de Kafka haya sido episódica. La novela “El proceso” ha sido llevada al escenario operístico por Gottfried von Einem en 1953 y por Philippe Manoury en 2001, mientras que Hans Werner Henze se ha basado en el cuento “Un médico rural” para su ópera radiofónica de Ein Landarzt (1951), de sugerente halo expresionista. Desde ángulos diversos han buscado también inspiración en Kafka, entre otros, Bruno Maderna (Estudios para «El proceso» de Kafka, 1950), Boris Blacher (Cuarteto de cuerda op. 41, 1951), Cristóbal Halffter (Odradek, 1996) y Heiner Goebbels (Surrogates Cities, 1994; I went to the house but did not enter, 2008).

Ernst Krenek fue uno de los primeros en recurrir a Kafka en sus 5 Lieder op. 82 (1938), compuestos al comienzo de su exilio americano. Veinte años más tarde, acudiría de nuevo al escritor checo en sus Seis motetes sobre textos de Kafka, que el RIAS Kammerchor acaba de grabar para el sello Harmonia Mundi dentro de un programa dedicado a obras corales del músico austríaco.

Krenek emplea como elemento unificador la técnica serial, con una eficacia empírica ajena a esquematismos y abstracciones, igualando los logros expresivos de sus anteriores Lamentaciones de Jeremías (1941-42). El amplio abanico de recursos vocales otorga a estas piezas un tono estremecedor e impactante. Como bien apunta Roman Hinke: «Los seis motetes acaban por formar un vertiginoso calidoscopio de significados, verdades aparentes y paradojas, cuyo efecto es profundamente perturbador: un torbellino de miedos y visiones en el que se encuentran dos de los más grandes escépticos del siglo XX».

Por su parte, György Kurtág es autor de una de las más extensas obras inspiradas en Kafka. Sus “Kafka Fragments“(1985-86) son un ciclo de cuarenta piezas breves, cuyas duraciones oscilan entre los catorce segundos de «Es zupfte mich jemand am Kleid» y los cuatro minutos de «Szene in der Elektrischen», con la excepción de «Der waher Weg» y «Es blendete uns die Mondnacht», que rebasan los siete minutos. Los textos son fragmentos extraídos de los escritos privados de Kafka.

Kafka Fragments se presenta como un viaje en cuarenta estaciones , ora desoladas, ora apasionadas, ora rabiosas, ora tiernas, todas caracterizadas por una máxima concentración expresiva. La poco habitual plantilla, soprano y violín, constituye acaso un guiño hacia el repertorio yiddish tan querido por el escritor checo. La habilidad con la que Kurtág escribe para la voz sobresale en un ciclo tan extenso y de medios tan reducidos.

Sin ser abundante, la discografía de Kafka Fragments es toda de alto nivel. Aun así, la nueva producción del sello Bridge (Diverdi) presenta rasgos muy peculiares. La soprano Tony Arnold y el violinista Movses Pogossian ofrecen el ciclo en un doble formato: en disco compacto (grabación en estudio) y en DVD (grabado en vivo). Este último incluye como bonus algunos momentos de la clase magistral que el compositor húngaro impartió a los dos intérpretes.

En Algún día: Franz Kafka.

Posted in Música by Alguien on 11 marzo 2010

Eco

Esto que estás oyendo
ya no soy yo,
es el eco, del eco, del eco
de un sentimiento;
su luz fugaz
alumbrando desde otro tiempo,
una hoja lejana que lleva y que trae el viento.

Yo, sin embargo,
siento que estás aquí,
desafiando las leyes del tiempo
y de la distancia.
Sutil, quizás,
tan real como una fragancia:
un brevísimo lapso de estado de gracia.

Eco, eco
ocupando de a poco el espacio
de mi abrazo hueco…..

Esto que canto ahora,
continuará
derivando latente en el éter,
eternamente….
inerte, así,
a la espera de aquel oyente
que despierte a su eco de siglos de bella durmiente..

Eco, eco
ocupando de a poco el espacio
de mi abrazo hueco…..

Esto que estás oyendo
ya no soy yo…

Letra de la canción “Eco” del disco “Eco” de Jorge Drexler.

Bicentenario del nacimiento de Chopin.

Posted in Música, Memorias by Alguien on 1 marzo 2010

Se cumplen 200 años del nacimiento de Chopin, un genio precoz que revolucionó la música para piano.

Pocos artistas tan respetados, tan populares, tan conocidos. Tan desconocidos, y tan vivo. Porque Frédéric Chopin, que cumple 200 años este 1 de marzo – en junio los cumplirá Schumann, otro artista desgarrado -, que conoció el éxito fulminante e ininterrumpido hasta hoy mismo, sigue siendo preso de su propia leyenda, reducida a cuatro trazos rápidos que vienen a decir que fue polaco y patriota, enfermizo y preso de mal de amores y que estuvo en Mallorca y murió joven y en plenitud segada por la tuberculosis. Todo ello es cierto, pero en los 39 años de su corta vida hubo mucho más. Siendo trágica la brevedad de su vida, no es inusual esa fugacidad en aquellos tiempos. Por centrarnos en los años 1809 y 1810, en los que nacieron cinco grandes, grandísimas, figuras de la cultura universal, comprobaremos que la vida era fugitiva por entonces: nacidos en 1809, Poe, Larra y Mendelssohn vivieron 40, 27 y 38 años; nacidos en 1810, Chopin y Schumann vivieron 39 y 46 años.

Nacido el 1 de marzo de 1810 en la aldea polaca de Zelazowa Wola, muy cerca de Varsovia, Frédéric (Fryderyk en polaco), hijo de un emigrado francés, Nicolas Chopin, y de una polaca, Justina Kryzanowska, el propio apellido paterno pasó por una multiplicidad de formas (Chapin, Chappen, Chapenne, Chopen, Chopyn, Szopen y Schopping) a lo largo de las generaciones, en la que no faltó algún que otro compositor aficionado. En todo caso, los Chopin franceses se movieron siempre por la Lorena francesa, una región con vínculos políticos con Polonia desde la boda de Luis XV con una polaca cuyo padre será nombrado duque de Lorena con sede y palacio en Nancy. En todo caso, tenemos a un campesino lorenés, políglota y violinista, llegando en 1787 a Varsovia, destinado a involucrarse en las rebeliones por la libertad de Polonia y a ser preceptor de la mítica María Walewska, que daría un hijo a Napoleón. Este campesino de vida novelesca y en ascenso pasará a la Historia como padre de nuestro compositor.

Con una vida musical consagrada (con excepciones aquí y allá) a un único instrumento, el piano, el joven Chopin no tuvo ningún profesor del mismo. Sus primeras enseñanzas musicales las recibirá de su hermana Louise, a la que sustituirá un violinista checo, Wojciej Zywny que le transmitió el amor por Bach y Mozart. El magisterio de Zywny será decisivo al animarle a inventar sobre el teclado más que a seguir partituras ajenas. Los resultados de este enfoque pedagógico se plasmarán en la anotación que, en 1829 y ya en el Conservatorio de Varsovia, hará su profesor (de contrapunto y armonía, pero nunca de piano) Josef Elsner: «genio musical». Para entonces, Chopin ha compuesto en 1817 su primera obra (una polonesa en Sol menor) y a los ocho años ha interpretado su primer concierto. Destinado a ser un segundo Mozart, ha escrito mazurcas y polonesas y la inspiración fluye de forma natural sobre el teclado: improvisa y experimenta más que imita las formas tradicionales. Es también un aficionado a la ópera, atravesando tempestades y haciendo largos viajes para asistir al teatro, como el que hará en 1828 a Berlín y que aprovechará para escuchar óperas de Spontini, Onslow y Cimarosa. La visita que Paganini hará a Varsovia en 1829, con sus endiablados ejercicios de virtuosismo, convencerá a Chopin del camino que habrá de seguir su arte, con la convicción de que en él el virtuosismo sólo será un medio para expresar las emociones y no un fin en sí mismo.

Imbuido de las melodías del folclore polaco, y concienciado de las desventuras de su patria, atormentado por ganglios en el cuello que le obligaban a frecuentes sangrías y a un estado de permanente debilidad, en 1829 emprende su primer viaje por Alemania y Austria como concertista, faceta en la que se destacaba por los matices y la delicadeza más que por la rapidez o la fuerza: sus metas serán Viena (con resultado apoteósico), Dresde y Breslau. Tras una pausa en que se enamora platónica e intensamente de la cantante Constanza Gladkowska, abandona Polonia en un viaje de estudio y promoción que le alejará para siempre de su país. Detrás deja compuestos tres conciertos extraordinarios: el Concierto en Fa menor, el Concierto en Mi menor y la Gran Fantasía sobre temas polacos. Pasa por Breslau, Dresde, Praga, Viena y finalmente París. El joven triunfador es ahora un hombre retraído que confiesa a su amigo Liszt que «no tengo temple para dar conciertos: el público me intimida, me siento asfixiado por sus miradas curiosas, mudo ante esas fisonomías desconocidas». También lleva la desesperanza por el aplastamiento de la rebelión polaca contra los rusos de 1830-31, la aprensión por su madre y por Constanza (que en 1830 se ha casado con otro hombre), a las que imagina ultrajadas por los rusos. El “Spleen” romántico, la melancolía, erigida en “mal del siglo” ha encontrado en Chopin un compañero al que no abandonará. En París, donde pasará, con esporádicas salidas, los 18 años finales de su vida, se consagrará como poeta del piano, como la mejor encarnación del nuevo espíritu musical. Pero, con un estilo y una personalidad más idóneos para los pequeños salones que para las grandes salas de concierto, sólo dará 19 conciertos en ese mismo periodo. Preferirá los pequeños auditorios de amigos e invitados selectos que las interpretaciones públicas ruidosas. Los asiduos a sus veladas íntimas serán Delacroix, los Rothschild, Berlioz, Mendelssohn, Bellini (lo consideró un hermano), Liszt, la condesa Marie d’Agoult, Heinrich Heine, Adam Mickiewicz. Lo que un periodista de entonces, con veracidad pero no sin rencor, llamará «la aristocracia de la sangre, del dinero, del talento, de la belleza». A pesar de su vida triunfal y de lujo, Chopin se considera un rebelde: «Odio a los partidarios de Luis Felipe, me considero un revolucionario».

En 1835 dejará de preocuparse por los ganglios al enfermar de tuberculosis. Los primeros vómitos de sangre le hacen ver cerca la muerte e incluso meditar en adelantarla por propia mano. La muerte, también prematura (a los 34 años) de su queridísimo Bellini tampoco ayudó a otorgarle mejor ánimo. El músico opta por permanecer en casa, renunciando a la vida mundana hasta el extremo que en 1836 se rumorea su muerte. La fragilidad de su salud lleva a que la familia Wodzinsky, amiga de los Chopin desde su infancia, decida romper el frágil y secreto compromiso que unía a Frédéric con la menor de las hijas de la familia afincada en Dresde, María: la Fundación Chopin guarda en Varsovia un paquete de cartas de María atadas con un lazo rosa; en el envoltorio del paquete, Chopin ha escrito, subrayando la segunda palabra, «moja bieda». «Mi desgracia».

Las grandes obras de Chopin empiezan a fluir a partir de 1838, precisamente a partir de los nueve años de su tumultuosa relación con George Sand. Todo comenzó en 1836. Por entonces, tras el primer contacto, Chopin escribió a su familia su primera impresión: «He conocido a una gran celebridad: Madame Dudevant, conocida con el nombre de George Sand. Pero su cara no me es simpática, no me ha gustado nada. Incluso hay algo en ella que me repele [.] ¡Qué antipática mujer es la Sand! ¿Es verdaderamente una mujer? Estoy dispuesto a dudarlo». En octubre de 1837, Chopin había cambiado su parecer. Escribe en su diario: «La he visto tres veces. Ella me miraba profundamente a los ojos, mientras yo tocaba. Era una música un poco triste, leyendas del Danubio; mi corazón danzaba con ella en el país remoto. Y sus ojos en mis ojos, ojos oscuros, ojos singulares, ¿qué decían? Se apoyaban sobre el piano y sus miradas abrasadoras me inundaban. Flores en torno nuestro. ¡Mi corazón estaba preso! La he vuelto a ver dos veces. Me ama.». Lo que después sucederá lo contará la escritora en sus memorias: «Nos besamos, tocamos el cielo durante algunos fugitivos segundos [.] Chopin era virginal, evanescente». Viajaron a Mallorca, donde vivieron unos primeros días maravillosos y un invierno ingrato en el que compuso sus “Preludios”. Los recelos hacia los extranjeros que no pisaban la iglesia y ella, además, vestía pantalones y fumaba puros, terminaron por expulsarlos de la isla en pleno empeoramiento de la salud del polaco («El estado del enfermo empeoraba todos los días, el viento lloraba en la torrentera, la lluvia golpeaba nuestros cristales.», escribe Sand en “Un invierno en Mallorca”). Abandonarán la isla en un carguero que llevaba cerdos, una travesía en la que Chopin tuvo una hemorragia que por poco no le quitó la vida. La siguiente estación del peregrinar será Nohant, el pueblo de Sand, en el que reciben las visitas de Delacroix, Liszt y Pauline Viardot, hermana de María Malibrán. Allí, recuperándose, compone “Nocturnos”, tres Baladas y la “Barcarola”.

Con el amor termina, en 1847, la ilusión de la salud y el afianzamiento de la depresión, ahora invencible. Mortalmente enfermo de tuberculosis, viaja a Londres, que le hace recaer. Diversos viajes por Inglaterra y Escocia, y el trato de Emerson, Dickens y Carlyle no bastaron («Veinte años en Polonia, diecisiete en París: nada de extraño que no me encuentre a gusto en Londres»). Vuelve al sur de Francia y tras ese breve paréntesis de sol retorna a París y se instala en la lujosa Place Vendôme. El tiempo apremia, y compone las dos últimas obras maestras: las mazurcas en Sol menor y Fa mayor. El abad Jelowicki, al que Chopin ha rechazado dos veces, consigue imponerle los últimos sacramentos el 17 de octubre de 1849. No llegará a ver sino la madrugada de ese día. La víspera había garabateado su última voluntad: «Ya que esta tierra me ahogará, os ruego que abráis mi cuerpo para que no sea enterrado vivo». Su corazón será enviado a la iglesia de la Santa Cruz en Varsovia. En su funeral, en la iglesia parisina de La Madeleine, se interpretó el “Réquiem” de Mozart. En el entierro, su propia marcha fúnebre. Una elegante aunque no excesiva tumba, en el cementerio parisino de Pére Lachaise cobija su cuerpo herido entre flores.

Texto: Frédéric Chopin: un hombre herido entre las flores. Diario Sur.

30 años de Movida Madrileña.

Posted in Música by Alguien on 9 febrero 2010

Un día como hoy, 9 de febrero, pero de 1980, un montón de jóvenes unidos por la música fraguaban sin saberlo el germen de la llamada movida madrileña. En la Escuela de Caminos de la Universidad Politécnica de Madrid se juntaron 1.000 personas para escuchar a los grupos que molaban en la escena pop del momento: Alaska y Los Pegamoides (Olvido Gara, Carlos Berlanga, Nacho Canut, Eduardo Benavente, Ana Curra), Nacha Pop (con Antonio Vega), Paraíso (con Fernando Márquez, El Zurdo), Mermelada, Mamá (con José María Granados), Trastos, Mario Tenia y Los Solitarios… y Tos. Porque el embrión de Los Secretos, liderado por los hermanos Enrique, Álvaro y Javier Urquijo, había perdido a su batería, José Enrique Cano, Canito, atropellado por un coche en la Nochevieja de 1979.

Por esta razón, el llamado “Homenaje a Canito” está considerado oficialmente como la fecha fundacional de la Movida, de la que hoy se cumplen 30 años.

In Memoriam: Roberto Sánchez, Sandro de América.

Posted in Música, Memorias by Alguien on 5 enero 2010

Roberto Sánchez (Buenos Aires, 19 agosto 1945 – Ciudad de Mendoza, 4 enero 2010)

El cantante argentino Roberto Sánchez, más conocido como Sandro, murió anoche a los 64 años en un hospital de Mendoza (1.100 km al oeste de Buenos Aires), adonde el 20 de noviembre había sido sometido a un trasplante de pulmón y corazón. Sandro había sido intervenido en dos oportunidades durante la jornada, pero un cuadro de infección generalizada finalmente acabó con su vida.

Roberto Sánchez,  Sandro de América o simplemente Sandro, fue un émulo de Elvis Presley que en las décadas del 60 y 70 enardeció a multitudes femeninas con sus sensuales movimientos.

Nacido en una barriada obrera de la periferia sur de Buenos Aires en 1945, el cantante se vio irresistiblemente atraído en su adolescencia por “El Rey del Rock”, a quien comenzó a imitar en sus provocativas sacudidas pélvicas que hacían suspirar a las muchachas y escandalizar a los grupos conservadores. In Memoriam:

“Yo me nutrí con el rock. Gracias al rock dejé las calles, las navajas y las cadenas y agarré una guitarra. Dejé la campera de cuero y las pandillas. El rock me salvó, me salvó de que quizás fuera un delincuente”.

Un recorrido en video por algunos clásicos de Sandro.

Lo Mejor de 2009 de El Cultural.

Posted in Libros by Alguien on 31 diciembre 2009

Afirma Umberto Eco que el hombre, al elaborar listas para clasificar la realidad, la está transformando. Un año más, los críticos de El Cultural asumen el reto de destacar, desde la libertad y el rigor, lo mejor del año cultural que termina. En 2009 la literatura de ficción (La noche de los tiempos, de A. Muñoz Molina), la poesía (Ánima mía, de Marzal) y el ensayo (Anatomía de un instante, de Cercas) han jugando con la indefinición de los géneros. En Arte, la exposición más votada ha sido la de Francis Bacon en el Museo del Prado, en febrero pasado. La mejor escena de este año se reparte entre la mezzosoprano Cecilia Bartoli (Sacrificium) y la obra Muerte de un viajante, dirigida por Mario Gas. Los condenados, de Isaki Lacuesta, es el filme nacional más votado, mientras los Malditos bastardos de Quentin Tarantino dominan la pantalla mundial, y Ciencia destaca al equipo internacional que investiga al homínido Ardipithecus ramidus.

Los mejores libros de 2009 de El Cultural:
Las votaciones de nuestros críticos de letras.

Letras:
Regreso al pasado: Lo mejor de ficción.
Entrevista con Antonio Muñoz Molina.
La hora del relevo: Lo mejor de poesía.
Clima, economía, pensamiento, ciencia e Historia: Lo mejor de ensayo.
Entrevista de Javier Cercas.
Análisis: energía sostenible (lo justo), por Ricardo Senabre.
Las votaciones de nuestros críticos de letras.

Arte:
Lo mejor de 2009: Clásicos aunque contemporáneos.
Análisis: El año de las oportunidades, por Rocío de la Villa.
Mercado: Tiempo de maestros.
Arquitectura: Premios contra la crisis.
Las votaciones de nuestros críticos de arte.

Escenarios:
Lo mejor de música: El año del sacrificio.
Lo mejor de teatro: Buena añada.

Análisis: La hora del teatro público, por Javier Villán.

Cine:
Lo mejor del cine nacional: Solitarios y fronterizos.
Lo mejor del cine internacional: Mandan los maestros.
Análisis: La flor cadáver del cine español, por Luis Martínez.
Las votaciones de nuestros críticos de cine.

Ciencia:
Los hitos de 2009: “Ardi”, más luz para la evolución.
Análisis: Entre Darwin y Galileo, por José Manuel Sánchez Ron.

Editorial:
2009, el tijeretazo.

Fuente: El Cultural.es.

Joan Manuel Serrat. Premio Nacional de las Músicas Actuales 2009.

Posted in Música, Noticias by Alguien on 17 diciembre 2009

El cantautor Joan Manuel Serrat ha sido galardonado hoy con el primer Premio Nacional de las Músicas Actuales 2009, que convoca el Ministerio de Cultura y que está dotado con 30.000 euros. Este galardón, que tendrá carácter anual, reconoce las acciones significativas en el ámbito de las músicas actuales realizadas por personas físicas o por colectivos susceptibles de ser considerados como creadores.

Serrat nació en Barcelona en 1943. Cantautor, compositor y poeta, es una de las figuras más destacadas de la canción moderna tanto en lengua española como catalana con más de 30 discos editados a lo largo de sus 45 años de carrera. Entre sus trabajos destacan títulos como Cançons tradicionals, La paloma, Per al meu amic, Retratos, Canciones de amor, La mujer que yo quiero, Cada loco con su tema, Mediterráneo, Penélope, Lucía o Palabras de amor, entre otras muchas.

Nota de prensa Ministerio de Cultura. (PDF)

John Lennon. Philip Norman.

Posted in Libros by Alguien on 4 diciembre 2009

John Lennon. Norman, Philip. Traducción de Fernando. González Corugedo. Anagrama. Barcelona, 2009. 840 páginas, 34 euros.

Cuando Mark David Chapman disparó cinco veces su revólver del 38 en la puerta del edificio Dakota consiguió algo mucho peor que acabar con la vida de John Lennon. Le convirtió en un ser inmortal. Ese ocho de diciembre de 1980 el miembro de los Beatles dejó de ser uno de los músicos pop más brillantes e influyentes de la historia para convertirse en una leyenda, con todos los inconvenientes que eso implica. Desde entonces han sido tantos los rumores que han surgido sobre su vida (carácter inestable, egocentrismo, adicción a todo tipo de drogas, vicios inconfesables, turbulentas relaciones personales y con el resto de la banda…), que la biografía escrita por Philip Norman (Londres, 1943) era absolutamente imprescindible. Alguien debía poner orden en la vida idel único hombre en la tierra más popular que Jesucristo.

Norman es un escritor preciso, metódico, minucioso. Un artesano del género biográfico. Justo lo que estaba pidiendo la vida anárquica, estrambótica, desordenada y disipada de Lennon. Juntos han puesto en las librerías la información más amplia, veraz y detallada posible sobre el hombre que escribió “Imagine”. Un libro ambicioso que nos permite aproximarnos como nunca a la mente de Lennon, puesto que desvela no sólo detalles familiares y personales habituales, la mayoría ya conocidos, sino fascinantes pormenores del complejo proceso creativo, la génesis y el desarrollo de sus ideas, de sus sentimientos, de sus canciones.

Desde las primeras páginas queda claro que Lennon tenía “un talento para la música y la comicidad que iba a llevarle tan lejos de sus raíces como nunca hubiera soñado”. El humilde chico de la clase obrera británica ya irrumpió en este mundo de una forma teatral, arropado por el aullido de las sirenas antiaéreas y el estruendo de la metralla: nació el 9 de octubre de 1940 durante un ataque de la aviación alemana a Liverpool. De hecho, cuando una bomba cayó junto al hospital, al pequeño Lennon le envolvieron en una manta vieja y le metieron bajo la cama de su madre. “En torno a cada recién nacido se libraba una batalla”, escribió entonces un E.M. Forster que desconocía la historia del niño al que sus padres bautizaron John Winston como homenaje a Churchill, entonces primer ministro británico. Tras una infancia sembrada de recovecos y sinsabores (su padre le abandonó al poco de nacer, su madre murió atropellada por un policía borracho), Lennon estudió bellas artes, aprendió a tocar la guitarra y, con apenas 20 años, se convirtió “de una forma absolutamente natural” en uno de los artistas más influyentes del siglo XX.

Es una larga historia. Philip Norman la cuenta de manera cronológica, con todo lujo de detalles pero de manera sorprendentemente amena. Es capaz de narrar, por poner un ejemplo, el mal beber que tenía Lennon después de describir cada uno de los tragos que tomaba (excelentes vinos, bebidas exóticas, coñacs añejos, whiskies de malta o vodkas rusos): “uno o dos pelotazos convertían al simpático, amable y generalmente razonable John en un John belicoso, malhumorado y cruel, sin percatarse del mucho ruido que hacía, ni de a quién insultaba ni de lo inocente o indefensa que pudiera ser la víctima de su lengua hiriente como un gato de nueve colas”.

Lennon era consciente de su irascibilidad, pero culpaba de ella tanto a los otros miembros de los Beatles como a la presión de la fama. Y a los medios. “Unos hijoputas bien jodidos, eso eran los Beatles”, recuerda, “porque tienes que ser un cabrón para triunfar, eso es un hecho. Y los Beatles eran los hijoputas más grandes del mundo. Éramos los césares. ¿Quién va a meterse contigo cuando hay un millón de libras a ganar, todos los regalos, los sobornos, la policía y los enrollados?”.

El humor del compositor de “Julia” dependía en buena medida de las sustancias que circulaban por su organismo. Alcohol, marihuana, LSD, heroína… John y Yoko se sometieron a diferentes procesos de desintoxicación, incluido el ingreso en centros especializados. Cuando estaban en la cumbre, y tenían una agenda repleta de compromisos, fue mucho más fácil mantenerse limpios que tras la disolución de los Beatles. Norman recoge el texto de un periodista, Ray Connolly, que en 1970 estuvo con John y Yoko en Londres cuando la japonesa se vió obligada a entrar en una clínica de Harley Street. “Es que es yonqui, ¿sabe?”, le dijo John a la enfermera que llevaba las medicinas, seguramente metadona, para acabar con “los rigores del pavo frio” que padecía su compañera.

La buena noticia para los numerosos seguidores de Lennon que odian a Yoko Ono es que el nombre de la japonesa no aparece hasta la página 451. La mala, que tras leer el libro queda confirmado que John la amó sobre todas las cosas, hasta el punto de sacrificar por ella la estabilidad de los Beatles. Su aparición en la vida de Lennon, en el ecuador de esta biografía, acabó con la magia de la banda más importante de todos los tiempos: definitivamente, Ono sustituyó a Paul Mc Cartney en el puesto de la otra mitad creativa de la banda. “Yo junté a la banda. Y yo la deshice. Es así de simple”, sentencia Lennon.

Era el final de los Beatles, la banda que la noche del domingo 9 de febrero de 1964 enfiló la carretera del éxito reuniendo delante de la televisión a 73 millones de personas, “la audiencia televisiva más grande que había habido en Estados Unidos”, para disfrutar de su actuación en el Ed Sullivan Show. Después llegaron los números 1 en las listas, la popularidad desbordada, las excentricidades y las cifras millonarias: sólo en los años 70 vendieron 400 millones de discos, que en los 80 se convirtieron en más de mil millones. Mucho más que cualquier otro grupo de la historia.

Tras 786 inolvidables páginas es Sean, el hijo de John y Yoko, quién recuerda los cinco años que vivió junto a su padre en un emocionante capítulo final: “se sentía muy inseguro en todo. La gramática y la escritura, sus conocimientos para escribir y leer música, en todos los modos establecidos del conocimiento de las cosas. Y eso que fue un inconveniente que convirtió en una ventaja. Inventó un modo de escribir canciones desde la inseguridad… Para un hombre, sentirse inseguro y cuestionarse a sí mismo del modo en que lo hizo mi padre en sus canciones es un fenómeno postmoderno. Artistas como Mozart o Picasso nunca lo hicieron”.

El cierre perfecto para una biografía grandiosa que, pese a ser necesariamente unidireccional, ilumina toda una época, varios géneros musicales y una forma de vida tan creativa como salvaje. Nunca imaginamos las colosales contradicciones y sombras de un artista cuya asombrosa originalidad musical, y un apasionado compromiso social, coexistían con sombríos desequilibrios emocionales. Y nunca lo hicimos porque jamás estuvimos tan cerca de Lennon como después de leer este libro.

Ficha del Libro │Anagrama.

Fuente│ El Cultural.es

Antonio Vega. Mis cuatro estaciones.

Posted in Libros, Música by Alguien on 3 diciembre 2009

Desde el pasado 24 de noviembre, ya está a la venta el libro que Antonio Vega empezó a trazar hace cinco años con el escritor amigo suyo, Juan Bosco Ussía (hijo de Alfonso Ussía), donde recoge el resultado de mas de 100 horas de conversaciones entre ambos.

En “Antonio Vega. Mis cuatro estaciones”, el artista, fallecido el pasado mes de Mayo, desgrana sus opiniones e inquietudes así como su particular visión del mundo que le rodea. La familia de Antonio, sus amigos más íntimos y su banda, han ayudado a terminar esta obra que tantas ganas tenía de ver terminada él mismo. Los textos, en los que se incluye letras de canciones inéditas de Antonio, van acompañados de fotografías de su entorno más próximo, tanto familiar como de  amistades, cedidas especialmente para este libro.

La obra, editada por Lunwerg, contiene material inédito, desde las imágenes hasta letras de canciones no publicadas (como “Antes de haber nacido”, tema ofrecido en sus últimos directos) pasando por los propios textos de sus conversaciones. El prólogo corre a cargo de Basilio Martí, músico que le acompañó en sus conciertos hasta el final.

Álbum: Un viaje al fondo del corazón de Antonio Vega.
Audio: “Mis Cuatro estaciones”, una biografia de Antonio Vega (Asuntos Propios) – RTVE.es

Lola Greco y la Compañía Mal Pelo. Premios Nacionales de Danza 2009.

Posted in Noticias by Alguien on 2 diciembre 2009

Lola Greco, en la modalidad de Interpretación, y la Compañía Mal Pelo, en la modalidad de Creación, han obtenido hoy los Premios Nacionales de Danza de 2009, dotados con 30.000 euros cada uno.

El jurado ha concedido este premio a Lola Greco “por su carisma y gran talento creativo al abordar la interpretación de todas las líneas de la danza española”. Por su parte, la Compañía Mal Pelo ha sido distinguida “por su trayectoria tanto en el ámbito de la creación coreográfica, como en la apertura de nuevos caminos en la danza contemporánea española. Por la singularidad y propio sello de su trabajo, la investigación y el proyecto formativo interdisciplinar de L’animal a la esquena. Destacando el trabajo coreográfico e interpretativo sobre las Variaciones Goldberg de J. S. Bach”.

Lola Greco nació en Madrid, a los 14 años comenzó sus estudios en la Escuela de Ballet Nacional de España. Tres años después, ya como Solista, interpretó el personaje de la hermana menor en la coreografía Rango de Rafael Aguilar y el personaje de Candela en El Amor Brujo de Antonio. A los 19 años, ya como Primera Bailarina de Ballet Nacional de España y cedida por dicho ballet, se marcha a París para interpretar el personaje de Salomé en el espectáculo del dramaturgo y director francés Robert Hossin con coreografía de M. Van Hoecke. En 1999 crea su propia compañía con la que realiza varias giras internacionales. Desde entonces ha colaborado también como bailarina invitada y coreógrafa en diferentes compañías de danza de España. En 2002, bajo la dirección de José Granero, y junto a otros bailarines y bailaores coreografía y baila el espectáculo A mi manera, estrenado en el Festival de Jerez 2002.

Compañía de Danza Mal Pelo. En enero de 1989 Pep Ramis y María Muñoz forman el grupo de danza Mal Pelo. Caracterizado por su autoría compartida, ha dado como resultado más de 25 espectáculos hasta el momento, uno de los hechos distintivos del grupo. Ambos también se encargan del diseño del espacio escénico. En 2001 crearon el espectáculo L’animal a l’esquena estrenado en Teatre Nacional de Catalunya. En el mismo espacio estrenaron Testimoni de Llops en 2006. Dos años antes presnetan Bach en el Teatre Lliure, con coreografía de María Muñoz. Sus trabajos se han podido ver en festivales como el de Grec o Madrid en Danza. También han realizado coreografías para creaciones de vídeo-danza.

Nota de Prensa Ministerio de Cultura. (PDF)

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